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jueves, 6 de enero de 2022

JOAN BROSSA Este verso es el presente



EL TIEMPO 

Este verso es el presente.

El verso que habéis leído es ya el pasado
-ha quedado atrás después de la lectura-.
El resto del poema es el futuro,
que existe fuera de vuestra
percepción.

Las palabras
están aquí, tanto si las leéis
como si no. Y ningún poder terrestre
lo puede modificar.


LUNA

Avanza poco 
a poco hacia mí, 
la cola le llega al suelo.
El gato me lame la mano 
y me mira como si se diera cuenta 
de que hablo de él. 


TERNERO DISFRAZADO DE TIGRE

Al tigre 
le quito la cabeza de cartón 
y me la pongo yo. 

Un hombre con cabeza de tigre. 
Un tigre con cabeza de ternero. 


POEMA

A Joaquim Belsa

Es en este mes cuando se inicia 
el florecimiento de los árboles 
y de las plantas. 

La mecedora.


VIROLAI

Y quiso que sus cenizas 
fueran esparcidas 
sobre la tumba de su 
marido.


TENTETIESO

A Lluís Solà 

Muñeco
que lleva un
peso en la base y que,
desviado de su posición
vertical, vuelve a levantarse.

El pueblo.


DESCALABRO

A Manolo Millares 

La mesa 
está puesta como tal debe quedar 
hasta el final del banquete. En el centro hay 
un ramo de flores. En los extremos, candelabros 
con pantalla, las compoteras y los platos 
delante de los cubiertos. Las copas están 
colocadas según las medidas. Brillan 
los cubiertos de plata, y la vajilla es 
de porcelana antigua. 

¡Basta! El poeta, hecho una furia, arranca 
el mantel y vuelca a la mesa gritando, 
indignado. 


VIAJE

El poema
se pone en movimiento
y os mete por la boca
de un túnel.
 
Lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado
 
Aquí
el poema se detiene
para que bajéis y salgáis
a la luz del día.


ENTONACIÓN

Son tantas las diferencias que advierto 
entre lo que oigo y lo que veo, 
que si me acuerdo de tragedias 
personales enciendo un cigarrillo 
y salgo del poema. 


HÁLITO

Saco la regla, 
la caja de compases, 
y empiezo a trazar 
y dibujar. 

Pasa un pájaro y acaba el poema. 


POEMA

Careta 

Levanto la cabeza 
y veo la inmensidad 
sembrada de soles y de planetas. 
Llega la primavera y veo 
los troncos de los árboles rebosantes 
de savia, las ramas pobladas 
de hojas y de brotes, 
los brotes cargados de flores, 
las flores colmadas de frutos, 
y los frutos de semillas 
que han de dar vida 
a otros árboles. 

Cara 


¡ADELANTE!

Si no supiéramos lo que es 
y lo que no es; si sólo 
atendiéramos a ciertos motivos 
y ciertos colores; si las raíces 
del existir se encontraran en 
otra vida; si la esperanza fuera 
poca y mal dibujada y si 
la palabra no fuera un acto, 
tampoco estas líneas 
serían un poema. 

Verano de 1963


En El tentetieso (El saltamartí), Plaza & Janés, Barcelona, España, 1998 (primera edición 1969) / Traducción: Carlos Vitale / 
Joan Brossa - Joan Brossa i Cuervo (Barcelona, 19 de enero de 1919 - 30 de diciembre de 1998) / Fotos: jmp

sábado, 23 de julio de 2011

Pere Bessó i González – Ferrer fosc, poema inédito



FERRER FOSC


La tortura se inicia
por los ojos
José María Pallaoro



Passió de la llum.
O només dèria.
Assassines la boira
en la forja del desig nu
de tots dos. Eco
escalivat dels ulls
cap a la cendra.
Despulla del foc viu
dins de les ombres.


(inèdit 23 juliol 2011)



HERRERO OBSCURO


La tortura se inicia
por los ojos
José María Pallaoro



Pasión de la luz.
O sólo manía.
Asesinas la niebla
en la forja del deseo desnudo
de los dos. Eco
cocido al rescoldo de los ojos
hacia la ceniza.
Despojo del fuego vivo
en las sombras.


Imatge presa de la xarxa.
Pere Bessó (València, 1951). Licenciado en Filología Moderna. Catedrático de Lengua y Literatura Españolas en el IB de Mislata.
Gracias, Pere, por tan hermoso regalo. jm

lunes, 29 de septiembre de 2008

Homenaje a Roberto Themis Speroni a 86 años de su nacimiento.

Una lectura de “Un poeta en el hueso del invierno”
por Alfredo Jorge Maxit

_______________________
La mejor manera de homenajear a un poeta consiste en la valoración de sus textos. He elegido el de Un poeta en el hueso del invierno (1963) porque marca el comienzo de la poesía madura, existencialmente profunda del poeta, que, hasta entonces, se sentía más cercano a la sensorialidad del paisaje provinciano, al canto de los afectos, al mundo nostálgico de la infancia, a la exaltación de los pequeños seres de la naturaleza. Y, sobre todo, porque es un poema que toma hondamente en cuenta “la seriedad del mundo” y ubica a su autor en las búsquedas de la realidad del ser a través de una palabra poética cargada de preguntas, un signo de responsable contemporaneidad.
Recuerde el lector esta señal como un adelanto: unos versos tomados del –a mi juicio- libro más representativo de su período anterior, Tentativa en la luz.

Ven, viajemos. La muerte es sólo un ángel;
un ensueño entre pájaros y estrellas.

(De: Íntimo viaje.)

El poema.

El poema elegido fue publicado por Ana Emilia Lahitte en 1963, en Veinte poetas platenses (1). De este modo son 7 las publicaciones poéticas de Speroni: Habitante único, 1945; Gavilla de tiempo, 1948; Tentativa en la luz, 1951; Tatuaje en el tiempo, 1959; Un poeta en el hueso del invierno, 1963; Paciencia por la muerte, 1963; Padre final, 1964. En otra publicación de Lahitte: Speroni. Poesía completa, de varias ediciones, se encuentra buena parte de los textos poéticos no publicados por el autor, casi todos ellos pertenecientes a los últimos años de su vida, textos que están reclamando una cuidada y difícil edición que completaría el corpus de la poesía speroniana.
Para ser precisos, Un poeta en el hueso del invierno es más que un libro, un poema -algo extenso- escrito en 1962 y publicado un año después.

El título.

¿Qué le sugiere al lector el título de este poema? Por supuesto que cada uno tendrá su respuesta, pero ninguno dejará de considerar los términos que lo componen. Evidentemente que uno podría hacerse algunas de estas preguntas: ¿qué hace un poeta en el hueso del invierno?, ¿qué significa hueso aquí?, ¿invierno es solamente la estación del frío?
Decía un intérprete de los primeros siglos de nuestra era que en los tropiezos está el comienzo de la interpretación. Por cierto que hueso es el primer tropiezo y cualquiera entiende que su significación va más allá del sentido literal. Por otro lado, hueso es como el soporte de la carne, su último sostén. ¿Será el sostén del invierno, en este caso? ¿O sea, su núcleo, su carozo, su secreto? Por último, si uno recurre al diccionario, tal vez prefiera quedarse con lo que se dice del vocablo figuradamente: Lo que causa trabajo o incomodidad, el empleo muy penoso en su ejercicio.
Tal vez no estaría de más considerar que el sujeto del título no es el autor ni el hombre genéricamente considerado, sino un poeta.

La estructura del poema.

Un poeta en el hueso del invierno es un poema en 6 cantos de versos endecasílabos, verso predilecto de Speroni. Son 330 versos y fácilmente se advierte que el pirmer canto es el más extenso (129 versos), el segundo el más corto (23 versos), apenas con un verso menos que el canto cuarto (24 versos). Los cantos restantes son bastante parejos: canto tercero (43 versos), canto quinto (41), canto sexto (40). Versos blancos, sin rima.
Atendiendo un poco a marcas internas se ve que el primer canto es expositivo. En el mismo se habla del invierno y sus misterios. En el segundo canto ocurre un cambio importante. El yo poético se dirige a algunas de las figuraciones personificadas del invierno, galería, laberinto, y le dice: te descubro, recorro tu interior. En el canto tercero se da otro avance: el yo interroga al invierno (tú): ¿en qué lugar ha de morir el hombre? <> Interrogación que cambia en sujeto y objeto plural en el canto siguiente -¿Qué hemos hecho entre tantos de nosotros?- y recae en el yo, en el canto quinto: ¡qué pena,/ qué extraño espanto, qué salvaje impulso/ me guiaba de prisa hacia el invierno ...!. Finalmente, en el canto sexto se pregunta por otros sujetos: ¿Alguno habrá quizá que por el hueso/ se aventure conmigo y con tu rostro? ¿Habrá un hombre con ojos de conquista/ que atravesando el frío se disponga a conseguir su lámpara y la tuya...?/ ¿Habrá algún dios nevado al otro extremo...?

Yo, el poeta.

El poeta se identifica repetidas veces con el yo poético; o viceversa, el yo con el poeta. Un yo que, por otro lado, ofrece muchas posibilidades o vacilaciones de ser, entre repetidos acaso. Junto con los verbos que indican acción –ando, voy internando, avanzo, voy integrando, descubro, sigo paso a paso, etc- y con las figuraciones del hueso del invierno, más las marcas ya señaladas, la reaparición continua de la pareja sinonímica –yo, el poeta- constituye uno de los núcleos vertebrales del poema. Algunos ejemplos:

Del canto I:
Yo, el poeta, el desnudo –el mar acaso,
acaso la montaña, un dios acaso-
yo, el poeta,
-acaso el arenal, acaso el miedo-
Y yo, el poeta, el taciturno –acaso
la sombra de un anillo, acaso el simple
sollozo de un guijarro, acaso el vuelo-

Del canto II:
Yo, el poeta –acaso lo imperfecto,
lo sórdido y terrible, lo espantoso,
acaso una incenciada flor de agujas,
un lívido viajero –

Del canto III:
Yo, el poeta,
el jinete maldito, el señalado,
por tu planicie de estupor transito
acaso como un pájaro en la lluvia <>


Del canto IV:
Y yo, el poeta, el hombre, el astillado,
-acaso la verdad, acaso el signo,
o simplemente el hombre que conoces-


Del canto V
Yo, el poeta, me voy hacia su fondo,
y en el hueso invernal fundo mi torre,

Del canto VI
Yo, el poeta –acaso el hueso mismo,
acaso el hondo tubo donde duermen
las sienes de la escarcha-

Hueso de límites cambiantes.

Necesariamente en esta consideración semántica del poema será preciso resumir un poco su contenido para acercarlo al lector que desconoce el texto.
La acción del yo poético consiste en ir observando, como un huésped curioso en una galería, en ir andando, caminando el hueso,/ lo frío del invierno y sus misterios. Al principio la contemplación resulta aparentemente complaciente o resignada, no dramática:

voy internando mi vejez, mi llanto,
la certidumbre de saber que el hombre
es una forma del amor, del canto,
de la muerte que sopla dulcemente
a través de las grietas del invierno.

Canto I

Sin embargo, al avanzar un poco por el hueso invernal, por el gran tubo, un viento tiritante va ciñendo de lúgubres rumores, de murmullos/ cuyo color castiga el ceño triste, / el triste muro de la frente abierta a la razón, que el universo guarda. Esta pared insalvable ante toda interrogación se hermana con la llaga del poeta. Entonces siente que las cosas amadas y fugitivas avanzan con él dando vueltas al origen de lo que fuera bello <> Todo conmigo va por ese hueso/ de límites cambiantes.
¿Cuál será la tarea del poeta ante la devastación? La respuesta suena a ontológica.

Voy integrando el ser, lo que los años
separan dividiendo, haciendo trizas
junto al hueso constante del invierno.


Canto I

Tal vez la primer ruptura de nivel en el conocimiento del invierno mortal esté en ese vislumbrar momentáneo de otra significación.

Por momentos,
descubro que hay un símbolo terrible,
una inviolable lápida asfixiando
esto que soy y somos, esta ardiente
necesidad de andar, de ver el grito
que el invierno sostiene, que aprisiona
con terquedad de hiedra en lo sombrío.

Canto 1

Destrozado entonces por aguzadas limas, por arañas polvorientas, sigue avanzando por este gran hueso,/ donde el invierno es único monarca,/ dios de cristal, señor de la derrota. A su alrededor le aparecen niños, vírgenes heladas, arqueros de piel blanca que tejen tapices, juegan a la muerte.

me miran, aparecen y se internan
en el gran hueso del invierno hundido
en la mitad del tiempo, en lo callado
del tiempo y su mordida mariposa.

Canto 1

El Canto I finaliza contando lo que a veces el poeta imagina, que el hueso está en mí mismo. Y, entonces, eso le resulta tan verdadero que el hondo hueso/ me suena en la garganta, me golpea/ los apretados dientes del mañana. Es que, como afirma en versos inmediatamente anteriores: es verdad que estoy próximo a lo exacto/ que la muerte difunde <>

El canto II es de transición. El yo ha descubierto al tú, al hueso del invierno y lo recorre interiormente, se apronta -más bien- a recorrerlo por dentro.
En el III, yo, el poeta se acongoja repitiéndole cantos y preguntas. Una de ellas ya ha sido señalada:

¿en qué lugar ha de morir el hombre,
ha de cantar el hombre tanta fiebre,
tanta visión de augusta persistencia?


Recuerda a continuación los inviernos de su niñez con el corazón suelto como si fuera una escala de vuelo. Pero en la actualidad de su viaje, hueso entre ramas, toma nueva conciencia de sí mismo, de su mortalidad.

Hueso de invierno, fémur oxidado,
jardín por el que he vuelto a descubrirme,
a descubrir el límite del hombre,
su conciencia mortal, lo perdurable
y efímero a la vez de tanta historia
repetida en el curso de un remoto
río invernal, corriendo hacia lo eterno.
(Canto III)

En el canto IV, yo, el poeta abre como un paréntesis con el afuera, con el objeto de su contemplación, e ingresa brevemente al hacer invernal del hombre, a la historia, a lo que el hombre ha ejecutado con los hombres, con la naturaleza especialmente.

¿Qué hemos hecho entre tanto de nosotros?...
¿Qué destino impusimos a los mares,
a los peñascos, a la sombra viva
de un tallo entre las dunas de la idea?...
Han crecido ciudades y se han muerto
detrás de los inviernos; el gran hueso
está tendido en su infinita curva
como un pájaro quieto en el salitre <>
(Canto IV.)

En el penúltimo canto (el V), el poeta cae en la cuenta de que él tiene experiencia de este hueso pensativo, de esa inclinación (pensativo es una voz muy reiterada en toda la poesía de Speroni) a reflexionar y conmoverse ante la muerte, cuando lo asalta la fuerza de estar solo. Su amor por el otoño es recurrente en toda su poesía anterior.

Cuando la estrella es limpio y su destello
nítidamente llega del ocaso
luego de abril; cuando la rosa inclina
su desierto de pétalos y el viento
huele a musgo de noria, adelantando,
sonando a seco pino en sus nudillos,
yo el poeta, me voy hacia su fondo,
y en el hueso invernal fundo mi torre,
mi lágrima más clara, mi medalla
para el mañana –tu mañana, acaso.

Canto V

Como puede advertirse, se da como una hermandad entre el poeta y la mortalidad. Por eso la sucesión de acciones en compañía: avanzo y gesticulo, canto y vivo/ como la misma muerte que llevamos/ cada cual a su modo en las pestañas <>

El recorrido por el interior del hueso del invierno ha terminado. Así lo manifiesta el poeta, al inicio del canto VI, después de las preguntas ya transcritas por otros sujetos, por algún dios nevado al otro extremo. Preguntas abiertas.
Precisamente, el viaje de reconocimiento y exploración queda clausurado con un verso que conforma llamativamente una estrofa.

Pero el hueso es profundo, lo repito.

Canto VI

El yo poeta señala sus limitaciones cognoscitivas, metafísicas: apenas si entreveo los pasillos:

¡Oh soledad, invierno, rueda inmensa
en cuyo eje el hombre permanece
como un forzado náufrago al que azotan
rayos helados, críticas mareas
naciendo desde un hueso, resonando
solamente a silencio, en lo perdido...!

Canto VI

Esta es la agónica situación del hombre ante el misterio de la muerte y el destino de los seres, de lo vivo. Náufraga soledad del invierno de la que pareciera sacar la primavera.

Hasta que un día, es cierto, el hueso muere.
se adelgaza, se funde con la hierba,
y un magnífico sol salta y rebota
sobre aquello que fuera sólo un hueso.
Vuelve el árbol a ser árbol de nuevo.
El canto, en pie, abriéndose penetra
los aros de diamantes dilatados
de la cintura elástica del aire.
Y el hombre, al fin, se anima y resplandece
junto a los animales y a las plantas
donde la luz ovilla y desovilla
su música reciente.
Canto VI

Pero no, en los últimos versos del poema, yo, el poeta –y acaso el hueso mismo,/ acaso el hondo tubo donde duermen/ las sienes de la escarcha, o sea, el hombre poeta redescubierto en su mortalidad esencial, deja de lado aquellas imágenes mayores –mar, montaña, dios-, todas aquellas acciones hacia fuera, para ingresar en un proceso de repliegue, de empequeñecimiento, propio de la comprensión y posterior aceptación de un designio no humano e indescifrable, el de el sabio invierno. Aceptación que lo ubica en el lugar del título del poema: yo, el poeta/ un poeta en el hueso y para siempre. Ya no es necesario agregar la construcción del invierno, porque el hueso ha revelado su secreto y carga con toda su significación. Por supuesto, el para siempre, reiterado y final del poema, afirma un resignado y esclarecido futuro sin primavera.

Sin embargo
yo, el poeta –y acaso el hueso mismo,
acaso el hondo tubo donde duermen
las sienes de la escarcha -, me repliego,
disminuyo mi sitio, empequeñezco
mi estatura de sangre, y, tristemente,
aguardo el frío, el lento, el sabio hueso
que dispondrá el invierno para siempre:
para siempre te digo yo, el poeta,
un poeta en el hueso y para siempre.

Coda incompleta.

Claro que resulta patente la consideración distinta de la muerte entre aquellos versos de Tentativa en la luz y los de este poema. Ha cambiado el tono, la visión de la vida y el acercamiento a la realidad, ahora más hondamente misteriosa.
Un poeta en el hueso del invierno fue seguido por Paciencia por la muerte, una obra de 33 composiciones, más un poema introductorio, en el que se notan muchos puntos de contacto, como ya lo resalta el título del libro, con este poema en seis cantos. Lo propio ocurrirá con Padre final, cuyo último poema –el 20- más allá de la coincidencia temática, certifica con plenitud el cambio de mirada y escritura. Poemas de la madurez poética de un escritor de apenas más de cuarenta años, que seguirá ahondándose cuando el invierno lo visite en su propia casa.

Me alojarán en una veta fina.
Harán conmigo una estación yacente,
y me pondrán, al lado de las manos,
un hombre de tres clavos, un antiguo
perseguido de luz.
Ciertas personas,
habitantes del uso y la costumbre,
repararán, al fin, que fui una especie
de cometa infernal, un constelado
errabundo filial, un hongo triste,
un insecto de tórax luminoso.

Ese será el comienzo. Y los cerrojos
se correrán de nuevo, como siempre.

________________
CITA BIBLIOGRÁFICA.
(1) LAHITTE, Ana Emilia. Veinte poetas platenses. La Plata, Fondo Cultural Bonaerense, 1963.

_________________
Alfredo Jorge Maxit nació en Colón, Entre Ríos, en 1942. Es Profesor en Letras. Ha publicado teatro, narrativa, ensayo y los libros de poemas “Entreluces” (1996), “De lengua y literatura y Poemas de aquí y ahora” (2001), “Con las palabras” (2005), “Des/habitaciones” (2006) y “Sombras de luz” (2007).

lunes, 23 de junio de 2008

LIBROS: PERE BESSÓ y El Quadern de Malta

Un gran friso barroco donde se mezclan todos los tiempos

Por Guillermo Pilía

Edición Bilingüe: Castellano – Catalán
Libros de Alejandría


Resulta innecesario enfatizar el desconocimiento que existe en nuestro país sobre la poesía española contemporánea, que llega incluso a generaciones históricas, como la del 50 o los “novísimos”. Por qué nuestros intelectuales y poetas —primerísimos lectores de poesía— son poco proclives a sus pares peninsulares, es tema que nos excede. Lo mencionamos para remarcar cuánto más rara es la lectura de poesía catalana contemporánea, especialmente de aquella escrita en catalán. Ahora que se ha editado El quadern de Malta de Pere Bessó en versión bilingüe, convendría mencionar las peripecias sufridas por esa lengua hasta llegar a los poetas contemporáneos.
En tiempos remotos, el catalán fue la lengua de los trovadores. Pero recién en el siglo XIX se dio “la Renaixença” y Barcelona se convirtió en un centro de irradiación del romanticismo. Los nombres de Joaquín Rubió, Mariàn Aguilò y Tomás Villarroya nos llevan a Jacinto Verdaguer y sus continuadores: Juan Maragall, José Carner, Carles Riba y José María Segarra, todos ellos muy poco leídos entre nosotros. El franquismo relegó al catalán al status de lengua doméstica y el bilingüismo literario fue moneda corriente. Pero no deja de ser significativo que en 1970 Pere Gimferrer optara por el catalán como lengua poética, tras iniciarse como escritor en castellano.
Quizás el gran desafío de los poetas catalanes modernos —y en el fondo, de los poetas de todas las lenguas— haya sido transformar su idioma en un vehículo apto para expresar la vida actual y cotidiana. Bessó es indudablemente de los que han aceptado ese desafío y lo han transformado en bandera de lucha. Bien lo dice en “L’ofici de (la) memòria”: “Dice el imaginista William Carlos Williams / que se hace difícil recibir noticias / desde los poemas, / pero que aún así mueren todavía / los hombres miserablemente / por la falta de cuanto allí se halla”. Y a casi todos sus poemas se les podría aplicar estos versos de “El passat és el teu color natural”: “La mayoría de las cosas que me interesan / en el barrio de los Calafateadores se pueden tocar”, porque aún aquello que pertenece al pasado y la memoria, a la imaginación y el sueño, tiene en El quadern de Malta un peso, una espesura que lo hace tangible.
El libro es un gran friso barroco en el que parecen mezclarse todos los tiempos, pues así como por esa pequeña isla mediterránea pasaron todos los pueblos en todas las épocas, así también en estos poemas conviven hechos, personajes, sentimientos, sin cronologías ni agrimensuras. Como afirma Marta Miranda, Pere Bessó intenta por medio de la escritura dar cuenta de la experiencia del mundo, “el mundo real, con sus días, sus noches, lluvias, sombras, personajes sonámbulos, noctámbulos y amor y amanecer”. Aunque resulte paradójico, para ese “dar cuenta de la experiencia del mundo” el poeta tiene que detenerse en ese sitio minúsculo, como quien tiene que pararse en una laja del patio de su infancia para rever toda su vida.
El quadern de Malta tiene, desde ya, su propia geografía, pero ese lugar se nos hace ilusorio. Malta es el universo, la poesía lo dilata hasta el infinito, así como las elegías de Rilke van mucho más allá de los confines del Duino. Escribe Bessó en “La rosa enrunada”: “En esta isla de manuscrito enrabiado, / qué villorrios habrás de tocar / para poder seguir el péndulo de tu corazón, / decir aquello que nos ahoga, / pues el lenguaje brota en el cántaro / donde hay un cuarterón de pan”. No sólo villorrios, sino también vidas enteras de caballeros y de asesinos, de mujeres obsedidas de lujuria o santidad, de grandes maestres y artistas. En todos se transustancia el poeta, porque “yo no soy el sujeto del poema, / ni siquiera la anécdota despojada del poema”, así como tampoco “busco el ojo de la ventana / pues yo mismo soy el ojo de la ventana”.
Más allá de los valores presentes en El quadern de Malta de Bessó, es positivo resaltar, como decíamos al comienzo, el aporte de esta obra y de este poeta tan cercano a nosotros para un mejor conocimiento de la poesía catalana y de su universo personal. Bessó es un poeta que repite la historia de su tocayo Gimferrer, ya que comenzó publicando en castellano (Cenáculo de sombras, Imágenes) para después consagrarse al catalán. Y a propósito de Gimferrer, también Bessó resulta ser el mejor traductor al castellano de su poesía en catalán.

Guillermo Pilía (La Plata, 1958) es profesor en Letras, poeta y escritor. Ha recibido numerosos premios por sus trabajos en la Argentina y el exterior. Sus últimos libros son Herido por el agua (poesía, 2005), Días de ocio en el país de Niam (cuentos, 2006) y Vicente López y Planes y El triunfo argentino (ensayo, 2007). Es director de la Cátedra Libre de Literatura Platense “Francisco López Merino” de la Universidad Nacional de La Plata.