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viernes, 17 de mayo de 2024

ROSARIO VALPARAÍSO Mientras espero, en la mecedora




TELÉFONO 

Mi amado me pregunta 
si tengo hambre, si 
tengo sed. 

Mientras espero, en la mecedora 
de las mujeres de la familia, 
para arrodillarme a sus pies 
con el rosario entre mis manos 
alegrándome y dando gracias
a la religión que me alimenta. 


ESTOY SOLA

Estoy sola, hoy 
nada espero
(por entre mis piernas corre 
el río que me dejaste). 


CÓPULA

Nos unió la tarde con sus risas.


De Adiós desde la vida, 1953 e inéditos en: Antología mínima, Ediciones RP, 1974 /  
Rosario Valparaíso (España, 1898 – Argentina, 1973) / Ph Mirella Moretti, c. 1970 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

miércoles, 27 de marzo de 2024

ELLEN BASS Una fiesta sobre tu vendimia




EN CELEBRACIÓN 

Ayer noche lamí 
tu amor, amor, 
como una gata. Y 
observé como crecías 
como pan en el horno, como 
un globo lleno de helio, crecías 
como crece un soufflé, 
tu amor se mecía como 
pasajeros en un barco que llega. 
Mi mejilla descansando en tu vientre, 
húmeda como espejo de baño, descansando 
en tu pelo como 
hierba mojada de rocío, saqué 
tu amor hacia afuera como 
la cabeza de una tortuga, como 
un acordeón, como 
un vaso que se agranda. 
Lamí 
tu amor, amor, 
duro como un caramelo, lleno 
y tierno como una ciruela. 
Te cogí 
como a un mitón, como una copa, 
y, como la gente bajo la espuma de un géiser en Yellowstone 
como los chicos salpicando en verano en las bocas de agua para incendio 
como un invitado que muerde un tomate entero 
jadeé, 
me reí, 
tuve una fiesta sobre tu vendimia. 




En Celebración Poesía erótica de lengua inglesa, antología de Mauricio Schoijet, edición bilingüe,  Juan Pablos Editor, México 1984 (primera edición 1975) /
Ellen Bass (Filadelfia, EEUU, 16 de junio de 1947) / Graduada en escritura creativa en la Boston University, donde estudió con Anne Sexton / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 10 de marzo de 2024

ERICA JONG Ya que no puede deslizarse fuera del poema




CULI NARIA POÉTICA (Arse Poética) 

A Leonard y Patricia 

     I

     Ítem: el poeta debe alimentarse y cogerse él mismo. 


     II

     Échese sobre las metáforas. Póngalas pechuga hacia arriba sobre las verduras y rocíelas con el jugo de la cacerola. Ponga hoja de papel de aluminio sobre el poema, cubra la cacerola y caliéntela sobre la hornalla hasta que escuche el chisporroteo de las imágenes. Coloque entonces el poema sobre la bandeja dentro del horno precalentado previamente. 


     III

     Una vez que el pene ha sido introducido en el poema, la poeta se baja hasta quedar sentada sobre el muso con sus piernas hacia afuera. Él no necesita moverse. La poeta estará sentada en posición erguida y subirá y bajará su cuerpo rítmicamente hasta alcanzar la última línea. Ella podrá hacer una pausa en sus movimientos y también podrá mover su pelvis y abdomen hacia adelante y atrás, o hacia los costados, o con un movimiento circular de tirabuzón. Este método resulta en imágenes excepcionalmente agudas y es frecuentemente recomendado para llegar a la cumbre del goce estético. La penetración es más profunda que en otras posturas. Sin embargo, la concepción es menos probable. 

     Esta postura es también conveniente cuando el muso está cansado o falto de vigor, ya que la poeta toma el papel más activo. La penetración es más profunda cuando el cuerpo de la poeta hacen ángulo de 45 grados con el del muso. Un muso en erección a medias permanecerá en posición cuando se esté en esta postura, ya que no puede deslizarse fuera del poema. 



En Celebración Poesía erótica de lengua inglesa, antología de Mauricio Schoijet, Juan Pablos Editor, México 1984 (primera edición 1975) / (En notas biográficas: EMJ… estudió en Columbia y vivió durante algún tiempo en Alemania. En su poesía y en un interesante ensayo sobre la mujer como escritora publicado en la revista Ms se nota una fuerte influencia de las ideas del movimiento de liberación femenina) / Ph Mirella Moretti, s/t, c. 1973-4 / 
Erica Jong (Nueva York, Estados Unidos, 26 de marzo de 1942) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

sábado, 17 de febrero de 2024

CONSTANTINO CAVAFIS En el brillo del mediodía


Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 



CUANDO APAREZCAN 
(1916) 

Trata de asirlas, poeta, 
aunque no consigas retenerlas 
Esas visiones eróticas. 
Sitúalas, veladas, en tus versos. 
Trata de asirlas, poeta, 
cuando aparezcan en tu cerebro 
a medianoche, o en el brillo del mediodía.


EN EL ORÍGEN 
(1921) 

Han satisfecho su placer 
prohibido. Y del lecho se levantan, 
vistiéndose apresuradamente sin hablarse. 
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y mientras 
caminan algo inquietos por las calles, parece 
como si sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco. 

Pero cuánto ha ganado la vida del artista. 
Mañana, otro día, años después escritos serán 
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio


MELANCOLÍA DE JASON HIJO DE CLEANDRO, POETA DE KOMAGENE, 595 d. C.
(1921) 

El envejecimiento de mi cuerpo y su apariencia 
son heridas de terrible puñal. 
Resignación no tengo. 
A ti recurro oh Arte de la Poesía, pues algo sabes de remedios; 
tentativas de envolver el dolor en la Imaginación y la Palabra. 

Son heridas de terrible puñal. — 
Ahora tráeme oh Arte de la Poesía 
tus consuelos para que —aunque sólo sea por un instante— no perciba la herida


ÉL VINO PARA LEER 
(1924) 

Vino para leer. Abiertos están 
dos o tres libros; historiadores y poetas. 
Pero apenas ha leído diez minutos, 
cuando los deja a un lado. Sobre un diván 
duerme ahora. Ama mucho los libros 
—pero tiene veintitrés años, y es hermoso; 
y esta tarde el amor atravesó 
su carne maravillosa, su boca. 
A través de la total belleza 
de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad; 
sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer… 


EN EL MISMO LUGAR 
(1929) 

Alrededores de la casa, mi barrio, vecindades 
que contemplo y por donde camino; hace ya tantos años. 

Con alegría o con dolor os he creado: 
con tantos acontecimientos, con tantas cosas. 
Y todos tus sentimientos eran para mí.


EL ESPEJO DEL RECIBIDOR 
(1930) 

En el recibidor de aquella opulenta casa 
había un enorme espejo muy antiguo; 
adquirido cuando menos cien años atrás. 

Un hermosísimo joven, recadero del sastre 
(los domingos, atleta amateur), 
estaba de pie allí con un paquete. Lo entregó 
a una persona de la casa, quien lo llevó dentro 
para traer el recibo. El recadero del sastre 
quedó solo, aguardando. 

Se acercó entonces al espejo y se miró en él 
arreglándose la corbata. Cinco minutos después 
trajeron el recibo. Lo tomó y se fue. 

Mas aquel espejo que había visto, 
durante sus muchísimos años de existencia, 
miles de cosas y de rostros; 
el viejo espejo quedó esta vez alegre 
y orgulloso de haber recibido, aunque fuese un momento, 
la imagen de la belleza perfecta.


EN LA ESCALERA
(1904) 

Bajando por aquella escalera, 
junto a la puerta nos cruzamos, y por un instante 
vi tu cara desconocida y tú me viste. 
Yo me oculté en las sombras, y 
pasaste rápido, alejándote, 
y te perdiste en aquella casa vulgar 
donde no encontrarías el placer, 
como tampoco yo habría de hallarlo. 

Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo; 
el amor que yo deseaba, tus ojos me lo ofrecían 
con su ambigüedad y abandono. 
Se sentían los cuerpos y se buscaban; 
la sangre y la piel comprendían. 

Pero turbados los dos nos escondíamos.


Y SOBRE AQUELLOS LECHOS ME ABANDONABA Y ERA FELIZ
(1915) 

Al entrar en la casa de placer 
no permanecí en la sala donde celebraban 
los desconocidos amantes su gozo. 

Otra habitación secreta era la mía 
y en su lecho me abandonaba feliz. 

Oh aquella habitación secreta 
cuya sola mención hace avergonzarse. 
Mas no soy yo quien se avergüenza —¿qué clase 
de poeta o artista sería? 
Mejor entonces haber elegido una vida ascética. Más acordes, 
mucho más acordes con mi poesía son estos lugares; 
más me alegra este regocijo promiscuo.



Ph Mirella Moretti, s/t c. 1974 / 
En Poesías completas, Ediciones Hiperión, 1981/ Versiones directa del griego de José María Álvarez / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / Ph jmp / 
Konstantinos Petrou Kavafis, también llamado Constantino Cavafis y C. P. Cavafis (Alejandría, 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

lunes, 12 de febrero de 2024

ROBERT WALSER Un poeta se inclina sobre sus poemas




"Lejos del mundo"

DE UN POETA 

     Un poeta se inclina sobre sus poemas: ha hecho veinte. Pasa una página tras otra y descubre que cada poema despierta en él un sentimiento muy particular. Se devana penosamente los sesos tratando de averiguar qué es lo que planea por encima o en torno a sus poesías. Presiona, mas no sale nada, golpea, mas no logra sacar nada, tira, pero todo sigue tal cual, es decir, oscuro. Se apoya sobre el libro abierto entre sus brazos cruzados y rompe a llorar. Yo, en cambio, el pícaro autor, me inclino ahora sobre su obra y descubro con infinita indeliberación en qué consiste el problema. Se trata simple y llanamente de veinte poemas, uno de los cuales es sencillo, otro pomposo, otro mágico, otro aburrido, otro conmovedor, otro delicioso, otro infantil, otro muy malo, otro bestial, otro inhibido, otro ilícito, otro incomprensible, otro repugnante, otro encantador, otro comedido, otro extraordinario, otro esmerado, otro abyecto, otro pobre, otro inefable y otro que ya no puede ser nada más, porque sólo son veinte poemas distintos que en mi boca han encontrado una valoración, si no precisamente justa, al menos rápida, lo que para mí supone siempre el mínimo esfuerzo. Una cosa es, sin embargo, segura: el poeta que los escribió aún sigue llorando, inclinado sobre el libro; el sol brilla encima de él; y mi risa es el viento que corre impetuoso y frío entre sus cabellos.


ÉRASE UNA VEZ UN POETA… 

     Érase una vez un poeta tan enamorado del espacio de su habitación que se pasaba el día entero sentado en su sillón y empollaba las paredes que tenía ante sus ojos. Retiró los cuadros de aquellas paredes para que ningún objeto lo distrajese o lo indujese a contemplar algo que no fuera una pequeña pared, manchada y poco amable. No puede decirse que estudiara adrede aquel espacio, sino que —preciso es confesarlo— yacía, con la mente en blanco, en los lazos de un insondable ensueño, en el que su estado de ánimo no era alegre ni triste, ni jovial ni melancólico, sino tan frío e indiferente como el de un loco. Pasó en aquel estado tres meses, y el día en que empezaba el cuarto, ya no pudo levantarse de su asiento. Estaba pegado a él. Esto es algo extraño y hay cierta inverosimilitud en la promesa del narrador, quien asegura que a continuación vendrá algo todavía más extraño. Pues resulta que, en aquellos días, un amigo de nuestro poeta fue a buscarlo a su habitación y, al entrar en ella, cayó en la misma ensoñación ridícula o melancólica de la que el otro era presa. Tiempo después le ocurrió la misma desventura a un tercer poeta o novelista que llegó a interesarse por su amigo, y así fueron cayendo uno tras otro seis poetas que vinieron a preguntar por su amigo. Y ahora están los siete en ese pequeño espacio oscuro, lóbrego, frío, poco amable y vacío, y fuera está nevando. Están pegados a sus asientos y nunca más harán, sin duda, un estudio de la naturaleza. Sentados, miran fijamente ante ellos, y la amable carcajada que premia esta historia no consigue liberarlos de su triste encantamiento. ¡Buenas noches!


EL LUGAR BONITO 

     Aunque dude de su verosimilitud, la historia me divirtió muchísimo cuando me la contaron, y aquí la ofrezco ahora como mejor puedo, con la única condición, eso sí, de que no me interrumpan hasta el final con ningún bostezo. 

     Había una vez dos poetas, uno de los cuales se llamaba Emanuel y era un joven muy nervioso y sensible. El otro, de naturaleza más cerril, llamábase Hans. Emanuel había descubierto, en el bosque, un rincón a salvo de todo el mundo en el que solía hacer poesías muy a gusto. Con este fin escribía versitos juiciosos y sin importancia en una libreta que heredara de su abuelo, y parecía muy contento con esta ocupación. Y, en verdad, ¿por qué no habría de estarlo? El lugar en el bosque era tan silencioso y agradable, el cielo encima de él tan azul y sereno, las nubes tan amenas, los árboles de la orilla opuesta tan variados y de tan exquisito colorido, el prado tan suave y el arroyo que regaba aquel prado solitario tan refrescante que el señor Emanuel hubiera tenido que estar loco para sentir algo que no fuera dicha. Viéndolo poetizar candorosamente desde lo alto, el cielo sonreía sobre él tan azul y bello como lo hacía sobre los árboles del bosque; y la paz de aquel idilio parecía tan indestructible que la perturbación que se producirá de aquí a un instante, como rayo caído de cielo sereno, habrá de parecer bastante increíble. Pero el asunto es el siguiente: ya os he nombrado a Hans. Impelido por el azar, este segundo poeta deambulaba una vez por el bosque, cerca de aquel lugar solitario, cuando descubrió el rincón y a su ocupante, el hermano Emanuel. Al instante, y aunque jamás se hubieran visto antes, reconoció Hans al poeta en Emanuel, tal como un pájaro reconoce a otro en seguida. Se le acercó deslizándose por detrás y, para abreviar, diré que le asestó un golpe tan fuerte en la mejilla que el otro lanzó un grito y, sin volverse a ver quién lo había tratado así, puso pies en polvorosa tan rápido que se perdió de vista en un instante. ¡Hans había triunfado! Podía esperar haber ahuyentado para siempre a su rival de aquel bello y productivo lugar, y al punto se puso a meditar sobre la forma más eficaz de recrear la amenidad de ese solitario paraje del bosque. También él llevaba una libreta repleta de versos, malos y buenos, que esperaba publicar poco después. Sacó, pues, la libreta y se puso a garrapatear en ella mil y una tonterías, como suelen hacer los poetas para colocarse en el estado anímico adecuado. Pero parecía tener grandes dificultades para comprimir en tiernas sílabas la suave y plácida belleza del paisaje recién conquistado, y hacerlo de modo que aún pudiera asomar en ellas un atisbo de vida. Y mientras estaba en ésas, torturándose de aquella forma, una nueva aflicción le surgió por delante o por detrás, y era tal que también le echó a perder el paraíso que, como un perro gruñón, él le había arrebatado al otro. Entró entonces en escena una tercera persona en la figura de una poetisa. Hans, que alzó la vista asustado por el ruido, la reconoció en seguida como tal y no perdió un solo minuto en galanterías, sino que desapareció al instante como su predecesor. 

     Aquí se interrumpe el hermoso relato, y yo comprendo y apruebo perfectamente su impotencia, pues, al igual que él, sería incapaz de proseguir ahora que cualquier prosecución conduciría necesariamente al abismo de la infructuosidad. Pues ¿no sería infructuoso seguir canturreando el comportamiento de la poetisa tras haber celebrado ya a dos poetas? Me conformo con informar que la primera no encontró nada bello en la belleza del paraje del bosque y nada singular en su singularidad, y desapareció tan silenciosamente como había aparecido. ¡Que el diablo se haga poeta! 



"Lejos del mundo"
En Historias, Edición digital Titivillus, 2020 / Primera edición: 1914 / Título original: Geschichten / Traducción: Juan José del Solar / Ph Mirella Moretti, "Lejos del mundo" / 
Escribe Hermann Hesse: “Si los poetas como Walser se contaran entre los espíritus que gobiernan, no habría guerras. Si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor. Sea como fuere, el mundo está justificado por haber gente como Walser.” / 
Robert Otto Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de 1878 - cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 



viernes, 4 de noviembre de 2022

LIS ENDERSON Los cuerpos



he visto subir por tu cuerpo al invierno
desnudo, decidido
me lo entregas en cruz
junto a tu calor
y mi lengua, comprendiendo un lenguaje
va a tu encuentro
recorre el largo camino de tus labios
y en cada ansia
mi piel despierta
abre agujeros
rebalsan antiguas quietudes
y en desespero animal se imanta
en el centro mismo de tu cuerpo
despierta lo inerte
mis pezones trazan
la luz y sus sombras
los cuerpos
se hacen cómplices 
cuando acontece 
el milagro



Lis Enderson (Buenos Aires, 7 de mayo de 1975) / Ph Mirella Morettí, “Contraste”, c. 1973 / 

martes, 5 de julio de 2016

Vilma Tapia Anaya, Cantar



CANTAR


En pos de ti
he ido por mil direcciones
ninguna equivocada




De: “Oh estaciones, oh castillos”, 1999. En: “Raúl Zurita. Sobre el amor, el sufrimiento y el nuevo milenio”, Editorial Andrés bello, 2000.
Vilma Tapia Anaya (La Paz, Bolivia, 1960). Foto: Sí, Mirella Moretti, 1970. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Olga Orozco, Un puñado de polvo



DENSOS VELOS TE CUBREN, POESÍA

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni es esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo
y las indescifrables colonias de otro mundo.

Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.

Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!

Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división y la caída.
¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En que Delfos perdido en la corriente
suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva
ese y no cualquier otro
en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?

No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!

Sin embargo
ahora mismo
o alguna vez
no sé
quién sabe
puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos encendidos.

¡Ah las manos cortadas,
los ojos que encandilan y el oído que atruena!

¡Un puñado de polvo, mis vocablos!






De: “Mutaciones de la realidad” (1979). En: “Poesía. Antología”, CEAL, 1982.
Olga Orozco (Olga Noemí Gugliotta Orozco, Toay, La Pampa, 17 de marzo de 1920 – Buenos Aires, 15 de agosto de 1999). Foto: Mirella Moretti, “Ella”, 1970.

miércoles, 6 de enero de 2016

Sergio Kisielewsky, Nada se balancea más que tu pie descalzo


PISO FLOTANTE

III

Nunca te hablé con palabras.
Me decís que vas a tomar ese avión.

Ahora tu voz es un delantal.
Vuelvo a mirarte y asusta.
El mundo se quiebra como un plato de sopa.

Damos vueltas, respirás
y dan ganas de ser el aire.

Es la caída del corazón al rocío.

En el reservado del bar te encuentro.
Es un armiño con el ruido del tren
que pasa entre nosotros como un fantasma griego.

Tenés un duende en el paladar
te subís a la taza, girás, olés al día,

vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie
y a la terraza que se llega sin escalera.

No volveré a verte.

Comprás frambuesas en El Bucanero.
Sólo un trozo de aire en el Abasto
que gira hacia el mundo de los hoteles
que nada alumbran.
Sólo tus hombros adorados por la luz.

El tiempo se dispara como loca marquesina.
Silbás a rabiar
y no hay quien lo detenga.
No es el Parque Chacabuco.
No es Alchurrón  tocando la guitarra en las peñas del 79.
No es la tarde donde jugaban con Laura
(“Le pedí a Dios  que viniera”).
Y algo se movió de cuadro.
Creo que la tarde llegará hasta el mar.

Te veo en la calle de la Agronomía.
Veranito a las diez de la noche.
Tu corazón es un idioma con arco y flecha.

Nada se balancea más que tu pie descalzo.

Sos un deleite intratable
que ejerce su pasión por las brasas
por el calor de la carne haciéndose.

Estoy en la calle esperándote.
Es un leve motor que tengo.
Volvé te digo, la orilla es tu pie, tus manos que acarician de a cuatro.


VIII

Cuando me pasabas bronceador por la espalda no sabía que te perdía.
No hay picaporte que me lleve lejos.
Sólo cuando me hablabas de la avenida en Lomas
o cuando celebrabas mi cumpleaños te ibas por el sendero.

Traías la torta de Duna, el corazón oblicuo, la guirnalda
en el Sauce Viejo.
Mientras la yarará se muerde a sí misma y el desayuno en Varadero
no se parece a nada.

No hay poción que me lleve al cántaro y a la fuente.

“Otra vez la navidad”, me dijiste.
Tenías puesto un vestido turquesa
y ya no pude pensar.


XVI

Se reían los compañeros
mientras el cenicero se llenaba
mientras tanto papá siempre
dejaba algunos atados
por si alguien quería fumar.

En cambio con vos
caminé por última vez por Rivadavia
antes del verano en Gesell.

Buscábamos una malla
pero sólo era una excusa
porque los dos sabíamos
que ya el parque no era para nosotros.

Que ya está, fue suficiente.





En: “Nunca te hablé con palabras”, Editorial Babel, Córdoba, 2015.
Sergio Kisielewsky (Buenos Aires, 1957).
Foto: John y Yoko, la guerra ha terminado si lo queremos, 1969. Mirella Moretti Ph, 1970.