Nada más natural que este frío
en las gélidas entrañas de enero,
caminando torpemente
entre mañanas de niebla densa
y chaparrones ocasionales.
La vida es muy frágil y fragmentada,
un cúmulo de disparates en la mente
que ennegrece el panorama,
desde este lado del puente,
tal vez un contagio ambiental
con la secuela de la inseguridad
codiciando la estabilidad desorbitada.
Me pregunto hacia dónde orientar la vida,
cómo reconducir los pensamientos
sin poder apartarlos del drama en Adamuz.
Por el rebosadero inoportuno de la desdicha
esta consternación que nos aflige y apena,
cuando al riesgo de vivir le sumamos
la aciaga desdicha del infortunio.