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martes, 2 de diciembre de 2025

Concurso gótico. Relato 0. El árbol más alto

Cuál es el árbol más alto del mundo?

Cuenta una leyenda que en un pueblito al norte de Galicia vivía un médico muy rico al que todo el mundo acudía.

El doctor Méndez , así se llamaba, estaba siempre mirando a la ventana de su despacho, a un bosque oscuro. Lucilda no entendía por qué su señor miraba siempre a la ventana. Pero Lucilda, que era una chismosa, escuchaba todos los rumores sobre él, el más repetido era que el señor Méndez en un ataque de ira mató a su pequeña y querida hija y la había enterrado al fondo de aquel profundo y siniestro bosque, en el árbol más alto.

Lucilda sabía que eso no era cierto, pues que un padre no mata a su hija, pero claro, ella tenía que hacer creer al pueblo que había sido su señor, pues si no, el pueblo descubriría que Lucilda cada dos lunas llenas se acercaba al fondo de aquel oscuro bosque hasta llegar al árbol más alto para saludar a sus queridos cuerpos de aquellos niños que dormían muy tarde y Lucilda, tan encantadora, les quitaba ese peso a los padres...

Concurso gótico. Relato 1. El apadreador

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Hace ya varios siglos, en una aldea inglesa, un sabio, del que la gente decía que tenía habilidades sobrenaturales, predijo que habría una gran tempestad que arrasaría con los campos. La gente no le creyó, pero al poco tiempo acabó ocurriendo. Estos le repudiaron y le persiguieron, apedreándole, hasta la salida del lugar. El sabio huyó, y consiguió llegar a la entrada del bosque, pero quedó cegado de una pedrada. Lleno de ira, anunció a los aldeanos su desafortunado augurio:

—Seréis atacados por unos salvajes, que tomarán vuestros bienes y quemarán vuestras casas, mas no acabarán con ninguno de vosotros, sino que os veréis obligados a huir en esta dirección, donde os estaré esperando, para daros el mismo trato que yo recibí, y sepultaros en piedra.

De las trece familias de la aldea, solo una logró sobrevivir, pues eran marineros y se habían trasladado a una zona más propicia para sus labores. Se dice que el viejo, conocido ahora como El Apedreador, vive errante por ese bosque, condenado a vagar a ciegas por la eternidad, pero sin poder salir de él hasta cumplir con el destino que tiempo antes profetizó, calmando su sed de venganza con quien pase por allí.

Concurso gótico. Relato 2. El asesino medieval

 El hombre sin cabeza: origen de un alma en pena | Crónica | Firme junto al  pueblo

Un viernes por la tarde, un grupo de amigos van a una casa que está encantada, pues hace tiempo que desapareció un niño que iba al instituto Augustóbriga y dicen que allí fue la última vez que le vieron.

Entran en la lúgubre mansión y empiezan a subir las escaleras, ya que había varios pisos. Cuando están subiendo las escaleras ven una serie de luces de colores fosforitas y cegadoras y las escaleras no parece que tengan fin. Después de un rato llegan a una habitación sombría, donde ven la cara de un hombre, no se le veía el cuerpo solo parte de la cara. Cuando logran salir de las escaleras y entran en la habitación, el hombre desaparece en la oscuridad. Entonces se van a otra habitación y allí encuentran al niño desaparecido en estado catatónico. Los chicos le preguntan qué hace ahí , pero él no responde. Le agarran de las manos y bajan por las escaleras para salir de la mansión. El chico empezó a decir: “ Él se acerca…” Entonces el grupo escucha unos pasos provenientes de las escaleras y deciden salir pitando. Mientras huyen miran a la siniestra mansión y ven la cara del hombre en la puerta.

Al día siguiente, en la biblioteca del instituto, toman prestado un libro de leyendas que les había mandado la profe de lengua y descubren quién era el hombre. Era un antiguo asesino de la Edad Media que murió debido a que el rey le condenó a una muerte horrible: le decapitaron y una bruja decidió usar la cabeza para intentar asesinar al rey y tomar el trono. Pero cuando dio un cuerpo nuevo a la cabeza, el cuerpo no hizo caso a la bruja y este la decapitó. Desde entonces el cuerpo del hombre necesita poseer el alma y el cuerpo de los niños para seguir existiendo. Una vez que ese niño muere, necesita otro, por eso se llevó al estudiante… ¿Serás tú el próximo?

Concurso gótico. Relato 3. El cementerio de Ébano


Aquel lugar, repleto de niebla, daba la imagen de un cementerio.

Hace algunos años, el ayuntamiento instaló cámaras de seguridad para evitar que los curiosos o turistas dañaran las estatuas antiguas. Pero desde entonces, los vigilantes nocturnos aseguran que las cámaras registran cosas imposibles, como pueden ser figuras que aparecen y desaparecen, luces que se mueven y una sombra que siempre mira directamente a la cámara.

En el monitor del pequeño cuarto de vigilancia, algo llamó la atención del vigilante. Eran las 4 de la madrugada, y a esa hora las farolas del camposanto de Ébano titilaban con un zumbido eléctrico, y las estatuas de ángeles parecían respirar bajo la humedad. De las 8 pantallas que había,siempre solían encontrar aquellas cosas paranormales en la número 3, pero esta vez fue algo mucho más profundo, que para el guardia que se hallaba allí fue algo tan terrorífico que le entró un gran escalofrío. Se trataba de una extraña criatura con los brazos llenos de arañazos y las piernas quemadas, cubierta únicamente por una fina túnica blanca. Lo curioso era que el guardia, sentado junto a ella, juró no haber visto a nadie entrar.

—Debe de ser un fallo de la cámara —dijo él, encogiéndose de hombros.

La figura volvió a cruzar el cuadro… solo que esta vez, al hacerlo, las luces del cementerio parpadearon, como si algo invisible hubiese respirado dentro de los cables.

A la mañana siguiente, una pequeña niña llamada Lucía se hallaba recorriendo el cementerio después de haber escuchado lo que sucedió la noche anterior. Entre las hojas secas y las piedras rotas descubrió unos símbolos trazados con tiza blanca que llamaron su atención de inmediato. Círculos, estrellas incompletas, y líneas que parecían formar una especie de sello. No tenían la crudeza de un conjuro oscuro, sino la delicadeza de un gesto antiguo, casi devocional.

Esa noche se revisó de nuevo las grabaciones. En una de ellas, las estatuas parecían inclinarse levemente, como si miraran el suelo. En otra, una bruma con forma humana cruzaba el corredor y desaparecía frente al cementerio. Tanto ella como el guardia presenciaron aquel suceso, el cual quedó grabado. Detuvieron el video, aumentaron el contraste y se dieron cuenta de algo estremecedor: las figuras de piedra no estaban en el mismo lugar que el día anterior.

Desesperado y realmente asustado, el guardia decidió buscar información sobre aquel lugar. Buscó en los archivos del ayuntamiento. Entre los planos amarillentos halló una nota manuscrita:

“El cementerio se construyó sobre el terreno del antiguo monasterio. Los monjes, acusados de practicar artes oscuras, usaban símbolos protectores para sellar sus propios temores.”

El guardía comprendió entonces que aquellos sigilos de tiza no pretendían invocar nada, sino mantener algo contenido. Quizá no un demonio, sino la tristeza misma del lugar: los recuerdos de quienes habían querido tocar lo prohibido.

Esa noche volvió al cementerio, dejó una vela encendida frente al lugar donde solían ocurrir los sucesos. Antes de marcharse, miró por última vez las estatuas. Juraría que una de ellas ,la del ángel de mármol con las alas plegadas, le devolvió una sonrisa leve, agradecida.

A la mañana siguiente,Lucía fue al cementerio y al revisar la grabación, solo vio la niebla. Ninguna figura, ningún movimiento. Desde entonces, el cementerio de Ébano permanece tranquilo. Las cámaras siguen encendidas, pero nunca graban nada fuera de lo común. Algunos dicen que el ángel de mármol cambió ligeramente de postura y otros creen que fue el viento.

Lucía ya no necesita revisar las grabaciones. A veces, cuando pasa junto a la verja, saluda en voz baja. Y la niebla ,solo por un segundo, parece inclinarse en respuesta.

Concurso gótico. Relato 4. El circo fantasma

IL CIRCO FANTASMA (UN GRANDE THRILLER DI BARBARA EWING) NEWTON COMPTON  EDITORI | eBay

Había una vez un circo fantasma que recorría toda la comarca del Campo Arañuelo. En el año 1978 pisó el famoso circo fantasma a dar su espectáculo, pero cuenta la leyenda que cada persona que iba desaparecía al instante y no la volvían a encontrar. Así que tres niños adolescentes de trece años de edad fueron a ver si la leyenda era cierta.

—Oye, Pedro, ¿y si vamos a ver si la leyenda es cierta? —dijo Juan.

—No sé, Juan, no estoy muy de acuerdo.

—Yo estoy con Juan, y sí es cierta —dijo Pablo con un tono atemorizante.

Entonces, los tres niños fueron al supuesto circo fantasma, a descubrir su historia. Cuando llegaron, se asombraron al no ver a nadie, pero de repente se encendieron las luces y se escuchó una voz ronca.

—Hola a todos, chicos, bienvenidos al circo.

Al escuchar la voz, los niños salieron corriendo, pero ya era demasiado tarde.

—Chicos, no os vayáis. ¿Por qué no os quedáis un ratito más?

Los tres niños intentaron salir por la puerta trasera, pero estaba cerrada y el payaso les dijo que si superaban una prueba saldrían de aquel circo, pero si no lo hacían se quedarían allí para siempre. La prueba era superar un laberinto con trampas, y tenían quince minutos para salir.

Los niños lograron salir del laberinto con la llave y se escaparon, pero al final resultó un sueño, o eso creyeron ellos.

Concurso gótico. Relato 5. El espejo del pasillo

Imaginateca. Biblioteca del IES Augustóbriga: Bloody Mary

Camila se mudó a una casa antigua que había comprado a buen precio. Decían que nadie duraba mucho allí, pero ella no creía en supersticiones.

La primera noche notó un gran espejo al final del pasillo. Viejo, con el marco de madera tallada y manchado por el tiempo. Intentó moverlo, pero estaba atornillado a la pared. A medianoche, mientras pasaba por el pasillo, sintió que su reflejo se movía un instante después que ella. Pensó que era el cansancio.

Al día siguiente, volvió a ocurrir: su reflejo sonrió un segundo más tarde. Esa noche decidió grabar con el celular.

A las tres de la mañana, el video mostró algo imposible: su reflejo se movía solo, aunque ella dormía. Se levantó temblando y cubrió el espejo con una sábana.

Por la mañana, la sábana estaba en el suelo y el cristal tenía huellas de manos desde adentro.

Camila llamó al casero, pero él se negó a subir. Le dijo que en esa casa había muerto una mujer frente a ese espejo, hace más de treinta años.

Camila intentó romperlo con un martillo, pero el vidrio no se astilló.

Esa noche escuchó golpes desde el pasillo, como si alguien quisiera salir. Al mirar, vio una figura detrás del espejo, idéntica a ella, golpeando desde adentro.El reflejo tenía los ojos vacíos y una sonrisa torcida.Camila retrocedió, pero el reflejo comenzó a imitarla otra vez, ahora con movimientos más rápidos. De pronto, su reflejo levantó la mano antes que ella. El espejo se agrietó, y del centro emergió una mano pálida que la sujetó del brazo. Gritó, intentó soltarse, pero la fuerza era inhumana.

Fue arrastrada dentro del espejo en un segundo. El vidrio se recompuso, liso, brillante, como si nada hubiera pasado.

A la mañana siguiente, el casero subió a revisar. Encontró la casa vacía. Solo el espejo seguía allí, reflejando perfectamente el pasillo… y a una mujer que no estaba en la habitación, sonriendo desde el otro lado.

Concurso gótico. Relato 6. El fantasma del pasillo dos


Esta historia comenzó cuando Bruna, una niña callada de primero de la ESO, fue asesinada brutalmente en el pasillo número dos de su instituto. Pero empezando por el principio; aquel veintinueve de febrero, Bruna y su amigo Sebastián entraron en clase como siempre. Todo parecía normal hasta que el sustituto del profesor de matemáticas recibió una llamada muy importante y salió fuera de clase; al volver estaba muy serio e incluso algo preocupado. La clase no le dio importancia, ya que el profesor no mandó deberes para el fin de semana.

Cuando iba a tocar el timbre, ella estaba terminando el examen de Francés, y este fue el motivo por el que salió al recreo más tarde de lo habitual. Se dio cuenta de que se había dejado arriba en la clase el abrigo y pidió a un profesor la llave. De camino a la clase, vio a sus profesores: a los dos de matemáticas y a la de Francés susurrando algo que parecía muy importante , ya que al pasar ella se quedaron los tres en silencio; otras veces se hubiera escondido para escuchar lo que decían, pero se dio prisa porque había quedado en verse con Sebastián para ir a la cafetería. Al salir de clase ya con el abrigo escuchó unos tiros, y se quedo petrificada por el miedo. Los tiros se fueron acercando poco a poco. Bruna, paralizada por el miedo, cerró los ojos esperando a que pasaran los tiros, pero en vez de eso recibió un golpe con el mango de una pistola, el cual la dejó completamente inconsciente y sin probabilidad de defenderse lo más mínimo.

Cuando despertó, se encontraba en una clase totalmente a oscuras. Al encenderse la luz, vio que estaba con por lo menos otros cuarenta niños, la mitad vivos y la otra mitad muertos. Bruna reunió las fuerzas y el valor necesarios para preguntar qué pasaba. Un niño le respondió que cada minuto moría un niño o niña y que por eso se escuchaban los gritos y las súplicas. Cuando le tocó, no gritó, no suplicó nada más; esperó el tiro, el tiro que recibió fue uno limpio en la cabeza entre las dos cejas.

Y desde entonces el veintinueve de febrero el fantasma de Bruna se pasea por el pasillo numero dos y la clase donde la mataron en busca de su amigo, y cualquiera que se cruce con ella, la oiga gritar o la vea de refilón acabará muerto antes de terminar el día. Se cree que la única manera de enviarla a que descanse en paz es reunirla con su amigo, pero el problema es que él murió atragantado antes de que todo esto sucediera. Y en cuanto a los asesinos, nunca se supo quién fue o por qué se produjo, todo quedó en un misterio sin resolver y un fantasma en busca de venganza.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Concurso gótico. Relato 7. El laberinto del castillo de las sombras

Era la noche de Halloween. Una niebla densa cubría los bosques que rodeaban el Castillo de las Sombras, una fortaleza olvidada desde hacía siglos. Nadie en el pueblo de Trasmoz se atrevía a acercarse a sus muros, ya que contaban que en su interior habitaban criaturas que nunca habían visto la luz del día.

Aquel año, tres amigos, Clara, Hugo y Daniela, decidieron desafiar la leyenda. Con linternas y una vieja llave oxidada que Hugo había encontrado en el desván de su abuelo, se atrevieron a cruzar el portón del castillo cuando cayó la noche.

El aire era helado. El viento sonaba entre las grietas de las torres destruidas y sus pasos resonaban por todo el edificio. Las paredes estaban cubiertas de cuadros antiguos cuyos ojos parecían seguirlos con cada movimiento, y sus sombras se desplazaban por los rincones sin que ellos se movieran.

En el gran salón encontraron una trampilla escondida bajo una alfombra vieja. Al levantarla, un olor a tierra húmeda y polvo llenó la habitación. Bajaron por una escalera de piedra que los llevó a un laberinto subterráneo. En las paredes, iluminadas por la luz de sus linternas, se veían símbolos extraños grabados en las rocas, y personas petrificadas que parecían seguir vivas.

De pronto, una puerta de hierro se cerró. Alguien les llamó por sus nombres en un susurro desde la oscuridad. Algo se movía entre las sombras. No parecía humano, su forma era muy extraña y tenía unos ojos rojos que se veían en la oscuridad.

—No debisteis entrar… —dijo la criatura entre las sombras.

Los tres comenzaron a correr, tratando de encontrar una salida. Pero el laberinto cambiaba de forma, los pasillos se estrechaban, las paredes giraban y un frío antinatural empezó a aparecer. En un panteón, Clara distinguió una puerta abierta que conducía a un cementerio subterráneo. Las lápidas eran tan antiguas que los nombres se habían borrado, y de las tumbas salía un resplandor azul.

En el centro del campo había un ataúd de cristal. Dentro, descansaba una figura vestida con ropas antiguas… con el mismo rostro que Clara.

Entonces lo comprendieron: aquel castillo estaba maldito. Cada cien años, quienes se atrevían a entrar en su interior quedaban atrapados para siempre, sustituyendo a los anteriores prisioneros del laberinto.

Cuando el amanecer salió, el castillo volvió a quedarse en silencio.

Solo las paredes susurraban los nombres de sus nuevos prisioneros: Clara, Hugo y Daniela.

Y en la entrada, la vieja llave oxidada volvió a aparecer, esperando a los próximos curiosos que se atrevieran a desafiar al Castillo de las Sombras en el siguiente Halloween.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Concurso gótico. Relato 8. El susurro del bosque


Era una noche fría y silenciosa en un denso bosque. Clara conducía de regreso a casa después del trabajo cuando el coche se detuvo en medio del camino. No había señales ni luces ni ninguna casa cerca. Clara bajó del coche y el viento le trajo un susurro débil, como si alguien la llamara por su nombre. Pensó que era el viento, hasta que lo escuchó otra vez más claro, más cerca. Encendió la linterna del teléfono y vio algo moverse entre los árboles, una figura blanca y delgada. Dio un paso atrás, tropezó con una piedra y cayó. Cuando levantó la vista, la figura estaba enfrente de ella. No tenía rostro, solo una boca abierta, enorme, temblando como si respirara. Clara corrió al coche, cerró la puerta y giró la llave una y otra vez, sin éxito. En el parabrisas, una mano dejó una mancha húmeda, no era agua, era sangre. De repente el teléfono vibró, un mensaje: No te muevas, ya estoy dentro. El coche olía a hierro y a tierra mojada. Sintió algo detrás del asiento, una respiración suave rozándole. Lentamente giró el espejo retrovisor, no vio nada. Pero entonces, desde el asiento trasero, una voz idéntica a la suya susurró: Te dije que no me dejaras sola en el bosque. La linterna se apagó, el teléfono cayó afuera y el motor del coche arrancó solo. Cuando la policía encontró el vehículo al amanecer, estaba vacío, con dos huellas distintas en el interior: una de Clara, y otra más grande, marcada en el techo, como si alguien hubiera estado colgado en el techo del coche toda la noche.

Concurso gótico. Relato 9. El susurro del bosque

 


Nadie sabía qué había más allá del sendero que cruzaba el bosque de Liria. Los viejos del pueblo decían que, al caer la niebla, el bosque hablaba. Algunos juraban haber escuchado su nombre entre los árboles. Otros, más valientes o más tontos, nunca regresaron para contarlo.

Clara entró al bosque al anochecer. Llevaba una linterna vieja, una foto de su hermano desaparecido y un miedo que le mordía los talones. Las ramas se entrelazaban como dedos, y cada paso que daba crujía como si algo bajo la tierra se moviese.

—Solo un poco más —susurró, aunque no sabía si para darse valor o para convencer a las sombras de que no la siguieran.

De pronto, escuchó el llanto de un niño. Su corazón se detuvo. Era la voz de su hermano… o algo que la imitaba. La linterna parpadeó, y por un instante, vio figuras: cuerpos de ramas, bocas hechas de hojas secas, ojos vacíos que brillaban con la Luna. El bosque respiraba.

—Devuélvemelo… —susurró una voz detrás de su oído.

Clara corrió. El llanto se convirtió en gritos, los árboles parecían moverse para cerrarle el paso. Tropezó, cayó y la foto voló de sus manos, flotando hasta caer en un pequeño claro. Y allí, entre la bruma, vio una luz. No era la de su linterna. Era suave, cálida, dorada. En el centro, su hermano, con los ojos tranquilos:

—No tengas miedo, Clara. El bosque solo quiere que lo escuches —dijo él.

Las raíces a su alrededor se movieron lentamente, y en lugar de atraparla, la rodearon como si la abrazaran. El frío se disipó. El aire olía a lluvia limpia, a tierra viva. Clara extendió la mano; su hermano sonrió antes de desvanecerse en una lluvia de pétalos luminosos.

Cuando despertó, el sol estaba saliendo. El bosque ya no parecía un monstruo, sino un refugio. Los pájaros cantaban, y en el suelo, junto a ella, había una pequeña flor blanca brotando entre las hojas secas.

Clara sonrió, sabiendo que el bosque no se había llevado a su hermano… lo había transformado en su guardián.

Y desde entonces, cuando la niebla cae sobre Liria, el bosque no susurra para asustar, sino para recordar que incluso en la oscuridad hay voces que solo quieren ser escuchadas.

Concurso gótico. Relato 10. El último relato


Hoy es 10 de noviembre de 2067, la última vez que podré contar, por vigésima vez, esta historia. Este planeta no ha mejorado o ha cambiado, sino que ha empeorado. El planeta Tierra en 2067 parece una sombra de lo que conoces ahora: el cambio climático ha aumentado, igual que el calentamiento global y la pandemia del virus está comenzando, estamos en un periodo de crisis, de ruina, y, sobre todo, de incertidumbre. Las personas, cada día más vampiras y preocupadas, comienzan a sacar su lado oscuro de supervivencia. Yo veo cómo el mundo cada vez está al borde de una Guerra Mundial, pero porque soy el único que lo sabe. Soy uno de los científicos más importantes que tiene el mundo. Me llaman Arthur Novoa, puedo ver el futuro con una de las máquinas más potentes que construí en secreto, pero no pude evitar lo que ahora está pasando debido a que tengo miedo de que pudieran descubrir lo que estaba haciendo. Te contaré lo que pasó. A principios del año 2043 un grupo de personas sabias llegaron a un país avisando de tragedias y sucesos terroríficos que nadie se creía. Estás personas, de las cuales no sé sabe nada, fueron echadas de los países en los que avisaron, hasta que un día la población, harta del modo de vida que tenían, empezaron a hacer caso a los sabios e hicieron numerosas huelgas, las cuales afectaron negativamente al país y a los de alrededor .

Una semana, que nunca olvidaré, recuerdo que hubo una sucesión de raros acontecimientos unos tras otros. El primer día empezó con un terremoto que nadie se esperaba y dejó numerosos heridos y cadáveres. Lo recuerdo muy bien porque yo vivía en ese edificio. Vi llamas, fuego, gritos ,sangre y sobre todo una rara sombra negra de un ser muy extraño a la que os pido que recordéis, como si me quisiese decir algo que iba a pasar, no sé si era yo o si me empezó a afectarme la enfermedad de la que se estaba hablando mucho. El segundo día fue uno de los más horrorosos, hubo un tsunami tan grande que afectó al país vecino. Ese día yo me salvé porque estaba en el extranjero .El tercer día vino de la nada una rara oleada de murciélagos que propagaban un enfermedad por la que ahora estoy en confinamiento y os estoy contando esta historia. Al día siguiente hubo una oleada pero de calor, con una media de 47,5 grados (¡¡estando en pleno abril!!). El cuarto día fue uno de los más tranquilos, porque no pasó nada, pero el quinto y el sexto comenzaron las contaminaciones del agua y la comida empezó a escasear . El SÉPTIMO cambió todo radicalmente, como si alguien quisiese vengarse de todos los seres humanos. Todos los fenómenos catastróficos sucedieron casi de forma simultánea en cada uno de los países . Era ahí cuando recibí una llamada PRIVADA con la presidenta. Me dijo que usara todo el material de las centrales nucleares para hacer una máquina que pudiera ver el futuro. La presidenta, me dio a cambio un búnker (que en ese periodo lo necesitaban muchas personas y era muy caro) .Pero antes de terminar la llamada me dijo que si se enteraba alguien más de esta llamada, o si yo me enteraba de que iba a pasar algo muy malo y no lo decía, me iba a condenar a pena de muerte. Ese fue el inicio de todo, por eso ahora, mientras estoy contando esta historia, estoy contemplando la máquina que usé ayer y vi más, más sucesos que no quería que ocurriesen.

Hoy 10 de noviemb…. Esperad, alguien acaban de tocar a la puerta de mi garaje. Iré a ver quién es a estas horas de la noche.

ARTHUR NOVOA : ¿Hola? Si alguien me está gastando una broma, que pare .


Fue ahí cuando me di cuenta de que había sido un imbécil por salir de mi casa estando en pandemia. Cuando quise darme la vuelta, estaba dentro de una camioneta negra con un trapo en la cabeza.

Me estaban tratando fatal, me llevaron a una sala donde una sombra y yo tuvimos una rara conversación.

ARTHUR NOVOA: DÉJAME SALIR, QUIÉNES SOIS.

 

SOMBRA : Ay, …, pues pareces muy confundido, ya sabes por qué estás aquí

 Yo sabía muy bien lo que querían, pero me hice el tonto para no revelar información .Por cierto, no os he explicado nada de la sombra. ¿Recordáis aquel día del edificio que vi la sombra? Pues yo fui el creador de ella. Iba a ser para probar con ella medicinas para la humanidad, pero con tantas medicinas la sombra se escapó propagándose . La sombra podía hablar porque la creé para que pudiese ser una cosa casi similar a nosotros.

Recuerdo que un día yo y mis compañeros hicimos tanto daño a la sombra que nos dijo lo siguiente: “ARTHUR NO OLVIDES NADA PORQUE EL QUE PERDONA NUNCA OLVIDA“,

Volviendo a la conversación:

SOMBRA :Arthur te voy a ser muy directa: quiero que me des toda la información que tienes de todos nosotros, incluida la máquina .

ARTHUR NOVOA: ¡¡No, no y no!!

SOMBRA: Vale, lo has querido. ¡¡Vamos compañeras!!

Me levantaron y me pegaron con un látigo en la espalda y en la cara. Me llevaron a una estancia tenebrosa y en ruinas y se llevaron mis llaves de casa .

Las sombras entraron a mi casa y vieron todos los informes y documentos. Y se llevaron la máquina.

La humanidad colapsó. Nadie se reconocía. Éramos como animales sin dueño. Yo ya no tengo otro final y pronto moriré. Las sombras con la información se hicieron muy fuertes y atacaron a todos las personas que veían. A mí ya no me quedan más fuerzas para hablaros, pero os diré el final de este mundo. El 10 de noviembre la población disminuyó convirtiéndose en caníbales, la presidenta muere por estrés y ataques de seres humanos, la máquina sigue en funcionamiento y marca que estamos en Guerra Mundial. El virus acaba con toda la vegetación y sombras. El calentamiento global y el cambio climático provocan el inicio de la EXTINCIÓN HUMANA.

Ahora, a las 23:57 horas ,según marca la máquina, la Tierra explotará y no quedará nada de la Tierra… Ti, ti, ti…..(hora de la explosión mundial).

Concurso gótico. Relato 11. Historia de la casa de las brujas

 


Concurso gótico. Relato 12. La cabaña hechizada

 


En mi pueblo siempre se hablaba de una cabaña perdida entre los árboles, una que todos evitaban porque decían que estaba hechizada. Un día decidí acercarme, por curiosidad.

Cuando llegué, vi que la puerta estaba medio abierta. Parecía como si alguien viviese ahí. Al entrar, encontré un cuaderno con una frase que me puso la piel de gallina:                                                    

Si lees esto, es porque el bosque te ha elegido.

De repente, la puerta se cerró sola con un portazo que resonó por toda la cabaña y solo quedó una luz encendida. Entonces apareció una sombra de una anciana: Doña Marisa, la mujer que según las historias había desaparecido años atrás. Me dijo que el bosque necesitaba a alguien nuevo que lo cuidara, y que por eso estaba allí. Me entregó una piedra verde brillando y, en cuanto la toqué, desapareció como si nunca hubiese estado. Desde entonces, a veces veo luces entre los árboles y siento que alguien me acompaña. Y aunque nadie me cree, yo sé que la cabaña sigue viva… y que el bosque me eligió de verdad.

Concurso gótico. Relato 13. La casa de los espejos

 


La casa de los espejos era un lugar legendario en la ciudad, un sitio que todos evitaban. Se decía que estaba maldita, que los espejos que colgaban de sus paredes tenían vida propia y que los fantasmas de los antiguos dueños todavía habitaban en su interior.

Una noche, Sofía decidió investigar la casa. Al entrar, se encontró con un vestíbulo oscuro y silencioso, con espejos que parecían mirarla con ojos vacíos. De repente, escuchó un ruido detrás de ella y se dio la vuelta. Una muñeca yacía en el suelo, con ojos de vidrio que parecían seguirla. Al entrar en la sala principal, se encontró con un espejo grande que parecía llamarla. Se acercó al espejo y vio su reflejo, pero no estaba sola. Una figura pálida se encontraba detrás de ella, con ojos negros.

Bienvenida a casa, le dijo la figura, con una voz que parecía venir de todos lados. Sofía intentó huir, pero se dio cuenta de que estaba atrapada en el espejo. La figura la llevó a un mundo de oscuridad, donde las muñecas se movían y los fantasmas de los antiguos dueños de la casa la miraban con ojos vacíos.

Nunca se volvió a saber de Sofía. La casa de los espejos se quedó abandonada, pero se decía que en noches de luna llena, se podía escuchar su grito de terror en el viento.

Concurso gótico. Relato 14. La casa del acantilado

 

El viento soplaba con fuerza cuando Elena apagó el coche frente a la verja oxidada. Había manejado durante horas por caminos olvidados. Aquella casa no salía en ningún mapa, pero la encontró por casualidad, buscando su apellido en un libro de herencia antigua.

Según los papeles, la propiedad pertenecía a una tal Isabel Cárdenas, muerta desde hace más de 60 años sin dejar herederos. Pero días antes, Elena había recibido una carta escrita a mano sin nombre, donde decía que ella era la única heredera.

El sol se estaba poniendo cuando empujó la verja, la puerta sonó con un sonido desagradable, la casa se veía enorme, llena de musgos, con ventanales rotos mirando al mar. A cada paso, Elena sentía algo raro, como si la casa se observaba en silencio.

Dentro, el aire olía a polvo y humedad. El suelo de madera crujía con cada movimiento. En la habitación había un espejo roto, encima de la mesa un cuadro de una mujer, la mujer tenía la misma cara que ella, la misma piel, el mismo pelo, incluso la misma mirada.

En la parte inferior del cuadro se podía leer: “Isabel Cárdenas, 1892-?”, no había fecha de muerte.

Los días pasaron lentos, no había señas de teléfono ni internet, el ruido del mar era el único que rompía el silencio. Elena empezó a leer cada papel, carta,... que encontraba de Isabel. En uno de ellos ponía: Hay algo en esta casa que me escucha, no lo veo, pero que me está esperando.

Esa noche, Elena soñó con el cuadro, esa mujer movía los labios y sonreía como ella. Al despertarse, el cuadro estaba en el suelo, con huellas de pies que se perdían por el camino.

Con los días empezaron los momentos extraños, a veces su reflejo tardaba 2 segundos más en moverse. El reloj del pasillo sonaba como cuando ella estaba lejos. Y algunas noches el piano del salón tocaba solo.


Una tarde de tormenta bajó al sótano y vio una puerta cerrada con candado, la forzó y entró había muchos espejos tapados por sabanas, levantó uno, no hacía lo mismo que ella, le miraba fijo sin parpadear.


No debiste venir dijo una voz desde el espejo.


Elena dio un paso atrás aterrada. En el suelo había un cuaderno. Lo abrió y leyó la última página: Cuando el mar reclame lo que es suyo, el nombre de Isabel volverá a respirar.


El viento chocó contra la casa, los espejos se rompieron de golpe. Desde arriba se escucharon tres notas de piano, una y otra vez. Subió corriendo las escaleras. Los pasillos parecían distintos, más largos. Cuando llegó allí, el cuadro estaba en el suelo frente al espejo, su reflejo sonreía.

Elena golpeó el cristal, hasta que una mano pálida salió de allí, Elena intentó salir de allí pero el viento se lo impidió. Su reflejo la miró triste y calmado:

Ya no hay dos y la mano la agarró del cuello.

Dicen que cuando sopla el viento, se escucha un piano tocando tres notas y a una mujer cantando muy bajito, como si intentara recordar quién es.

Concurso gótico. Relato 15. La casa encantada

 


Hola a todos, mi nombre es Marcos y tengo 16 años y hoy os voy a contar cómo invoqué a espíritus en mi casa. Nos remontamos a dos años atrás, cuando vivía en Trujillo (ahora vivo en Plasencia, pero bueno, a lo que íbamos).

Yo vivía en Trujillo con mis padres, en casa de dos pisos, mis padres se la pasaban todo el día trabajando, por lo cual me quedaba casi siempre solo en casa. Afortunadamente tenía una mejor amiga que se llamaba Carolina, ella y yo nos llevábamos muy bien (digo llevábamos porque ahora no tenemos mucha conexión). En fin, como no tenía hermanos y me aburría mucho, muchas veces llamaba a Carolina para que se viniera a mi casa. Estudiábamos o jugábamos a juegos de mesa, me lo pasaba muy bien con ella, así que las tardes se me hacían menos aburridas.

Un día Carolina me enseño un video que había visto en Internet, el video trataba de hablar con espíritus y si no recuerdo mal creo que el juego se llama la ouija; básicamente se trataba de poner tus dedos en una cosa de madera y abajo de la cosa de madera había un abecedario en el que cuando nosotros le preguntábamos algo el espíritu nos "escribía" ahí la respuesta. La primera pregunta tenía que ser: ¿estás ahí? Si se movía la cosa de madera es que si y si no, no y por nada del mundo debes de quitar los dedos bajo ningún concepto. Yo acepté sin saber las consecuencias.....

Un día que era de noche y estaba lloviendo llamé a Carolina para jugar, me dijo que en 5 minutos estaba allí. Cuando llegó, subimos al desván, preparamos todo y apagamos las luces. Solo nos alumbraba la luz de la vela, pusimos los dedos y el juego comenzó...

Al principio le preguntamos varias veces si estaba ahí, pero no hubo respuesta. Yo ya había perdido un poquito la fe, hasta que le volvimos a preguntar por última vez y la cosa de madera se movió sola, le pregunté a Carolina si había sido ella para gastarme una broma, pero me dijo que no, me quedé quieto e inmóvil. Le hicimos varias preguntas, y en una de ellas le preguntamos:

–¿Dónde estás? –le preguntamos los dos a la vez, y nos dijo:

–Detrás de vosotros –susurrando.

En ese momento hice lo que no debía de hacer, quitar el dedo. Cuando lo quité, la vela se apagó sola y las luces empezaron a  parpadear. En uno de los parpadeos miramos los dos hacia arriba y vimos a una sombra negra con ojos blancos mirándonos fijamente. De repente se apagó la luz y cuando se volvió a encender, la sombra no estaba. De repente la casa empezó a temblar, Carolina y yo salimos corriendo, corrimos y corrimos hasta que llegamos a casa de la madre de Carolina. Cuando llegamos, le explicamos lo sucedido a la madre de Carolina, pero no nos creyó, dijo que los espíritus no existían.

A mis padres también se lo conté, pero tampoco me creyeron. Eso sí, las cosas que se habían caído estaban en su sitio y cuando volví al desván, el tablero no estaba. Cuando pasaron los días, la energía de mi casa era muy pesada y tenía muchos dolores de cabeza. Ese mismo año me fui con mi mejor amiga de vacaciones a Italia. El primer día no pasó nada, pero al segundo empecé a ver la misma sombra que vimos Carolina y yo aquel día en todas partes. Le pregunté a Carolina si veía lo mismo que yo y me dijo que sí. Nos pasamos todas las vacaciones viendo a la sombra y escuchando susurros. Cuando llegamos a casa, en la puerta antes de entrar había un letrero con sangre que ponía: Siempre estaré contigo. Mis padres se quedaron en shock igual que yo, cuando abrimos la puerta estaba la sombra sujetando una cabeza de una persona llena de sangre y el suelo, las paredes y el techo llenos de sangre. En la mesa del comedor estaban los platos puestos, pero en cada plato había un trozo de una persona cortado y había un letrero que ponía: La comida está lista.

Mis padres no lo pensaron dos veces, cogimos el coche y nos mudamos a Plasencia. Nunca cerramos el juego, por lo cual todo me salía mal. No supe más de Carolina, pero la verdadera pregunta es 

¿QUÉ SERA AHORA DE ESA CASA?