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20 de diciembre de 2011

Azafrán silvestre

...les vio marchar hacia la hierba y el agua, hacia los robles y el azafrán silvestre. Y él quedó pegado contra una pared, sintiéndose más zambo y más feo que nunca.


                                                                                                            Fiesta al noroeste
                                                                                                            Ana Mª Matute


El nombre científico del azafrán silvestre, colchicum autumnale, deriva de Cólquide, región a la orilla del mar Negro a la que arribó Jasón a bordo del Argo en busca del vellocino de oro en cuyo rescate jugó un importante papel nuestra flor.


El rey Eetes, padre de Medea, había impuesto a Jasón unas condiciones imposibles para entregar el vellocino. Mas Medea, después de que Jasón le jurase amor eterno, le entregó una pócima color sangre fabricada con el jugo de azafranes silvestres. Embadurnado con ella, pudo Jasón someter a los toros de pezuñas de bronce que exhalaban fuego por la boca y unciéndolos a un arado preparar el campo de Ares para sembrarlo con dientes de serpiente. Según Robert Graves tan prodigiosa flor tenía como origen  la sangre derramada por Prometeo mientras era devorado por el águila.


Desde antaño se ha usado el azafrán silvestre como eficaz remedio contra la gota, y de él se obtiene la colchicina que se continua usando en el tratamiento de este proceso, aunque sienta tan mal (puedo dar fe de ello) que no nos extraña que Medea lo utilizara en la elaboración de pócimas.


Como otras plantas del género colchicum, el azafrán silvestre es conocido como quitameriendas. El origen de este nombre se remonta a aquellos tiempos en que carentes de luz eléctrica nuestra vida se ordenaba en función del sol. Al acortarse los días en el otoño, fecha en que aparece esta flor, se adelantaba la hora de la cena suprimiéndose la merienda. 

27 de junio de 2011

Cañaheja

- Dadme, buen hombre, ese báculo, que le he menester.
- De muy buena gana -respondió el viejo-: hele aquí, señor.
Y púsosele en la mano. Tomóle Sancho, y, dándosele al otro viejo, le dijo:
- Andad con Dios, que ya vais pagado.
- ¿Yo, señor? -respondió el viejo-. Pues ¿vale esta cañaheja diez escudos de oro?
- Sí -dijo el gobernador-, o, si no, yo soy el mayor porro del mundo, y ahora se verá si tengo yo caletre para gobernar todo un reino.


                                                                                                Don Quijote de la Mancha
                                                                                                Miguel de Cervantes




Zeus, enojado  tras haber sido  engañado por Prometeo, castigó a la humanidad sin fuego. "¡Que se coman su carne cruda!" dicen que gritó tras elegir guiado por las apariencias la peor parte de un toro sacrificado, dejando la parte buena a los hombres.




Prometeo, causante de la irritación divina, quiso ser quién le pusiera remedio y se propuso recuperar el fuego. Solicitó para ello la ayuda de Atenea que le franqueó el acceso al Olimpo. Tras entrar en él se acercó al carro de fuego del sol del que arrancó un trozo de carbón al rojo que introdujo en el hueco de una cañaheja, pudiendo de este modo sacar el fuego de la morada de los dioses.




La cañaheja (Ferula comunnis) es una hierba que anualmente produce un tallo alto, recto,  de unos dos metros. La pulpa del interior de esta caña es fácilmente inflamable pero de combustión lenta, ideal por tanto para mantener un fuego.




Robert Graves en su libro Los mitos griegos apuntaba que en algunas islas griegas aun se usaba este sistema para transportar el fuego de un lugar a otro. Quién no conozca la suculenta narración del Quijote que encabeza la entrada que acuda al capítulo XLV de la segunda parte y si no tuviera un ejemplar a mano que pinche aquí .