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martes, 1 de agosto de 2017

Roberto Juarroz, La última curación



47

No es la luz la única suma de los colores.
Hay ciertas dimensiones sueltas
donde los colores se reúnen más estrechamente que en la luz,
como novísimos peces en un mar aún más joven que ellos.

A partir de allí
parece posible reconstruir algo
que nunca ha saltado el signo del comienzo,
otra especie de tangencia.

La suma de los colores debe incluir un filamento
donde  estén retorcidas en un mismo hilo
la mirada que ve
y la mirada que no ve.


50

La vida es un chal no del todo ceñido
cuyas puntas cuelgan por la espalda.
El frío pone puntos suspensivos en el rostro.
Enrollamos y guardamos caminos,
desenrollamos y tiramos palabras,
amamos y desamamos con el mismo gesto.
Mientras tanto el frío iguala todo.

Y hasta las puntas del chal desaparecen. 


63

La mandíbula quebrada del viento
se sana
en la lentísima carcoma de un árbol caído.

La última curación es marchitarse. 



 
En: Segunda Poesía vertical, Ediciones Equis, 1963.

Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 5 de octubre de 1925 - Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995). Foto: Jmp

martes, 26 de mayo de 2015

Roberto Juarroz, poesía vertical dos poemas


1

Llevamos una señal en la frente
y otra señal en la nuca.
A veces nos parece
que adelante está el signo de la vida
y atrás el de la muerte.
Pero hay días en que el orden se invierte.
Y hay todavía otros días
en que llevamos adelante y atrás
la misma señal.

De cualquier modo,
este juego nos prueba
que existimos entre dos señales
o por lo menos dentro de una.

Sin embargo,
queda aún otra posibilidad:
que se trate de ninguna señal
y dos puntos de vista.



2

Algo frena a la luz:
toda luz debería llegar a todas partes.
Algo atasca a la música:
toda música debería ser oída por todos.
Algo atasca al pensamiento:
todo pensamiento debería pensar todas las cosas.
Algo encarcela a la vida:
toda vida debería ser lo vivo y lo no vivo.

Por estas circunstancias sin remedio,
el hombre es una sustancia derrochada.
Todo amor tiene los brazos excesivamente largos:
para amar hay que acortar los brazos. 


En contratapa revista de literatura El Ornitorrinco, Buenos Aires, Argentina, número 1, octubre – noviembre de 1977.
Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 5 de octubre de 1925 – Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995).

Foto: “Ventana”, José María Pallaoro

domingo, 17 de noviembre de 2013

Roberto Juarroz, dos poemas



UNA ESPINA EN LA GARGANTA

Una espina en la garganta
puede vaciar la voz.

Pero la voz vacía también habla.
Sólo la voz vacía
puede decir el salto inmóvil
hacia ninguna parte,
el texto sin palabras,
los huecos de la historia,
la crisis de la rosa,
el sueño de ser nadie,
el amor más desierto,
los cielos abolidos,
las fiestas del abismo,
la caracola rota.

Sólo la voz vacía
puede hablar del vacío.
O de su clara sombra.


LO IMPERFECTO

¿Cómo amar lo imperfecto,
si escuchamos a través de las cosas
cómo nos
llama lo perfecto?

¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso
de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?

Quizás debamos
aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que
la perfección asume
para poder ser amada.



Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, 5 de octubre de 1925 - 
Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995).

jueves, 6 de noviembre de 2008

“El arte supremo de la vida” por Alberto Luis Ponzo

EpA!


En una entrevista que hace años le hice a Roberto Juarroz -uno de los poetas argentinos de mayor importancia- recuerdo que le pregunté “por qué escribía”. Su respuesta fue rápida y precisa: ”Escribo porque amo la vida”. Luego aclaró que no lo hacía para ganar prestigio, figurar como muchos en revistas, obtener premios, etc.
Estas palabras tienen hoy un alcance mayor que esas referencias y dejan abierto un mundo de ideas y reflexiones sobre otras actividades de nuestra cultura.
Si se ama la vida, y esto hace posible escribir, también puede decirse que la vida misma es un arte, pues en ella se dan las condiciones o elementos para toda actividad humana. Vivir, pues, nos da un poderoso impulso para asegurar la obra personal y una firme orientación dentro de la cultura.
Si se escribe “porque se ama la vida”, como decía Juarroz, hacerlo es negar también todo lo que es falso, lo que desvía la conducta y, en consecuencia, aquello que desvirtúa la naturaleza del arte.
Juarroz no dejaba dudas sobre lo que más quería decir: no escribir versos para recibir aplausos, honores, recompensas o títulos como los que se reparten en los medios de propaganda, llámense revistas, grupos editoriales, etc.
Hay un arte supremo en el mismo hecho de pensar, en cualquier trabajo elegido, un poema, una pintura, una composición musical ¿Y qué sería de ese trabajo fuera de la rectitud o dignidad, sin aspiraciones honestas, opuestas a intereses comerciales o mezquinas especulaciones?.
Si pensamos en el panorama actual de la cultura, parecería que únicamente existe lo que se vende mejor, lo que asegura una rápida y fácil difusión en los kioscos, librerías y salones de arte. ¿Está aquí el “amor a la vida”, y se ha logrado en esa forma que la vida nos haga mejores seres humanos?
Se trata de no ver la realidad “bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos; de tener pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones”, según recordadas palabras de Scalabrini Ortiz. (1)
El arte supremo de la vida… ¿Qué duda cabe de lo que más se necesita cuando actuamos en la sociedad, o en el instante de hacer una obra sin otras “tentaciones” que el misterio de su realización y la experiencia de verla concluida?
Nos dan ejemplo de esta profunda finalidad, las grandes obras de todos los tiempos, trascendiendo momentos históricos y circunstancias socio-culturales adversas. Quedan por haber tomado aliento de la vida, no por recibir alguna resonancia fuera de la creación misma.
Roberto Juarroz nos hablaba de “escritores y poetas fatalmente periféricos, que no acaban de entrar en la dimensión trascendente y única que importa, donde es mucho lo que hay que abandonar para poder entrar allí”.
Olvidémonos, pues, de tantos famosos “periféricos” de la vida cultural argentina, y vayamos en busca de los que aman la vida y han abandonado la vanidad en busca del germen que los identifica, sin deformación alguna.

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(1) R, Scalabrini Ortiz en: “Elogio del pensamiento plebeyo”, de Jorge Torres Roggero. Córdoba, 2002
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Alberto Luis Ponzo. Buenos Aires, 1916. Poeta y editor. Noticias y poemas de Alberto Luis Ponzo acá.
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Un poema de Roberto Juarroz

Hago un pozo
para buscar una palabra enterrada.
Si la encuentro,
la palabra cerrará el pozo.
Si no la encuentro,
el pozo quedará abierto para siempre en mi voz.

La búsqueda de lo enterrado
supone adoptar los vacíos que fracasan.

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