A veces tener paciencia termina con premio y esto es lo que nos pasó aquella tarde: Después de observar a los flamencos y avocetas permanecimos en silencio en el observatorio de aves, el sol se iba escondiendo y fotografiar se hacía cada vez más complicado. De repente apareció esta familia de zorros y se pusieron a jugar ante nuestros ojos. La madre no dejaba de vigilarnos.
Fotografía y video realizados en la provincia de Almería.