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06 diciembre 2022

LA NOBLE TAREA DE VIVIR

 


 

La dura o noble tarea de vivir…

Cada quien ve sus días con las gafas

del medio lleno o medio vacío:

las percepciones ofrecen anverso y reverso,

una doble lectura, según tomemos

la senda del optimismo,

o nos hayamos dejado deslizar

por la pendiente de todo lo aciago como inevitable.

 

Lo acertado es vivir en plenitud el menú del día,

sin tener en cuenta el sorteo del calendario,

ni el saldo de lo gozado o padecido.

¡Adelante! Venzamos a la derrota previa,

a lo fatídico e inevitable de, yo a mis años…

 

Vencer es llevar el pulso de mis días

y predisponerme a estar en el punto de partida

con la mejor predisposición cada amanecer.

Sin alardes, sin alharacas, con la modestia

de sabernos frágiles, pero con el convencimiento

de que nadie puede ocupar nuestro lugar.

Cada día, con menor vigor físico,

pero con la ilusión de cumplir

con el inmenso regalo de la vida.

15 noviembre 2021

LA NUEVA ODISEA



 

Acaricio una segunda Odisea

en mi mente,

tratando de entonar dáctilos y espondeos

en la justa medida;

con sus hemistiquios y cesuras

en los que tomar aire

y alentar la aventura épica

a la que me dispongo.

 

Vivir cada día,

superar las mermas de la edad,

es esa epopeya que narran los clásicos,

es superar una y otra vez

las limitaciones

a las que la frágil naturaleza

nos somete.

 

Una nueva Odisea

y la fidelidad a Penélope como norte,

como pendón de mi nave,

como brújula

con la que alcanzar,

─un día más─

la arriesgada aventura de vivir.

06 noviembre 2021

LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

            Cuando el Cordero abrió el primero de los siete sellos, oí al primero de los cuatro Vivientes que decía con voz de trueno: “Ven” (Ap 6, 1)

 

En la cuadra, sin bridas, sin sujeción posible

que les detengan, los cuatro corceles actualizados,

la inminente amenaza que ya es temible realidad:

un sistema financiero voraz y sin escrúpulos,

la violencia organizada y progresiva,

─mucho más que una mera amenaza─

millones de personas malviviendo en la miseria

y el agotamiento de los recursos naturales,

junto a la incontrolada contaminación que nos devora.

 

El hombre ha olvidado su transitoriedad y de paso

respetar y organizar el legado para la posteridad.

No hay pensamiento. Todo es fugacidad instantánea.

¿Dónde está la moralidad que debiera conducirnos?

 

El caballo negro del hambre es una realidad

acentuada por la pandemia del Covid.

Por las crines del aguerrido caballo alazán

fluye la épica y las epopeyas futuras

con presagio de algo inminente e inevitable,

y es que el hombre ha olvidado que es imposible

crecer permanentemente hasta rozar el infinito;

y todo, bajo una indecente amoralidad financiera.

Se dice que los depósitos armamentísticos

están pertrechos con la capacidad de volar

la faz de la tierra hasta cinco veces consecutivas.

Así, los relinchos del caballo bayo son el regocijo

de tanta muerte como no hubiera imaginado.

 

La esperanza está en la cooperación,

en un consumo no ansioso sino responsable,

en deponer los fanatismos por el compartir,

y muy especialmente, en confiar sosegadamente

que el misterioso jinete, a lomos del caballo blanco,

sea la Esperanza que tantísimo necesitamos.

10 abril 2021

RAZONES DE LA SINRAZÓN

 


«Sed fecundos y multiplicaos,

henchid la tierra y sometedla.»

 

Y así, durante generaciones,

el hombre sació su sed,

se alimentó de los frutos

y amasó el pan con el sudor de su frente;

más tarde descubrió el fuego,

inventó la rueda, la palanca y la polea,

y también los engranajes.

Y conoció a la insatisfacción que se apropió de él:

nada le colma desde entonces,

al haber desbordado los límites naturales.

 

El derroche encontró su hábitat 

y el hacha en su mano el expedito camino

de la deforestación salvaje.

En lugares concretos era muy superior la producción

que las bocas a satisfacer,

e inventó el mercado y con él el transporte,

el rompimiento de las estaciones y las distancias.

Nacieron los embalajes, se quemaron los fósiles

y el exceso de residuos y contaminación

ascendía como vaharadas de progresión geométrica.

 

La insaciable industria no se colmaba

con la agricultura ni la ganadería tradicional.

Lo que hasta entonces fue sostenible

buscó soluciones en los transgénicos:

nacieron las fibras sintéticas y los plásticos,

pero estos no saben volver a sus orígenes y regenerarse.

 

Titubeó la lluvia, se agudizaron las sequías,

se agotaron muchos manantiales

y se rompió el ritmo conocido desde la noche de los tiempos;

las temperaturas se saltan los códices

y la lluvia ha perdido el paso,

por eso a la sequía le sigue una inundación extrema.

 

Todavía hay quienes lo niegan,

pero esas son las razones de la sinrazón.

 

 

 

18 marzo 2021

INDIFERENCIA



La indiferencia es esa estatua

que ni se frota las manos

las crudas noches de invierno,

ni espanta las palomas

que gorjean y hace sobre sí sus deposiciones;

ni gesticula, ni resopla en plena canícula.

 

Hay alguien apostado a la puerta del súper

con un rótulo  de mala caligrafía

sobre un cartón con tantas faltas de ortografía

como hijos a su cargo.

 

No se puede asegurar su origen.

Tiene color cetrino,

pero puede ser una sobredosis de intemperie,

incluso falta de aseo.

Tampoco del ropero se viste a la moda

y la talla tiene más que ver

con la suerte y el orden de llegada.

De tarde en tarde una pequeña dádiva

con la grandilocuencia

de una canonjía insustancial.

 

La indiferencia es esa mirada de bronce,

o tal vez de mármol,

que deja en el semblante frío de estatua

y desnuda el alma

de quien pasa sin ver y sin sentir.

13 agosto 2020

INAMOVIBLE PASADO


 

Hace tiempo que no abre la boca

para quejarse, que no manifiesta

el dolor que siente, ni menciona

la barranquera por la que se ha precipitado,

haciéndose tan frágil e invisible

a las miradas ajenas.

 

Ni siquiera es contado como integrante

de esa masa en crecida de los sintecho;

aún no lo ha perdido, aunque no es propio:

duerme en una casa de acogida,

un lugar común para esa legión de comunes

que se hacinan buscando cobijo y sueñan

en ser transportados a otra realidad.

 

No pide. Sus necesidades son muy escasas.

Cada medio día, hace fila ante un comedor social

donde su hambre queda mitigada

hasta el día siguiente. En su mirada,

la languidez de una historia no contada

que no le gustaría recordar…

 

¿Familia?

Nadie nace por generación espontánea.

 

En su calendario, el hoy;

en la memoria, que hace por olvidar,

el ayer. El inamovible pasado.

15 abril 2020

DE PRONTO UNA BRISA




La vida es como el fiel de la balanza,
de pronto una brisa
y se precipita el platillo como fardo fatigoso
al fondo de la sima.

Éramos felices.
Vivíamos de espaldas al mundo
y a la Naturaleza,
a pesar de las quejas
y la exhalación pestilente
que últimamente nos vomita ebria
de nuestros azotes constantes.

Allá lejos, por donde el sol se despierta,
una fiebre asmática
comenzó a extenderse como pigmento pringoso
a lo largo y ancho de todo el lienzo.

No usa pasaporte ni necesita visado,
salta las fronteras y los protocolos,
guadaña en mano,
y ha logrado encarcelar nuestro albedrío
con el filo acerado y frío de la muerte:
pandemia, penumbra de sueño eterno,
bostezo de Satán,
que no hace acepción de clases sociales,
aunque muestra preferencia por la senectud.

Desde mi ventana,
yergo la mirada hacia la invisible línea del horizonte
y oigo la estela del crepúsculo
pronunciar un sinfín de nombres
como retahíla apocalíptica.

En este fantasmal presente,
en el fuego devorador que nos asola,
la clase política se enzarza en reproches
y el pueblo comienza a vislumbrar
los principios fundamentales de la vida:
allá, en lo más alto del pendón
el ejercicio vocacional y pundonoroso de la sanidad
y la servidumbre de la subsistencia.

04 marzo 2020

FRONTERAS




Europa ha puesto su frontera en Turquía
y a Erdogan como carabinero;
en Idlib llueve fuego con grafía cirílica
y la sangre civil es reguero en las calles.
Una letanía sádica se hace oración en Siria,
entre los desorientados inocentes;
Turquía se desata el cinturón
y abre una brecha de esperanza
en escapada devota hacia el Olimpo.
La Justicia ha abierto la puerta del juzgado
al Índice de Referencia de Préstamos Hipotecarios,
y la Bolsa contrarresta con una fuerte subida
a los valores bancarios. ¡Desolación!
Los pobres no tienen pan y los ricos llenan sus silos;
los migrantes estorban en todos lados
y son lanzados como moneda de cambio
al albur del destino.
En vísperas de Fallas y de Semana Santa,
en esta tierra nuestra de nuestro ayer y nuestro hoy,
hay miedo a las aglomeraciones y los contagios:
el pánico inseminado por una mano negra
que a todos nos encierra en sí mismos
y nos hace olvidar al hambrevirus,
el verdadero asesino letal del exterminio humano.

26 septiembre 2019

POR ENTRE LOS VELADORES




Se mueve con toda soltura
por entre los veladores
de la Alameda:
flaco, enjuto, moreno de intemperie,
disminuidos sus miembros superiores
hasta la minusvalía.
Una deformación congénita,
como si hubiera sido concebido
para la misericordia.
Son sus brazos miembros secos,
dos palillos de tambor
que sujetan un vaso de plástico
que acaricia como una hucha
donde recoger las dádivas.
No pide, trabaja la pena de su deformidad
con sus brazos al descubierto,
conmoviendo a quienes le contemplan:
la severidad es el reparto injusto de la vida
y él es taimado silencio.
Sus ágiles piernas le traen de nuevo a tu mesa
antes de que termines tu café o tu cerveza
le hayas dado o te hayas excusado.
Tiene nombre, supongo, pero él no verbaliza,
tan sólo usa sus tullidos brazos
como reclamo compasivo.

28 agosto 2017

RETRATO



No habla. Se lava poco
y guarda sus pelambreras
en un sombrero de segunda o quinta
mano que ha roído el tiempo;
sobre su barba revestida de abandono
y grasa vieja, se encenizan algunas guedejas
apelmazadas y mesadas por escapes de vino.

Todas sus pertenencias
en dos bolsas de plástico rancias
de contenido indefinido y menos valor;
su hogar es un banco del parque
por el que merodean tres gatos
a los que da de lo que no le sobra;
su tesoro, un cartón de vino peleón
que acaricia en sus manos
con quien traba amistad mientras dura
y engarza con el siguiente;
su gesto adusto, ensimismado,
mira esquivo y no abiertamente porque
debe saber que tampoco a él le ven
sino que sólo sospechan hasta pasar desapercibido.

Fuma cuando puede
y cuando la necesidad aprieta
se aproxima a la puerta de un supermercado
donde suelen caer algunas migajas.

O no tiene nombre o no se le conoce,
ni nadie siente necesidad de nombrarle;
y así, habitado de ese silencio,
pasa anónimamente
por un elemento más del mobiliario urbano.