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25 abr 2014

El Carpe Diem egipcio: ¡Disfruta de la vida que es corta!



Nos cuenta Heródoto sobre los egipcios que tenían una forma muy peculiar de recordar lo corta que es la vida y el poco tiempo que tenemos para disfrutarla:

"En los festines que celebran los egipcios ricos, cuando terminan de comer, un hombre hace circular por la estancia, en un féretro, un cadáver de madera, pintado y tallado en una imitación perfecta y que, en total, mide aproximadamente uno o dos codos; y, al tiempo que lo muestra a cada uno de los comensales, dice: «Míralo y luego bebe y diviértete, pues cuando mueras serás como él»."

Heródoto II, 78.

Este ritual conmemoraría este pasaje sobre Isis y un joven llamado Maneros que nos relata Plutarco (46/50-120 d.C.)

"En el primer lugar desierto que halló en su viaje, cuando se creyó absolutamente sola, Isis abrió el cofre.  Aplicó su rostro sobre el de Osiris, le besó y lloró.  Pero el hijo del rey iba en pos de ella observándola en silencio.  Isis le vio al volverse, lanzándole a causa de su cólera tan terrible mirada que aquel niño al no poder soportar tal terror murió en el acto.  [...] él es a quien los egipcios celebran en sus festines dándole el nombre de Maneros. [...]  No deja de haber también quienes dice que el nombre de Maneros no designa a nadie, que sólo es una palabra empleada por los hombres que beben, y acostumbrada en los banquetes para decir:
"Hágase todo entre nosotros con medida y oportunidad" [...]  Por eso será sin duda por lo que los egipcios muestran a los invitados, haciéndola llevar alrededor de la mesa, la figura de un hombre muerto, colocada en un féretro; no es, como algunos suponen, como recuerdo del trágico fin de Osiris, sino para exhortar a los que beben a aprovechar el tiempo y a gozar del presente, ya que muy pronto todos se convertirán en lo que es aquel muerto, por ello introducen a aquel desagradable invitado".

Plutarco, "Isis y Osiris", 17.

Y parece que pervive la costumbre entre los romanos durante la época de Nerón, leemos en Petronio (65-66 d.C):

"Al punto nos trajeron unas ánforas de vidrio, cuidadosamente selladas con yeso, en cuyos cuellos estaba pegada esta etiqueta: «Falerno Opimiano de cien años.» 

Mientras descifrábamos la escritura, Trimalción batiendo palmas exclamó: 

- ¡Oh, fatalidad! ¡Por consiguiente el vino vive más que el pobre hombre! 

Mojémonos pues el gaznate. La vida es vino. Os estoy sirviendo un legítimo Opimiano. Ayer ofrecí otro no tan bueno a pesar de que cenaban conmigo personas mucho más distinguidas.

Bebimos sin dejar de advertir todas estas demostraciones de buen gusto. En ese momento un esclavo trajo un esqueleto de plata fabricado de tal manera que, móviles, las articulaciones y vértebras se doblaban en todo sentido. Trimalción lo arrojó varias veces sobre la mesa para que adoptase así diversas poses a causa de la movilidad de sus coyunturas. 

Añadió: ¡Ay! ¡Miserables de nosotros! ¡Qué impotencia la del pobre hombre! Todos así seremos cuando el Orco nos recoja. Vivamos, pues, en tanto que existir con salud permitido nos sea.

Petronio, "Satiricón", 34

(Foto de reproducción de la tumba de Menna de Angel Kuenka).

29 sept 2012

Cleopatra ante Cesar según Plutarco


Cleopatra y César (Jean-Léon Gérôme, 1866)



Κἀκείνη παραλαβοῦσα τῶν φίλων Ἀπολλόδωρον τὸν Σικελιώτην μόνον, εἰς ἀκάτιον μικρὸν ἐμβᾶσα, τοῖς μὲν βασιλείοις προσέσχεν ἤδη συσκοτάζοντος· ἀπόρου δὲ τοῦ λαθεῖν ὄντος ἄλλως, ἡ μὲν εἰς στρωματόδεσμον ἐνδῦσα προτείνει μακρὰν ἑαυτήν, ὁ δ´ Ἀπολλόδωρος ἱμάντι συνδήσας τὸν στρωματόδεσμον εἰσκομίζει διὰ θυρῶν πρὸς τὸν Καίσαρα.   καὶ τούτῳ τε πρώτῳ λέγεται τῷ τεχνήματι τῆς Κλεοπάτρας ἁλῶναι λαμυρᾶς φανείσης, καὶ τῆς ἄλλης ὁμιλίας καὶ χάριτος ἥττων γενόμενος, διαλλάξαι πρὸς τὸν ἀδελφὸν ὡς συμβασιλεύσουσαν.

Tomó ésta de entre sus amigos para que la acompañase al siciliano Apolodoro, y embarcándose en una barca se acercó al palacio al mismo oscurecer; mas como dudasen mucho de que pudiera entrar oculta de otra manera, tendieron en el suelo un colchón, y, echada y envuelta en él, Apolodoro lo ató con un cordel, y así la entró por las puertas hasta la habitación de, César; dícese que ésta fue la primera añagaza con que le cautivó Cleopatra, y que, vencido de su
trato y de sus gracias, la reconcilió con el hermano, negociando que reinaran juntos.

Plutarco.  Vidas paralelas
"Julio Cesar".     XLIX, 1-3