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Mostrando las entradas etiquetadas como ANTONIO PIEDRA

Tropiezo y recuerdo que aún no aprendí a caer…

Llegan días de caderas marcadas y piernas infinitas en las que reposar del tedio de los números, días de sudor y luz insoportable, de caliente humedad. Lo estival se avecina con su carga hermosísima de piel y de volúmenes… y para poner un velito de olvido en la piel arrugada y en los ojos llorosos. Yo confieso que me encanta volver a poder disfrutar de la mirada a los cuerpos femeninos despojados de pétalos y hojas, verlos casi en su ser, sugeridos al punto bajo telas vaporosas y transparentes. Y es que sé que de la vida queda el gusto de las formas moviéndose y la imaginación que las lleva al valor de humedad. No, aún no soy un viejo verde, pues tal gusto por lo femenino no es de hoy ni de ayer, que ya a mis doce años sentía las mismas emociones y mostraba los mismos procesos bioquímicos en mi cuerpo. Hay que gozar mientras se pueda, y gozar no pertenece solo al mundo del tacto, que los demás sentidos conjugados logran altos estadios de placer. ••• Acuso recibo de la lujosa edición de...

La bondad de lo experiencial.

Otro día de libros y publicaciones [adoro el correo cuando viene cargado de estos regalos]. Esta vez recibo el último número [18] de ‘Prima Littera’ de manos de mi amigacho José Luis Morante [incluye carta adjunta] y me encuentro la sorpresilla de que Ricardo Virtanen hace una crítica de mi ‘El gato solo quería a Harry’ [no estoy de acuerdo, amigo Ricardo, en que la reiteración de asonancia en ‘eo’ haga endebles a los dos poemas que apuntas… quizás tendrías que buscarle la música a esos poemas, tú que te dedicas a ella, para encontrarles el juego sonoro al que yo jugué… Es solo un apunte, colega, pero un apunte de algo que yo valoré en su día, y no solo en los dos poemas de los que hablas en tu trabajo… a veces nos confunde esa moda de que las asonancias y las consonancias están prohibidas… yo creo que en poesía uno debe hacer lo que le pida el cuerpo… eso sí, siempre con el control de lo que se hace]. Mil gracias a ambos, José Luis y Ricardo. Luego, una cachondada de la editorial A F...

La Tsvétaïeva de Henri Deluy.

Jo, el amigo Henri Deluy me está sobrealimentando le libros rechulos: ayer recibí su “Pronom personnel” y hoy me llega una auténtica maravilla que, bajo el hermoso título de “Sans lui”, recoge poemas de Marina Tsvétaïeva y de Sophia Parnok [prometo –me prometo a mí mismo– traducción adaptada de este libro]… y luego el inevitable paquete mensual del querido Antonio Piedra [Fundación Jorge Guillén] con un libro curiosísimo del desconocido [para mí] Luis Artigue: “Tres, dos, uno… Jazz”, ganador del premio de la Academia Castellano-Leonesa de Poesía… y un magro y precioso volumen conteniendo la obra de Francisco Soto del Carmen [“Poesía”] prologado por el colega Antonio Colinas [al que no veo desde hace ya tres años… y le tengo ganas]. Gracias a Henri y a Antonio Piedra por el alimento. ••• Ma journée sur la terre touche à sa fin. J’attends le soir, sans effroi. et le passé devant moi dejá me jette plus son ombre. Cette ombre, longue, qu’à la différence de toutes les ombres, les autres, da...

Henrik Gabriel Porthan

Día de libros. Anoto y agradezco envío de José María Cumbreño Espada –gozo sus poemas siempre, porque son asesados y rematan– de «Cuatro poetas en un tobogán», editado por la Asociación Cultural Littera; «La devastación. La imaginación de la bestia», de Félix Hangelini, editado y enviado por la Fundación Jorge Guillén (gracias, colega Antonio Piedra); y dos joyas que tenía pedidas y que me han llegado hoy: «Elogio de la poligamia» de Charles Fourier y «Utopía. El Estado perfecto», de Tomás Moro. Ya tengo lectura para unos días y, quién sabe, quizás hasta preguntas sin respuesta. (22:05 horas) Sentir pasión por alguien o por algo es deliciosamente doloroso. Siempre el final muestra un intenso dolor que ya se presentía en el camino... pero apasionarse es magnífico, y más cuando el objeto de tu pasión no sabe de ella y, por tanto, no puede humillarte con un gesto o con la desposesión. Que algo no te sea indiferente es vivir en ello. [Cómo me contradigo de un día para otro, pero tengo vita...

Otsuji

Recibo a primera hora una delicia del inefable Ramón García Mateos, una edición de Silva editorial que bajo el título «Memoria [amarga] de mí» recoge un tiempo compartido y una mirada viva a un pasar que recuerdo cada día día de tristeza como mi felicidad. Visto el texto de Ramón, siento envidia por no poder editar este diario mío que es también el suyo para poder regalarles a mis amigos ese tiempo compartido de verdadera excitación. Y como una magia, llega junto a él otro libro de la Fundación Jorge Guillén que dirige el colega Antonio Piedra –gracias a Antonio por hacerme llegar todas sus exquisitas ediciones–, con un trabajo encomiable sobre la figura y la obra de Claudio Rodríguez, «Aventura»,... dos títulos para hacerme volver la mirada y sentirme tan importante como para que se me pongan los pelos de punta. Hoy no escribo más, porque no puedo, que tengo que seguir leyendo.

Ransetsu

Llegan a mis manos nuevos libros por el arte de magia del correo, y me quiero detener en uno de ellos especialmente, el libro de un solitario de Antequera con las ideas fijas y poco prácticas que yo también tengo algunos días. Agustín Porras se llama el mozo, enconado en la edición de ruina siempre, amante fiel de la literatura buena –no de la literatura práctica– y nombre con apellidos de aquel estupendo proyecto llamado «Poesía, por ejemplo» o del más cercano –y muerto– papel de redenciones «Primera piedra». Agustín Porras, el coleguita al que no veo hace siglos, me ha enviado su libro, su primer libro, después de un millón de años... y me alegro tanto, que le guardo un abrazo fuertote, uno de esos de celebración a lo grande. El libro –«Ojalá» se titula– es de Huerga y Fierro editores y da fino en el tono de un poeta bien entrenado que por fin soñó que se entregaba a la muerte, que perjura silencios y se queja de retórica o que bellamente susurra que «no hay mejor poema que haberos c...