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Mostrando las entradas etiquetadas como EL VIEJO F

Si tenía que haber estudiado economía, coño.

Siempre esperé que me aguardase el fulgor en una esquina, pero solo aparecieron hombres con navajas o viejos amigos pidiéndome algo en nombre de nuestra amistad.. y me dejé robar, y me entregué con ánimo por la amistad debida. Y con el tiempo, quien me robó con un arma en la mano, terminó tendiéndomela… y a quien me entregué sin medida, me dio la espalda o me buscó las vueltas. Y llegué a lamentarme, pero no importó. Siempre aguardé al fulgor como un algo de otros, hasta que me di cuenta de que el fulgor estaba en mis manos abiertas, en mi boca dispuesta, en mis ojos ávidos por recoger… y me hice transparente, como algunas promesas, para pasar el tiempo confundiéndome en mí. --- Ves, viejo, no necesitas alas, aunque te sigo notando herido y vulnerable. Tú dispones, entregas y recoges; tú siembras y destruyes, hilvanas la extrañeza o logras el hechizo. Ayer miré cómo caminabas en la noche, ibas como agotado camino de tu casa y te detuviste de pronto para mirar al cielo. No sé lo que pen...

Acostumbrarte al dolor es peligroso...

Hacerse mayor es una trampa, viejo F, y debes tener los sentidos alerta para no caer en el profundo foso de la falsa sabiduría. Tú no sabes nada, pero sí has aprendido a acostumbrarte, y eso es muy peligroso. La costumbre derrota y seca. Sé que el dolor antes era intenso y lograba retorcerte como a un gusano atrapado, conseguía que saltases y gritases como un animal herido. Ahora, con la costumbre, el dolor no es igual, te deja quieto y no propicia respuestas en ti. Eso es la derrota, viejo, saber pasar el dolor con normalidad, sin darle el valor de alerta que conlleva. Ahí es donde te haces viejo de verdad, en sentir solo miedo y no reaccionar a él. Te estás haciendo simple porque ya casi no eres capaz de sentir tus pérdidas, y eso hace que no veas claro y abandones la lucha y te abandones. Hay demasiadas cosas que hacer todavía, viejo; y te queda tiempo, un tiempo hermoso si sabes gestionarlo bien. No importa que te conformes con esa cosa física y social en la que estás inmerso [tu i...

Nunca podrías servir de modelo....

Nunca podrías servir de modelo, viejo F, porque tus conceptos no son consistentes. No sabes llegar al fondo de las cosas y te inventas micromundos ideales en los que no haya vacío… todo por evitar tu vacío, viejo, por no querer llegar a esa claridad de ideas que te deje destruido y maltrecho. Tampoco me dijiste nunca que quisieras ser modelo de algo, pero yo siempre lo he intuido –todo a pesar de que sabes cerrarte en tu teatro como una diva menor de calle–. Los modelos por elevación siempre son falsos, siempre lo fueron, pues llevan una insidiosa mentira junto a ellos, pero sirvieron para darle madera que quemar a las siguientes generaciones. Lo mismo eso es lo que quieres en el fondo, ¿no, viejo?, ser un modelo falso y elevado, pero pareciendo no serlo. Eres listo, cabrón, pero a mí no me engañas… no me engañaste nunca y no vas a engañarme ahora. Tu única verdad es que estás solo, profundamente solo, y no te pones furioso por ello… más bien da la sensación de que lo gozas y de que es...

La utilidad siempre es botín de otros.

¿Para qué dedicarse a ser útil, si esa utilidad siempre es botín de otros, viejo F? El mundo es una guerra constante en cada centímetro cuadrado y nada se sustenta si no es por ese afán de vencer o de levantarse de la última derrota. Te encanta sobresalir, que te miren y te envidien y te quieran o te odien… todo, menos resultar indiferente, viejo de mierda. Hasta la inocencia es una opción que valoras y tomas como arma [de eso saben latín los jodidos católicos]. Y es que la inocencia propia y escogida está hecha del muerto por hambre en cualquier país del Tercer Mundo, del clochard de París hurgando en los contenedores de basura, de la puta del Bronx golpeada por su chulo, de los torturados en Guantánamo o en cualquier bajo de un edificio de Gambia… así es la inocencia de los tipos como yo y como tú, una inocencia de ojos tapados y de conocimiento tácito de lo que pasa sin hacer nada de nada. Por lo menos búscale el posesivo a la utilidad y sé sincero, viejo. Di que no te importa el mu...

¿Te duele la espalda, no, viejo F?

¿Te duele la espalda, no, viejo F? Así es jodido pensar en la eternidad o en otras zarandajas parecidas. Cuando te duele la espalda solo piensas en la jodida espalda, ¿verdad? Eres como todos, un animal más sumado a toda esa fauna preocupada solo por el ahora, movido por la química y sus sinsabores. Cuando estás así te encantaría prohibirlo todo, ¿eh?, hasta el canto de los pájaros. No te preocupes, hombre, que solo será unos días… a no ser que la cosa se enquiste en un para siempre, y entoces terminarás acostumbrándote igual que los esclavos o los perros a sus cadenas… es mejor dejar que suceda lo que tenga que suceder, viejo estúpido, pero no se te ocurra pedir compasión, porque eso te destruiría. Ponle dignidad a ese dolor, ponle normalidad, que son las mejores medicinas que existen… y no aparezcas ante los demás como un viejo cagado de miedo. Tampoco te vayas a poner a trabajar en prosa, viejo, que para eso no vales, nunca serviste para la prosa, y menos para impulsar criterios lit...

Con 'intención'.

Si expirase, de pronto quedaría mi obra para decir: “solo supo ser joven”. ¡Eh!, viejo F, ¿deliras? Tú siempre estuviste entre los matorrales jugando a ser el depredador y la víctima a la vez, y ahí sigues, sin saber si estás agazapado en una huida estática o al acecho de lo que pase a tu lado. No mientas. Te encantaría producir respuestas fáciles en alguien que tome tus cosas y las considere cuando ya no estés. Eso es puro narcisismo, superficialidad extrema… pero también estás mucho más loco que todo eso, y por ello nunca estarás fuera de combate… ni fuera del combate. Es imposible, viejo F, pero si pudieras hacer una lectura imparcial de tu obra, lo verías todo claro: un tipo con ‘intención’, y eso es todo. Entonces podrías empezar a escribir con autenticidad y dejarías de pavonearte por los escenarios más tristes de los hombres. Es una lástima que te estés desperdiciando así, porque tienes el valor de la crueldad y sabrías evitar la cobardía con tus años. Ser la rata que entra en l...

Una de Aníbal...

Hermoso el viaje a la biliosa Helmántica para presentar los ‘Cartapacios’ de Aníbal Núñez. Hermoso porque pude abrazar de nuevo a Gonzalo Alonso Bartol y a Yolanda Izard, porque disfruté como un enano de la mimosa minusvalía de Fabio R. De la Flor y de la mirada a sus chicas guay, porque besé a Ana, a Amelia Gamoneda, a Nona y a Marina, porque sonreí junto a Paco Novelty, porque volví a admirarme escuchando a Fernando R. De la Flor y a Germán Labrador, porque charlé un ratito con el radiólogo de mi Mª Ángeles [me encantó cómo sentía el tipo y me llenó de orgullo que recordase como recordaba], porque una moza hermosísima me habló de Abraham Gragera con mucho cariño, porque me colgué del hombro de Marino González para reír juntos, porque volví a encontrarme en un ‘deprisa’ con Manolo el de Morille [qué tipo], porque me descojoné de ese Cid Lanzarote con cruz y espada… porque paseé –en fin– Salamanca a solas durante una hora mientras recordaba a Juanito Montero, a Iche, a Manolo Díaz Luis...