Había salido, después del trabajo matinal, con la gente de mi empresa a celebrar el fin de año tomando unas cañas juntos... no me apetecía nada, pero tenía cierta obligación moral porque se había presentado Antonio Garrido para invitarnos a todos a una última caña como compañero de trabajo [hoy, definitivamente ya no pertenece a mi empresa]... pisamos PdT, bebimos en El Español [donde me manché la manga derecha de mi gabardina al meterla en plato de anchoas de Antoñito] y tomamos en Tapenade al son de las isas de Gasparín... y no me sentó nada el tometeo... me despedí de mis chicos y, sobre todo, de Antoñito, al que no supe qué decirle de nuevo y corrí hasta mi casa para tomarme un par de piezas de fruta [creo que fueron dos mandarinas]. Luego me vine a mi estudio par intentar pintar o escribir algo, y la tarde se fue retorciendo con un dolor de cabeza insoportable y un malestar general que me dejaba absolutamente impertinente para la fecha. Sin ganas de celebrar, hice las visitas pert...
Bitácora de Luis Felipe Comendador