Hay formas no convencionales de conocer a un artista. No tan allá - principios de los noventa del siglo pasado-, alborotaba el cotarro musical norteamericano, el joven cantante Kurt Elling (1,967). Una leyenda que empezaba a mostrar la punta. Uno de los pocos cantantes de Jazz próximo a la generación baby boom (así llamada por los llamados antropólogos del parentesco). Un posible académico que, en el camino, descubre el género, lo toma con naturalidad, vocaliza y además poetiza. El eco se propaga. Un nombre que suena swing. Un...ejemplar que se deslizó de alguna manera al mueble de guardar discos y que agazapado en una esquina, esperaba ser oído, hasta el destrozo.
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miércoles, 7 de abril de 2010
Con afecto
Hay formas no convencionales de conocer a un artista. No tan allá - principios de los noventa del siglo pasado-, alborotaba el cotarro musical norteamericano, el joven cantante Kurt Elling (1,967). Una leyenda que empezaba a mostrar la punta. Uno de los pocos cantantes de Jazz próximo a la generación baby boom (así llamada por los llamados antropólogos del parentesco). Un posible académico que, en el camino, descubre el género, lo toma con naturalidad, vocaliza y además poetiza. El eco se propaga. Un nombre que suena swing. Un...ejemplar que se deslizó de alguna manera al mueble de guardar discos y que agazapado en una esquina, esperaba ser oído, hasta el destrozo.
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