Desde la oronda floración de mayo,
la mar vocea mi nombre en la distancia,
y me grita en oscuro silencio:
¿Para cuándo?
Y me quedo aguardando,
bajados los brazos y rendido de pasión.
No busco aventura naviera,
sino el encuentro visual
que me conforta y complace,
ese que me transporta a lomos
de la ferviente y fecunda imaginación,
como en presencia de la amada.
¡Por fin! Y los brotes verdes del paseo
ahora son algas a punto de sal,
buceadoras del lecho marino
que me cuentan aventuras
y hasta requiebros pícaros
de la atrevida marinería y las sirenas.
Con esta voluntad indómita,
donde los sueños son vestigios por vivir,
los pies palpando la arena húmeda
y trasponiendo por el quicio
que se pierde detrás de lo incierto,
hasta bajar o ascender de las profundidades
donde la beldad mora y aguarda,
hasta que sea una verdad absoluta en mí.
Con los años he aprendido que para algunos asuntos mejor no tener prisa.
ResponderEliminarUn abrazo.
Dice el dicho popular que la experiencia es la madre de las ciencias.
EliminarUn abrazo.
El mar que atrae y hace soñar, un abrazo Francisco!
ResponderEliminarPara mí es como volver a la infancia, a aquella voraz juventud con ansias de conocer.
EliminarUn abrazo.