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jueves, 25 de junio de 2020

Contradicción (Esther Almoharín)



Te perdí intentando no perderte,
encendí mi amor sin preguntar
pretendiendo ser suficiente.

Intenté no estar si tú no estás
dudando de mi propia mente,
ocultándome en los umbrales del mal.

Quise amarte sin distancia
uniendo las fotos de mi álbum
en mi mundo, aquel remotamente imaginario.

Nacieron riendo las estrellas del amor,
ocultando tus lágrimas en mi oscuridad,
tergiversando mis versos en tu mente.

Encerrada en el carpe diem,
volando entre mil vidas sin ti,
acerqué tu alma a mi alma.

Y todo permaneció igual,
anhelé viviendo nuestro ad infinitum
sin ti, sin mí, esperando tu llegada.

Esther Almoharín Sarró.

martes, 9 de junio de 2020

Intentos (Esther Almoharín)


Se quedaron eternamente rojas las tejas del tejado de enfrente de mi casa, mientras bailábamos al son de la música que nuestros corazones marcaban. Fuimos forajidos en la noche más callada, más llena de luz y ganas de ser sin ser nada. Lloramos a la sombra de los luceros que creían en nuestras palabras y nos despedimos bajo el triste manto de las estrellas que impedían que brillaras. Quisimos vivir deprisa, a destiempo, luchando con un pasado que nos robaba poco a poco, cada vez más lento el aliento de vida que nos quedaba. Fuimos música entre las sábanas del arpa desgastada en el rincón más vacío de mi cuarto, acordes de luz que se colaban en la medianoche de sábados de corazones vacíos y llantos desesperados.

Ya no soy, tú ya no eres, ya no somos… tú ya no puedes, yo ni siquiera poseo el tiempo suficiente como para querer perderte. Pero sigues marchándote a ver la luna nueva desde lo más alto de tu balcón a intempestivas horas de la noche, paseando tu alma desnuda por las calles repletas de reproches, de desilusiones y de sueños perdidos. No podemos ser, pero seguimos siendo, manteniendo nuestro hielo helado en medio del desierto. Y las ganas de querernos son el ansia de adrenalina que se sumerge en nuestros cuerpos inquietos y nos hace querernos de nuevo.

Y desapareces, te vas y te pierdo, sin fecha próxima de regreso, sin tiempo, sin besos, sin ganas de dejarnos sin sentimientos el uno al otro en lloviznas de dulce desenfreno. Me dejas caer, y me siento desplomada en el dulce sueño que me acoge entre sus brazos susurrándome al oído que deje de tener miedo. Me arrepiento.

El quererte fueron las palabras más vacías que pronunció mi cuerpo.

viernes, 5 de junio de 2020

Club de lectura: historias de su historia





Comenzamos este empeño del Club de Lectura en el 2014, hablando de fantasmas, y desde entonces no nos hemos ido, aunque hemos variando de latido (si no de corazón) según iban llegando y marchando varias promociones de participantes. Casi siempre, nos hemos reunido los viernes en el recreo, en el acogedor Departamento de Lengua (aunque a veces nos hemos movido al Salón de Usos Múltiples, o algún aula donde funcionaran bien los medios informáticos, para jugar con los medios audiovisuales).

Hablábamos en ese primer curso 2014-5 de fantasmas, de vampiros, de hombres lobo, porque entre nosotros había muchos amantes de la literatura fantástica, lectoras de Laura Gallego o de Crepúsculo, y nos parecía interesante ahondar en las raíces de ese imaginario, llegar a los cuentos tradicionales, a las sagas, y tomar a menudo de guía a Borges o a Cortázar.

Nos acompañaba entonces, y era mucha compañía la suya, nuestra querida Carolina Molina, directora ahora del IES Albalat. Creamos una dinámica en la que ella preparaba una sesión y quien les habla, Alejandro, se ocupaba de la siguiente, y de este modo aprendíamos mucho todos de todos, creando textos propios que servían de marco a los que íbamos rescatando.

En el curso 2015-16, nos internamos en el mundo de los sueños, con la historia de Las mil y una noches del hombre que soñó con un tesoro y salió a buscarlo; en compañía también de los siete durmientes de Éfeso, Rip Van Winkle, la Bella Durmiente y su hermano épico, el rey que duerme pero despertará algún día. De algún modo, eso nos llevó a hablar de la puesta en abismo, de las historias circulares que se contienen a sí mismas, del escritor que escribe una historia cuyo protagonista es él. Acompañamos a Alicia en su descubrimiento de que el Rey Rojo está ocupando durmiendo porque la está soñando a ella. Y eso nos llevó también a la torre de Rapunzel, y a la torre de marfil de los artistas, y al viento, galán de torres, de los romances de Lorca. Y también a una canción de Leonard Cohen o un vídeo de Bjork...

El curso 2016-7 fue para nosotros el más viajero. Espoleados por Carolina, fuimos a ver a Juan José Millás a Villanueva de la Serena, visitamos Madrid y recorrimos el camino que va del folklore a la literatura fantástica moderna. Leímos a Perrault, pero también a Kafka y a Murakami.Y contamos en Cáparra nuestra experiencia.

Por entonces, surgió Librarium, este poderoso regalo que se nos ha hecho a todos, y con él la creación de clubs de lectura en muchos centros. Hemos procurado usar este recurso, pero quizá nuestro club ha sido siempre un poco peculiar, por el hecho de que no nos hemos centrado en leer una obra larga y luego poner en común nuestras impresiones (que es quizá lo que más asocia uno con un club de lectura), sino en producir y seleccionar textos breves, que se pudieran leer y comentar en una sesión de algo menos de media hora. Esa dinámica especial ha hecho que generemos muchos textos, pero pocos préstamos.

Para el curso 2017-8, ya sin Carolina, tomamos como patrón al Doble. Era la época en que Manuel Bartual había demostrado las posibilidades literarias de Twitter con un hilo magistral que trataba este tema. Tirando de ese hilo (Yo soy Otro; Uno es multitud)  fueron muchas las historias interesantes que exploramos, sobre gemelos diabólicos, desdoblamientos de personalidad, mundos invertidos y espacios fantasmales. Juan Ramón Jiménez nos ayudó mucho en ese trance de duermevela, en que uno no sabe si es él o el mendigo que rondaba su jardín al caer la tarde. Se nota un deslizar de nuestro gusto, de lo narrativo que venía dominando las ediciones anteriores a una mayor presencia de textos líricos: Gil de Biedma maldiciéndose a sí mismo, las posibilidades poéticas de la ironía. Recuperamos también en esa edición a Sergio Barrabí, Tutankabrón, que vino a hablarnos de sus justas raperas, y de la poética del enfrentamiento ingenioso. Y vino a ayudarnos (y a quedarse) nuestra compañera Laura López, lectora y cómplice inmejorable desde entonces.

Se incorporó también al Club, por primera vez, alguien que hacía de la escritura su forma de expresión. Andrea González, Disomnia, nos trajo entonces sus primeros poemas en prosa, magnéticos y misteriosos, y eso nos animó a explorar los diversos niveles de transparencia de un texto, desde lo meridianamente claro hasta lo herméticamente opaco, pasando por lo sugerente y traslúcido.

Contar con escritores dentro del Club variaba felizmente su dinámica: ya no teníamos por qué limitarnos a comentar y reciclar textos ajenos, sino que podíamos tratar los temas que veníamos abordando de otro modo, como puntos de partida para que los participantes indagaran en sí mismos y crearan sus propios textos.

En otros términos, sin perder su nombre, el Club de Lectura empezaba a adquirir la dinámica de un taller literario, que es la que tiene actualmente.

Mas antes de llegar allí, hubo otras aventuras y otros giros. En el curso 2018-9, por ejemplo, tomamos de patrón a Peter Pan. Su negativa a crecer nos llevó a hablar de Nunca Jamás y de su parentesco con Jauja y con otras utopías infantiles. Y por ese resquicio nos invadió, en felicísima hora, el Departamento de Filosofía, y durante muchas semanas anduvimos de su mano por los campos de la utopía y la distopía, yendo a parar con provecho del capitán Garfio al Gran Hermano y el steampunk. Rescatamos también a María González, que vino un viernes memorable a hablarnos de la inimputabilidad de los reyes, los locos y los menores de edad.

Llegamos así a este curso, el muy peculiar 2019-20, en el que, bajo el patronazgo de la Luna, la dinámica ya ha sido de principio a fin la de un taller literario, con Andrea, Daniela Luengo y Esther Almoharín como sus tres espadas. Una dinámica poderosa, porque el Covid19  ha sido incapaz de acabar con ella: en vez de mutar él, mutamos nosotros, de sesión presencial a videoconferencia por Zoom. Y ahí estamos, con Laura y Andrea y Esther, y, aniquilada ya la necesidad de mantener el Club dentro del límite físico y horario del centro, con Sergio Barrabí, plenamente recuperado para estas lides.

Con lo cual, hemos pensado que sería interesante ir compartiendo con más constancia y alevosía la actividad del Club a través de este blog. Así que a partir de hoy, hasta cuando nos dure el impulso, vamos a ir trayendo textos, alternando los de creación de estos mismos días con otros de los que utilizamos en sesiones varias, desde los fantasmas del 2014 hasta los textos recién compuestos de hoy.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Aman (Esther Almoharín)





Seguimos cada viernes con nuestro Club de Lectura, que este curso hemos llamado Condiciones de Luna. El astro, en efecto, guía nuestros pasos. A veces, leemos textos que nos ayudan a adentrarnos en la rica literatura relacionada con la Luna, como el pasaje de los Relatos verídicos de Luciano de Samosata donde se describe por primera vez a los selenitas, los presuntos habitantes de la Luna, con sus curiosas morfología y costumbres. Y otras veces tenemos la suerte de que alguna de las participantes se lanza y nos trae algún texto de su propia cosecha.


Así fue el pasado viernes, en que Esther Almoharín nos trajo uno de sus poemas más recientes, Aman. Que dice así:


AMAN 

Cuenta en su espalda los lunares
mientras se desnuda tan suave
ante sus ojos de cristales
que luchan por poder mirarse. 

Lo mira sencilla y discreta,
traza líneas en sus caderas,
traza líneas de oro tan eternas,
pierde el sentido y la paciencia.

Acaricia sus labios gruesos
queriendo sepultar el tiempo,
pues cuando amamos sin aliento,
somos soledad, fuego y besos.

Rodea solo su cintura, 
se tumba sobre él y escucha 
su agitado pecho que busca 
refugio en su hermosa figura. 

Él se desnuda en cuerpo y alma, 
ella tan hermosa lo abraza. 
Él teme, le faltan miradas; 
un toque, con eso lo calma. 

El tiempo ya se está acabando, 
están a un reloj tan atados, 
prisas, piel y labios mojados, 
pensamientos desordenados. 

Y vuelan ropa y sentimientos; 
crecen la distancia y el miedo 
que paraliza al más inquieto, 
también la luna está sufriendo. 

En la inmensidad de la noche 
surgen dos almas de colores 
que sufren, que duelen, que corren, 
que por solo una vez son jóvenes. 

En ese momento son uno, 
son magia, tiempo y un mundo, 
se aman dolidos, confusos 
mientras reluce el cielo oscuro. 

Y la luna observa su cama 
en la que sobran las palabras, 
en la que ríen, bailan, callan, 
en la que viven, sueñan, aman.

En la conversación que sigue, hablamos con Esther de muchas cosas: para empezar, de la naturaleza del verso que ha elegido, ese precioso eneasílabo, que es el primero de los versos de arte mayor, y al que Rubén Darío recurrió también para uno de sus mejores poemas, la Canción de otoño en primavera (Juventud, divino tesoro, / ya te vas para no volver; / cuando quiero llorar, no lloro / y a veces lloro sin querer...).

El eneasíĺabo nos aleja de la poesía popular (que muy rara vez lo usa) y nos acerca a la poesía culta: pero a una rama muy especial de la misma, la poesía modernista. Y ese acercamiento se produce también en el vocabulario y las imágenes del poema, que son particularmente sensuales y sensitivos (por usar una palabra cara a Darío). Más en serio que en broma, alguien comenta que con este poema la autora sale del romanticismo (que siempre le ha sido muy querido) y se adentra en el modernismo.

Con todo, de la tradición popular permanece la rima asonante, que al volverse monorrima en cada estrofa (en variación de la venerable cuaderna vía) favorece el ambiente de morosidad, de amorosa insistencia. Es notable el uso diestro del esdrújulo jóvenes en asonancia en ó.e con los llanos noches, colores y corren, que delata que la autora conoce y domina las reglas (no siempre bien explicadas ni entendidas) de la rima castellana.

No pasa desaparecibido tampoco el guiño a la Luna, nuestra patrona, que aquí vigila y protege el encuentro de los amantes.

viernes, 12 de abril de 2019

Ganadoras del II Concurso de agudezas y brevedades

Hemos tardado un poco, pero ya están aquí los trabajos ganadores del II Concurso de Brevedades, con sus correspondientes ganadoras:  Celia Barrado, Daniela Luengo, Esther Almoharín y Lucía Redondo. En las fotos, las vemos con la directora del centro, Marta Víctor, que les hizo entrega de sus premios. Enhorabuena a las cuatro y a todos los participantes.





Aforismos
La vida es un árbol con ramas que no tienen límites. 
(Lucía Redondo) 


La corriente más fuerte no es siempre la correcta.
(Daniela Luengo) 

Microrrelatos

 Su sonrisa podía causar terror tanto como felicidad, 
pero lo que estaba claro era que no venía con buenas intenciones. 
(Daniela Luengo) 

*

Me desperté, vi la maldad del mundo, me di la vuelta y volví a dormir. 
(Esther Almoharín)

Haikus
 
Sí, el mundo te entiende, 
las personas no, 
la naturaleza no atiende a cuestiones. 
(Daniela Luengo)


Se respira amor, 
anillo duradero 
escucha su alma. 
(Celia Barrado) 

Diálogos mínimos

—Si mudamos la piel, ¿mudamos sentimientos? 
—Mudas las quemaduras ardientes de su roce. 

*

 —¿Qué te pasa? 
—Se me incendiaron las intenciones en el infierno. 
(Daniela Luengo)

viernes, 5 de junio de 2015

La diez cosas que más odia Esther Almoharín


Bueno, hoy os voy a contar una historia para enseñaros las diez cosas que más odio en este mundo...

Era un día lluvioso y mis amigos y pensábamos qué hacer hasta que se oyó una voz a lo lejos:

—iVamos a jugar al escondite! —dijo mi amiga Lara.

—iGenial! —dijimos todos al mismo tiempo. Y así nos pusimos a jugar... Yo pensaba que todo era perfecto, pero en realidad me equivocaba. Cuando iba a salvarme tocando la pared, Juan, un chico de mi clase, me empujó y me tiró al suelo y claro, me llenó la falda entera de barro.

1ª cosa que más odio en este mundo: jugar al escondite en un día lluvioso y con una falda.

Como me había manchado toda la falda de barro, decidí ir a casa a cambiarme. Cuando llegué, mis padres estaban histéricos porque no les habían mandado la invitación tan importante que tenía que llegar ese mismo día. Como tampoco me importaba mucho todo eso, subía la habitación con sigilo para cambiarme, pero cuando iba a bajar mi madre no me vio y me tiró una tarta de queso encima.

2ª cosa que más odio en este mundo: !a tarta de queso desde aquel preciso instante.

Mi camisa favorita se había echado a perder, decidí subir a cambiarme de ropa por segunda vez consecutiva y me puse un pantalón de chándal viejo y una sudadera sucia y vieja para no volver a mancharme. Cuando bajé, las amiguitas de mi hermana estaban en el jardín jugando con pistolas de agua. Como era de esperar, mi hermana gritó:

—iA por ella! —y claro, como era de esperar también, yo acabé empapada.

3ª cosa que más odio en este mundo: las estúpidas pistolitas de agua.

Yo ya di por perdida mi paciencia y decidí no volver a cambiarme pasara lo que pasara... Me fui de casa con el alma por los suelos y me fui al parque a ver si mis amigos seguían allí. En eso sí que acerté, pero cuando vi qué amigos estaban me di cuenta de que el chico que me gustaba y cuyo nombre no voy a mencionar estaba allí también. Él vino hacia mi contento y yo estaba sucia y despeinada.

4ª cosa que más odio en este mundo: salir de casa sin arreglarme por si las moscas.

Para mi asombro, él me preguntó:

—Esther, ¿querrías venir a tomar un helado conmigo? —yo me quedé tan petrificada
que no pude responder.

5ª cosa que más odio en este mundo: quedarme petrificada delante del chico que me
gusta. ¿Por qué soy tan tonta?


Después de que pasara un rato,  al final le respondí:

—Sí, claro. Pero primero me tengo que cambiar, voy a casa y ahora vuelvo.

Pero él dijo:

—No te preocupes, te acompaño.

Yo sonreí y los dos nos pusimos en marcha a mi casa. Cuando llegamos, mi hermana y sus amigas empezaron a tirarnos globos de agua.

6ª cosa que odio en este mundo: traer al chico que me gusta a casa.

7ª cosa que odio en este mundo: los dichosos globitos de agua.


Yo le dije:

—De verdad, lo siento mucho.

A él no pareció importarle mucho y me sonrió.

Rápidamente subí a mi habitación, me puse mi ropa más bonita y bajé pero, icómo no!, mi madre ya se había puesto a charlar con él.

8ª cosa que más odio en este mundo: que el chico que me gusta conozca a mi madre.

Mi padre vino también al rato y también se puso a hablar con él y a hacerle preguntas

9ª cosa que más odio en este mund: que el chico que me gusta conozca a mi padre.

Al final salimos de casa, sanos y salvos, y nos fuimos a !a heladería. El chico que me gusta lentamente me cogió de la mano y estuvimos así hasta que llegamos a la heladería.

Cuando llegamos allí, nos pedimos un helado de menta y chocolate y nos Io tomamos, pero como tenía que pasarme algo malo, el helado se me cayó encima.

10ª cosa que más odio en este mundo: iser tan patosa!

Pero a él no le importó, porque me cogió de la mano y me dio un beso en la mejilla...

Al final mi día no estuvo tan mal...

Esther Almoharín Sarró
1ºB