Entendemos
por percepción la sensación interior que llega de un estímulo material a través
de los órganos de los sentido por ello la utilización que hagamos de nuestros
sentidos nos ayudará a crearnos nuestro mundo, el mundo en el que vamos a
vivir durante toda nuestra existencia.
Los
sentidos ponen a nuestra disposición toda su gama de colores, sabores, sonidos,
olores y texturas para que seamos nosotros mismos los que vayamos decorando
nuestro día a día de la forma que consideremos más oportuna.
Yo durante estos días “de introspección” (por ponerles un
nombre y no un insulto) he estado repasando cuales eran mis sonidos, aromas, imágenes,
sabores y texturas preferidos y cuales detesto y aquí os dejo el resultado:
Adoro el sonido de la respiración de mis dos princesas
cuando duermen plácidamente, esa musiquilla rítmica que producen, me encanta
visitarlas antes de irme a dormir, acercar el oido a la cuna de la princesa
Pauletis y a la cama de la princesa Lucietis para poder oír el sonido de sus
sueños, para llenarme de ese momento tan lleno de serenidad, para degustar de ese momento tan apacible, me encanta ese
sonido!
En cambio, el sonido que más detesto es el de la tos de
mi princesa Lucietis, no soporto ese sonido estridente que se introduce por mis
oídos hasta llegar a martillearme la cabeza. Odio con toda mi alma el golpeteo
de sus toses nocturnas, no soporto oírla toser y toser sin parar a pesar de
poner a su disposición todos los
remedios conocidos, que si un vaso de agua templada con miel para suavizar la
garganta, que si una cebolla cortada por la mitad en su mesita de noche para
que la princesa inhale la esencia que desprende, que si el botecillo que emana
vahos mentolados, que si el humidificador que le trajeron los Reyes Magos
cuando tenía 2 años… en esos momentos daría cualquier cosa para que ese sonido
finalizara, me aturde de tal manera que puede llegar a hacerme enloquecer.
Mi olor preferido sin lugar a dudas es el de mi princesa
Pauletis, me encanta su olor y el aroma que queda en la ropa que ha usado,
adoro aspirar esa fragancia que desprende su ropita, bodis, camisetas,
pantalones… cuando la estoy cambiando para ponerle el pijama. Aunque también os
he de reconocer que los aromas que desprenden sus pañales no los incluyo en esa
ceremonia, esos formarían parte de otro tipo de clasificación.
En cambio, detesto cualquier olor después de una sesión
de quimioterapia, en los dos o tres días posteriores a una sesión de
“tratamiento de refuerzo” (manda cojones) cualquier olor puede provocarme unas
nauseas tremendas, odio el olor a perfumes, detergente, comidas, tabaco,
incluso el ambientador que compré hace poco porque su olor me encanta y que lo
tengo adornando el comedor durante esos días lo tenemos que encerrar en una
habitación y cerrar bajo llave… curiosidades de la vida, esas cosas que si no
llegas a saber que suceden tampoco pasa nada pero que una vez puestos pues te
sorprenden.
Adoro el sabor del chocolate negro, me encanta comerlo
siempre, a todas horas pero el momento que más lo disfruto es cuando lo degusto
dentro de la cama, debajo del edredón, antes de irme a dormir, Ummm!! Es
maravilloso acompañar ese sabor de esa sensación de protección y de
clandestinidad, la mezcla de todos estos factores hace que el sabor se
intensifique altamente y que ese momento sea altamente adictivo.
Odio el sabor amargo que dejan los desengaños, esa
sensación que sentimos cuando tomamos consciencia que aquello en lo que
habíamos puesto un montón de ilusiones era simplemente un espejismo, una
mentira. Yo a lo largo de mi vida he tenido unas cuantas decepciones, pero la
verdad es que de todas y cada una de ellas estoy altamente orgullosa, no por la
sensación inicial de vacío que dejan sino por cómo me han ido ayudando a
madurar, a superarme, a crecer, a relativizar, en definitiva a mejorar. Así que
desde aquí, aunque obviaré los nombres, por si alguna tiene la indecencia de
estar leyéndome, (la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida) os
agradezco enormemente a todas y cada una de vosotras que hayáis colaborado en
mi crecimiento personal a lo largo de estos años y me hayáis convertido en una
especialista a la hora de convertir situaciones negativas en experiencias
provechosas, esta manera de ser me está
ayudando enormemente a vivir este año 2012 de una manera positiva y optimista y
siempre basándome en una de mis máximas, “la vida no es lo que te sucede, sino
como lo vives”
En referencia a la vista una de las imágenes que tengo
guardada en un lugar preferente de mi retina es la de mi chico y la princesa
Lucietis jugando en la playa del Cap Roig en l’Ampolla, mientras yo los observo
a la sombra de las elegantes y generosas moreras del chiringuito Cal Pepe, con
la princesa Pauletis durmiendo en mi regazo después de haberse trincado una buena
dosis de teta, pobrecilla la Paulitis! suerte que como es tan pequeñilla todavía no
se ha enterado de lo que ha pasado con su gran amiga, esa que tan buenos
momentos le ha dado durante sus primeros 9 meses de vida. En fin cuando llegue
el momento ya se lo contaremos.
El edén que os he mencionado anteriormente es un lugar
paradisíaco donde los haya e imprescindible de visitar al menos una vez en la
vida, un oasis en la costa tarraconense que persiste a pesar de los intentos de
nuestro gran amigo Paco de llenarla de centrales nucleares
En cambio no soporto la imagen de mi chico riéndose con
las actuaciones del Chiquito de la Calzada, y que si el Condemor de la pradera,
que si el fistro duodenal y el no puedorl, no puedorl, yo sí que no puedorl ver
esa imagen, me tengo que ir por patas. Yo tengo la gran certeza que comparto mi
vida con una persona inteligente, con una gran capacidad de razonamiento, aguda
y sabia, por eso cuando lo veo reírse con ese tipo de humor tengo que salir
huyendo, para evitar que se me caiga el mito. Por otro lado imagino que es la
misma sensación que debe sentir él cuando me ve salir despavorida de la cocina
dirección el mando a distancia del televisor mientras le grito ¡Pon Antena 3 que sale el
Bustamanteeeeeeeeeee! Así que llego a la conclusión que cada uno tenemos
nuestras debilidades y ojos que no ven corazón que no siente, yo seguiré
intentando borrar esa imagen.
Adoro el tacto suave de
la mano de mi chico sobre todo cuando paseamos los dos cogidos, me encanta entrelazar
mis dedos con los suyos y caminar, sin rumbo, los dos solos, me agrada como me
hace sentir segura, protegida, fuerte. Los dos callejeando por Barcelona un
sábado por la mañana, es especial por el barrio de Gracia o el del Raval, los
dos cogidos de la mano, sólo soltándonos para poder comer algo, un wok, un
shawarma… y seguir perdiéndonos por las
calles de la ciudad, sin destino, con el mero anhelo de seguir caminando y seguir disfrutando de nuestra compañía, cruzándonos con un montón de
personas pero solos los dos sin nadie más que nosotros. Me cautiva como me está
acompañando en este viaje, como está caminando a mi lado, siempre cerca, como
me está cogiendo fuerte y como me está transmitiendo todo su apoyo simplemente
cogiéndome de la mano.
Y el tacto que no quiero
notar nunca, jamás de los jamases es el de la ausencia de su mano cogiéndome
fuerte, el de nuestros dedos entrelazados y haciendo que la vida sea mucho más
sencilla.
Os dejo nuestra canción
porque todas las parejas tenemos una, no?