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viernes, mayo 15, 2015

aldo oliva. les sanglots de la lyre



Les Sanglots de la Lyre
a Aldo José Beccari

El sumo dolor
puede ser el momento
excelso
de la celebración de la verdad:
la elevación feérica
de la consumación de un canto.
El zumo de la vida
en un sorbo de altura,
que la historia
(y jamás lo sabrás)
le llamará final
de una vana
congregación de instantes.
Esto: simplemente un muerto,
materia indolora,
una subsumida anécdota de sí,
son ablaciones de férvidos
cuerpos de palabras
que, locamente se amaron
y se extinguieron.

Aldo Oliva, Rosario, 1927-2000

de Ese General Belgrano y otros poemas, 1999
en Aldo Oliva, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003
imagen de The Catman en Contemporary Style

lunes, diciembre 12, 2011

aldo oliva. oda a la derrota


Oda a la derrota
para Antonio Oliva

Aquí estás, pibe lustrín,
diez años,
ojos de vibrante e incisiva
petición.
Aquí, en la oda magna
de los intersticios que ajan la cocina.
Camínala, cucaracha enjoyada
que ilumina,
contrasta las erosiones:
sesgos, gestos, gateadas
en la cundida y oropelada
ciudad.
Pues andas, cajón al hombro,
y le develas su ser de mera sombra
de excremento.

"¿Un lápiz -me dijiste- un lápiz
quiere? ¿Usted escribe?"
(Sólo esto -pensé).
Pensé también: no pensar.
Sino:
Tanta eminencia
de fango,
alzada y tremolante
como gladio,
para saber
la vida en el enrosque
de la víbora:
en el peso, denso, planetario,
del diluvio;
en el hilo
límpido y filoso
de la mirada del desprecio:
el calidoscopio
de la producción del alma.
¿Legadas escenas,
rescates emanados
de un abrazo
abarcante -en la
historia-
del oprobio?
Dulce y ominosa
fugacidad
del barro endurecido;
hojas pérfidas de sílex
en el pecho, desasido
de un canto.

Si sabes la derrota,
sabrás el tránsito,
el sudor del ser
que se derrama
y se transmuta;
que, alucinado,
vuela y reposa
en el primario nicho
donde duerme
el vendaval de la locura:
ésa, la que fija
la paradójica prosa
del poema.

Derrota, tú has creado
la fábula del mar
y de sus monstruos;
el infinito
diagrama restallando
de fondo, suturando
la zambullida
abisal del somorgujo,
su emergencia insumisa.
Y así, por tierra,
van también los pueblos
en redota.

Así transfiere al sueño
de la oda
su arabesco borrado.
Intrincadas floraciones
de la trama oprimida;
insurgencias de auroras
en el crepúsculo;
canto rasante
en la fragancia
de la Rosa de los Vientos.

Vuélcate, vaivén alada,
sobre la tácita
violencia del relámpago
en el palor de este violado
papel.
Sé,
sobre el tiempo,
como su tempestad.

Aldo Oliva, Rosario, 1927-2000
en Aldo Oliva, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003
imagen de Maggie Taylor©, The reader, en Uno de los nuestros

domingo, septiembre 18, 2011

aldo oliva. orfeo


Orfeo


Gimiendo, maltrovando, holgando con lo oscuro.

La Celestina

Acércate y muéstrame en tu anillo
la herrumbre del tiempo
de aquella dulce carne que dónde duerme.
Ahora saludas
la ominosa emergencia del mundo,
definitivamente esta historia en colores
de sangre irreal en la pastosa noche,
las ciegas manadas del tacto en el amanecer
y el triste vuelo de las estaciones
sobre la cintura de cemento y de hierro.

Las suaves panteras se hunden en sus sombras,
asciende la serpiente al corazón
y en su copa desova bajo todos los vientos.
Lentas muertes antes de la muerte,
entre ordenamientos y derrumbes,
filtra el cristal infiel:
es el Suceso. Pero risa y llanto y la garra
total,
que es melancólica y sabe que en el sueño
es apenas un tenue puñalito de plata,
ahora saludas.

Hay una boca sin embargo
que para siempre lo canta.


De De fascinatione


La escritura de Severino (Movimiento de danza)

a Atilio Pentimalli

Alza la mano izquierda para silenciar los elementos
del Acto; lee, como si obviara en el oscuro
designio de la historia,
en el poder locura, fango en los ojos de la perdida gente.
Con su mano derecha va penetrando el giro
de su ávido sueño, noche transfigurada
que en el espacio blanquísimo del alba
deja caer los signos.
Enjugado el olvido sus pañuelos
forjan su red plenilunar de nudos de oro,
la figura carnal de los ardientes corazones,
la constelación gramatical del alma.
En el cósmico exilio cursa el ser en desánimo
y nace la palabra:

(Non di morte...

DURAZNOS de las ISLAS para el amor de Fina.
AMOR de FINA dibujado en las PLANTAS y en
la TIERRA y en el AGUA.

(Non di morte sei tu...

Las gemas peregrinas para silenciar los elementos
de la explosión del Acto.

(Non di morte sei tu, ma di vivaci
Cenere albergo, ov'e riposto Amore
)

Y más allá del texto,
profanada,
queda la muerte sin la palabra MUERTE.

De De fascinatione

Aldo Oliva, Rosario, 1927-2000
en Aldo Oliva, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003
imagen Padovanino, Orfeo y los animales

sábado, enero 17, 2009

aldo oliva. caza mayor

aldo-oliva3


caza mayor

La verdad nunca tuve entera fe en los pájaros.
Quedé niño de honda en tensión testimoniando
festivales y duras conjeturas,
asedios, pedradas e iluminaciones
en el berretín de la tiniebla.

Las palabras trocadas, fuego del juego,
su constelación bajo las constelaciones,
voces altivas que confundí con el amor.

No tuve fe en los pájaros.

Antes que la estrategia azul me desolara
gemí muy hondo esquinado en la furia de mis nervios,
bajé al río a beber,
maldije la decencia,
sangré tristes criaturas de alcohol irrestañable,
construí un mundo, era de ceniza, contra el poniente lo aventé.

Cada mañana salgo de la tumba y reinicio este canto.

De De fascinatione

pies desnudos
La algazara del bar se avalancha
sobre la vereda; lleva a la salida,
los sagrados pesitos para la timba:

Voy a correr 5000 metros. El otro, un atleta,
firme, alto, flaco, como la prefiguración
de lo invencible; es, además, cauto y generoso:
me dice, «te doy 100 de ventaja». Sí, dije, y me descalcé.

Partimos; la distancia, como ascendida
de una gracia coterránea, me distiende
en una plácida corriente de dicha;
debo, pues, respirarla. Y me dije: nadie sabe
dónde está el último aliento.

Fue así. Pero a los 800 metros percibí,
casi como un leve aullido, un aliento en la nuca,
que me acosaba la tenacidad de las piernas;
pero no aún la expansión solidaria que,
como garras,
abrían la furiosa pasión ofertiva en el pecho.

Llegábamos al final (¿era un final?): no creí caer,
sentí levantarme, cuando crucé la meta,
bajos mis pies desnudos, en un sueño de leve tenuidad,
donde el otro era un hermano.


De Ese General Belgrano y otros poemas


mar de fondo
Eleva ya, mano ulterior, la visión
de un canto, que solo en el rasgar de la
áspera tiniebla, a tientas consumé.
Déjame todo el dolor, pero
también la altura primigenia
de alguna albura en mi noche:
la titilante obsesión de esa dulzura
constelada en la honda
invención de la trémula raigambre
de mi pecho;
yo, que nací mortal
tan sólo para negar mi muerte
y amarte, oh vos, oleaje que ahora
se desata en la cuenca irreductible
a la caducidad en este sueño,
altivo como el fervor que agita,
secreto, el fondo de las aguas.


De Poemas 1998/2000

pared

Las manos frías contra esa pared amarilla.
Pronto van a gemir; algunos morirán.
¿Soportará hasta cuándo
la pared amarilla que da
sobre el pozo? Sólo un hombre
armado se apresta junto al cordón
de la vereda y escupe sobre las
hojas caídas del plátano.
¿Estará dispuesto a matar o
se dislocará en el sueño?
Porque es un sueño. ¿Un sueño o un recuerdo
delirante que elabora una derrota?
Necesariamente algo tiene que
trastocarse: a) manos que pulsan
hacia su mutilación, hórridas
de muerte; b) ávida pulsión onírica
para la consumación de un crimen.
Fases que se integran en lo indiscernible.
Danza caótica en la profusión de lo distinto.

De Satura

Fuente: Aldo Oliva, Poesía completa, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003.

jueves, octubre 02, 2008

aldo oliva. tenue andadura de la muerte y otros



1.

Tenue andadura de la muerte
Cuando te den a luz, no la verás.
el esplendor cósmico siempre
te postergará; pero no te desampara,
te abrirá la vida del juego de los
misteriosos objetos, en principio,
(y a veces, perennemente) lúdicos.
Mas eso, en un momento no previsible,
terminará. Tal vez hayas avanzado
de solaz sol y los conocimientos
de algún camino y en la equivocidad
del placer: lo creerás infinito.
Pero, solo en algún último instante,
sabrás, como en la emergencia primigenia.
Solo ese saber te dirá la verdad:
borrado el andar, borrado el sendero
del andar. Pleno el absoluto del vacío.

2.
Tornado
Cuando el tornado, al borde del camino,
derrumbe la temblorosa hilera de los eucaliptos,
reventando el vientre de alguna liebre inadvertida;
tajando, del ganado, reses mutiladas, no
diferentes a la chatarra de los rastrojeros
incrustados en los frentes de las viejas casas;
cuando el rayo de la tinta
hienda tu frente:
eleva un himno, entonces,
a la verdad de la existencia y ármate de
levantado fuego para trocar lo aparente-
mente real. No salpiques con complicidad
la apariencia de lo inevitable. Corrompe la
furia del acecho que nos improntó; irrumpe y
diluye en la densidad de lo que se finge ser.
Trama el hilaje de tu
nueva túnica. Desvístete de las añejas raigambres
que se ensañaron en tu piel.
Pide perdón de haber sido sólo hombre
y verás el canto de la forma que vendrá.

de Aldo Oliva, Poesía Completa, Poemas 1998/2000, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 2003