Llegan días de caderas marcadas y piernas infinitas en las que reposar del tedio de los números, días de sudor y luz insoportable, de caliente humedad. Lo estival se avecina con su carga hermosísima de piel y de volúmenes… y para poner un velito de olvido en la piel arrugada y en los ojos llorosos. Yo confieso que me encanta volver a poder disfrutar de la mirada a los cuerpos femeninos despojados de pétalos y hojas, verlos casi en su ser, sugeridos al punto bajo telas vaporosas y transparentes. Y es que sé que de la vida queda el gusto de las formas moviéndose y la imaginación que las lleva al valor de humedad. No, aún no soy un viejo verde, pues tal gusto por lo femenino no es de hoy ni de ayer, que ya a mis doce años sentía las mismas emociones y mostraba los mismos procesos bioquímicos en mi cuerpo. Hay que gozar mientras se pueda, y gozar no pertenece solo al mundo del tacto, que los demás sentidos conjugados logran altos estadios de placer. ••• Acuso recibo de la lujosa edición de...
Bitácora de Luis Felipe Comendador