Mostrando entradas con la etiqueta Dinamarca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dinamarca. Mostrar todas las entradas

9 feb 2013

Libro "La gente de la ciénaga"


Este libro ha sido uno de los regalos que Papá Noel me dejó estas navidades.  Fue toda una sorpresa porque no conocía su existencia y ha sido una delicia leerlo.

P.V. Glob fue un arqueólogo danés que trabajó como Director General de Museos y Antigüedades del Estado de Dinamarca y como director del Museo Nacional de Copenhague.  Fue sobre todo conocido por sus investigaciones sobre los cuerpos de las turberas, estudiando el hombre de Tollund y el de Grauballe.  Ambos restos momificados están datados en la Edad del Hierro y de la Edad del Bronce y se encontraron dentro de las turberas danesas conservándose en perfecto estado.

El caso de las turberas es muy curioso e importante.  En estos lugares se han llegado a encontrar cuerpos humanos y objetos variados de distintos materiales, la mayoría de ellos de la Edad del Hierro, pero no se trata de hallazgos exclusivos de la antigüedad, hay restos incluso de la Segunda Guerra Mundial.  En el caso de los más antiguos son, en su mayoría, de personas que sufrieron muertes violentas, quizás ejecutados como criminales o como sacrificios, y que después de su muerte eran depositados en la ciénaga.  

No se trata de un hecho aislado de Dinamarca, este tipo de yacimientos se encuentran en muchos otros lugares al norte de Europa incluidas las Islas Británicas.



La conservación de estos cuerpos es debido a el entorno anaeróbico.  Las turberas son "microsistemas" sin aire, a lo que se suman sustancias químicas, lo que provoca que no aparezcan microbios y por lo tanto la materia orgánica no se descompone.  Como las sustancias químicas son ácidos lo único que desaparece es el hueso, pero piel, pelo, órganos internos y sustancias vegetales se conservan perfectamente llegando hasta nosotros los cuerpos con ese aspecto como de cuero curtido.   

Lo más destacable, además de los cuerpos, es la posibilidad de poder investigar las ropas de la época, muchas de ellas representadas por artistas romanos en relieves, pero que mediante estos descubrimientos se han podido estudiar de primera mano.  Y el análisis de los estómagos para conocer cual fue la última ingesta de los personajes ejecutados.

Este libro de Glob me ha encantado.  El libro en realidad el objetivo del autor no era escribir un libro sino que se trataba de una carta que Glob escribe a unas niñas inglesas de un colegio, que le piden información llenas de curiosidad en 1962 a raíz del descubrimiento del hombre de Tollund.  Glob responde gustoso a la carta de las colegialas con este libro, que comienza siendo una carta para pasar a ser una "larga carta" y que dedica a su hija junto a todas las niñas firmantes de la carta (todos sus nombres aparecen en la dedicatoria).  Esta carta-libro fue terminado de escribir el 13 de agosto de 1964.

En el libro (es una increíble siempre leer estas cosas escritas por la mano del mismísimo arqueólogo que realizó los descubrirmientos) se habla del hombre de Tollund, del hombre de Graubelle, de otros descubrimientos humanos dentro de las turberas de Dinamarca así como de otros descubrimientos similares en turberas en otros países.  Termina el libro con dos interesantísimos capítulos, uno sobre como vivían estos daneses de la Edad del Hierro y el porque, según el parecer del autor, ocurrían este tipo de enterramientos.





Un libro muy recomendable, de fácil lectura, de divulgación sin dejar el nivel erudito y académico de una persona de su talla.  Con él he aprendido algo más de aquellas personas cuyas fotos pululan en los manuales de arqueología en el capítulo de conservación junto con las imágenes de las momias egipcias.

Y es que lo tengo que confesar, me encanta leer este tipo de literatura en que los grandes arqueólogos de la historia escriben sus descubrimientos, la pasión con que hablan de sus investigaciones, las descripciones de los lugres de donde extraen sus secretos, y los capítulos con sus conclusiones, son increíbles y parece que vivas junto a ellos sus investigaciones.  

Ojo, cuando uno coge estos libros hay que tener en cuenta que se trata de clásicos y como tales hay que leerlos ya que con el paso del tiempo y el avance de la ciencia muchas de sus teorías han quedado desfasadas, pero no deja de ser un tesoro poder leerlos y poder estar tan cerca de ellos gracias a sus palabras.


Nº de páginas: 230 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editoral: MARBOT
Lengua: ESPAÑOL
ISBN: 9788492728350


7 feb 2013

El caldero Gundestrup, un par de detalles preciosos






El llamado Gran Caldero Gundertrup fue encontrado en la pequeña turbera en forma de olla de Raevemosen en Gundestrup (norte de Dinamarca) en 1891.  Fue depositado en dicho lugar totalmente destrozado durante la Edad del Hierro, probablemente como ofrenda religiosa, al igual que tantísimos otros hallazgos de la misma época encontrados en distintas turberas  de la zona.  La decoración tiene una fuerte influencia céltica, es probable que formase parte del botín en alguna de las campañas de los cimbrios por Europa.  Ciertamente se trata de una pieza única tanto en decoración como en valor debido a la cantidad de plata que utiliza.

Está realizado con 13 láminas de plata dorada decoradas que cubren el fondo de un tazón, cada placa lleva decoración en bajo relieve.  En la parte exterior se ven dioses y diosas en una procesión ritual  escenas de sacrificios, luchas de toros.  Debido a el paralelismo entre deidades, es muy probable que las gentes de la Edad del Hierro de la zona reconociese los rasgos de sus dioses locales o incluso puede que se apropiaran de alguno de ellos.  Piezas de madera del mismo periodo llevan decoración similar aunque mucho menos refinada. 

Destaco aquí varias de las escenas que considero de una increíble belleza.

En una de las placas exteriores aparece la diosa del amor, en su mano derecha lleva un pájaro, símbolo de la diosa, a su alrededor hay dos pájaros más.  A la izquierda una sirvienta la peina y otra mujer aparece sentada junto a su codo derecho.  Por encima se ve un perro que se ha identificado con la diosa de la muerte.  La muerte también aparece reflejada en las figuras que aparecen debajo del pecho, una persona y un perro, ambos posiblemente muertos.  



Otra placa, esta vez del interior, podría representar un sacrificio humano.  Unos guerreros van a en procesión a ambos lados de un árbol de la vida, que nace del caldero en el que se vierte la sangre de las víctimas.  Debajo hay guerreros de a pie, interpretados como prisioneros de guerra que van a ser sacrificados, en la fila superior los guerreros van a caballo, quizás son las mismas víctimas del sacrificio ensalzadas aquí gloriosamente.  El perro, de nuevo la muerte, recibe a los condenados, los jinetes son guiados por la serpiente.  


Dice Estrabón en su "Geografía" sobre los sacrificios de prisioneros en Germania: "Entre las mujeres que les acompañaban en sus campañas de guerra había adivinas que eran a la vez sacerdotisas, grises por la edad, con vestiduras blancas, cubiertas con capas de finísimo lino y un ceñidor de metal, pero sin zapatos.  Esas mujeres entraban en el campamento, iban hacia los prisioneros con una espada en la mano, los ceñían con guirnaldas y los llevaban hasta un caldero de bronce en el que cabían 20 medidas.  Una de ellas se subía a un pedestal e inclinada sobre el caldero cortaba el cuello al prisionero  que era entonces alzado por encima del borde del caldero.  Otra le abría el cuerpo, examinaba sus entrañas y pronosticaba la victoria de los suyos."