La dura o noble tarea de
vivir…
Cada quien ve sus días con
las gafas
del medio lleno o medio
vacío:
las percepciones ofrecen
anverso y reverso,
una doble lectura, según
tomemos
la senda del optimismo,
o nos hayamos dejado
deslizar
por la pendiente de todo
lo aciago como inevitable.
Lo acertado es vivir en
plenitud el menú del día,
sin tener en cuenta el
sorteo del calendario,
ni el saldo de lo gozado o
padecido.
¡Adelante! Venzamos a la
derrota previa,
a lo fatídico e inevitable
de, yo a mis años…
Vencer es llevar el pulso
de mis días
y predisponerme a estar en
el punto de partida
con la mejor
predisposición cada amanecer.
Sin alardes, sin alharacas,
con la modestia
de sabernos frágiles, pero
con el convencimiento
de que nadie puede ocupar
nuestro lugar.
Cada día, con menor vigor
físico,
pero con la ilusión de
cumplir
con el inmenso regalo de
la vida.