Todos pajareros tenemos unas aves concretas, que por una u otra razón les tenemos un cariño especial. Para mí, entre ellas se encuentra el roquero rojo.
Recuerdo la primera vez que lo vi, cerca de mi pueblo. Entonces tenía aquellos prismáticos rusos de 7.000 pesetas y menos canas. Estaba tumbado, disfrutando de las especies que ahí se movían, cuando un precioso macho se posó a escasos metros. Me dejó con la boca abierta para un buen rato. Los mejores avistammientos son los inesperados y yo para nada contaba con tener esta especie tan cerca de casa.
Desde entonces ha llovido mucho y afortunadamente sigo disfrutando anualmente con esta especie, ya que algunas parejas crían por los alrededores de donde vivo.
Poder ver este pájaro en su display, en la parada nupcial, es un espectáculo impagable. Enseña su blanco dorsal en un vuelo medio cernido sin dejar de cantar. A ver si algún día lo consigo retratar.
En esta zona, el roquero comparte hábitat con otro pájaro al que también le tengo especial aprecio: el escribano hortelano. Un ave que si no fuese por su canto, pasaría muy desapercibido.