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Mostrando las entradas etiquetadas como FRANCIS PONGE

Me encantan los banquetes de carroña poética.

Últimamente le he pillado el gustito a una hora del día que jamás me fue propicia, las diez a.m. Es la hora común del café con leche acompañado por Ríchar y Josema el bancario, como fijos, aunque cada día se van anotando nuevos añadidos que le ponen porritas al café y más de una sonrisa. Entre los itinerantes están el jefe de la guripa munícipe, un inefable empresario de pompas y sepelios, algún que otro funcionario de la casa grande, varios profesionales de sectores tan claves como el eléctrico, el de la construcción o el del gotelé y a veces mi arquitecto favorito, el niño Antúnez. El ratito de las diez se me hace ya casi obligatorio para contar con la sensación de que el día empieza en condiciones. Me gusta, coño. (15:27 horas) Leo un ratito a W. H. Auden y no resulta muy de mi gusto en este momento [algo parecido me sucedió hace unos meses con Francis Ponge]. Por lo menos me ha dado tiempo a rescatar uno de sus poemas con el que me gustaría experimentar cuando llegue la tranquilida...

La razón a veces sobra.

Si algo envidio de ti, amigo Alberto, es la magnífica gestión que haces de tu instinto cuando el azar tiene tanto que ver en los resultados. Instinto y azar que sabes favorecer siempre con la reflexión precisa. Yo siento que ahí hay algo alquímico para lo que hay que estar dotado y formado. Y luego el dominio del tiempo, el saber escoger el grado exacto de calor en un segundo, el lanzarse a la obra candente como un suicida para intervenir en ella con un juego enervante de triunfo o desastre. Sí, Alberto, ya sé que el instinto es una mecánica incierta de la mente, un gesto de hormonas que apenas responde a pensamientos previos y elaborados, quizás hasta una suerte... pero su valor reside en que te dota de una calidad animal de la que el hombre ha desertado y te acerca a un orden bioquímico que para el hombre es caos. En el instinto es tu naturaleza química la que busca salidas posibles y viables, y en él eres profundamente idividual, porque el latido es tuyo y para ti, dado que el otro ...