Una persona que no recibe ningún ingreso se encuentra en una situación angustiante. En ese estado, si los precios suben o bajan, o si el alquiler mensual de la habitación donde vive ajusta o no la tarifa le resulta indiferente. Si no tiene nada, esas variaciones que inquietan al resto no provocan ningún cambio en su situación. Esa misma persona pasa a estar en otras condiciones cuando empieza a percibir una suma fija de dinero cada mes como parte de una política pública para atender a sectores postergados. Ese monto, que antes no lo contabilizaba en su bolsillo, le permite ahora comprar bienes, en especial alimentos, además del inmenso alivio de tener certidumbre sobre ingresos futuros. A partir de ese momento, los movimientos en los precios empiezan a afectarlo, aunque en una dimensión que no lo induce a concluir que se encuentra en la misma situación miserable anterior. Sabe que pese al alza de ciertos precios sigue estando en una posición muchísimo mejor recibiendo esa suma de dine...