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Mostrando las entradas etiquetadas como ANTONIO RESECO

Una vasija donde la mujer coloca agua.

25 de enero de 2009 Cuando llegaron Antonio Reseco y José María Cumbreño, yo ya había escrito algunas páginas de mi diario, había tomado café mirando cómo Ana servía las mesas de los raros comensales de PdT, había hecho un par de paginas de mi diario gráfico [este año utilizo un cuaderno precioso que me regaló Marisol en su última visita], había leído 'Las hijas de Minias' en el libro IV de ‘Las Metamorfosis’ ovidias y unas páginas de ‘Dédalo o la ciencia y el futuro’, del genial John B. S. Haldane, había intentado arreglar el ordenador, que va a tirones, sin conseguirlo; había hecho acto de voluntad para limpiar la imprenta [imposible], había ido dos veces al baño con éxito, había recortado imágenes de un EPS [El País Semanal] viejo, había navegado en internet para leer la prensa del día y un trabajo muy interesante del colectivo ‘Alicia Bajo Cero’, había hecho cuentas para ver cómo salimos del IVA y del pago aplazado del impuesto sobre la renta, me había cagado en la puta mad...

El tiempo se solapa con el tiempo.

A veces me lamento de no tener días demasiado desdichados, y lo hago bajo el pensamiento de que la poesía brotará de ellos. Y quizás me equivoco [Albertito Hernández siempre me habla de que no hay dolor creativo]. El caso es que cuando me llega un buen día, un día alegre, termino lamentándome porque no tengo la sensación de que haya sido un día productivo. Sé que todo esto es una tontería, una pose más para sumar a la estatua falsa de mí mismo. La realidad, la justa realidad, es que las cosas mejor trazadas son las que llegan sin buscarlas, sin forzar nada, de tal forma que hasta lo más despreciable, cuando llega con naturalidad, puede convertirse en materia poética. También es bueno aprender a confiar en que las cosas llegarán de una forma… ¿misteriosa? En esa espera se disfruta mucho, sobre todo porque de esa situación acaba salvándose uno de los propios defectos mientras se amarra a lo inconsciente como a una balsa. ••• Recibí desde la generosidad del colega Antonio Reseco unos cuan...