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Mostrando las entradas etiquetadas como EZRA POUND

Ezra...

Ezra, a pesar de su pensamiento fascista y antisemita –me alegré de leerlo antes de conocer su pasión por Mussolini–, fue capaz de poemas mágicos y, sobre todo, me embelesó saberle miembro de la Generación Perdida ... aquello me impactó cuando era jovencillo... ‘ hostia, tú, ser miembro de la Generación Perdida ’, le decía a mis amigos más cercanos, a los que tenían afición a la lectura, como yo la tenía... y luego... ‘ fíjate, si fue colega de Tzara, de Duchamp, de Léger... un tipo con esas amistades debía ser como un dios... un dios menor, sí, pero un dios ’... esos indicios eran parte de mi pasión por la literatura, pues en ellos veía la aventura nueva, esa aventura que antes radicó en Salgari o en Verne por lo patente de sus historias... y la aventura nueva consistía en pertenecer a algo minoritario y escondido... y rozarse con tipos realmente apasionantes... por aquella época –mis primeros años universitarios– solo podía ‘r ozarme de vista ’ con Aníbal Núñez o con Manolo D...

Evocación de Ezra Pound.

Sabes que los que no tienen imaginación son tiranos, pero los toleras y sonríes ante sus absurdas palabras. Sabes que hay casadas repugnantes a las que sus maridos no soportan, aunque perseveran en estar ahí, y no haces nada. Sabes que todos, absolutamente todos, somos esclavos de las convenciones perpetradas por otros, y parece que te gusta. Sabes que se puede pagar con desprecio, pero aún guardas esa jodida moneda en tu bolsillo. Sabes que su cuerpo está tendido en el valle, junto a los lírios, y no aprovechas el incendio de su cuerpo. Sabes que el que pinta para vender hace exactamente dinero de su espíritu, pero tú abres la boca como una cebra y te deshaces en elogios. Sabes que no hay límites posibles, pero cada minuto marcas tus fronteras orinando en cada esquina de tu casa, en la calle, en el bar. Sabes que parasitar mata el talento, pero lames el pezón sin desprenderte de él. Sabes que las sábanas no conocen la humedad desde hace años, pero manchas tus manos hasta quedarte desn...

Tengo los ojos verdes...

Ezra Pound y Charles Bukowski tenían los ojos verdes, como yo. Mira por dónde… ya somos tres… pero a mí nadie me entiende como los entienden a ellos… o nadie hace un pequeño esfuerzo por entenderme… ni puta falta que hace. Aunque, la verdad, ayer leí de corrido un par de libros viejos, de mi primera época, y me pareció que quien los escribió [yo] era un imbécil que aún andaba a gatas con treintaitantos años. Debí tener alguna crisis de identidad para publicar aquella podredumbre o lo mismo estaba loco por ver mi voz atildada en letra impresa. Me pregunto cómo me tomaré dentro de diez años las palabras que escribo ahora, cómo me avergonzaré de ellas, cómo las negaré. Escribir es un insulto hacia mí mismo… pero tengo los ojos verdes, como Buk y como Ezra, aunque no me sirven para demasiado.

Escapar también es querer quedarse.

Relajarse consiste en hacer lo que te apetece hacer, no en quedarte quieto mirando a un punto fijo y escuchando una música bella, vibrar en lo que te apasiona sin que te moleste otra cosa. Yo me relajo escribiendo y dibujando, y dedico mis días de asueto a esa actividad [ésta] que actúa como la valvulita de la olla a presión de mi casa. Las ideas se agolpan y empujan mientras yo les voy dando una salida lenta y anárquica. Si logro vaciarme un poquito, voy notando cómo mejora mi estado de ánimo y sube mi euforia. (11:28 horas) ¿Qué puedo vender yo? Alberto y Antonio venden esporádicamente sus trabajos plásticos para ser colgados en las zonas más nobles de las casas o en algunos locales públicos, incluso en instituciones. Apenas saben ponerle precio a sus obras, pero terminan haciéndolas entrar en el juego de mercado porque tienen tirón artístico y verdad. Con eso se come mal, pero se come. Yo podría vender ideas, pero en este tiempo no se cotizan; y salir adelante con un trabajo mediocr...