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Todos somos honestos, pero algunos aprovechan mejor su honestidad.

Ser honesto no significa ser perfecto, ni tonto de puro bueno, sino razonable y justo. El problema es que existen mil formas de honestidad y no todas son compatibles. Hay una honestidad humanista –no sé si está bien apellidada del todo– que afecta al hombre como centro del mundo, una honestidad hacia la naturaleza [en la que se puede integrar al hombre junto a los demás seres vivos o no], una honestidad cultural, otra literaria, otra poética… una honestidad profesional y otra religiosa… una honestidad moral y otra política… miles de formas que se solapan, se entrecruzan, se abrazan y se enfrentan. ¿Es más honesto, entonces, quien superpone cierto tipo de honestidad a otra? El asunto es tan fácil y tan complicado como que cada hombre lucha con una honestidad individual y otra colectiva. Así, por ejemplo, no es perverso el que por razón y justicia busca que los hombres se igualen por arriba, a pesar de que ello suponga cierto dolor en el medio natural… Del mismo modo no es perverso el qu...