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jueves, 20 de junio de 2013

Rafael Felipe Oteriño, la poesía no es croar de ranas


LA POESÍA

La poesía 
no es 
croar de ranas
en un estanque vacío
un amanecer de invierno.

Tampoco es
laboriosa
carta de amor
escrita
en nuestra memoria.

Es invención
de reglas:
una suspensión
entre emoción
e ideas.

El rítmico abrazo
–el beso–
de palabras
recogidas
en la calle.

O, cuanto menos,
“occasioni”:
barquillo de papel
que debes conducir
a un puerto seguro.

Pues,
salvo la Musa,
¿quién puede decir
que esto
es un poema?

Cuando, en verdad,
no hay reglas;
cuando cada poema
crea sus propias
reglas.

Y cada poema
destruye
esas reglas.
Cada poema
es un sacrificio 

En: “Lengua madre”, Nuevohacer Grupo Editor Latinoamericano, 
Buenos Aires, 1995.


Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945).

jueves, 13 de junio de 2013

Rafael Felipe Oteriño, primero, el arte de ser derrotado


ESA CIUDAD

Esa ciudad se apaga cuando me duermo:
los ventanales no reflejan el sol,
los semáforos dejan libre el paso de los autos,
las sombras vacilan unos segundos,
atraviesan una puerta y desaparecen;
sobre el mantel, el crucigrama está resuelto,
una mano dobla las páginas del diario.

Nada de lo habitual permanece en pie:
los tranvías giran veloces,
se enturbia el agua de los jardines,
un velo de ceniza se extiende sobre las plazas,
cubriendo el lago, los botes y los remos;
los verdes del bosque desaparecen.

Arrebatados por una nube,
quedan más solos los animales del zoológico;
se ausentan, de pie, las estatuas,
mientras un viento repentino dispersa los colores
y borra, ya sin luz, los cables del teléfono
y el borde cansado de las cosas.

Pero, ay, todavía queda algo que no he dicho:
esa ciudad continúa dentro del sueño. 


ARTES

Primero, el arte de ser derrotado;
luego, el arte de conversar a solas;
más tarde, la serena indiferencia;
por último, el arte de no ver nada
aún viéndolo todo.

Cuánto tuvo que aprender esta cabeza
para ser calva, enteramente calva
por dentro y por fuera,
en el camino de una nube
que se aproxima despacio.


En: “Todas las mañanas”, Ediciones Del Copista, 2010.

Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945).

sábado, 19 de septiembre de 2009

Rafael Felipe Oteriño – Flaubert y Melville


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FLAUBERT EN CROISSET

De 14,00 a 20,00, de 22,00 a 2,00, todos los días,
tronara o lloviera sobre el barranco.
Los domingos: probar en voz alta
lo escrito. Tropos, omisiones,
esperas.

Conozco tu prisión, conozco uno a uno los barrotes
que la circundan. Los he recorrido de noche,
bajo la luz cambiante. Un día son pesados,
de oscura materia; otro día giran livianos
como agujas de reloj.

A espaldas de huéspedes y forasteros; bajo la luz
de un farol, arropado en el frío,
también este viejo guardián
pudo vivir
detrás del cristal de su ventana,
y aún más: ser feliz.

Rojo intenso, escarpado azul, lento y contagioso gris,
en los bordes y en el centro.
Asonancias, consonancias, cacofonías;
tachaduras, interlineados,
enmiendas.

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DICE AHAB

Con puntas de diamante dibujé el ojo de la ballena,
con aceite hirviendo regué, hasta anegarla,
la cubierta del Pequod,
con punzón y llama profundicé los daños.
Paño y brea, sudor y tabaco
fueron necesarios
para alimentar las fauces de este cielo.

Navegué círculos, cambié de rumbo varias veces,
abordé témpanos y montañas,
hasta que el frío de la noche fue mi bálsamo.
En su almohada de cristales azules
hallé la estrella
que me condujo de nuevo a casa.

Fría, el ala del pájaro extraviado;
tibio, el horizonte que se retira;
lejana, la sombra de los padres
–tan callada–,
se elevaron del mar para decirlo:

“¡Vuela arpón, consuélanos volando!”.

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En: “Ágora”, Ediciones del Copista, 2005.
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Rafael Felipe Oteriño nació en La Plata en 1945. Vive en Mar del Plata.
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Foto: Le pavillon de Croisset.
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