Se me aucmulan las imagenes que os quiero mostrar en este blog, las experiencias vividas, las noticias referentes a naturaleza de esta parte de Suecia, por lo que esta entrada va a ser larga, ya lo aviso.
En diciembre de 2015 entre aurora boreal y aurora boreal, tuve la oportunidad de observar varias lechuzas gavilanas. Solo a una de ellas le dediqué unos minutos para hacerla unas fotos. Por lo que pude observar, estas aves toleran bastante bien la presencia humana y continúan con sus rutinas diarias de descanso y caza sin importarles mucho que haya gente en las cercanías. Los ejemplares que observé estuvieron en las mismas zonas durante varias semanas.
Los días típicos de invierno por estas latitudes dejaban bonitas estampas. Y frías, llegando a alcanzar algún día los 25 grados negativos.
Los lagos de la zona por donde me muevo no se deshelaron hasta finales de marzo, por lo que pude aprovechar a hacer algunas fotos tan bonitas como estas.
El cauce que une los lagos Fösjön y Sillen es un río interno con inicio y final en un lago, éste debido a la corriente, no suele quedarse helado durante el invierno, al menos en su mayor parte de los 3 o 4 km que tiene de longitud. y en él buscan refugio algunas aves. Es un buen lugar para observar aves durante el géido invierno cuando la nieve cubre todo y lo deja casi desierto de vida.
Aqui se puede encontrar durante en estas fría fechas, algunos martines pescadores que hacen las delicias de los suecos, algunos mirlos acuáticos, serretas y porrones osculados, y numerosos paseriformes que logran sobrevivir gracias a los aportes de los comederos que les ponen los vecinos locales preocupados por estas aves, que no suelen ser pocos por aqui. El invierno que viene el ayuntamiento del municipio donde vivo, a propuesta mía, colocará un comedero para pequeñas aves, porque no todos tenemos jardín donde poder ayudar a las aves con aportes energéticos en forma de alimento durante el invierno.
También se dejaron observar muy bien algunos cárabos lapones este invierno. Los días son muy cortos en estas fechas y hay que planificar bien las salidas de campo para poder aprovechar al máximo las horas de luz. El día anterior hay que calcular el tiempo que lleva llegar al lugar donde se están observando, teniendo en cuenta la cantidad de nieve acumulada por ejemlpo. Hay que abrigarse lo suficiente para no pasar frío durante todas las horas que se está a la intemperie y preparar algo de comida y bebida caliente para aguantar bien el tiempo de espera o búsqueda de las especies que se pretenden observar. Pero teniendo todo eso en cuenta, no hay problema. Como dice un viejo dicho sueco: " No hace mal tiempo, sino que llevas la ropa inadecuada", o algo así.
Los dos ejemplares de cárabos lapones que tenía localizados se dejaban ver principalmente a la caída del sol que por esas fechas era a eso de las 14:45 horas, aunque también algunos días se veían a primera hora de la mañana, sobre las 8:45, por lo que convenía estar pronto por allí. Además se tenía la posibilidad de ver también cárabo uralense en ese mismo lugar. Tuve suerte y pude ver a placer los lapones y fugazmente un uralense que hizo una pasada rápida de hostigamiento a uno de los uralenses para rápidamente desaparecer internándose en la profundidad del bosque.
Los cárabos lapones son impresionantes. Aves grandes, con una mirada penetrante y una actitud muy tranquila, dejando que el límite de observación fuera en algunos momentos de escasos metros. Una gozada de experiencia.
Al igual que con la lechuzas gavilanas, con los lapones pude disfrutar de lances de caza a menos de 15 metros de mi posición, con resultados positivos para las rapaces en ambos casos. La pena de esta observación fue la escasa luz que había para hacer buenas fotografías con mi vieja cámara.
Antes de acabar el invierno me fui a hacer fotos con un amigo a un comedero que mantiene durante todo el invierno. En este lugar además de abundantes pipas de girasol que hacen las delicias de pequeñas aves como mirlos comunes y carboneros sobre todo, también hace aportaciones de carne, bien sea comprada en las carnicerías de la zona o de restos que los cazadores de la zona desperdician. La zona es frecuentada por numerosas aves que provechan lo que haya en cada momento, desde arrendajos, a pigargos, pasando por ratoneros y azores, curiosamente no aparecen por allí cuervos, cornejas, grajillas, ni urracas, que aunque sí pasan por allí volando no se atreven a descender, quizás por miedo de llevarse algún susto por parte de alguna de las rapaces. A veces hay que hacer esperas largas hasta que las rapaces se dignan a aparecer, suelen estar posadas en los árboles circundantes hasta que la primera rapaz se digna a bajar y a raíz de eso se desencadena el desfile. Suele comenzar con la aparición de un azor o un ratonero para acabar bajando luego los enormes pigargos. Entre que bajan y no, se entretiene uno con los pajarillos que acuden a las pipas o con gamos, corzos, alces, jabalíes o zorros que también suelen aparecer en escena.
El pigargo anillado que parece en las imagenes es un macho nacido en esa misma zona en la que se alimenta en invierno, le anillaron de pollo, luego se emparejó con el ave con el que aparece, pero todavía no se conoce dónde crían desde hace ya algunos años. Fijaros la diferencia de tamaño entre el macho y la hembra.
También aparecen por allí otras aves anilladas como el oscuro ratonero que aparece en otra fotografía, al que no pudimos leer la anilla, pero en otras muchas ocasiones han aparecido pigargos finlandeses por ejemplo.
A medida que de los lagos iba desapareciendo el hielo, las aves comenzaron a volver. Una de las especies que más temprano aparecen son los cisnes cantores, que con sus alegres y sonoros trompeteos hacen pensar que la primavera está próxima, pero nada más lejos, todavía quedan bastantes semanas para que los brotes de árboles y arbustos pierdan la timidez y den paso a flores y hojas. Pero eso vendrá después. Del lecho profundo de los lagos surgen burbujas de aire que al subir hacia la superficie chocan contra el tapón de hielo dejándose oír de manera sorprendente con un sonido muy característico y transmitiéndose ese sonido por gran parte del lago a largas distancias.
Con el deshielo a veces se forman charcas o pequeñas lagunas antes de que aceben de deshelarse los grandes lagos y ahí se pueden ver diferentes especies de ansares.
Un buen momento para descubrir los grandes nidos de pigargos y águilas pescadoras es antes de que las hojas camuflen su hubicación.
Ya con mejores temperaturas y sin nieve, ni hielos, me acerqué hasta Torö, un lugar que me gusta especialmente para ver aves marinas.
Para ello hice uso, como otras muchas veces, del transporte público que tan bien conecta casi cualquier punto de esta zona de Suecia. Durante el camino de ida y vuelta hice un conteo de los corzos que veía desde el autobús. Salió un total de 33 corzos, no está mal la cifra. La verdad es que en parte fui hasta allí atraído por la posibilidad de ver una tarabilla común de la subespecie maurus originaria de Siberia, pero no tuve suerte con ella. No me importó mucho porque sabía que la costa me depararía buenas observaciones de otras muchas especies.
Quizás lo más destacable de ese día fue la gran concentración de eideres comunes, calculé que habría mínimo 2.500 ejemplares. El agua bullía de vida y se dejaba escuchar el arrullo contínuo de estas aves, nunca lo había escuchado, me gustó mucho. Entre ellos había algún ejemplar de eider real que no tuve la fortuna de localizar, lo vería luego en las webs de citas de aves suecas. Las que sí aparecieron fueron unas cuantas haveldas que también nadaban entre los eideres.
El faro de Landsort se puede ver desde Torö, es el faro más antiguo de Suecia y está emplazado en una pequeña isla alargada en la que recalan numerosas aves interesantes, sobretodo paseriformes, procedentes del este. Allí hay una estación de anillamiento funcionando desde finales de los años 70 donde se anillan más de 9.000 aves al año, teniendo en cuenta que durante el invierno permanece cerrada, la cifra es muy respetable.
Ese día también pude ver pigargos, algunos limícolas y gaviotas, por cierto algunas de ellas anilladas, creo que todas en Dinamarca, a la espera estoy de sus historiales.
Ya metidos en abril aparecieron las lluvias. Nubes que pasaban deprisa, algunas descargaban agua a su paso, dejando tras de sí un paisaje de atmósfera limpia y con olor a ozono en el que los puentes de colores aparecían y desaparecían de manera casi contínua.
Ese arcoiris apareció mientras pedaleaba en bicicleta por una carretera secundaria después de haberme pillado el chaparrón. Se formó un arco perfecto con uno de sus lados emergiendo a escasos metros de donde yo estaba. Alucinaba! Pero lo mejor es cuando pude ver los colores del arco perfectamente delimitados unos de otros con absoluta nitidez, e incluso se formó un arco doble por unos momentos. Cuando paré y quise sacar la cámara ya era eso lo que quedaba.
Recuerdo que fue un buen día de ansares. Todavía quedaban buenos números de ansares campestres y algunos caretos, los dos solo se ven en paso por esta zona, de camino a sus lugares de cría más al norte o de camino al sur huyendo de las tierras heladas. Ya cantaban las primeras alondras y comenzaban a aparecer los primeros estorninos pintos o los escribanos palustres, por ejemplo.
A los pocos días empezaron a volar los primeros abejorros, las hembras que habían sobrevivido al invierno y que esperanzadas por los rayos de sol salen en busca del néctar que apenas hay por esas fechas, por lo que a muchas se las ven débiles y torparronas. Algunas son parasitadas por una especie de mariposa nocturna (Aphomia sociella) y antes de formar una nueva colonia mueren.
Esta Bombus terrestris estaba viva, perono creo que durase muchos días con la carga que llevaba a cuestas.
Poco apoco el sol va calentando más y a todos nos gusta pasar un rato al solito. Y si no, que se lo digan a esta pareja de grajillas que encontré tomando el sol.
Así que algunas flores empezaron a parecer, las plantas bulbosas suelen ser de las primeras, pero rápidamente van apareciendo las demás una tras otra en un desfile de color. Como estos petasites.
Pero no sólo en el campo podemos ver este cambio de color. También en las grandes ciudades, como lo es Estocolmo, donde cada año una plaza céntrica donde crecen cerezos, es visitada por numerosos curiosos y turistas en busca de las rosadas flores.
Y comenzaron a aparecer las mariposas. Las primeras, como cada año, las que han pasado el invierno refugiadas al abrigo de algún hueco esperando las condiciones más benignas para volver a echar el vuelo. Inachis io, Nymphalis antiopa y Aglais urticae selen ser las primeras que se ven. Pero también Archiearis parthenias es bastante tempranera, una especie de mariposa nocturna que vuela de día y que si la ves en vuelo podría confundirse con una ortiguera si no se fija uno un poco.
Y las libélulas? Todavía tardarán unas semanas más en aparecer, auqnue ya a fecha de hoy ya he visto alguna. Pero eso ya serán imágenes para otra entrada del blog.
Ya avisé que esto iba a ser largo. Espero que alguien haya llegado hasta aqui.