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miércoles, 29 de noviembre de 2023

DINO CAMPANA Pum




EL CANTO DE LA TINIEBLA 

Luz del crepúsculo se atenúa:
Inquietos espíritus ¡sea dulce las tiniebla
Para el corazón que ya no ama!
Manantiales, manantiales hemos de escuchar,
Manantiales, manantiales que saben
Manantiales que saben que los espíritus están
Que los espíritus están escuchando… 
Escucha: la luz del crepúsculo atenúa
Y para los inquietos espíritus es dulce la tiniebla: 
Escucha: te ha vencido la Suerte:
Pero para los corazones ligeros otra vida está a las puertas:
No hay dulzura que pueda igualar la Muerte
Más más más 
Oyes  que todavía te acuna:
Oyes la dulce muchacha
Que dice al oído: Más más 
Y aquí se alza y desaparece
El viento: aquí vuelve del mar
¡Y aquí sentimos jadear 
El corazón que más nos amó!
Miramos: ya el paisaje
De los árboles y las aguas es nocturno
El río se va taciturno… 
¡Pum! ¡mamá, ese hombre allá arriba!



     En Cantos órficos y otros cantos / Campana, Saba, Ungaretti, Montale, Quasimodo / Versiones de Rodolfo Alonso / Centro Editor de América Latina, 1982 / Fotos: jmp /  
     Dino Campana (Marradi, Romaña, Italia, 20 de agosto de 1885 – Manicomio de Castel Pucci, internado desde 1918, San Martín La Palma, cerca de Florencia, 1 de marzo de 1932) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

sábado, 1 de octubre de 2022

MURILO MENDES Sus brazos que cantan




MITAD PÁJARO

La mujer del fin del mundo 
Da de comer a las rosas, 
Da de beber a las estatuas, 
Da de soñar a los poetas. 
La mujer del fin del mundo 
Llama la luz con un silbido, 
Hace a la virgen volverse piedra, 
Cura la tempestad, 
Desvía el curso de los sueños, 
Escribe cartas a los ríos, 
Me empuja del sueño eterno 
Hacia sus brazos que cantan.


En Molinos de viento / Boletín de Artes y Letras, año 4, número 44, agosto de 2022 / San Carlos 1520 - Santos Lugares / Director: Osmar Luis Bondoni / Versión: Rodolfo Alonso / 
Murilo Mendes (Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil, 13 de mayo de 1901 - Lisboa, Portugal, 13 de agosto de 1975) / Foto: jmp, “Marilyn” /

Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

lunes, 14 de mayo de 2018

Fernando Pessoa, Voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario




TABAQUERÍA

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.


Ventanas de mi cuarto,
De mi cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es
(Y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
Dais hacia el misterio de una calle cruzada constantemente por la gente,
Hacia una calle inaccesible a todos los pensamientos,
Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
Con el misterio de las cosas debajo de las piedras y de los los seres,
Con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
Con el Destino conduciendo la carroza de todo por el camino de nada.


Estoy vencido hoy, como si supiera la verdad.
Estoy lúcido hoy, como si estuviese por morir,
Y no tuviese más hermandad con las cosas
Que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
La hilera de carruajes de un convoy, y un silbato de partida
Dentro de mi cabeza,
Y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos al salir.


Estoy perplejo hoy, como quien pensó y halló y olvido.
Estoy dividido hoy entre la lealtad que debo
A la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
Y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.


Fracasé en todo.
Como no hice ningún propósito, tal vez todo fuese nada.
La enseñanza que me dieron,
Descendí de ella por la ventana de detrás de la casa.
Fui hasta el campo con grandes propósitos.
Pero allí encontré sólo hierbas y árboles,
Y cuando había gente era igual a la otra.
Salgo de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?


¿Qué sé yo lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tantas cosas!
¿Genio? En este momento
Cien mil cerebros se conciben en sueño genios como yo,
Y la historia no señalará, ¿quién sabe?, ni uno,
Ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.


No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas certezas!
¿Yo, que no tengo ninguna certeza, ¿soy más cierto o menos cierto?


No, ni en mí…
¿En cuántas bohardillas y no-bohardillas del mundo
No hay a esta hora genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas,
Y hasta realizables,
Nunca verán la luz del sol real ni hallarán oídos de gente?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
Y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que Napoleón.
He apretado a un pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la bohardilla,
Aunque no viva en ella;
Seré siempre el que no nació para eso;
Seré siempre sólo el que tenía cualidades;
Seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
Y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
Y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
Su sol, su lluvia, el viento que me busca el cabello,
Y el resto que venga si viniere, o tuviera que venir, o no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
Conquistamos todo el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero lo miramos y es opaco,
Nos levantamos y es ajeno,
Salimos de casa y es la tierra entera,
Más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.


(¡Come chocolates, pequeña,
come chocolates!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que los chocolates,
Mira que las religiones todas no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú las comes!
Pero yo pienso y, al tirar el papel de plata, que es hoja de estaño,
Echo todo al suelo, como he echado la vida.)


Pero al menos queda la amargura de lo que nunca seré
La caligrafía rápida de estos versos,
Pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero al menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
Noble al menos en el ademán ancho con que arrojo
La ropa sucia que soy, sin orden, para el decurso de las cosas,
Y quedo en casa sin camisa.
(Tú, que me consuelas, que no existes y por eso consuelas,
Diosa griega, concebida como estatua que fuese viva,
Patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
Princesa de trovadores, gentilísima y colorida,
Marquesa del siglo dieciocho, escoltada y distante,
Cocotte célebre del tiempo de nuestros padres,
No sé qué moderno
no concibo bien qué,
Todo eso, sea lo que fuere, que seas, ¡si puede inspirar que inspire!
Mi corazón es un balde vaciado.
Como los que invocan espíritus me invoco
A mí mismo y no encuentro nada.
Llego a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los carros que pasan,
Veo los entes vivos vestidos que se cruzan,
Veo los perros que también existen,
Y todo esto me pesa como una condena a la deportación,
Y todo esto me es extraño, como todo.)


Viví, estudié, amé, y hasta creí,
Y hoy no hay mendigo a quien no envidie sólo por no ser yo.
Le miro a cada uno y los andrajos y las llagas y la mentira,
Y pienso: tal vez nunca vivieses ni estudiases ni amases ni creyeses
(Porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
Tal vez hayas existido apenas, como un lagarto a quien cortan la cola
Y que es cola para acá del lagarto revolviéndose.
Hice de mí lo que no supe,
Y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí era equivocado,
Me tomaron luego por quien no era y no desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el máscara,
Estaba pegada a la cara.
Cuando la tiré y me vi en el espejo,
Ya había envejecido.
Estaba ebrio, ya no sabía vestir el disfraz que no había tirado.
Acosté fuera la máscara y dormí en el guardarropas
Como un perro tolerado por la gerencia
Por ser inofensivo
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.
Esencia musical de mis versos inútiles,
Quien me diera encontrarte como algo que yo hiciese,
Y no quedarse siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente,
Calcando a los pies la conciencia de estar existiendo,
Como un tapete en que un ebrio tropieza
O una espuerta que los gitanos robaron y no valía nada.


Pero el Dueño de la Tabaquería llegó a la puerta y se quedó en la puerta.
Lo miro con la incomodidad de la cabeza mal doblada
Y con la incomodidad del alma malentendiendo.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el letrero y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,

y la lengua en que fueron escritos los versos,
A cierta altura morirá el letrero también, y los versos también
Después de cierta altura morirá la calle donde estuvo el letrero,
Y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá después el planeta girante en que todo esto se dio.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa como gente
Continuará haciendo cosas como versos y viviendo debajo de cosas como letreros,
Siempre una cosa enfrente de la otra,
Siempre una cosa tan inútil como la otra,
Siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
Siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño de misterio de la superficie,
Siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni otra.


Pero un hombre entró en la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),
Y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me yergo a medias enérgico, convencido, humano,
Y voy a intentar escribir estos versos en que digo lo contrario.
Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
Y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como una ruta propia,
Y gozo, en un momento sensitivo y competente,
La liberación de todas las especulaciones
Y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de estar indispuesto.
Después me echo para atrás en la silla
Y continúo fumando.
Mientras el Destino me lo conceda, continuaré fumando.


(Si yo me casase con la hija de mi lavandera
Tal vez fuese feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.


El hombre salió de la Tabaquería (¿metiendo el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, lo conozco: es Esteves, sin metafísica.
(El dueño de la Tabaquería llegó a la puerta.)
Como por un instinto divino Esteves se volvió y me vio.
Me dijo adiós, le grité ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
Se reconstruyó sin ideal ni esperanza, y el Dueño de la Tabaquería sonrió.




 
Alvaro de Campos en la mirada de Antonio Tabucchi (de su cuento “Los tres últimos días de Fernando Pessoa”): “Alvaro de Campos nació en Tavira, en el Algarve, el 15 de octubre de 1890. Se licenció en Glasgow en ingeniería naval. Vivió en Lisboa sin ejercer su profesión. Hizo un viaje a Oriente, en transatlántico, al que dedicó la composición Opiario. Fue decadente, futurista, vanguardista, nihilista. En 1928 escribió la poesía más hermosa del siglo, Tabaquería. Conoció un amor homosexual y se introdujo de tal manera en la vida de Pessoa que arruinó su noviazgo con Ophelia. Alto, con el cabello negro y liso y la raya a un lado, impecable y algo esnob, con su monóculo, Campos fue el típico representante de cierta vanguardia de la época, burgués y antiburgués, refinado y provocador, impulsivo, neurótico y angustiado. Murió en Lisboa el 30 de noviembre de 1935, día y año de la muerte de Pessoa.
En Fernando Pessoa Poemas, traducción Rodolfo Alonso, Los Poetas, colección dirigida por Aldo Pellegrini, Compañía General Fabril editora, Buenos Aires,  tercera edición 1978.
Fernando Pessoa (Lisboa, Portugal, 13 de junio de 1888 – 30 de noviembre de 1935). Foto: Jmp

martes, 18 de julio de 2017

Günter Grass, Vivimos en un huevo



LA BATALLA NAVAL

Un portaaviones norteamericano
y una catedral gótica
se hundieron
en medio del Océano Pacífico
uno al otro.
Hasta el final
el joven vicario tocó el órgano.
Ahora aviones y ángeles están suspendidos en el aire
y no pueden aterrizar.


EN EL HUEVO

Vivimos en un huevo.
Hemos borroneado con dibujos indecentes
y los nombres de nuestros enemigos
el lado interior de la cáscara.
Somos incubados.

Sea el que sea el que nos incuba,
a nuestro lápiz incuba también.
Al salir algún día
nos haremos de inmediato
una imagen del que incuba.

Suponemos que somos incubados.
Nos imaginamos unas aves bondadosas
y escribimos composiciones
sobre color y raza
de la gallina que nos incuba.

¿Cuándo salimos?
Nuestros profetas en el huevo
se pelean con remuneración mediocre
por la duración del tiempo de la incubación.
Suponen un día X.

Por aburrimiento y verdadera necesidad
hemos inventado máquinas incubadoras.
Nos preocupamos mucho por nuestros hijos en el huevo.
Con mucho gusto recomendaríamos a aquella que cuida de nosotros
nuestra patente.

Pero nosotros tenemos un techo encima de la cabeza.
Pollitos seniles,
embriones con conocimiento de idiomas
hablan todo el día
y discuten aun sus sueños.

¿Y si no somos incubados?
¿Si esa cáscara nunca llega a tener un agujero?
¿Si nuestro horizonte sólo es el horizonte
de nuestros garabatos y también quedará?
Esperamos estar siendo incubados.

Aunque ya no hablamos más que del incubar
queda por temer, que alguien
fuera de nuestra cáscara, sienta hambre,
nos eche a la sartén y nos ponga sal.
¿Qué vamos a hacer entonces, hermanos en el huevo?



En: Poesía Alemana de Hoy 1945-1966, Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Traducción: Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert.

Günter Wilhelm Grass (Ciudad libre de Dánzig, actual Polonia, 16 de octubre de 1927 - Lübeck, Alemania, 13 de abril de 2015).

viernes, 14 de julio de 2017

Ingeborg Bachmann, País de niebla he mirado, corazón de niebla he comido



EL TIEMPO PRORROGADO

Días más duros vendrán.
El tiempo prorrogado hasta nuevo aviso
aparece en el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y ahuyentar los perros hacia las fincas cenagosas.
Pues las entrañas de los peces
se enfriaron en el viento.
Pobremente arde la luz de los lupinos.
Tu mirada rastrea en la niebla:
el tiempo prorrogado hasta nuevo aviso
aparece en el horizonte.

Más allá se te hunde la amada en la arena
que le sube por el volante cabello,
le corta la palabra,
la manda callarse,
la encuentra mortal
y lista a la despedida
después de cada abrazo.

No mires atrás.
Ata tus zapatos.
Ahuyenta los perros.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los lupinos!

Días más duros vendrán.


PAÍS DE NIEBLA

En el invierno mi querida está
entre los animales del bosque.
Que antes del alba debo volver
sabe la zorra y se ríe.
¡Cómo tiemblan las nubes! Y a mí
sobre el cuello de nieve me cae
una capa de hielo quebradizo.

En el invierno mi querida es
árbol entre árboles e invita
a los infortunados cuervos
a su lindo ramaje. Sabe
que el viento al oscurecer
levanta su tieso, escarchado
vestido de noche, y me espanta a casa.

En el invierno mi querida está
entre los peces, muda.
Esclavo de las aguas, que la línea
de sus aletas mueve desde adentro,
estoy de pie en la orilla y miro,
hasta que los témpanos me apartan,
como se sumerge y gira.

Y otra vez tocado por el grito de caza
del pájaro, que atiesa sus alas
encima de mí, caigo
en campo abierto: ella despluma
las gallinas y me pasa una
clavícula blanca. Me la pongo al cuello
y me voy por el plumón amargo.

Infiel es mi querida,
yo sé, que a veces flota
con tacos altos hacia la ciudad,
besa en los bares con la pajita
hondamente a los vasos en la boca
y le vienen palabras para todos.
Pero ese idioma no lo entiendo.

País de niebla he mirado,
corazón de niebla he comido.



En: Poesía Alemana de Hoy 1945-1966, Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Traducción: Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert.

Ingeborg Bachmann (Klagenfurt, Austria, 25 de junio de 1926 – Roma, Italia, 17 de octubre de 1973). 

lunes, 3 de julio de 2017

Paul Celan, Cavaron



HABÍA TIERRA EN ELLOS

y cavaron.

Cavaron y cavaron, así pasó
su día, su noche. Y no loaban a Dios,
quien, así escucharon, quería todo eso,
quien, así escucharon, sabía todo eso.

Cavaron y no escucharon nada más;
no llegaron a ser sabios, no inventaron ninguna canción,
no se idearon ningún lenguaje.
Cavaron.

Vino una calma, vino también un viento, vinieron los mares todos.
Yo cavo, tú cavas y la lombriz cava también,
y lo que canta ahí dice: Cavan.

Oh uno, oh ninguna, oh nadie, oh tú:
¿Adónde se iba, ya que no se iba a ninguna parte?
Oh, tú cavas y yo cavo, y me cavo hacia ti,
y el anillo se nos despierta en el dedo.


SALMO

Nadie nos amasa nuevamente de tierra y barro,
nadie bendice nuestro polvo.
Nadie.
Loado seas, nadie.
Por agradarte queremos
florecer.
A tu encuentro.

Una nada
éramos, somos,
permaneceremos, floreciendo:
la rosa-nada, la
rosa-nadie.

Con
el pistillo de alma luminosa,
el estambre de cielo yermo,
la rosa corona
de la palabra purpúrea que cantábamos
encima, oh encima
de la espina. 


 

En: Poesía Alemana de Hoy 1945-1966, Sudamericana, Buenos Aires, 1967. Traducción: Rodolfo Alonso y Klaus Dieter Vervuert.

Paul Celan (Csernowitz, Rumanía, 23 de noviembre de 1920 - París, Francia, 20 de abril de 1970). Foto: Jmp

sábado, 29 de abril de 2017

Raúl Gustavo Aguirre, Mientras ofrecía su mate chatito


JUAN L. ORTIZ FUE DETENIDO

     Dos camionetas policiales con diez hombres armados fueron en busca del poeta.
     Le revisaron la casa. "Tenemos orden de detenerlo por perturbador", explicaron.
    
Ustedes son quienes perturban contestó Juan Les pagamos para que cuiden nuestra tranquilidad y ustedes hacen todo lo contrario. Me dan lástima.
     En la cárcel tuvo visitas. Un ministro de la Intervención. Amigos, vecinos humildes del puro, grande y humilde poeta.
    
¿Cómo está, Juan?
    
Y... aquí me ve contestaba sencillamente, mientras ofrecía su mate chatito, ese mate famoso que debe tener, como él, su ponchada de años.
     De noche, trabajó en la traducción de un joven poeta griego "Para Poesía Buenos Aires", comentó.
     Queremos que Juan L. nos mande esa traducción. Que nos mande también su abrazo, su manera de vivir, su rostro de hombre. Y también su perdón para los que se callaron la boca. Y para los que metieron en la cárcel su alma, sus colinas, su perro ya difunto, su corbatín, su río, y el cielo de su patria.


De revista Poesía Buenos Aires, nº 25, 1957. En Poesía Buenos Aires (1950-1960), Antología Íntima, Rodolfo Alonso, selección, prólogo y notas, Ediciones del Dock, 2010.
Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 2 de enero de 1927 – 18 de enero de 1983). Foto: Jmp

viernes, 28 de octubre de 2016

Carlos Drummond de Andrade, El pueblo, poema mío, te atraviesa


CONSIDERACIÓN SOBRE EL POEMA

No rimaré la palabra sueño,
con la inconveniente palabra empeño.
La rimaré con la palabra carne
o con cualquier otra, que todas me convienen.
Las palabras no nacen amarradas,
saltan, se besan, se disuelven,
en el cielo libre a veces un dibujo,
son auténticas, anchas, puras, insuperables.

Una piedra en medio del camino
o apenas una huella, no importa.
Estos poetas son míos. Con todo orgullo,
con toda precisión se incorporaron
a mi fatal lado izquierdo. Robo a Vinicius
su más límpida elegía. Bebo en Murilo.
Que Neruda me dé su corbata
llameante. Me pierdo en Apollinaire. Adiós Maiakovski.
Todos son hermanos míos, no son periódicos
ni deslizar de lancha entre camelias:
es toda mi vida que aposté.

Estos poemas son míos. Es mi tierra
Y es aún más que ella. Es cualquier hombre
al mediodía en cualquier plaza. Es la lámpara
en cualquier pensión, si todavía las hay.
—¿Hay muertos? ¿hay mercados? ¿hay dolencias?
Es todo mío. Ser explosivo, sin fronteras,  
¿por qué falsa mezquindad me rasgaría?
Que se depositen los besos en la faz blanca, en las nacientes arrugas.

El beso aún es todavía una señal, aunque perdida,
de la ausencia de comercio,
boyando en tiempos sucios.

Poeta de lo finito y de la materia,
cantor sin piedad, sí, sin frágiles lágrimas,
boca tan seca, pero ardor tan casto.
Dar todo por la presencia de los lejanos,
sentir que hay ecos, pocos, pero cristal,
no roca apenas, peces circulando
bajo el navío que lleva este mensaje,
y aves de pico largo confiriendo
su derrota, y dos o tres faroles
¡últimos! esperanza del mar negro.
Ese viaje es mortal, y comenzarlo.
Saber que hay todo. Y moverse en medio
de millones y millones de formas raras,
secretas, duras. Ese es mi canto.

Es tan bajo que ni siquiera lo escucha
el oído a ras del suelo. Pero es tan alto
que las piedras lo absorben. Está en la mesa
abierta en libros, cartas y remedios.
Se infiltró en la pared. El tranvía, la calle,
el uniforme del colegio se transforman,
son olas de cariño que te envuelven.

¿Cómo huir al mínimo objeto
o recusarse al grande? Los temas pasan,
yo sé que pasarán, mas tú resistes
y creces como fuego, como casa,
como rocío entre dedos,
en la hierba, que reposan.

Ahora te sigo a todas partes,
y te deseo y te pierdo, estoy completo,
me destino, me hago tan sublime,
tan natural y lleno de secretos,
tan firme, tan fiel… Como una lámina,
el pueblo, poema mío, te atraviesa.



En: Mundo grande y otros poemas, CEAL, 1987. Traducción: Rodolfo Alonso.
Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, Brasil, 31 de octubre 1902 – Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987). Foto: Jornal do Brasil.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pier Paolo Pasolini, Cuando la hipocresía te haya muerto


A MÍ

En este mundo culpable, que sólo compra y desprecia, el más culpable soy yo, asolado por la amargura.


A KRUSCHEV

Kruschev, si tú eres el Kruschev que Kruschev no es
pero que es puro ideal, ahora, esperanza viva:
sé Kruschev: sé ese ideal y esa esperanza:
sé como Bruto, que asesina un espíritu y no un cuerpo.


A LOS LITERATOS CONTEMPORÁNEOS

Los veo: existen, continuamos siendo amigos,
felices de vernos y saludarnos, en algún café,
en las casas de las irónicas señoras romanas…
Pero nuestros saludos, las sonrisas, las comunes pasiones,
son actos de una tierra de nadie, una… waste land,
para ustedes: un margen, para mí, entre una historia y la otra.
Ya no podemos realmente estar de acuerdo: tiemblo,
pero es en nosotros que el mundo es enemigo del mundo.


A G. L. RONDI

Eres tan hipócrita, que cuando la hipocresía te haya muerto,
te creerás en el paraíso, y estarás en el infierno.



Nota del coordinador del blog: El poema A G. L. Rondi, seguramente está dedicado al crítico cinematográfico italiano Gian Luigi Roni, nacido en Tirano un 10 de diciembre de 1921. Hasta el momento, vivito y coleando.
En: “Los mares del Sud y otros poemas. Pavese, Pasolini y otros”, CEAL, 1982. Versiones: Rodolfo Alonso.
Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 5 de marzo de 1922 – Ostia, 2 de noviembre de 1975). 

jueves, 8 de septiembre de 2016

Carlos Drummond de Andrade, El tiempo es mi materia, el tiempo presente, los hombres presentes, la vida presente


MANOS JUNTAS

Nunca seré el poeta de un mundo caduco.
Tampoco cantaré al mundo futuro.
Estoy prendido a la vida y miro a mis compañeros.

Están taciturnos pero nutren grandes esperanzas.
Entre ellos, considero la enorme realidad.
El presente es tan grande, no nos apartemos.
No nos apartemos mucho, vamos de manos juntas.

No seré el cantor de una mujer, de una historia,
no diré los suspiros al anochecer, el paisaje visto desde la ventana,
no distribuiré estupefacientes o cartas de suicida,
no huiré hacia las islas ni seré raptado por serafines.
El tiempo es mi materia, el tiempo presente, los hombres presentes, la vida presente.


POLÍTICA LITERARIA

A Manuel Bandeira

El poeta municipal
discute con el poeta provincial
cuál de ellos es capaz de vencer al poeta federal.

Mientras tanto el poeta federal
se saca oro de la nariz.


En: “Mundo grande y otros poemas”, CEAL, 1987. Traducción: Rodolfo Alonso.
Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, Brasil, 31 de octubre 1902 – Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987). Foto: CDdA, s/r.

viernes, 12 de febrero de 2016

Giusseppe Ungaretti, La tela de los paraísos perdidos


ETERNO

Entre la flor que tomo y la que doy
la inexpresable nada

(1914-1915)

Tra un fiore colto e l`altro donato
l`inesprimibile nulla


EL PUERTO SEPULTO

Aquí llega el poeta
y después vuelve a la luz con sus cantos
y los dispersa

De esta poesía
me queda
esa nada
de inagotable secreto

(29 de junio de 1916)

Vi arriba il poeta
e poi toma alla luce con i suoi canti
e li disperde

Di questa poesia
mi resta
quel nulla
d`inesauribile segreto


UNIVERSO

Con el mar
me hago
un ataúd
de frescura

(24 de agosto de 1916)

Col mare
mi sono fatto
una bara
di freschezza


MAÑANA

Me ilumino
de infinito

(26 de enero de 1917)

MATTINA

M`illumino
d`immenso


SOLDADOS

Se está como
en otoño
las hojas
en los árboles

(Julio de 1918)

Si stà come
d´autunno
sugli alberi
le foglie


……

Cuando toda la luz se ha consumido
Y no veo sino mis pensamientos,

Una Eva me pone sobre los ojos
La tela de los paraísos perdidos.

1932

……

Quando ogni luce è sienta
E non vedo che i miei pensieri,

Un`Eva mi mette sugli occhi
La tela dei paradisi perduti.


SECRETO DEL POETA

Sólo la noche es mi amiga.
Podré siempre transcurrir con ella
Momento tras momento, no horas vanas;
Sino tiempo al que transmito mi latido
Como me agrada, sin desviarme nunca.

Ocurre cuando siento,
Mientras continúa librándose de sombras,
La esperanza inmutable
Que luego en mí descubre nuevamente
Y en silencio va restituyendo,
A tus gestos terrenos
Tan amados que inmortales parecieron,
Luz.

SEGRETO DEL POETA

Solo ho amica la notte.
Sempre potrò trascorrere con essa
D’attimo in attimo, non ore vane;
Ma tempo cui il mio palpito trasmetto
Come m’aggrada, senza mai distrarmene.

Avviene quando sento,
Mentre riprende a distaccarsi da ombre,
La speranza immutabile
In me che fuoco nuovamente scova
E nel silenzio restituendo va,
A gesti tuoi terreni
Talmente amati che immortali parvero,
Luce.


En: “Antología”, Compañía General Fabril Editora, 1978. Traducción: Rodolfo Alonso.
Giusseppe Ungaretti (Alejandría, Egipto, 8 de febrero de1888 – Milán, Italia, 1 de junio de 1970). La edición de Fabril no es bilingüe, el original italiano lo extraje de: “Giusseppe Ungaretti. Vita d`un uomo. Tutte le poesie”, Arnaldo Mondadori Editore, Verona, 2005.
Foto: E. L. Bianco. Giusseppe Ungaretti con Rodolfo Alonso, Buenos Aires, 20 de noviembre de 1967.

martes, 1 de diciembre de 2015

Fernando Pessoa, Mi manera de estar solo


YO NUNCA CUIDÉ REBAÑOS…

Yo nunca cuidé rebaños,
Pero es como si los cuidase.
Mi alma es como un pastor,
Conoce el viento y el sol
Y anda de la mano de las estaciones
Siguiendo y mirando.
Toda la paz de la Naturaleza a solas
Vino a sentarse a mi lado.
Pero yo sigo triste como un crepúsculo
Para nuestra imaginación,
Cuando hace frío en el fondo del llano
Y se siente que la noche ha entrado
Como una mariposa por la ventana.


Pero mi tristeza es sosiego
Porque es natural y justa
Y es lo que debe haber en el alma
Cuando piensa que existe
Y las manos recogen flores sin que ella se dé cuenta.


Con un ruido de cencerros
Más allá de la curva del camino
Mis pensamientos están contentos.
Sólo tengo pena de saber que están contentos,
Porque, si no lo supiese,
En lugar de estar contentos y tristes,
Estarían alegres y contentos.


Pensar incomoda como andar bajo la lluvia
Cuando el viento crece y parece que llueve más.


No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.


Y si deseo a veces,
Por imaginar, ser un cordero
(O ser todo el rebaño
Para andar desparramado por la ladera
Siendo muchas cosas felices al mismo tiempo),
Es sólo porque siento lo que escribo en el crepúsculo
O cuando una nube pasa la mano por encima de la luz
Y corre un silencio más allá de la hierba.


Cuando me siento a escribir versos
O, paseando por los caminos o por los atajos,
Escribo versos en un papel que está en mi pensamiento,
Siento un cayado en la mano
Y veo mi silueta
En lo alto de un cerro,
Mirando mi rebaño y viendo mis ideas,
O mirando mis ideas y viendo mi rebaño,
Y sonriendo vagamente como quien no comprende lo que dice
Y quiere fingir que comprende.


Saludo a todos los que vayan a leerme
Quitándome el sombrero desde lejos
Cuando me vean a mi puerta
Mientras la diligencia se levanta en lo alto del cerro.
Los saludo y les deseo sol,
Y lluvia, cuando lluvia es precisa,
Y que sus casas tengan
Al pie de una ventana abierta
Una silla predilecta
Donde se sienten, leyendo mis versos.
Y que al leer mis versos piensen
Que soy cualquier cosa natural,
Por ejemplo, el árbol antiguo
A cuya sombra cuando niños
Se sentaban de golpe, cansados de jugar,
Y limpiaban el sudor de la cabeza ardiente
Con la manga del delantal rayado.


Alberto Caeiro, “El pastor”.
En: “Poemas”, Fabril Editora, Buenos Aires, 1978. Traducción: Rodolfo Alonso. 
Fernando Pessoa (Lisboa, 1888 – 1935).