Mostrando entradas con la etiqueta Poesía francesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía francesa. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de junio de 2024

ARTHUR RIMBAUD Duerme en medio del sol

Cuadro de Henri Fantin-Latour Le Coin de table (1872), detalle


Cuadro de Henri Fantin-Latour Le Coin de table (1872)



EL DURMIENTE DEL VALLE 

Un hueco en la espesura, en donde un río cantante 
ensarta entre yerbas locamente jirones 
de plata; donde el sol, desde el monte arrogante, 
brilla; un valle en que hierven claras irradiaciones. 

Entreabierta la boca, desnuda la cabeza 
y la nuca en los berros azules, un soldado 
duerme; se halla tendido en la fresca maleza, 
blanco en su lecho verde donde el sol ha llorado. 

Duerme entre los gladiolos y sueña junto al río 
sonriendo como un niño que la fiebre consume. 
Naturaleza, mécelo con calor: tiene frío. 

Duerme en medio del sol con la mano en el pecho 
inmóvil. Ya no aspira su nariz el perfume. 
Tiene dos manchas rojas su costado derecho. 

Octubre de 1870


LAS BUSCADORAS DE PIOJOS 

Cuando la frente del niño, llena de rojas tormentas, 
implora el enjambre blanco de sueños indistintos, 
llegan junto a su cama dos hermanas encantadoras 
con endebles dedos de uñas argentinas.

Sientan al niño ante una ventana abierta 
donde el aire azul baña torbellinos de flores, 
y en sus duros cabellos llenos de rocío 
pasean sus dedos finos, terribles y encantadores.

Él escucha cantar sus alientos temerosos 
que expanden largas mieles vegetales y rosadas, 
y que interrumpe a veces un silbido —saliva 
que absorben los labios o deseos de besar.

Escucha sus pestañas negras batiendo bajo los silencios 
perfumados; y sus dedos eléctricos y suaves 
hacen crepitar, entre sus grises indolencias, 
a los piojitos muertos por sus uñas reales.

Y sube en él un vino de Pereza, 
un suspiro de armónica que podría delirar: 
y el niño siente, al ritmo de las lentas caricias, 
brotar y morir sus deseos de llorar.

Julio de 1871 


Dibujo de Rimbaud x Verlaine, 1872


Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charleville, 20 de octubre de 1854 - Marsella, 10 de noviembre de 1891) / 
En El barco ebrio (Poesía reunida), El Silencio, Caracas, Venezuela, Edición digital octubre de 2018 / De la traducción: Fundación Editorial El perro y la rana / Ilustraciones: en libro / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

jueves, 14 de julio de 2022

YVES BONNEFOY La llama en que todo comienza y alcanza su fin



ALLÁ DONDE CAE LA FLECHA

I

     Perdido. A pocos pasos de la casa, no obstante, a no más de tres tiros de piedra. 

     Allá donde cae la flecha que fue lanzada al azar.

     Perdido, sin drama. Alguien me encontrará. Unas pocas voces se alzarán de todas partes en el cielo, en la noche que cae. 

     Y no son más que las cuatro, falta una buena parte del día para seguir perdiéndose -yendo, corriendo a veces, volviendo- por entre las piedras rotas y estas encinas grises, en el bosque surcado de hondonadas que busca en todas partes el infinito, bajo el horizonte tumultuoso. Pero aquí, en el paso, se cierra más aún.

     Necesariamente, encontraré un camino.

     Veré esa granja en ruinas, de donde partía una huella.

     ¿Llamaré? No; no todavía.


II

     Perdido, sin embargo. Porque tiene que decidir, casi a cada instante, pero no puede hacerlo. Nada le habla, nada le es ya un indicio. La idea misma de indicio se disipa. En la huella que había dejado la palabra sobre lo que es, el agua de la apariencia desierta vuelve a subir y brilla, única. 

     Cada palabra: algo obturado ahora, como una superficie mate sin nada que vibre: una piedra.

     Puede articular esa palabra: la encina. 

     Pero cuando dice: la encina -y en voz alta, ¿por qué?- la palabra queda, en su mente, y se vuelve más pesada, como en la mano la llave que no giró. Y la figura del árbol se parte, se fragmenta, y se vuelve a unir otra vez en las alturas, en lo absoluto, como cuando miramos esas abolladuras del cristal en los antiguos vidrios.

     El color, confinado al borde de la imagen por el henchimiento del cristal. Eso que llamamos la forma, agujereado por un saledizo -desmentido. Como si permaneciera abierta la mano que guarda encerrados colores y formas.


III

     Perdido. Y las cosas acuden de todas partes, se apiñan en torno a él. Ya no hay más otro lugar en ese instante en que tan intensamente necesita otro lugar. 

     Pero ¿lo necesita él? 

     Y algo acude del centro mismo de las cosas. No hay más espacio entre él y la más mínima cosa. 

     Sólo la montaña allá abajo, muy azul, lo ayuda a respirar aquí, en el agua de lo que es, que vuelve a subir.

     Es familiar, sin embargo, esa impresión de envión que se ejerce sobre él desde el adentro de todo. Ayer, nomás ¡cuántos caminos demasiado abruptos hacia el punto de fuga, en la tinta derramada de las nubes! ¡Cuántas palabras que venían quién sabe de dónde, entre las palabras! ¡Cuántos juguetes, que de golpe no eran más el pequeño damero o los cubos recubiertos de imágenes sino la madera gastada en los bordes, la fibra que traspasa el color. 

     Le decían, desde lejos: Ven, y él no oía más que esa salpicadura de sonido que se desarma en las baldosas.


IV

     Se acuerda de que un pájaro había avanzado delante de él un momento cuando estaba en camino todavía.

     Desde hace dos minutos, va derecho. Pero lo detiene el agua que se mueve entre los restos de troncos. Hay todo en esa agua clara, una especie de polvo azul que gira sobre sí misma donde la corriente casi imperceptible golpea la cresta brillante de una roca. 

     Si hubiera llovido encontraría la huella de sus pasos, pera la tierra está seca. 

     El sendero que siguió dejaba el sol a su izquierda. Allí donde dobló, cerca del borde, estaban aquellas tres piedras manchadas de blanco, como pintadas. 


V

     ¿Pero por qué escala ahora esa colina casi escarpada, y aún cuando los árboles están tan juntos como abajo, a lo largo de estrechos arroyuelos? No es por ahí seguramente donde pasa el camino. 

     Y no es desde allá arriba donde tendrá mejor vista. 

     Ni podrá gritar su llamado. 

     Lo veo sin embargo subir entre los troncos, por las piedras. 

     Ayudándose de una rama baja cuando advierte que el suelo es demasiado resbaladizo a causa de las hojas secas entre las que hay siempre guijarros rodando sobre otros guijarros: rombos de borde acerado y de color gris
manchado de rojo. 

     Lo veo -e imagino la cima. Algunos metros llanos, pero discontinuos a causa de los zarzales que alcanzan a veces hasta las ramas. La misma confusión, el mismo azar que en otras partes del bosque, pero es así para todo lo que vive. Un pájaro vuela, que él no ve. Un pino caído una noche de viento obstruye la pendiente que se reanuda. 

     Y oigo en mí esa voz, que surge del fondo de la infancia: Vine antes aquí -decía entonces-, conozco este lugar, he vivido aquí, estaba antes del tiempo, estaba antes de mí sobre la tierra. 

     Soy el cielo, soy la tierra.

     Soy el rey. Soy ese montón de bellotas que el viento empujó hasta el hueco que hay entre las raíces. 


VI

     Tiene diez años. La edad en que uno mira -¿acaso a sacudidas?- el desplazamiento de las sombras. Y la desgarradura en el papel de las paredes, y el clavo encajado en el yeso y alrededor el metal oxidado, los ínfimos escamamientos de la incomprensible materia. ¿Se perdió? En efecto, avanza desde hace tiempo entre grandes enigmas. Siempre ha estado solo. Se sentó sobre el árbol caído, llora. 

     ¡Perdido! Es como si el más allá que sella el punto de fuga viniera a inclinarse sobre él, y lo tocara en el hombro. 

     Alzar los ojos, entonces. Cuando dos direcciones nos llaman al mismo tiempo, en la encrucijada, el corazón late más fuerte y más sordamente, pero los ojos están libres. Esa noche, en la casa, que él ponga los leños sobre el fuego, como le permiten hacerlo: los verá arder en otro mundo. 

     Que hable, para él solo: las palabras resonarán en otro mundo. 

     Y más tarde, mucho más tarde, muchos años más tarde, solo, siempre solo en su habitación con el libro que ha escrito: lo tomará en sus manos, mirará las letras oscuras del título sobre el leve cartón pintado de azul. Abrirá algunas páginas, para que se tenga en pie sobre la mesa. 

     Después le acercará un fósforo encendido, una mancha marrón y luego negra nacerá en el color, se extenderá, se agujereará, un ribete de fuego claro morderá los bordes, que él aplastará con el dedo antes de levantar el librito para inscribir nuevamente el signo en otro punto de la portada. Y he aquí que todo un lado de ella cae. El papel satinado, muy blanco, de la primera página, aparece abajo, amarillento, alcanzado también, por el calor. 

     Deja el libro, y guarda en su mente, no sabe aún por qué, el matrimonio de las frases y de la ceniza. 


VII

     El ladrido de un perro, que puso fin a su miedo. El pilar del sol entre las nubes, en la tarde. Los charcos que el escolar ve brillar en las palabras, en el porvenir de su vida, cuando empuja su pluma áspera por el enmarañamiento del dictado demasiado rápido. 

     Y toda rama delante del cielo, a causa de los ensanchamientos, las condensaciones de su masa. Lo invisible que allá borbotea, como la fuente en el deshielo violenta. Y las bayas rojas, entre las hojas. 

     Y la luz, cuando vuelve; la llama en que todo comienza y alcanza su fin. 


En Allá donde cae la flecha / Ediciones Mate, Buenos Aires, Argentina, 1997 / Prólogo y traducción de Arturo Carrera / Edición bilingüe / Fotos y video: jmp / 
Yves Bonnefoy (Tours, Francia, 24 de junio de 1923 - París, 1 de julio de 2016) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

José María Pallaoro lee poema I de Allá donde cae la flecha / de Ives Bonnefoy / en traducción de Arturo Carrera /



martes, 11 de enero de 2022

MARCEL PROUST Parten para respirar esos minutos profundos



ALBERT CUYP

Cuyp, sol en declinación disuelto en el aire límpido
Que un vuelo de pichones turba como el agua, 
Trasudor de oro, nimbo en la frente de un buey o un abedul,
Incienso azul de los días hermosos humeando en la colina,
O pantano de claridad estancada en el cielo vacío.
Unos jinetes están listos, sombrero con pluma de rosa, 
A un lado la palma; el aire vivo que enciende su piel,
Hincha levemente sus finos rizos rubios,
Y, tentados por los campos ardientes, las ondas frescas,
Sin perturbar con su trote los bueyes cuya manada
Sueña en una niebla de oro pálido y reposo,
Parten para respirar esos minutos profundos.


CHOPIN 

Chopin, mar de suspiros, de lágrimas y de sollozos
Que atraviesa sin posarse un vuelo de mariposas 
Jugando con la tristeza o bailando sobre las aguas.
Sueña, ama, sufre, grita, apacigua, encanta o arrulla,
Siempre haces correr entre cada dolor 
El olvido dulce y vertiginoso de tu capricho 
Como las mariposas que vuelan de flor en flor; 
De tu pesar entonces tu alegría es cómplice:
El ardor del torbellino aumenta la sed del llanto. 
De la luna y de las aguas, pálido y dulce camarada,
Príncipe de la desesperación o gran amor, 
Te exaltas aún, más hermoso cuanto más pálido
Del sol que inunda tu cuarto de enfermo, 
Que llora sonriéndole y sufre al verlo, 
Sonrisa del remordimiento y lágrimas de la Esperanza. 




En Retratos de pintores y músicos, Colección El Búho Encantado, Rosario, Argentina, 1978 / Director: Francisco Gandolfo / Traducción Marcelo Menasché / (Estos poemas forman parte del primer libro publicado por MP en 1896, Los placeres y los días, con prólogo de Anatole France) / 
(Valentin Louis Georges Eugène) Marcel Proust (Francia, 10 de julio de 1871 - 18 de noviembre de 1922) / Fotos: jmp

domingo, 9 de enero de 2022

MICHEL HOUELLEBECQ ¿Cómo es posible que nuestra soledad sea tan grande?



50”

H:
    Me gustaría anunciar buenas nuevas, prodigar palabras de consuelo; pero no puedo hacerlo. Sólo puedo observar cómo se abre el abismo entre nuestros pasos y nuestras actitudes. 
Surcamos el espacio, el ritmo de nuestros pasos corta el espacio con la exactitud de una navaja; surcamos el espacio y el espacio es cada vez más oscuro. 
Hubo un momento preciso en que se rompió el contacto. No consigo recordarlo, pero debió de producirse a cierta altura. 

M:
    Tuvo que haber algún momento de comunión en el que no teníamos ninguna objeción contra el mundo; entonces, ¿cómo es posible que nuestra soledad sea tan grande? 
Debió de ocurrir algo, pero el origen de la deflagración nos resulta impenetrable; 
miramos a nuestro alrededor, pero ya nada nos parece concreto, ya nada nos parece estable. 




En El mundo como supermercado, Anagrama, Página / 12, Buenos Aires, 2011 / Traducción Encarna Castejón / De Opera bianca, instalación móvil y sonora del escultor Gilles Touyard y del músico Brice Pauset con textos de MH / primera representación en Centro de Arte Contemporáneo Georges Pompidou, París, 10 de septiembre de 1997 / 
Michel Houellebecq (Michel Thomas, Saint-Pierre, isla de Saint-Pierre Reunión, 26 de febrero de 1956) / Fotos: jmp 

martes, 20 de julio de 2021

PIERRE REVERDY Un muerto en la casa


 

SECRETO

 

La campana vacía

Los pájaros muertos

En la casa donde todo se aduerme

Las nueve

 

La tierra permanece inmóvil

Se diría que alguien suspira

Los árboles tienen el aire de sonreír

El agua tiembla al extremo de cada hoja

Una nube atraviesa la noche

Delante de la puerta un hombre canta

 

                   La ventana se abre sin ruido

 

NOCTURNO

 

         La calle está enteramente negra y la estación no ha dejado huellas. Yo hubiera querido salir, y me retienen la puerta. No obstante, allá arriba alguien vela aunque la lámpara está apagada.

         Mientras que los faroles de gas ya no son más que sombras, los carteles se persiguen a lo largo de las empalizadas. Escucha: no se oye el paso de ningún caballo. Sin embargo, un jinete gigantesco corre sobre una bailarina, y todo se pierde girando detrás de un terreno vago. Sólo la noche conoce el lugar donde ellos se reúnen. Desde el amanecer, revestirán, como siempre, sus colores brillantes. Ahora todo calla. El cielo guiña ojos innumerables y la luna se esconde entre las chimeneas. Los gendarmes mudos, y sin ver nada, mantienen el orden.

 

 

NÓMADE

 

         La puerta no se abre

La mano que pasa

                   A lo lejos un vaso que se quiebra

         La lámpara humea

Las chispas que se encienden

                   El cielo es más seguro

                            Sobre los techos

 

Algunos animales

sin su sombra

 

                                      Una mirada

                            Una mancha sombría

 

La casa en la cual no se entra.

 

 

LA LLAVE DE VIDRIO

 

         Huecos del muro, huecos de la chimenea y de mi pipa. En el rincón dos bastones en X se baten. ¿Quién los tomará? No hay nadie a la mesa, nadie sobre el lecho y los sillones están vacíos. Alguien quiere salir. Pero no soy yo quien ha soplado la lámpara y no es mi paso el que desciende la escalera. ¡Hay también, puede ser, un muerto en la casa!

 

 

MECANICA VERBAL Y DON DE SÍ

 

         Ninguna palabra, sin duda, hubiera podido expresar mejor su alegría. Él la dijo, y todos los que esperaban contra el muro, temblaron. Había en el centro una gran nube -una enorme cabeza- y los otros observaban fijamente los menores pasos marcados sobre el camino. No había nada, sin embargo, y en el silencio las actitudes se volvían más difíciles. Un tren pasó detrás de la barrera y envolvió en su niebla las líneas que sostenían el paisaje de pie. Y todo desapareció entonces, mezclándose con el ruido interrumpido de la lluvia, de la sangre perdida, del trueno de las palabras maquinales del más importante de todos esos personajes.

 

 

TODAVÍA ANDAR

 

         ¿Si se levanta cuando yo pase cerca de él, si llora cuando llegue la noche, si no grita? Habré creído verle y todo estará terminado.

         Muchas horas de camino en el sendero donde la hierba ya no vive. He caminado largo tiempo y me he perdido. No osaba volver sobre mis pasos ni llamar. Y sentía detrás de mí sus ojos que me buscaban.

         Una pequeña luz se ha encendido a lo lejos ente los árboles. Una ventana donde no podré llamar. El fuego donde se me rehúsa dejarme calentar. Y no tengo ni siquiera el derecho de detenerme. Un muro enfrente de mí se ha puesto a retroceder.

         Las campanas suenan en el campanario de una aldea lejana y yo no sé qué hacer de mis manos. Avanzar, a pesar del viento y la noche que sube lentamente. No tengo abrigo. En la sombra oigo el paso de los caballos.

         ¿Dónde vas a conducirme? El albergue está muy lejos para ir allá. Las gentes se van no sé adónde, y yo me pongo a seguirlas. De pronto una mano de niño me ha hecho señal de quedarme. Sólo yo estoy perdido aquí ante nosotros, ante vosotros todos, y ya no puede irme jamás.

 

 

CADA UNO SU PARTE

 

         Ha cazado a la luna y ha dejado la noche. Una a una, las estrellas han caído en un hilillo de agua viva.

         Detrás de los álamos blancos, un extraño pescador espía impacientemente con un solo ojo abierto, oculto bajo su ancho sombrero, y la línea de cordel se estremece. Nada pesca, pero va llenando su bolsa de cuero con piezas de oro cuyo destello se apaga en el cesto cerrado.

         Otro hombre espera a mayor distancia de la orilla. Más modesto, pesca en el charco de lodo que ha dejado la lluvia. Esta agua, venida del cielo, estaba llena de estrellas.

 

 

ESPÍRITU PESADO

 

         Está extendido y duerme. Es un cuerpo muerto. Un último rayo alumbra su rostro sereno en el que brillan dientes sin resplandor. Las horas suenan suavemente en torno de su cabeza, y él no las escucha. De tiempo en tiempo, un sueño pasa como una nube en que se mezclan los grabados del fondo.

         A la derecha danzan algunas llamas que no suben muy alto, y si los brazos se levantaran tocarían el techo.

         Hombres sin existencia real suspiran en los rincones, y todos los libros entreabiertos han caído, uno a uno, sobre la alfombra desteñida. El silencio. La calma. El sueño que desciende tan dulcemente como la noche.

 

 

MÁS TARDE

 

         El tiempo pasado en una habitación donde todo es negro volverá más tarde. Entonces yo traeré una pequeña lámpara y os alumbraré. Se precisarán los gestos confusos. Y podré dar a las palabras un sentido que no tenían antes y contemplar un niño que duerme sonriendo.

         ¿Es posible que sigamos siendo nosotros mismos al envejecer? Hay algunos fragmentos de ruinas que caen. No se levantarán ya nunca más. Hay también algunas ventanas que se iluminan. Y ante la puerta un hombre sólido y dulce que conoce su fuerza y espera: él mismo no reconocería su propio rostro.

 

 

SALA DE ESPERA

 

         Un beso de tus labios muertos y la partida de este albergue donde he pasado completamente solo toda mi vida. Nada de patio: enseguida la ruta y las viejas diligencias persistiendo entre el polvo tranquilo y más fuerte que las espesas humaredas.

         El viaje, las partidas y la calma. Se llegará y se volverá a partir eternamente sobre las rutas, siempre las mismas a pesar de su número.

         Y los árboles, los postes telegráficos, las casas, tomarán la forma de nuestra edad.

 

 

AIRE

 

Olvido

         puerta cerrada

Sobre la tierra inclinada

Un árbol tiembla

                  Y solo

                   un pájaro canta

 

         Sobre el techo

         No hay más luz

                   que el sol

 

Y los signos que hacen tus dedos.

 

 

 

 

En Antología poética de Pierre Reverdy, Ediciones “Asia América”, Tokio, 1940 / Versión libre, selección y notas de Jorge Carrera Andrade (Ecuador, 1903 – 1978)

Pierre Reverdy (Narbona, Francia, 13 de septiembre de 1889 – Solesmes, 17 de junio de 1960) / Selección y fotos: jmp

domingo, 11 de febrero de 2018

Paul Éluard, Si les digo que el sol en el bosque


“LA POESÍA DEBE TENER COMO FIN LA VERDAD PRÁCTICA”

A mis amigos exigentes

Si les digo que el sol en el bosque
Es como un vientre que se da en un lecho
Ustedes me creen aprueban todos mis deseos

Si les digo que el cristal de un día lluvioso
Suena siempre en la pereza del amor
Ustedes me creen prolongan el tiempo de amar

Si les digo que en las ramas de mi cama
Hace su nido un pájaro que nunca dice así
Ustedes me creen comparten mi inquietud

Si les digo que en el golfo de una fuente
Gira su llave un río entreabriendo los prados
Ustedes me creen más aún me comprenden

Pero si canto sin dobleces a mi calle
Y a mi país como calle sin fin
Ustedes no me creen se van hacia el desierto

Porque marchan sin meta sin saber que los hombres
Necesitan unirse y confiar y luchar
Para explicar el mundo y transformarlo

Con un solo paso de mi corazón los arrastraré
Estoy sin fuerzas he vivido vivo aún
Pero me asombra hablar para encantarlos
Cuando quisiera liberarlos para confundirlos
Por igual con el alga y el junco de la aurora
Y con nuestros hermanos que construyen la luz. 




El título del poema toma una línea de Lautrémont.
De: Poemas políticos (1948). En: Paul Éluard. Obras escogidas. Tomo 3 (1948-1952). Selección, traducción y prólogo de Marcelo Ravoni. Editorial Platina, 1962.
Paul Éluard, pseudónimo de Eugène Grindel (Francia, 14 de diciembre de 1895 – 18 de noviembre de 1952). Foto: Jmp.

miércoles, 19 de julio de 2017

Robert Desnos, Tanto soñé contigo



TANTO SOÑÉ CONTIGO

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años,
seguramente me transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

A la mystérieuse (Corps et Biens, 1930).


ÚLTIMO POEMA

Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.

(Domaine Public, 1953).
“Fue el último poema escrito por Desnos. Se lo encontró sobre su cadáver; está dedicado a su mujer Youki, y retoma el tema del conocido poema de la serie “A la misteriosa”…”.

“Robert Desnos nació en París el 4 de julio de 1900. Murió el 8 de junio de 1945 por la desnutrición y el tifus en el campo de concentración de Terezin (Checoslovaquia) adonde lo habían llevado los alemanes en su retirada con los reclusos del campo de Buchenwald. Militó en la resistencia durante la ocupación alemana en Francia. Fue capturado y enviado al campo de Buchenwald. Su muerte se produjo a los pocos días de ser liberado por las tropas rusas. (…) Desnos que supo exaltar en algunos de sus primeros poemas el amor ideal, tuvo la suerte de encontrar en su mujer, Youki, esa experiencia del amor único y total que es la culminación del amor surrealista.”

En: Aldo Pellegrini. Antología de la poesía surrealista, Argonauta, Barcelona, segunda edición 1981 (primera edición 1961). Traducción: Aldo Pellegrini.

lunes, 12 de junio de 2017

Saint John Perse, Poesía para aplacar la fiebre


Y VOSOTRAS, MARES…
3

     Poesía para acompañar la marcha de un recitado en honor de la Mar.
     Poesía para asistir al canto de una marcha en el circuito de la Mar.
     Como la empresa de dar vueltas al altar y la gravitación del coro en el circuito de la estrofa.

     Y este es un canto de mar como jamás fue cantado, y es la Mar en nosotros quién lo cantará:
     La Mar que en nosotros llevamos, hasta la saciedad del soplo y la peroración del soplo.
     La Mar, en nosotros llevando su ruido sedoso de alta mar y la dádiva de su gran frescura por el mundo.

     Poesía para aplacar la fiebre de una velada en el periplo del mar. Poesía, para mejor vivir nuestra velada en la delicia de mar.
     Y éste es un sueño en mar como jamás fue soñado y es la Mar en nosotros quien lo soñará:
     La Mar, en nosotros tejida, hasta sus zarzales de abismo, la Mar, en nosotros tejiendo sus grandes horas de luz y sus grandes pistas de tinieblas-

     Toda licencia, todo nacimiento y todo arrepentimiento, ¡la Mar, la Mar! a su aflujo de mar,
     En la afluencia de sus burbujas y la sabiduría infusa de su leche, en la ebullición sagrada, ¡ay!, de sus vocales -¡las santas hijas! ¡las santas hijas!-
     La Mar misma toda espuma, como Sibila en flor sobre su silla de hierro…



En: Señales de mar, Sur, Buenos Aires, 1961 (Gallimard, 1957). Versión: Lisandro Galtier.
Saint John Perse (Marie-René Auguste Alexis Léger, nacido en Guadalupe, colonia francesa de las Antillas, el 31 de mayo de 1887 –  Giens, Francia, 20 de septiembre de 1975). Foto: Jmp

martes, 6 de junio de 2017

Saint John Perse, Todos los pájaros de la misma fauna


PÁJAROS
12

     …Estos son los pájaros de Georges Braque: más cerca del género que de la especie, más cerca del orden que del género, dispuestos para reunir en un mismo rasgo el tronco materno y el avatar, jamás híbridos y sin embargo milenarios. Llevarán, como justa nomenclatura, esa repetición del hombre cuyo tipo elegido como arquetipo los naturalistas se complacen en honrar: Brachus Avis Avis…

     No son grullas de la Camarga ni gaviotas de las costas normandas, garzas de África o de la isla de Francia, milanos de Córcega o Vaucluse ni torcases de los desfiladeros pirenaicos, sino todos los pájaros de la misma fauna y de la misma vocación que son el sostén de una nueva casta y un antiguo linaje.

     Por muy sintéticos que sean, son de primera creación y no siguen el curso de ninguna abstracción. Tampoco han formado parte del mito y de la leyenda, y, rechazado como todo su ser esa carencia que es el símbolo, no reemplazan a ninguna Biblia ni a ningún ritual.

     No han alabado a los dioses de Egipto o de Elam. No están con la paloma de Noé, ni con el buitre de Prometeo, ni con esos pájaros ababiles de los que se hace mención en el libro de Mahoma.

     Son pájaros, de fauna verdadera. Su verdad es la desconocida de todo ser creado. Su lealtad, bajo muchos perfiles, fue encarnar la constancia del pájaro.

     No hacen con ello literatura. No han excavado en las entrañas de nadie ni han vengado ninguna blasfemia. ¿Qué tienen ellos que ver con el “águila jovial” de la primera Pítica Píndaro? No han cruzado las “grutas friolentas” de Maldoror ni han sido el gran pájaro blanco de Edgar Poe en el cielo extinguido de Arthur Gordon Pym. El albatros de Baudelaire o el pájaro torturado de Coleridge tampoco fueron sus familiares. Pero como son de la realidad, no de fábula ni de cuento, llenan el espacio poético del hombre, conducidos por un trazo real hasta los límites de lo surreal.

     Pájaros de Braque, y de nadie más… Inalusivos y puros de toda memoria, siguen su limpio destino, más asombradizos que una bandada de cisnes negros en el horizonte de los mares australes. La inocencia es su edad. Su suerte corre al lado del hombre. Y se elevan al sueño en la misma noche del hombre.

     Sobre el orbe del más profundo Sueño que nos vio nacer, pasan, dejándonos en nuestras historias de ciudades… Su vuelo es conocimiento, el espacio es su alienación.



Washington, marzo de 1962.


En: Pájaros y otros poemas, Visor, Madrid, 1976. Traducción de: Manuel Álvarez Ortega.
Saint John Perse (Marie-René Auguste Alexis Léger, nacido en Guadalupe, colonia francesa de las Antillas, el 31 de mayo de 1887 –  Giens, Francia, 20 de septiembre de 1975). Foto: Jmp

miércoles, 31 de mayo de 2017

Charles Baudelaire, Cantan los transportes del alma y los sentidos


CORRESPONDENCIAS

La Creación es un templo donde vivos pilares  
dejan surgir a veces unas voces oscuras;  
allí los hombres pasan a través de espesuras  
de símbolos que observan con ojos familiares.

Como confusos ecos que a lo lejos se ahogan  
en una tenebrosa y profunda unidad,  
vasta como la noche, como la claridad,  
perfumes y colores y sonidos dialogan.  

Y así hay perfumes frescos como recién nacidos,  
verdes como los prados, dulces como el oboe,  
y hay otros triunfadores, densos y corrompidos,

todos de una expansión infinita movidos, 
como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe,  
que cantan los transportes del alma y los sentidos.



CORRESPONDENCIAS

Naturaleza es templo donde vivos pilares
dejan salir a veces tal cual palabra oscura;
entre bosques de símbolos va el hombre a la ventura,
que lo contemplan con miradas familiares.

Como ecos prolongados, desde lejos fundidos
en una tenebrosa y profunda unidad,
vasta como la noche y cual la claridad,
se responden perfumes, colores y sonidos.

Así hay perfumes frescos como carnes de infantes,
verdes como praderas, dulces como el oboe,
-y hay otros corrompidos, y ricos y triunfantes,

de una expansión de cosas infinitas henchidos,
como el almizcle, el ámbar, el incienso, el aloe,
que cantan los transportes del alma y los sentidos.


En: Versión 1. El mundo de Charles Baudelaire, CEAL, 1980. Versión de Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 1927 - 1983). Versión 2. Las flores del mal (1857), Losada, 1948. Versión de Nydia Lamarque (Buenos Aires, 1906 - 1982).

Charles Baudelaire (París, Francia, 9 de abril de 1821 - 31 de agosto de 1867). Foto: Jmp

sábado, 8 de abril de 2017

Paul Éluard, Ha llegado la hora de amarse de estar unidos



“UN PEQUEÑO NÚMERO DE INTELECTUALES
SE HA PUESTO AL SERVICIO DEL ENEMIGO”

Espantados espantosos
Llegó la hora de contarlos
Porque su reino ya se acaba

Nos elogiaron los verdugos
Nos detallaron todo el mal
Nos hablaron inocentemente

Hermosas palabras de alianza
Os han manchado de basura
Sus bocas dan sobre la muerte

Pero ha llegado la hora
De amarse de estar unidos
Para vencerlos y castigarlos


     Antes de la liberación de París, y la caída del nazismo, Paul Éluard escribió una serie de poemas bajo varios seudónimos (Jean du Haut, Maurice Herment). Esos textos aparecidos en publicaciones clandestinas, se publicaron en libro en 1946, en una edición que agrega otros poemas.
De: Au rendez-vous allemand, 1942-1945. En: Paul Éluard. Obras escogidas. Tomo 2 (1935-1947). Selección, traducción y prólogo de Marcelo Ravoni. Editorial Platina, 1962.

Paul Éluard (Francia, 14 de diciembre de 1895 – 18 de noviembre de 1952), pseudónimo de Eugène Grindel. Foto: Jmp. 

martes, 4 de abril de 2017

Paul Éluard, Todo está destruido



TODO SE HA SALVADO

Todo está destruido yo ya veo el desastre
Una rata en el techo y un pájaro en el sótano
Los labios en los libros sin un zumbido ya
Los cuadros están colgados al revés
Recuerdos y testigos se van oscureciendo

Junto a una cuna yace un anciano un muñeco
Un niño está mascando restos de un engranaje
En pleno cementerio un muerto ha resistido

Y las frases de amor las canciones de cuna
Y los trabajos hacen un silencio que aturde
Las golondrinas de la vista se han cerrado
Un fueguito violeta deshuesó a María
Un soplo excremencial borró a Max y a Pedro

El infierno difunto se seca en campanarios
Una aureola de sombra estrangula las frentes
Un héroe se baña en sangre de asesino

La hora se condensa en la gota y la ola
Una lepra de azul come el último árbol
Llueve no llueve más el buen tiempo hace muecas
Tal vez no ha habido nunca nada sobre la tierra
Pues la muerte se muestra como un nacimiento

Todo está destruido ya veo los canteros
Donde no queda nada arados y guadañas
Atraparon manojos de nervios en sus picos

El espejo del genio grácil granuja grotesco
En su lava refleja unas ramas ridículas
¿Quién comparaba el alba con el primer deseo?
¿Quién sabía leer junto a un vientre repleto?
¿Era de piedra el hombre la mujer las cenizas?

Un seno que fue gloria soporta la caricia
De unos adoquines transitados perdidos
Y el plano de las calles se ha cubierto de polvo

Esponsales el mal buscaba compañía
La ha encontrado y es para siempre el desierto
Lo imagino me muestran que es negro sobre blanco
Nací en invierno puedo ver todo en negativo
Nací para morir todo muere conmigo

Estrellas apagadas se me figuran mías
El duelo une los muros que aislaban a los hombres
No hay nadie para hacer moraleja del cuento.


.
.   .


Nada está destruido ya todo se ha salvado
Lo queremos y somos la promesa el futuro
El mañana ya reina sobre la tierra hoy

Hay unas grandes risas sobre unas grandes plazas
Son risas de color sobre plazas doradas
Las barcas de los besos van explorando el mundo
Los niños las cosechas explican la ambición
Los hombres fortifican la conciencia en las madres

Destellos de pasión enternecen los rostros
La frescura en los ojos mueve ruedas de plumas
Sueños despreocupados andan por los caminos

Y las necesidades están llenas de gracias
Las causas son solubles y el corazón sin fin
Ocupa tanto espacio que desafía estrellas
Y es como un manantial que hace eterna la carne
Un vivir majestuoso desaprueba la muerte

Yo hablo de este tiempo que hemos alcanzado
Lo queremos y nada nos hace desistir
Fuimos hacia adelante estamos adelante

Los mineros cantaron contra la injusta pena
Los forzados lanzaron sus cadenas cantando
Todos nuestros hermanos lucharon sin temores
Y brotaban capullos de leños y espinos
Y coraje y amor marchaban de la mano

Despertar oprimido acentuaba el combate
Éramos casi nada pero ya éramos todo
Como el mundo era nuestro nosotros mismos éramos

La lengua de la vida se nos iba en la boca
No teníamos oasis no teníamos abrigo
Buscando lo real fraternal sin rupturas
La concreta verdad y la virtud sensible
Desde el fondo del dolor denunciábamos el mal

Nuestros hermanos eran hambreados arrastrados
A la desesperanza la herida el matadero
Pero sobrevivía la rosa de su sangre

Sobrevivía el hombre éramos sus garantes
Los hijos de sus hijos daban luz al futuro
Y nuestros contadores destrozaban los ceros
Y nuestros campesinos calculaban la génesis
Ver era un cuerpo ardiente extendido a lo lejos

Nuestras fuerzas abajo eran ilimitadas
Y belleza y confianza no pesaban gran cosa
Pero hoy sin embargo su rocío es fecundo

Y el mañana ya reina sobre la tierra hoy
En la luz que permanece el hombre es indispensable
Y de repente el mundo es un objeto útil
Objeto voluptuoso indestructible y rey
Colmado por la vida colmado por el hombre.






De: Una lección de moral, 1949. En: Paul Éluard. Obras escogidas. Tomo 3 (1948-1952). Selección, traducción y prólogo de Marcelo Ravoni. Editorial Platina, 1962.

Paul Éluard (Francia, 14 de diciembre de 1895 – 18 de noviembre de 1952), pseudónimo de Eugène Grindel. Foto: Jmp.