Hoy les traigo una banda que me compartió, hace muchos años
ya – tantos como tiene el blog porque el suceso fue cuando recién aparecía mi lugar
– el amigo Juan Manuel. El disco en cuestión es de una ignota
banda intitulada
Los Simpson. Se darán cuenta que buscar en la web información sobre esta gente
es del todo imposible. Lo único presente son cosas de los amarillos
norteamericanos. Pero bueno, no sería la primera vez que les comparto una banda
de la cual no tengo ni idea. No obstante no puedo evitar pensar en el bajón que
significa que te pase algo como esto. Similar es el caso de The Wailers, los
alocados y salvajes muchachos de Seatle que quedaron, irremediablemente, confinados
al under y aptos para un grupo de iniciados que conoce más allá de Bob Marley.
La vida es así amigos, algunos nacen con estrella, destinados a perdurar y
grabar sus nombres a fuego en los anales de la historia. Mientras otros pasan
efímeros y fugaces sin dejar más testimonio que la memoria de los amados. No
digo que The Wailers (los garageros de EEUU) sean de estos últimos, para nada.
Ellos dejaron un hermoso y en extremo valioso testimonio musical que los
justifica. Más bien hablo de mí. Y tal
vez de Los Simpson (la banda). Por eso hoy se vamos a rescatar su memoria y
revitalizar su música melódica. Porque eso van a encontrar: una banda en la línea balada romántica lacrimosa,
música de puñales baratos para esperar la amanecida borracho y drogado. Por eso
muy recomendable y amena. En las voces hay una chica y un muchacho, eso da un
sabor romanticoide acaramelado ideal para escuchar a la madrugada, después de
haber comido y bebido. En exceso como corresponde. Con una linda nena. Y
llenarla de besos, abrazos y caricias mientras suenan Los Simpson. Sentados en
el zaguán. Enamorados. Acá se los dejo: Los Simpson.