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jueves, 25 de febrero de 2021
Un río de Ofelias
En Librarium y en la biblioteca del centro tenemos Hamlet, una obra maravillosa de William Shakespeare que estamos trabajando en la asignatura de Literatura Universal. En especial, estamos jugando con el personaje de Ofelia, del que los pintores y poetas del siglo XIX se enamoraron perdidamente, y que sigue inspirando nuevas intepretaciones en cada generación de lectores. En el tablón que sigue, cuya elaboración le agradecemos a la simpar Puerto Baz, iremos recorriendo todas las paradas de Ofelia en el su viaje por la historia del Arte, desde 1802 hasta 2021. Comenzamos por los dos extremos: la primera representación que conocemos y la que acaba de firmar nuestra querida Carla Bernal.
viernes, 20 de marzo de 2015
Ofelia y su armario (Elena Revuelta)
Aunque Ofelia no es el personaje central de Hamlet, obra dominada por la presencia del personaje que le da nombre, en la historia del arte probablemente haya sido ella y no su elusivo amante quien ha seducido mejor y en mayor medida a sucesivas generaciones de pintores, poetas y músicos.
En el trabajo que sigue, Elena Revuelta, alumna de Literatura Universal, nos ofrece una visión inédita del personaje de Ofelia, a partir de una serie de vestidos que expresan las diferentes facetas de la joven.
En el trabajo que sigue, Elena Revuelta, alumna de Literatura Universal, nos ofrece una visión inédita del personaje de Ofelia, a partir de una serie de vestidos que expresan las diferentes facetas de la joven.
miércoles, 28 de enero de 2015
Dormir, quizás soñar
1852 - Ophelia (John Everett Millais)
Con estas palabras (to sleep, / perhaps to dream) resume Hamlet en su célebre monólogo su visión de la muerte, ese vacío (¿o no?) al que los angloparlantes se refieren a veces como the Big Sleep, el gran sueño. Es precisamente la posibilidad de que la muerte, lejos de ser un descanso, esté poblada por sueños aterradores (que quizá coincidan con lo que la teología llama el Purgatorio, o el Infierno: pesadillas angustiosas sin fin aparente) lo que lleva al príncipe a desistir de suicidarse.
Poco después, otro personaje, Ofelia, escapa al bosque para huir de un mundo que solo le ofrece dolores (el desdén de Hamlet, la muerte oprobiosa de su padre a manos de este) y, mientras se apoya en la rama de un sauce, esta se quiebra y la deja caer en las aguas de un arroyo. Durante un rato, sale a flote y se mantiene en ellas como si fuera una ondina, un espíritu de las aguas que al regresar a su elemento ha logrado por fin escapar a sus insomnios. Canta entonces, como ya lo había hecho ante la corte, harapos de viejas canciones. Pero pronto las ropas se empapan y su peso la arrastra a la cenagosa muerte.
Así, como un accidente desgraciado, nos presenta la reina lo sucedido. Pero en el acto siguiente tanto los sepultureros que la van a enterrar como Hamlet y los reyes dan por cosa cierta que se trata de un suicidio. Un ataque contra sí misma que, paradójicamente, supone (como dice uno de los sepultureros) un acto en defensa propia: cuando el dolor es excesivo, la muerte es el único anestésico convincente.
Shakespeare cierra así el capítulo de Ofelia, pero los pintores prerrafaelistas ingleses y los poetas simbolistas (y, entre nosotros, Bécquer, Unamuno, Valle y Lorca) asisten a la aparición repetida de esta mujer, cuya alma no termina de pasar al otro mundo. Unos la ven atravesando los campos; los más, flotando sobre las aguas, disuelta en ellas de tal modo que lo mismo toma forma a partir del reflejo de la luna o de un puñado de espuma que sus cabellos se tornan algas o hilachas de agua verdosa o clara.
La música pop también da testimonio de la fascinación por el personaje, que no hace sino crecer con cada montaje de la obra, versión cinematográfica, parodia u homenaje. En los años 70, Peter Hammill le dedicó una de sus baladas más arrogantes, en la que presenta a Ofelia como una imagen de nuestra tendencia a mascar más de lo que podemos digerir, haciendo promesas imposibles de mantener y fingiendo valor ante un peligro que, inevitablemente, se nos lleva por delante. Más recientemente, Natalie Merchant ha encarnado a Ofelia en una canción (y vídeo) en la que sirve como metáfora de diversos tipos de mujer, de vida azarosa y difícil encarte en el mundo.
Para cerrar esta entrada, hemos elegido una canción reciente que se inspira en el cuadro de Millais que la abre. La compuso y grabó en 2012 Nolwenn Leroy, una joven cantante francesa, que explica así su origen:
J'adore les tableaux préraphaélites. Parmi eux, l'Ophelia de Millais m'a toujours fascinée. Il représente une jeune fille allongée sur une eau stagnante, sans que l'on puisse savoir si elle est morte ou si elle rêve. Cela a été une source d'inspiration de la chanson, comme l'Ophélie de Shakespeare dans Hamlet. Je viens de lire un mémoire analysant ce personnage. J'ai alors réalisé qu'il entretenait toute une série de correspondances avec le chant et les sirènes ! J'ai aussi beaucoup pensé au poème de Gérard De Nerval, El Desdichado. Il commence par 'J'ai rêvé dans la grotte où nage la sirène'. Et mon refrain ouvre sur: 'Si tu as rêvé dans les eaux sombres, dans la pénombre où nage Ophélia'..."
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