Mostrando entradas con la etiqueta despedida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta despedida. Mostrar todas las entradas
miércoles, 30 de marzo de 2016
Cumpleaños sin ti
Hoy veo tu rostro en todas partes. Como todos los días. En mi café cuando desayuno, en esa canción que ponen en la radio mientras conduzco, en esa persona que me sonríe sin conocerme, en ese anuncio del viaje a Berlín que tanto deseabas conocer y que estaba planeando en secreto.
Son ya varios meses desde que te fuiste pero sigo echándote de menos cada minuto. No estás pero sigo pensando para dos. No estás pero me acompañas. No estás pero te siento. No estás...
Fueron seis años desde que te conocí y no me arrepiento de ningún momento que pasamos juntos. Si acaso de los que no pudimos compartir y de no haberte encontrado antes. Y a pesar de no tenerte ahora a mi lado y sufrir tu ausencia, no cambiaría ni un minuto de estos años. Lo que me diste no te lo podría compensar en toda una vida.
Hoy es tu cumpleaños y como todos los años esperaba sorprenderte de nuevo. Esta vez no podrá ser porque ahora vives dentro de mi y lo sabes todo antes incluso que yo. Ya sabes cual iba a ser tu regalo.
Hoy te echo de menos. Exáctamente igual que ayer.
Y mañana cuando me levante te volveré a ver en mi café...
Te quiero.
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Casi tres meses
Hace casi tres meses que no estás conmigo y te extraño hasta la agonia.
Tres meses de ocuparme de tu entierro y de tu familia. Tres meses de encargarme de tus cosas, de la amarga burocracia interminable y tu recuerdo imborrable. Tres meses en los que te preparé un homenaje al que acudieron más de setenta amigos tuyos y de atender a otros tantos de cuatro continentes que me escribieron lamentando su distancia. Tres meses en los que algunos amigos tuyos músicos cerraron su concierto con tu recuerdo, tu imagen y una maravillosa interpretación de violín y piano coreada por cientos de personas. Tres meses sin ti.
Es ahora, cuando todo casi ha acabado, que siento más que nunca tu ausencia. No he podido volver a preparar ese sushi que tanto te encantaba. Cuando me siento a comer veo tu sonrisa frente a mi, como siempre hacías. Si me distraigo con una película pienso si te habría gustado y me pierdo en los recuerdos. Al leer un artículo interesante me sorprendo guardándolo para que lo leas cuando vengas...
Pero no vas a venir. Y cada vez que me doy cuenta una punzada de dolor me recorre todo el cuerpo y la respiración se me entrecorta. He perdido peso y aunque intento alimentarme mi cuerpo se resiste. Comía por ti. Respiraba por ti. Dormía por ti.
Han sido casi tres meses de ocuparme de todo y noto que estoy exhausto. Soy incapaz de concentrar mi atención y todo lo que no anoto se me olvida tres segundos después de pensarlo. Duermo lo justo para no derrumbarme pero noto como las fuerzas se me escapan por momentos. Nada me interesa, nada me ilusiona. Vivo con el piloto automático puesto y las rutinas se repiten día tras día. Sólo mis conversaciones con mi amigo Lázaro me expulsan de mi apatía durante unas horas. El pobre se ha echado sobre sus hombros la ardua labor de escucharme. Con él hablo hasta la madrugada de todo lo que siento. No le escondo nada. Es mi psique la que habla y yo mismo me sorprendo a veces escuchando de mis labios secretos que nunca antes había contado. Nos conocemos sólo hace tres años y es el más joven de mis amigos, 25 años, y sin embargo me siento cómodo desnudando mi alma ante él. No me juzga. Sólo escucha, asiente, y me abraza cuando me echo a llorar.
Después de estos meses ocupándome de todo y de todos necesito algo de tiempo para mi. Salir de mi ciudad y escapar de lugares comunes y recuerdos conjuntos. Aprovecharé el puente de la Constitución para hacer nueve días de fiesta y evadirme de mi mismo. No sé todavía donde ir, si al sur buscando temperaturas suaves donde pasear, a esos Pirineos que tanto te gustaban para que la nieve congele mis pensamientos, a las lejanas islas Canarias a tumbarme en una playa y mirar el horizonte durante horas o vagaré por el norte de España recorriendo pueblos y ciudades sin rumbo fijo. También he pensado en acercarme a Madrid y coger un vuelo al primer destino que aparezca y que me puedan permitir mis escasos fondos. No sé que hacer ni que es mejor. No soy capaz de ilusionarme con ningún lugar ni ningún plan pero sí sé que tengo que salir de esta espiral depresiva que me está minando poco a poco.
Fueron tantos planes los que teníamos...
martes, 6 de octubre de 2015
Nicotina en la boca
Hoy sólo tengo nicotina en la boca y las gafas salpicadas de sal.
Creo oir susurros en mi alma y tu risa en mis oídos, pero me vuelvo y no estás.
Te veo en los resquicios y te persigo en mis recuerdos.
Esa caricia suave que siento, el reclinar reposado de tu cabeza sobre mi hombro.
Cierro los ojos y siento tu respiración junto a mi almohada.
Mi corazón vibra turbado al son de mi memoria mientras intento, por un momento, negar que ya no estás junto a mi.
Como el esclavo aterrado que no se atreve a dudar. Sin moverme, creyéndo que aún estás ahí.
Hace un mes ya que te fuiste y mis renglones están torcidos para siempre.
Hoy sólo tengo nicotina en la boca y las gafas salpicadas de sal.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Mi esposo
Hoy hace una semana.
Es el tiempo que he necesitado para que mis manos dejen de temblar y no resbalen entre las lágrimas del teclado.
Te conocí hace 6 años por esta mismas fechas y la primera vez que quedamos en tu casa me sonreíste desde la puerta. Esa sonrisa. Yo no lo sabía en ese momento, pero todo el mundo se deshacía cuando sonreías. Contagiosa, calmante, acogedora, narcótica... preciosa.
No hacía ni tres meses que me había atrevido a admitir que podía ser gay y mi experiencia era casi nula. Te dio igual. Sonreías. Y lo hiciste fácil.
Quedamos más veces. Al principio esporádicamente, después regularmente. Años más tarde me explicaste que cada vez intentabas sorprenderme, mantener mi interés, guiándome, como a un niño al que descubrir el mundo le embelesa y que aunque no lo comprende no puede dejar de sentirse fascinado.
Me fuiste robando mi tiempo, sutilmente, sin que yo me diera cuenta. Tu ya lo sabías, yo necesité eones para darme cuenta. Las citas en tu casa se convirtieron en salidas al cine. Más tarde en vacaciones juntos y en vernos varios días por semana. Mis fines de semana se convirtieron en tuyos y las horas de conversación al teléfono en adictivos dulces. Hasta que por fin fui totalmente tuyo.
Hoy hace una semana que tu corazón dejó de respirar.
Han sido dos meses, desde que el 7 de julio una parálisis repentina te llevó al hospital. No sabían que tenías y tardaron quince días en acertar con el diagnóstico: un linfoma agresivo. Dos meses de acompañarte en esa habitación de aislamiento donde la quimioterapia te debilitaba poco a poco. Pero seguías luchando a pesar del dolor, de las llagas, de los pinchazos y de la impotencia de no poder moverte. La parálisis fue despiadada y te impedía sonreír, pero yo seguía viendo esa sonrisa que me miraba desde tus ojos.
Cuando dos días antes el médico nos dijo que habías derrotado al linfoma y que ya no había células cancerígenas en tu cuerpo lloré de alegría. Pero la vida siempre es cruel y se guarda una última carta para jugar. Tus defensas estaban bajas y un pequeño virus se te llevó en menos de un día.
Fuiste consciente de todo hasta el final. Cuando el último día te subieron a cuidados intensivos ya lo intuías. Con tu única mano disponible acercaste mi boca a tus labios y me besaste a través de la mascarilla. No sabía que sería la última vez. Pero tu sí. Lo sabías. Como siempre.
Durante estos años, medio en broma, me hablabas de de cuando nos casásemos, pero ante mi miedo siempre sonreías y esperabas. Sabías que llegaría. Ahora era yo el que le daba vueltas a la idea de casarnos y fantaseaba con ello. Pero nunca llegué a pedírtelo. No dio tiempo.
Eso no lo sabías.
Te debo todo lo que soy como gay. Fuiste paciente hasta que me atreví a darte la mano por la calle, a que te diera el primer beso en público, a que te presentara a mis amigos heteros a los que sedujiste en cuestión de minutos como un hechicero jugando con su varita, a que te presentara a mis hermanos... siempre paciente, pero siempre sabiendo que ese momento llegaría.
Ahora estoy vacío. Me robaste el corazón, la respiración y la vida. Todo lo que hacía lo decidía pensando en ti. Y ahora te has ido y me encuentro perdido. Sólo lloro.
Me quedan los recuerdos de 6 maravillosos años y miles de fotografías que nos tomamos juntos; la evocación de cientos de planes que hicimos y que quedaron pendientes; el cariño de todos los que te conocieron y que no podrán olvidarte; de tu familia, que ahora es la mía. Y tu sonrisa.
Gracias por todo Tony.
Mi esposo.
miércoles, 7 de enero de 2015
Vidas paralelas
Jorge y yo nos conocimos con 11 años tras una curiosa carambola del destino. Un antiguo compañero de primaria suyo se mudó a Barcelona, recaló en mi clase y se convirtió en uno de mis mejores amigos. Un año después era yo el que abandonaba la ciudad condal y me presentaba ante sus antiguos condiscípulos.
Era el alumno más brillante de la clase. No sacar un diez en todas las asignaturas era un fracaso para él. Yo en cambio era más bien un pícaro con buenas notas que se contentaba con aprobar todo, holgadamente, pero sin esforzarme demasiado. Él era el comprometido y yo el hedonista. Pronto nos hicimos amigos.
Compartimos nuestro amor a la montaña y infinidad de noches en tienda de campaña. Recuerdo nuestras conversaciones eternas sobre religión, política, deporte, literatura y mil temas más bajo las estrellas. Él era idealista y yo pragmático. Él religioso y yo ateo. Pero nunca nos enfadamos. Conversábamos. Debatíamos. Compartíamos.
Cuando me apunté al equipo de atletismo Jorge se apuntó conmigo. Los dos éramos velocistas y empezamos a entrenar juntos. Los 100 metros lisos no eran más que otra extensión de nuestras charlas. Competíamos hasta la extenuación y es probablemente la única disciplina en la que recuerdo que fuese mejor que él. Cuando di el salto a los 110 metros vallas él heredó mi puesto en el equipo como velocista. Cuando fiché por un equipo profesional Jorge consiguió que lo ficharan conmigo.
Iniciamos la universidad juntos y compartimos apuntes, noches de insomnio y madrugadas de estudio. Como siempre él sacaba excelentes notas y yo las justas para seguir estudiando. Madrugábamos para poder conseguir un buen sitio en clase y debatíamos en los pasillos junto a la máquina del café sobre lo humano y lo divino.
Al terminar de estudiar la vida nos separó. Jorge encontró trabajo en México DF y no volvimos a vernos hasta diez años después, una noche de juerga loca en un bar bajo una densa humareda. No había cambiado. Su eterna sonrisa y su cara pecosa seguía siendo reconocible. Hacía una década que no nos veíamos pero conversamos como si el ayer no fuera distante.
En el 2006 viajé yo a México DF y sin saberlo estuve a dos manzanas de su oficina. Puede que hasta nos cruzásemos por la calle. Puede que hasta estuviese en el mismo bar donde solía tomarse una Negra Modelo por las tardes. Puede.
Hace poco más de un mes me localizó por Facebook y cruzamos unos mensajes. Había vuelto a España hacía menos de un año y ahora vivía en Madrid. Quedamos en vernos la próxima vez que yo fuera por allí o cuando él viniese a mi ciudad por navidades. Lo que fuese antes.
El día 8 de diciembre murió.
Una leucemia se lo llevó una semana después de que se la diagnosticaran. No tuvo tiempo. Ni de hablar conmigo.
Por unos conocidos comunes supe hace un par de años que era gay. Lo asumió cuando ya nos habíamos separado y nunca pudimos hablar sobre ello. Jorge no sabía que yo también lo era. No se lo dije. Esperaba nuestro reencuentro estas navidades con ilusión para decírselo y compartirlo como lo compartíamos todo cuando éramos adolescentes ingenuos.
Ya nunca lo podré hacer. Con él ha muerto una pequeña parte de esa ingenuidad que compartimos.
Te echaré de menos Jorge.
martes, 18 de octubre de 2011
Apagado
Así me encuentro desde hace un tiempo. Apagado. Me falta esa energía que mueva mi ilusión. Cuando junto los dedos ya no saltan chispas, sólo noto el leve cosquilleo de los intentos vanos y la emoción perdida. Me siento a escribir y las palabras no fluyen. Se arrastran y se atropellan en mi mente en una cacofonía vacua. Varios textos a medio escribir se acumulan entre los borradores, oscuros de concepción, negros de escritura e injustos de significado.
Pruebo con historias de alegre recuerdo y solo consigo grotescos remedos de relatos. Lo intento con sentimientos y son parodias de emociones y esquivos pensamientos ininteligibles. Me fallan las fuerzas y las batallas se acumulan. A mi alrededor se multiplican los frentes y las tensiones se magnifican. Estoy cansado.
Estoy cansado de calcular mi vida en función de los bancos. Estoy cansado de sentir que cada gasto es una sonrisa en el director de mi oficina y un apunte más en la cuenta de resultados de mi alma. Estoy cansado de escribir a gente buscando una mano amable y sólo encontrar pedazos de carne lujuriosos. Estoy cansado de comportarme como un ser humano y ser tratado como un objeto prescindible.
Necesito aire.
Salgo un sábado por la noche y a pesar de no ser mala gente, Jasper y sus amigos viven en un mundo ajeno a mi. Son sólo cuatro o cinco años mayores que yo y sin embargo nos separan más de veinte años y una vida. Tal vez sea yo que llegue tarde cuando ellos ya están de vuelta, pero ya no puedo correr más.
En el trabajo los conflictos crecen cada día con los cambios incontrolados. La nave va a la deriva y los jefes cambian los timoneles sin dejarles ni calcular el rumbo. Mañana volverá a haber un cambio de ruta y todo el trabajo realizado en los últimos meses se desechará bajo la indiferencia de los que no hacen nada nunca. Las discusiones se multiplican y el ambiente se enrarece. Ya no hay alegría en la mirada y los chistes han desaparecido. La máquina de café, otrora fuente de tertulias, es ahora un páramo de miradas esquivas.
Mi frustración la he volcado en el deporte y consumo mi desilusión en sesiones maratonianas que vacíen mi cerebro de oxígeno y reduzcan mis pensamientos al mantenimiento de las constantes vitales. La mirada perdida y la música en mis oídos intensifican el esfuerzo y merman la consciencia hasta el exceso. El otro día me mareé y casi caigo desmayado, falto de riego sanguíneo y sentido común.
El deseo sexual se ha reducido hasta desaparecer y sólo encuentro descanso en las caricias de un Tony solícito y siempre dispuesto a acogerme. Pero él también tiene sus problemas. El lunes pasado le comunicaron que sobra gente en su empresa y necesitan reducir gastos temporalmente. Aunque la situación era muy mala no lo esperaba. Le han dejado en la calle durante un par de semanas a la espera de que entren nuevos pedidos.
Con la mirada triste me ha dicho que para estar aquí todo el día, solo y sin trabajo, mejor se iba a un apartamento que le deja su hermana cerca de la costa valenciana. Me quedan unos días de vacaciones sin utilizar y he decidido irme con él. El sábado partimos hacía allí y estaremos hasta final de mes. No sé lo que haremos pues ninguno de los dos está para gastos, pero al menos nos evadiremos durante unos días para respirar un aire diferente.
Nos vemos en noviembre.
domingo, 24 de julio de 2011
Vacaciones
Han pasado nueve meses desde que me fui a Vietnam y ya estamos de nuevo en un ciclo vacacional. Este año mi situación económica no me permite realizar ningún viaje a algún lugar remoto o exótico y me tengo que conformar con acercarme a una playa del litoral mediterraneo y compartir el apartamento con mis padres. No es mi sueño de unas vacaciones pero no me quejo. Llevo quince años viajando por todo el mundo y me considero un privilegiado por haber podido gozar de esas experiencias.
Este año disfrutaré de la tranquilidad de una playa familiar no excesivamente masificada, y quemaré el estrés bajo un sol tórrido léjos de los trópicos. Este año hablaré en vacaciones mi idioma y no tendré que esforzarme por hacerme comprender en un pobre inglés con acento peninsular. Este año me sentaré a tomar unas cervezas al atardecer y dejaré que el tiempo transcurra ajeno a mi ansiedad. Este año dormiré arrullado por el mar y mecido por un viento que acaricie mi piel.
Me esperan algunos amigos de mi infancia con quienes ya no necesito ocultar que soy gay. A lo largo del año anterior fui saliendo del armario con ellos, uno a uno, hasta terminar con Stella los últimos días del verano pasado. Todos se lo tomaron bien y este año podré mirar a un chico sin que nadie se extrañe. Al menos eso espero, porque una cosa es saber que un amigo tuyo es gay y otra verle acaramelado o besando a otro hombre. Porque confío en que ocurra. Espero poder conocer a algún chico que por unos días me robe los suspiros y de alas a mis sueños.
Nunca he tenido un romance de verano. La creencia en mi heterosexualidad me hurtó el amor en mi juventud y me dejó huérfano de sentimientos. Hubo chicas con las que estuve y con las que incluso compartí momentos íntimos, pero nunca sentí nada más por ellas que la sensación de una presión social que me empujaba a una situación en la que no me encontraba cómodo pero de la que no podía escapar. Por eso me gustaría que un chico me hiciese perder la respiración aunque sólo fuese unos días. Por eso me gustaría esperar su sonrisa y perderme en su mirada. Por eso me gustaría una caricia indisimulada y una mano en mi cintura. Por eso me gustaría reclinar mi cabeza en su hombro y bailar sin música al amanecer. Se que es mucho esperar, pero no más de lo que ya llevo esperando en mi vida.
Además tendrá que ser un amor platónico porque todavía no estoy recuperado de la operación y el sexo no es posible, al menos de momento. Los medicamentos hacen poco a poco su efecto y la infección remite lentamente, a su ritmo cansino y exasperante. ¿Pero que mejor medicina existe que unos besos furtivos que no piden más que la calidez del afecto? ¿Qué mejor remedio que esperar que llegue el nuevo día para verle de nuevo y sin embargo desear que no acabe el actual para no permitirle separarse de mi?
Quedan ya sólo unas horas y estoy empaquetando todo lo que me quiero llevar: ilusiones, afanes, esperanzas, deseos, pasiones y anhelos. Son todos muy grandes, pero caben en un espacio muy pequeño. Me gusta viajar ligero y dejar tras de mi el pesado fardo de la realidad, aunque mi vida siempre encuentra la forma de encaramarse sobre mis hombros y recordarme entre susurros, que aunque quiera nunca la podré olvidar.
Ahora me voy, pero me llevo un poco de vosotros. Volveré. En un mes. En un suspiro.
lunes, 18 de octubre de 2010
Despedida
Hace casi seis meses me senté frente al ordenador y aún no sé por que lo hice, pero escribí la primera entrada de este blog. Era un 20 de abril. Un martes que me encontraba especialmente triste y perdido. Acababa de salir del armario con dos amigos hacía unos días, durante la Semana Santa, y aunque fue bien, el esfuerzo emocional me dejó hundido y sin fuerzas para enfrentarme a la vida.
Pude haber hecho muchas cosas ese día. Incluso tomar decisiones equivocadas. Pero escogí abrir un blog donde verter todo lo que necesitaba contar al oído de alguien que no tenía. Y para mi sorpresa seguí escribiendo en los días posteriores.
Cuatro entradas y cinco días más tarde los primeros comentaristas se acercaron y me dejaron sus palabras. Todavía no sé como se enteraron de mi blog porque no lo publicité ni hice nada para darlo a conocer, pues todavía pensaba en él como en un diario privado. Pero lo agradecí mucho. No os podeís hacer una idea de cuanto.
Desde entonces han pasado seis meses, sesenta y cuatro entradas, 71 seguidores y más de 20.000 visitas. Muchos me habéis acompañado durante este tiempo. Algunos públicamente con vuestros comentarios, que me ayudan, me espolean, me hacen pensar y ver las cosas de forma diferente. Y otros en privado a través de preciosos correos que me emocionan. Existe un tercer grupo, los que leen y no dicen nada pero que sé que están ahí compartiendo conmigo este periplo día a día. A todos os doy las gracias porque vuestra compañía estos meses me ha hecho más llevadera mi vida.
Ha llegado el momento de dejar de escribir aquí por un tiempo pues hasta yo necesito vacaciones de mi mismo. El jueves cogeré un avión que me llevará al otro lado del mundo. Serán cinco semanas viajando por Vietnam y Camboya. Las tres primeras me acompañarán Roxana y Samuel a los que conocí en la India hace ya dos años. Nos acompañará una amiga suya.
Con ellos recorreré las montañas del norte, haciendo trekking junto a la frontera china y recorriendo los distintos poblados de algunas de las etnias vietnamitas. Descubriré el caos ordenado de Hanoi, viajaremos en sampán durmiendo bajo las estrellas en la bahía de Ha Long y recorreremos el río Tam Coc en pequeñas embarcaciones. Más tarde y ya en el centro de Vietnam pasearemos por las antiguas calles de la ciudad imperial de Hue y difrutaremos del barrio francés de Hoi An y las ruinas de My Son.
Las dos últimas semanas seguiré yo solo con la única compañía de mi mochila y mi cámara de fotos. Pasaré unos días en Ho Chi Minh, la antigua Saigón. Remontaré el Mekong hasta Phnom Penh, la capital de Camboya y me perderé en la jungla entre los espectaculares templos de Angkor.
Necesito estas vacaciones porque han sido dos años de sinsabores y frustraciones. De llorar amargamente y gritar indignado al destino. De sentir como todo en lo que creía se desmoronaba a mi alrededor sin poder yo detenerlo. De observar impotente como he vivido una vida de mentiras y engaños.
Pero también ha sido el tiempo de empezar a construir con nuevos cimientos. De atreverme a aventurarme más allá de mis miedos. De lanzarme al vacío de mis frustraciones para rellenarlas de deseos. De abrazar nuevas ilusiones. De empezar una nueva vida.
No sé como trancurrirá el viaje. Si servirá para serenarme o si será contraproducente porque me dará más tiempo para pensar. No lo sé. Pero sí sé que esta no es una despedida definitiva. Es sólo un hasta luego y un volveré pronto. Un os quiero y un gracias por estar ahí.
Nos vemos de nuevo en diciembre. Si queréis.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Labordeta: In memoriam
Hoy ha muerto José Antonio Labordeta.
Cantautor, poeta, viajero, escritor, mochilero, catedrático, político, presentador, pero sobre todo persona. Buena persona.
Probablemente hoy la noticia saldrá en los telediarios y cientos de blogs mejores que el mío desgranarán su historia con detalle. Su vida política en sus últimos años le descubrió a los más jóvenes. Le vieron en el Congreso de los Diputados haciendo política con mayúsculas. Y no me refiero a las ideas que defendía, sino a la forma de hacerlo. No era un político profesional sino un hombre de la calle que creía en aquello que antaño se llamaba "Servicio Público". Quizá era un idealista, un ingénuo buscando la utopía. Pero no era fruto de la candidez de la juventud sino de la convicción de la reflexión. Estuvo allí ocho años. Los que creyó que podía aportar algo. Y luego se retiro. Dignificó la política
Algunos le descubrieron años antes por su faceta de presentador-documentalista, recorriendo los pueblos de España para descubrirnos rincones olvidados y gentes entrañables. Nos mostró la España rural que sigue existiendo entre nosotros resistiendo a la modernidad que todo lo devora, y las costumbres y tradiciones ancestrales que se transmiten a duras penas. Se detenía en mostrarnos una flor o que oyésemos el grito del vencejo. A charlar con la gente y preguntarles por sus problemas. Era cercano, era real, era él mismo.
Los menos le conocerán por sus escritos, por sus libros, por sus poemas. Pero estos quedaron ensombrecidos por su faceta de cantautor que es la que perdurará. Entre la veintena de sus discos hay pequeñas joyas para descubrir. Son poemas cantados y versos con música. Son lamentos y son gritos. Son el sentir de mucha gente.
Pero la mejor despedida es oirle una vez más con la que es probablemente su canción más conocida: Canto a la libertad
Habrá un día en que todos
al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga LIBERTAD
Hermano, aquí mi mano
será tuya en mi frente
y tu gesto de siempre
caerá sin levantar
huracanes de miedo
ante la LIBERTAD
Haremos el camino
en un mismo trazado
uniendo nuestros hombros
para así levantar
a aquellos que cayeron
gritando LIBERTAD
Habrá un día en que todos
al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga LIBERTAD
Sonarán las campanas
desde los campanarios
y los campos desiertos
volverán a granar
unas espigas altas
dispuestas para el pan
Para un pan que en los siglos
nunca fue repartido
entre todos aquellos
que hicieron lo posible
por empujar la historia
hacia la LIBERTAD.
Habrá un día en que todos
al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga LIBERTAD
También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.
Que sea como un viento
que arranque los matojos
surgiendo la verdad
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la LIBERTAD.
Habrá un día en que todos
al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga LIBERTAD.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)