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viernes, septiembre 11, 2015

celia clara fischer. la poesía...



***

La poesía
se explica
como un día
               con la madre
un día de otros tantos días en su casa
es verano
ella está en la cocina
               y yo en el jardín
la veo      no me mira
qué hace
               no sé
hay un rebaño
               de compromiso entre
                          nosotras.

Celia Clara Fischer, Buenos Aires, 1943

Imagen de Kandinski Wassily

jueves, febrero 26, 2015

celia clara fischer. qué creen que digo



***

Qué creen que digo
los que piensan que todavía ensueño
y no saben que sólo me estoy hablando
a lo sumo converso
con los que llevo adentro
del lado del nublado
gentes de cuerpo enteco
como don Pastor Jaime
tan de piedra estremecida
su alma
tiento de catre recordatorio
de la mujer abrazada
hasta el después saciado en quebranto

qué creen que este hombre dice
de espaldas al río que aquí
no es de agua
sino oscuro aluvión de cerros

qué espantos pasan por sus ojos
agachados
para que no los toque la memoria
y la herida del mundo se descargue
mientras sigue don Pastor cantando
su pena limpia
en este carnaval de pueblo
lloviznado de un lento morirse lento.

Celia Clara Fischer, Buenos Aires, 1943
Inédito

imagen de Wassili  Kandinsky, Improvisación N° 19, en Life Art Group

lunes, agosto 29, 2011

celia clara fischer. poema VII y otros



Poema VII

No logro despegar mis ojos
de los ángeles de bronce
que sostienen a Brandenburgo,
de los caballos ciegos galopando
hacia una nada y desbocados.
Osos ventean la presa
por donde camino
y me pregunto
si ya crecen  amapolas
en los campos de la aldea.
Yo, que no quiero las voces
de los hombres,
aquí abundan graznando
de feroces ejércitos
su sangre y sus piojos.

Del tigre y el lobo,
la estepa y la taiga
están mirándome
nevadas en tus ojos.
De los míos parten
cordilleras y salares
y rosas de cuarzo
en noches con estrellas
obstinadas del desierto.

No podemos sostener
el peso del miedo a solas,
cuando la soledad es un escombro
con llagas enquistadas.


Poema XV

Desde el limonero iluminado
Tiresias pide gestos
para morir su propia muerte.
Desnuda despedida blanca
en quejido de azahares
llorándose
bajo el guante de la luna,
mientras la tierra,
esa eternidad  terca y ávida,
espera,
siempre enlutada espera.
Pero el viejo Tiresias avanza
con la indiferencia entre los dientes,
solo y seco en su agonía,
regresando espanto a los oráculos
que no supieron en qué absoluto
los cielos fueron devorados.


Celia Clara Fischer, Buenos Aires, 1943
De: Imágenes del Silencio.  En preparación
imagen de Ervand Kotchar © , Home couche,  circa 1930