Mis amigos Jorge y Jero Milán me prepararon una sesión de hide como regalo en mi último cumpleaños, una sesión para rapaces. Ese día debió bajar el ratonero o el milano negro, ambas especies acudieron a la cita pero no bajaron a comer: los ratoneros reclamaban desde árboles cercanos y los milanos cicleaban sobre el hide, sus sombras sobre el suelo los delataban. La que sí bajó fue una cigüeña blanca que nos hizo pasar muy buenos momentos.
Tengo grabada en mi mente la imagen que nos encontramos al salir del hide: la luna sobre el castillo de nogales y al lado la sierra de Monsalud.
Muchas gracias amigos por este regalo, las rapaces no bajaron y siguen siendo una espinita que debo quitarme pero el terruño a cambio nos premió (como siempre hace) con esta sucia pero preciosa cigu.