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miércoles, 8 de marzo de 2017

Diti Ronen / Un pecho






























1

Con un marcador azul, en el espejo,
marco los límites del antiguo pecho
extirpado
de mi madre.

La línea se alza curva
para caer – desalentada – 
en el hueco de la axila.
Ahora la diagonal.
Pero no:
resulta imposible
mover
la mano.


2

Algodono las heridas del pecho ausente
con blandas vendas bien acolchadas.
Las deposito con cautela una por una
para paliar tu dolor y ocultarme
de la cicatriz.


3

Mamá,
tal vez
para mayor seguridad
conviene que salgamos esta noche en secreto, 
que enterremos el pecho cercenado
en las profundidades, 
que pisoteemos largamente la tierra amontonada.
Tú y yo escupiremos
tres veces
a los cuatro vientos,
arrojaremos dagas,
trazaremos círculos en el aire,
clavaremos cuchillos en la tierra,
murmuraremos con las palmas alzadas,
oraremos y entonaremos cánticos,
nos pondremos de pie, meditaremos,
haremos abluciones,
volveremos a escupir otras tres veces
y nos iremos.

Ya en la casa cerraremos fuertemente los ojos,
aguantaremos la respiración
durante diez años
y con los dedos cruzados
nos sentaremos a esperar.





Traducción: Gerardo Lewin




sábado, 20 de septiembre de 2014

Esther Raab / La canción de la mujer
























Bendito tú que me hiciste mujer,
que soy humana tierra
y débil costilla;
bendito por hacerme
redondeces y curvas
como el sol y los planetas,
como los henchidos frutos.

Por darme una viva carne florecida,
por hacerme como las plantas,
agreste y fértil.
Los hilos de tus nubes
se deslizan como seda
por mi rostro y mis muslos.

Soy adulta
y deseo ser niña:
llorar de tristeza, reír
y cantar a voces.

Ínfima entre lo nimio,
un pequeño grillo
en el sublime coro de tus potencias;
la más diminuta entre todos tus seres
juega aquí, a tus pies,
mi Creador.






Traducción: Gerardo Lewin




Esther Raab (1894-1981) es mencionada a menudo como la primera poeta israelí nativa. Nació y creció en Petah Tikva. En 1921 se casó con su primo en la ciudad de El Cairo, donde permaneció durante varios años. Se la considera como no perteneciente a ningún movimiento o escuela poética de su época. Sus motivos principales giran alrededor del paisaje de Tierra Santa, la naturaleza, la simpleza y la libertad. En 1964 obtuvo el Premio Kugel.

sábado, 12 de abril de 2008

Nurit Zarchi / Maridos
















Me pasan facturas
por no haber sido feliz
y siempre me sorprenden con su verborragia.

Me reclaman recibos por mi destino
y me hacen pensar que,
por culpa de mi gata,
vivimos en la ciudad equivocada.

En tiempos de conflictos internacionales
me mandan con mi mamá.
Como si el hecho de ser yo misma madre
fuera una ilusión.

Algunos de ellos me ofrecen las tortas
que yo misma horneé y me piden que les agradezca
el haber inventado la electricidad, el invierno y la mermelada.
El que no me guste la mermelada no importa;
pues de cualquier manera ellos editan mis memorias.

En el fondo de sus corazones sospechan
que poseo acciones bursátiles
(sólo que no tiendo a compartir).
Siempre que les ofrezco mis pobres dones de prestado
están demasiado cansados
o sumamente preocupados por mis proporciones correctas.

Pronuncian la palabra “narcisismo” con ojos entornardos,
como quien fuma un narguila.
Murmuran a mi paso con disgusto
como quien tranca súbitamente una ventana
ante un insecto o una corriente.
Para cuando se me pasó el susto
entendí que se referían a mi necesidad de aire.

Cuando se van, dejan el vacío de sus tazas
y como contrapartida tienden a llevarse mi diccionario.
Se internan en lo profundo de sus vidas,
como el continente en el mar holandés
y me dejan sin sintaxis con la que pueda
poner en marcha mi dolor.


Traducción: Gerardo Lewin