Mostrando las entradas con la etiqueta billy collins. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta billy collins. Mostrar todas las entradas

domingo, febrero 03, 2019

billy collins. te pregunto

Resultado de imagen para billy collins reading at home


Te pregunto

¿En qué escena quisieras estar
que no sea esta,
una noche cualquiera sentado a la mesa,
el empapelado con flores cayéndose encima,
gabinetes blancos repletos de vidrio,
el teléfono en silencio,
sosteniendo una lapicera en la mano?

Me da tiempo para pensar
en todo lo que pasa afuera-
hojas acumulándose en los rincones,
el liquen enverdeciendo las altas piedras grises,
mientras el mundo navega sobre las dunas,
enorme, oceánico, historia burbujeando en su estela.

Pero más allá de esta mesa
no hay nada que precise,
ni siquiera un oficio que me permita remar al trabajo,
ni un Aston Martin DB4 color café
con agrietados asientos de cuero verde.

No, todo está acá,
los nítidos óvalos de un vaso de agua,
un pequeño cajón de naranjas, un libro sobre Stalin,
por no hablar del extraño pez
enmarcado en la pared,
y el modo en que estas tres velas-
cada una de distinta altura-
cantan en perfecta armonía.

Discúlpenme
si inclino mi cabeza ahora y escucho
el bajo de la vela más corta hacer su solo
mientras mi corazón
repica debajo de la camisa-
rana al borde del estanque-
y mis pensamientos vuelan a una provincia
hecha de un cielo enorme
y casi un millón de ramas vacías.


Billy Collins, Nueva York, 1941
Versión ©Silvia Camerotto

I Ask You

What scene would I want to be enveloped in
more than this one,
an ordinary night at the kitchen table,
floral wallpaper pressing in,
white cabinets full of glass,
the telephone silent,
a pen tilted back in my hand?

It gives me time to think
about all that is going on outside-
leaves gathering in corners,
lichen greening the high grey rocks,
while over the dunes the world sails on,
huge, ocean-going, history bubbling in its wake.

But beyond this table
there is nothing that I need,
not even a job that would allow me to row to work,
or a coffee-colored Aston Martin DB4
with cracked green leather seats.

-->

No, it's all here,
the clear ovals of a glass of water,
a small crate of oranges, a book on Stalin,
not to mention the odd snarling fish
in a frame on the wall,
and the way these three candles-
each a different height-
are singing in perfect harmony.

So forgive me
if I lower my head now and listen
to the short bass candle as he takes a solo
while my heart
thrums under my shirt-
frog at the edge of a pond-
and my thoughts fly off to a province
made of one enormous sky
and about a million empty branches. 

domingo, abril 29, 2018

billy collins. night club




Night club

Eres tan hermosa y yo soy un tonto
por estar enamorado de ti
es un tema que aparece siempre
en poemas y canciones.
Parece que no hubiera lugar para la variación.
Nunca escuché a nadie cantar
Soy tan hermosa
y eres un tonto por estar enamorado de mí,
a pesar de que esta idea, seguro
pasó las mentes de mujeres y hombres por igual.
Eres tan hermosa, lástima que eres un tonto
es otra que no escuchas.
O bien, eres un tonto al considerarme hermosa.
Esa no la escucharás nunca, está garantizado.

Sin ningún motivo en especial esta tarde
escucho a Johnny Hartman
cuya voz oscura puede torcer
conceptos sobre el amor, la belleza y la estupidez
como nadie más.
Se siente como el humo de un cigarrillo, que alguien
dejó encendido sobre un piano de media cola
alrededor de las tres de la mañana, elevándose;
humo que rebota hacia las luces brillantes
mientras que afuera en la oscuridad
algunos de los tontos lindos se han reunido
alrededor de pequeñas mesas para escuchar,
algunos con los ojos cerrados,
otros dejándose llevar por la música
como si los retuviera,
o jugando con el hielo de un vaso,
deslizándose gradualmente hacia un sueño rítmico.

Sí, está toda esta estúpida belleza,
resistiendo más allá de la medianoche,
que no quiere irse a casa,
en especial ahora cuando todos en la habitación
miran al hombre alto con el saxo tenor
que cuelga de su cuello como un pez dorado.
Se mueve hasta el borde del escenario
y me da el instrumento
y señala que debería jugar.
Así que pongo la boquilla en mis labios
y soplo con toda la respiración de mi vida.
Somos todos tan tontos,
mi largo bebop comienza diciendo,
tan condenadamente tonto
nos hemos vuelto hermosos sin siquiera saberlo.

Billy Collins, Manhattan, 1941
Versión © Silvia Camerotto


Night Club

You are so beautiful and I am a fool
to be in love with you
is a theme that keeps coming up
in songs and poems.
There seems to be no room for variation.
I have never heard anyone sing
I am so beautiful
and you are a fool to be in love with me,
even though this notion has surely
crossed the minds of women and men alike.
You are so beautiful, too bad you are a fool
is another one you don't hear.
Or, you are a fool to consider me beautiful.
That one you will never hear, guaranteed.

For no particular reason this afternoon
I am listening to Johnny Hartman
whose dark voice can curl around
the concepts on love, beauty, and foolishness
like no one else's can.
It feels like smoke curling up from a cigarette
someone left burning on a baby grand piano
around three o'clock in the morning;
smoke that billows up into the bright lights
while out there in the darkness
some of the beautiful fools have gathered
around little tables to listen,
some with their eyes closed,
others leaning forward into the music
as if it were holding them up,
or twirling the loose ice in a glass,
slipping by degrees into a rhythmic dream.

Yes, there is all this foolish beauty,
borne beyond midnight,
that has no desire to go home,
especially now when everyone in the room
is watching the large man with the tenor sax
that hangs from his neck like a golden fish.
He moves forward to the edge of the stage
and hands the instrument down to me
and nods that I should play.
So I put the mouthpiece to my lips
and blow into it with all my living breath.
We are all so foolish,
my long bebop solo begins by saying,
so damn foolish
we have become beautiful without even knowing it. 


sábado, marzo 03, 2018

billy collins. notas al margen





Notas al margen

A veces las notas son feroces,
escaramuzas contra el autor
propagándose a lo largo de los márgenes de cada página
en minúsculas letras negras.
Si pudiera ponerte las manos encima,
Kierkegaard, o Conor Cruise O'Brien,
parecen decir,
cerraría la puerta y metería algo de lógica en tu cabeza.

Otros comentarios son más improvisados, despectivos-
‘Disparates.’ ‘¡Por favor!’ ‘¡Ja!’
ese tipo de cosas.
Recuerdo una vez al levantar la vista de la lectura,
mi pulgar como señalador,
tratando de imaginar cómo sería la persona,
por qué escribió ‘No seas tonto’
junto a un párrafo en La vida de Emily Dickinson.

Los estudiantes son más modestos
solo necesitan dejar sus huellas esparcidas
a lo largo del margen de la página.
Uno garabatea ‘Metáfora’ junto a una estrofa de Eliot.
Otra marca la presencia de ‘Ironía’
cincuenta veces fuera de los párrafos de Una modesta proposición.

O son fanáticos que animan desde las gradas vacías,
manos ahuecadas alrededor de sus bocas.
“Totalmente”, gritan
a Duns Scotus y a James Baldwin.
‘Sí.’ ‘Obejtivo’ ‘¡Mi hombre!’
Tildes, asteriscos y signos de exclamación
llueven por las líneas marginales.

Y si lograste graduarte de la universidad
sin haber escrito ‘Hombre contra la Naturaleza’
en un margen, tal vez ahora
sea el momento de dar un paso adelante.

Todos hemos nos hemos apoderado del perímetro blanco como nuestro
y solo buscamos una lapicera para demostrar
que no nos quedamos en un sillón cambiando de página;
presionamos un pensamiento en el camino,
clavamos una marca en el margen.

Incluso los monjes irlandeses en sus fríos escritorios
anotaron en los márgenes de los Evangelios
breves comentarios sobre el dolor de copiar,
un pájaro firma cerca de sus ventanas,
o la luz del sol que iluminaba su página-
hombres anónimos atrapados en el futuro
en un barco más perdurable que ellos mismos.

Y no has leído a Joshua Reynolds,
dicen, hasta que lo hayas leído
rodeado por los furiosos garabatos de Blake.

Sin embargo, en la que pienso con más seguido,
y cuelga de mí como un relicario,
estaba escrito en la copia de El cazador oculto
que tomé prestada de la biblioteca local
en un verano largo y caluroso.
Yo recién empezaba la secundaria,
leyendo libros en un sofá en el living de mis padres,
no puedo decirte
cuánto se ahondó mi soledad,
qué conmovedor y amplificado parecía el mundo ante mí,
cuando encontré en una página

unas pocas manchas de aspecto grasoso
y junto a ellas, escrito en lápiz blando-
por una hermosa niña, a quien
puedo decir nunca conoceré-
‘Disculpe las manchas de ensalada de huevo, pero estoy enamorada’.

Billy Collins, Manhattan, 1941

Versión ©Silvia Camerotto
imagen de Gemma-Rose Turnbull

Marginalia

Sometimes the notes are ferocious,
skirmishes against the author
raging along the borders of every page
in tiny black script.
If I could just get my hands on you,
Kierkegaard, or Conor Cruise O'Brien,
they seem to say,
I would bolt the door and beat some logic into your head.

Other comments are more offhand, dismissive -
'Nonsense.' 'Please! ' 'HA!! ' -
that kind of thing.
I remember once looking up from my reading,
my thumb as a bookmark,
trying to imagine what the person must look like
why wrote 'Don't be a ninny'
alongside a paragraph in The Life of Emily Dickinson.

Students are more modest
needing to leave only their splayed footprints
along the shore of the page.
One scrawls 'Metaphor' next to a stanza of Eliot's.
Another notes the presence of 'Irony'
fifty times outside the paragraphs of A Modest Proposal.

Or they are fans who cheer from the empty bleachers,
Hands cupped around their mouths.
'Absolutely,' they shout
to Duns Scotus and James Baldwin.
'Yes.' 'Bull's-eye.' 'My man! '
Check marks, asterisks, and exclamation points
rain down along the sidelines.

And if you have managed to graduate from college
without ever having written 'Man vs. Nature'
in a margin, perhaps now
is the time to take one step forward.

We have all seized the white perimeter as our own
and reached for a pen if only to show
we did not just laze in an armchair turning pages;
we pressed a thought into the wayside,
planted an impression along the verge.

Even Irish monks in their cold scriptoria
jotted along the borders of the Gospels
brief asides about the pains of copying,
a bird signing near their window,
or the sunlight that illuminated their page-
anonymous men catching a ride into the future
on a vessel more lasting than themselves.

And you have not read Joshua Reynolds,
they say, until you have read him
enwreathed with Blake's furious scribbling.

Yet the one I think of most often,
the one that dangles from me like a locket,
was written in the copy of Catcher in the Rye
I borrowed from the local library
one slow, hot summer.
I was just beginning high school then,
reading books on a davenport in my parents' living room,
and I cannot tell you
how vastly my loneliness was deepened,
how poignant and amplified the world before me seemed,
when I found on one page

A few greasy looking smears
and next to them, written in soft pencil-
by a beautiful girl, I could tell,
whom I would never meet-
'Pardon the egg salad stains, but I'm in love.'