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viernes, 4 de noviembre de 2016

T. S. Eliot, Las almas húmedas de las sirvientas


MAÑANA EN LA VENTANA

Hay un tintinear de platos del desayuno en las cocinas del subsuelo,
y por las aceras pisoteadas
descubro las almas húmedas de las sirvientas
brotando melancólicamente desde las entradas del servicio.

Pardas oleadas de niebla lanzan hacia mí
desde el fondo de la calle rostros contorsionados,
y arrancan de una viandante con la falda enlodada
una vacua sonrisa que revolotea por el aire
y se desvanece a la altura de los techos.

MORNING AT THE WINDOW
They are rattling breakfast plates in basement kitchens,     
And along the trampled edges of the street          
I am aware of the damp souls of housemaids        
Sprouting despondently at area gates.      

     The brown waves of fog toss up to me        
Twisted faces from the bottom of the street,        
And tear from a passer-by with muddy skirts         
An aimless smile that hovers in the air     
And vanishes along the level of the roofs.


TÍA HELEN

Miss Helen Slingsby era mi tía solterona
y habitaba en una casita cerca de una plaza elegante
atendida por sirvientes en número de cuatro.
Pues bien, cuando murió hubo silencio en el cielo
y silencio al final de su calle.
Fueron cerrados los postigos y el de la funeraria limpióse los zapatos:
era consciente de que cosas de este tipo ya habían sucedido antes.
El testamento tuvo en cuenta generosamente a los perros,
pero poco tiempo después también murió el loro.
El reloj de Dresden en la chimenea continuó su tictac,
y el lacayo sentóse en la mesa del comedor
estrechando sobre sus rodillas a la segunda criada,
que en vida de su señora fuera tan discreta.

AUNT HELEN
Miss Helen Slingsby was my maiden aunt,
And lived in a small house near a fashionable square
Cared for by servants to the number of four.
Now when she died there was silence in heaven
And silence at her end of the street.
The shutters were drawn and the undertaker wiped his feet-
He was aware that this sort of thing had occurred before.
The dogs were handsomely provided for,
But shortly afterwards the parrot died too.
The Dresden clock continued ticking on the mantelpiece,
And the footman sat upon the dining-table
Holding the second housemaid on his knees-
Who had always been so careful while her mistress lived.


En: Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas por Alberto Girri y Enrique Pezzoni. Corregidor, 2007.
Thomas Stearns Eliot (1888 – 1965).
NOTAS: “Mañana en la ventana”: Evocación, al decir del mismo Eliot, de uno de los miles de cuadros penosos que ofrece el mundo contemporáneo. (El poema, 1916) combina hábilmente en su brevedad la precisión objetiva con la sugerencia irónica, sugerencia cuyo efecto se basa en que los epítetos utilizados tanto califican la escena observada cuanto la mirada del observador.
“Tía Helen”: integra un grupo de poemas juveniles (1915). (En este poema el) humor se manifiesta con referencias a objetos, costumbres, que pintan un carácter, y sus consiguientes avatares cuando la dueña de casa se muere, expuestos mediante antítesis.
Imagen: Eduardo Sivori, “El despertar de la criada”, 1887.

martes, 23 de febrero de 2016

T. S. Eliot, Siempre presente


PRIMER CUARTETO, BURNT NORTON

I

El tiempo presente y el tiempo pasado
tal vez en el tiempo futuro estén ambos presentes,
y el tiempo pasado contenga el futuro.
Si todo instante es el presente eternamente
ningún instante es redimible.
Lo que pudo haber sido es una abstracción,
que sigue siendo una perpetua posibilidad
sólo en un mundo de especulaciones.
Lo que pudo haber sido y lo que fue
tienden a un solo fin, siempre presente.
El ruido de los pasos resuena en la memoria
por ese corredor por el que no hemos tomado
hacia la puerta que nunca hemos abierto
del rosedal. Así suenan mis palabras
en otras mentes.
                           Pero con qué intención
turban el polvo en una fuente
de pétalos de rosa, no lo sé.
                                    Otros ecos
habitan el jardín. ¿Los seguiremos?
Rápido, dijo el pájaro, encuéntrenlos, encuéntrenlos,
están allí a la vuelta. Por el mismo portón
de nuestro primer mundo ¿seguiremos
la ilusión del zorzal? Nuestro mundo primero.
Allí estaban, augustos, invisibles,
moviéndose, sin gravitar, sobre las hojas muertas
en el calor de otoño, por el aire vibrante;
y el pájaro cantó, respondiendo a la música
inaudible escondida entre las plantas, y
la mirada no vista pasó, porque las rosas
tenían un aspecto de flores contempladas.
Como huéspedes nuestros allí estaban,
aceptados, conformes.
Así avanzamos, también ellos,
en un orden convencional,
por la senda desierta, y entramos en el círculo
de boj para mirar el estanque vacío.
Seco el estanque, cemento seco de bordes pardos,
y con la luz del sol se llenó de agua,
y surgieron los lotos, en silencio, en silencio;
la superficie centelleaba de médula de luz,
y ellos se reflejaban, detrás de nosotros, en el fondo.
Luego pasó una nube, y el estanque
apareció vacío. Váyanse, dijo el pájaro, 
porque el follaje estaba lleno de criaturas
alegres y escondidas, conteniendo la risa.
Váyanse, dijo el pájaro; váyanse, que la especie
humana no soporta mucha realidad.
El tiempo pasado y el tiempo futuro
lo que pudo haber sido y lo que fue
tienden a un solo fin, siempre presente.


En: “Cuatro cuartetos”, Ediciones del 80, 1981. Edición bilingüe. Traducción: J. R. Wilcock.
Thomas Stearns Eliot (EE.UU., 26 de septiembre de 1888 – Inglaterra, 4 de enero de 1965).
Foto: T. S. Eliot, s/r.