Siempre esperé que me aguardase el fulgor en una esquina, pero solo aparecieron hombres con navajas o viejos amigos pidiéndome algo en nombre de nuestra amistad.. y me dejé robar, y me entregué con ánimo por la amistad debida. Y con el tiempo, quien me robó con un arma en la mano, terminó tendiéndomela… y a quien me entregué sin medida, me dio la espalda o me buscó las vueltas. Y llegué a lamentarme, pero no importó. Siempre aguardé al fulgor como un algo de otros, hasta que me di cuenta de que el fulgor estaba en mis manos abiertas, en mi boca dispuesta, en mis ojos ávidos por recoger… y me hice transparente, como algunas promesas, para pasar el tiempo confundiéndome en mí. --- Ves, viejo, no necesitas alas, aunque te sigo notando herido y vulnerable. Tú dispones, entregas y recoges; tú siembras y destruyes, hilvanas la extrañeza o logras el hechizo. Ayer miré cómo caminabas en la noche, ibas como agotado camino de tu casa y te detuviste de pronto para mirar al cielo. No sé lo que pen...
Bitácora de Luis Felipe Comendador