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martes, noviembre 03, 2009

en la desventaja de mis maduraciones




Una reza

Reza oir la reza de las apariciones ronca por la ronca de
las enterraciones y vuelve los ojos al paisaje metido
dentro de la carne y del fuego del movimiento
humano más real el de pasitos de hombres en el
espacio humillado por sus elegantes desnutriciones,
oh país límpido, intercambiado con tartamudos y
despanzurrados y afeitados por el llano y
asesinadores engendrados en las negras copulaciones
entre ramos y entre santos de ojeras casi naturales,
yo exclamo que duermo sobre la arena caída en la
desventaja de mis maduraciones que sollozan todo
el poder del fuego.
Yo, que tengo el alimento más moderno, estoy rastreando
el invierno y las pudriciones de estos llanos.

El canto impopular

Yo, el rastreador, que ha dormido en los atrasos de la
luna en los atajos peninsulares, y ahora siento el
canto del desahogo, a través del orgulloso coraje,
oh mis pequeños seres del desamparao, canto mi canto
con un lenguaje impopular, pero cercano a
vuestros vestidos miserables.
El vestido las telas livianas de las mejillas despintadas el
olor de los motines talados de la miseria siempre
en la flor del fuego del pensamiento destruido sin
nacimiento en las coloridas y espléndidas
organizaciones de las albas lujosas de todos los días
de todos los montones de días ligeros y azucarados
por las cañas dulces solares irredentas ininterrumpidas
feroces vivientes de la irrectitud siempre anárquica
del espacio siempre moderno y siempre solidario
con los cantos de las invisibles deidades y de los
otros personajes reales asombrados de la miseria de
los sucios paisanos que encienden el clavel del
esperma nocturno sifilizado y demente y excitado
por los cerdos.
Oh, en mi escenario, de rodillas. Cocinas conteniendo el
aliento del dormido rencor en la palidez del alba.
Oh, gente sin viajes, que no puede fumar en el
fuego del universo su tabaco de miel arrollada por
el invierno, su comida de humo bañando el
ligerísimo mosquitero de rabia del color el color que
no trajina por las camas y que sólo saluda a la
sombra con sombrero del Ave Marías en el altar de
los santos ensordecidos por los fétidos besos.
Oh, mí, el rastreador, que ha dormido tirado entre los
yuyos, entre la ferocidad joyal de las palmeras en
el borde del agua, y de una cocina sucia llena de
lechos sucios y de tarros con jazmines calentados
del ex-alba.

Francisco Madariaga, Corrientes, 1927- Buenos Aires, 2000.

de Francisco Madariaga, Tembladerales de oro, Colección Poesía, El búho encantado, Rosario, Plaqueta 25, Octubre de 1985.
imagen: S/D

jueves, enero 22, 2009

arte poética III


francisco madariaga

No podríamos sostenernos con esta piel y este polvo gemebundo, guitarrera de grandes desgracias.
Sólo no hay trampa para la orden de hacer fuego hasta que todo arda.
Los puentes están artillados y sólo los cruzan caballeros blancos vestidos con el aire de un muerto que posee la victoria final.
Totalmente entorpecidos por la belleza de su sangre.


de Francisco Madariaga, Los grandes poetas, Centro Editor América Latina, Cuaderno 44, Buenos Aires, 1988.

sábado, enero 03, 2009

yo soy un niño

yves-tanguy-12 *



Los poetas oficiales


¿Amoldáis vuestra esfera a lo más íntimo del porvenir?


Perros enanos entecos, tenéis a vuestro servicio los escribientes nacionales, pajarracos de la patria.


Canasteros de los frutos del odio, no estoy arrepentido de tener a mi servicio las joyas y los frutos del deseo.


Principitos destronados de toda sangre de descomposición en la naturaleza.

Eugenios, Equis, Clauditos, perritos de ceniza.


de Las jaulas del sol, 1960



Carta de enero


1.


Tengo ganas de leer algo hoy.

Me sangra la poesía por la boca.

Yo era estudiante y me adoraba la Naturaleza,

pero estaba olvidado,


me hería la plenitud del Universo,

y ahora te sacudo a ti, montes de cabellos rojos,

tierras paradas en aguardiente correntino,

grandes balsas de agua alojadas en la boca.


El pavor es celeste, el líquido terreno es fuego,

los pavos reales han sido capados por el sol,

y yo ando por la siesta:

provocador de las grandes fuentes sombrías,

alojado en la voluntad animal.



2.


¿Dónde pedir auxilio sino en la Tierra?

El mar es un cantor inseparable.


Pero tú tienes también llamaradas acuáticas, Tierra.

¡Acuarelas para quién sabe qué candor!


Yo soy un niño y nadie me podrá recibir,

pero tengo coraje

y ese nativo puro que arroja los paisajes por la nariz.

Tengo un collar para todo lo que arde.


de El delito natal, 1963


Tembladerales de oro


El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro que arde

contra el oro de los ocultos tembladerales que largan el

aire de oro hacia los rojos destinos pulmonares con el

acuerdo de los fantasmas de oro coronados por los juncos

de oro bebiendo los caballos de oro los arrieros de oro

envueltos en los ponchos de oro —a veces negro a veces

rojo— y el caballero que repasa las lagunas de los oros

naturalmente populares el que se embarca en las balsas de

oro con todos los excesos de pasajeros de oro que manejan

los caballos de oro con los rebenques de oro bebiendo en

la limetilla de oro del barro de oro de los sueños de los

frescos del oro entre la majestad de las palmeras de oro

y de los ajusticiados y degollados en las isletas de oro

bajo los yacarés de oro del oro del amor.


de Tembladerales de oro, 1973


Franciso Madariaga, 1927-2000


*yves tanguy


Fuente: Antología de la poesía argentina, Selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Tomo II, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979