La banda de los Samick eran el terror en toda la zona de Riogrande. Cobraban impuestos a todos los comerciantes de ganado y a todo aquel de quien pudieran sacar dinero y mataban al que no se lo diera. Los Sheriffs que osaban plantarles cara también morían y ya ninguno se atrevía a decirles nada. Así los comerciantes más poderosos y los menos también, reunieron dinero para dar una recompensa a quien mate a la banda.
-Son 15 en total. 50.000$ por todos, siempre y cuando mueran los hermanos Samick. Suficiente para que vivan bien hasta tus nietos. Pero no podrás hacerlo solo....Ayer vino a informarse aquella mujer, La Mamba. Yo que tú, hablaría con ella y llegaría a un acuerdo. Es buena.....
-¿La Mamba? Si, he oído hablar de ella...... Bien, pronto tendrás noticias!
Me acerqué a ella. Era una leyenda. Una mujer temida y admirada en todo el oeste, y allí estaba yo con la oportunidad de trabajar junto a ella. Me senté en su solitaria mesa y me presenté. Sorprendentemente había oído hablar de mi y estaba dispuesta a que trabajásemos juntos. Solo con una condición; el reparto sería de 70/30.
En otras circunstancias no habría aceptado, pero la oportunidad de trabajar al lado de La Mamba me atraía mucho, y la suma que me llevaría no era nada mala. Así que acepté y lo celebramos bebiendo ron y whisky.
Al final de la noche intenté que entrara en mi habitación pero no quiso. Me jodió, aunque estaba tan borracho que posiblemente no se me hubiera puesto ni dura.
Al día siguiente fuimos a decirle a Sam Hendrik, el representante de los que habían puesto la pasta, que aceptábamos el trabajo.Y nos fuimos a por la banda de los Samick.
Había buen rollo entre nosotros. Hablábamos y reímos todo el camino. Se hizo de noche y acampamos. La conversación giró hacia temas más personales y sus preguntas hacia mi me hicieron pensar que se estaba empezando a interesar en mi, al igual que yo en ella.
A la mañana siguiente mientras nos acercábamos al rancho la fui contando mis planes de lo que iba a hacer con el dinero; Ir a Méjico a vivir la vida una temporada, y que ella entraba en mis planes. Ella no dijo ni sí ni no, pero sonreía, lo que me daba esperanzas.
Por la tarde, dejamos a los caballos escondidos y llegamos al rancho de los Samick.
Esperamos escondidos detrás de una carreta enfrente de la casa a que atardeciera y entraran todos a cenar. Cuando eso pasó me acerqué con un cartucho de dinamita encendido que lancé por la ventana hacia el interior. Volví detrás de la carreta mientras explotaba la dinamita y salían todos por la puerta y las ventanas. La Mamba salió de detrás de la carreta y se puso a disparar en una escena apocalíptica entre humo, fuego, sangre, balas y muerte justo delante de la casa. Yo flipaba viéndola desde detrás de la carreta hasta que el ruido de disparos se acabó.
Volviendo a por la recompensa no paraba de reconocerla mi admiración. Era increíble lo que la había visto hacer y estaba eufórico. Pero ella estaba indiferente y no hablaba mucho.
Cogimos el dinero, cada uno su parte. Cuando salimos de la ciudad y me dijo:
-Me voy.
Se me cayó el mundo a los pies cuando la escuché decir eso. La seguí y la intenté convencer para irnos juntos una temporada a Méjico, a disfrutar del dinero los dos. La dije que lo pasaríamos bien, que me gustaba y no quería perderla.....
Se paró. Nos bajamos de los caballos y me miró a los ojos.
Vi un movimiento rápido de su brazo derecho y escuché el ruido característico de un revolver magnum.
Me miré la camisa y vi una gran mancha de sangre en mi pecho. Las piernas me fallaron y caí al suelo de rodillas mientras la veía como montaba en su caballo y se alejaba.
Un gran dolor de fuego se apoderaba de mi corazón roto por esa bala. Vi como miraba hacia atrás, con pena en sus ojos, antes de que la oscuridad se apoderara de mí para siempre.
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-Son 15 en total. 50.000$ por todos, siempre y cuando mueran los hermanos Samick. Suficiente para que vivan bien hasta tus nietos. Pero no podrás hacerlo solo....Ayer vino a informarse aquella mujer, La Mamba. Yo que tú, hablaría con ella y llegaría a un acuerdo. Es buena.....
-¿La Mamba? Si, he oído hablar de ella...... Bien, pronto tendrás noticias!
Me acerqué a ella. Era una leyenda. Una mujer temida y admirada en todo el oeste, y allí estaba yo con la oportunidad de trabajar junto a ella. Me senté en su solitaria mesa y me presenté. Sorprendentemente había oído hablar de mi y estaba dispuesta a que trabajásemos juntos. Solo con una condición; el reparto sería de 70/30.
En otras circunstancias no habría aceptado, pero la oportunidad de trabajar al lado de La Mamba me atraía mucho, y la suma que me llevaría no era nada mala. Así que acepté y lo celebramos bebiendo ron y whisky.
Al final de la noche intenté que entrara en mi habitación pero no quiso. Me jodió, aunque estaba tan borracho que posiblemente no se me hubiera puesto ni dura.
Al día siguiente fuimos a decirle a Sam Hendrik, el representante de los que habían puesto la pasta, que aceptábamos el trabajo.Y nos fuimos a por la banda de los Samick.
Había buen rollo entre nosotros. Hablábamos y reímos todo el camino. Se hizo de noche y acampamos. La conversación giró hacia temas más personales y sus preguntas hacia mi me hicieron pensar que se estaba empezando a interesar en mi, al igual que yo en ella.
A la mañana siguiente mientras nos acercábamos al rancho la fui contando mis planes de lo que iba a hacer con el dinero; Ir a Méjico a vivir la vida una temporada, y que ella entraba en mis planes. Ella no dijo ni sí ni no, pero sonreía, lo que me daba esperanzas.
Por la tarde, dejamos a los caballos escondidos y llegamos al rancho de los Samick.
Esperamos escondidos detrás de una carreta enfrente de la casa a que atardeciera y entraran todos a cenar. Cuando eso pasó me acerqué con un cartucho de dinamita encendido que lancé por la ventana hacia el interior. Volví detrás de la carreta mientras explotaba la dinamita y salían todos por la puerta y las ventanas. La Mamba salió de detrás de la carreta y se puso a disparar en una escena apocalíptica entre humo, fuego, sangre, balas y muerte justo delante de la casa. Yo flipaba viéndola desde detrás de la carreta hasta que el ruido de disparos se acabó.
Volviendo a por la recompensa no paraba de reconocerla mi admiración. Era increíble lo que la había visto hacer y estaba eufórico. Pero ella estaba indiferente y no hablaba mucho.
Cogimos el dinero, cada uno su parte. Cuando salimos de la ciudad y me dijo:
-Me voy.
Se me cayó el mundo a los pies cuando la escuché decir eso. La seguí y la intenté convencer para irnos juntos una temporada a Méjico, a disfrutar del dinero los dos. La dije que lo pasaríamos bien, que me gustaba y no quería perderla.....
Se paró. Nos bajamos de los caballos y me miró a los ojos.
Vi un movimiento rápido de su brazo derecho y escuché el ruido característico de un revolver magnum.
Me miré la camisa y vi una gran mancha de sangre en mi pecho. Las piernas me fallaron y caí al suelo de rodillas mientras la veía como montaba en su caballo y se alejaba.
Un gran dolor de fuego se apoderaba de mi corazón roto por esa bala. Vi como miraba hacia atrás, con pena en sus ojos, antes de que la oscuridad se apoderara de mí para siempre.