El estío es una holganza,
una sobremesa anchurosa que bosteza,
que sestea y que sueña
con la infinitud de una playa virgen
o que se refugia en el Charco las Viñas,
ajustándose a la talla
de una aventura personal
que se enquistó en la infancia
y es pústula que se reinicia y vuelve.
A su paso, bajando la cuesta,
más travesuras que baches
y algunas zarzas o alambres de espino
blindando las malas ocurrencias
y las apetencias sobre lo ajeno.
Sobre la peña,
el diafragma que enfoca protagonismos
y la casuística que merodea,
con tan alto porcentaje de aventuras fallidas
como de aspirantes al estrellato
que se columpian
entre un riesgo y el siguiente.
Un ensueño que no desdibujó los años,
y que sigue preservado y enrollado
en el metraje fílmico de la memoria.
O "estiando el sestío" que era cuando te escapabas de la siesta y te ibas a jugar con los amigos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Demuestras tu pericia en la acusación, Cayetano.
EliminarUn abrazo.
Cuando el ensueño nos lleva a rememorar, a veces con sonrisas otras con algún arrepentimiento, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarLos recuerdos son una mirada atrás por el paisaje hace tiempo recorrido, María Cristina.
EliminarUn abrazo.
Hermosos recuerdos, que unen el pasado y el presente, amigo poeta.
ResponderEliminarEsta de la imagen era la mar de Ojén (Málaga), y la real, Marbella, a 8 Km de distancia.
EliminarUn abrazo.