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lunes, 7 de junio de 2010

Miguel Russo – Todo le iba mal a Raymond Carver


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TODO LE IBA MAL A RAYMOND CARVER

bueno para empezar
trabajaba como repartidor domiciliario de medicamentos
para una farmacia rasposa de clastkanie oregon
y justo fue a dar –con un envío en la mano–
a la casa del único en el pueblito
que leía la revista Poetry

poco antes de comenzados los 50
quiso aprender a pescar en yakima washington
los mismos bagres que sacaba su padre
–nunca supe si hay bagres en esa zona
o si
por el contrario
los peces tienen nombres raros como perca–
pero no pudo
no pudo el pobre raymond

su padre se había quedado a escuchar a Roosevelt
en la inauguración de la presa
que generaba electricidad a lo largo
de 160 kilómetros hacia canadá

ahora
ese mismo hombre
está parado en la cocina
de la casa que lleva el número 1515 sur
en la calle 15 de yakima
la única –si se fijan bien–
que aún tiene esos antiguos baños exteriores
que los muchachos roban en la noche de halloween

está sosteniendo un pescado que le llega
hasta mitad del pecho

en la otra mano –que le tiembla cada vez más–
tiene una botella de cerveza
hay olor de huevos revueltos
a las seis y media de la mañana
padre, te quiero, / pero cómo podría darte las gracias,
yo, que tampoco puedo sujetar mi botella / y ni siquiera
sé de sitios para pescar
.

1956/57/58 tuvo dos hijos
trataba de escribir bellos poemas sobre la pesca
y la vida natural y las cascadas
mientras fichaba su tarjeta
en el aserradero cada madrugada
y maryann burk dormía

una copa tras otra de jack daniel's
y un amor por las cosas de este mundo
como escribir en autos abandonados
caer desmayado en alguna esquina
pasar las noches limpiando el hospital de caridad
y saltar de un pueblo al otro
siguiendo la ruta de clevie


pero
no era el horno microondas
ni el avión a reacción
ni los coches caros

iowa / ohio
correr hasta el almacén apenas abre
conseguir una botella para pasar el día
lleno de clases de escritura creativa

todo le iba mal a raymond carver
tess tess tess
reclinado en el sillón para poder verse
y seguir soñando con un rancho en illinois
o con las truchas de ontario
o con la próxima beca
verlo y soltarlo
sin pena alguna


caminar por rosario
pegar una tarjeta de 3 x 5 detrás del escritorio
...y súbitamente todo empezó a aclarársele
o no a los juegos triviales
o ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón
como un punto puesto en el lugar que le corresponde

y babel y chejov y un 2 de junio del ‘77
para empezar a verse
y seguir soñando con un rancho en illinois
o con las truchas de ontario

la mirada
la única posibilidad de la mirada
para saber que lo que le dijo el doctor
no tiene demasiada importancia
y dar las gracias
de todos modos dar las gracias

todo le iba mal a raymond carver
todo le iba mal
lo cual significa que
usadas correctamente
las palabras pueden hacer sonar todas las notas

y sin embargo
siendo tan poderosa la fuerza de la costumbre
no pudo terminar su novela
antes del 2 de agosto
en nueva york.

Inédito

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Miguel Russo, escritor y periodista, nació en Buenos Aires en 1956. Vive en City Bell. Publicó dos libros de poemas: “7 y 3” (1989) y “Ninguna noche en Storyville” (1991). Es autor, además, de las novelas “Perder la historia” y “Babel”, y del libro de cuentos “Un lugar como cualquier otro”.
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Foto: Miguel Russo
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Miguel Russo – Los pájaros trataban y Un niño


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LOS PÁJAROS TRATABAN...

los pájaros trataban de hacer un nido
en los agujeros del techo
iban y venían
iban y venían
picoteando en la madera y trayendo sus ramas
nada iba demasiado bien ni demasiado mal
y estaba empezando a lloviznar de nuevo
como prueba irrefutable del amor por los viejos sueños

los sentimientos a esta altura siempre son un poco tristes
sobre todo si se trata de poner orden a cualquier acontecimiento
uno sólo puede ponerse a recordar
o meterse una piedra en los pulmones y servir otro vaso
de todos modos alguien va a pagar las consecuencias

los huesos ya no aguantan demasiado
son muchos cigarrillos y el ventilador no funciona
quizás la alcantarilla de la esquina vuelva a saltar
y todo el barrio se inunde con los viejos sueños

tengo los pies metidos en el barro
se supone que la noche no será lo suficientemente buena
piensan dar de nuevo blade runner por el cable
y sólo quedan cuatro pesos y una hojita de afeitar
para llevar adelante la situación

lo mejor será dejar a los pájaros con su trabajo
en realidad se merecen un premio por el esfuerzo
dejar el desodorante de ambientes con que traté de ahuyentarlos
y borrar de una vez y para siempre
la desesperada ilusión de los viejos sueños

hay un tren esperando y un guarda que bosteza
juramos que estaríamos juntos en la mala
pero estamos en un sitio
donde se hace difícil mantener la palabra
quedarse sin dormir no aporta soluciones
efectivamente

la luz rebota sobre un cuadro
y todo parece distinto
en los viejos sueños.

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UN NIÑO...

Un niño de tres años
con un balde
en la playa

Lo llena de arena el niño de tres años

Lo aplasta con la mano
el niño de tres años
al balde de arena
en la playa

Después lo da vuelta
el niño de tres años
al balde de arena
en la playa
y hace un castillo

De inmediato lo patea
el niño de tres años
al balde de arena
en la playa
después de darlo vuelta

El niño
etcétera
tiene un propósito
antes de saber cómo tener un propósito

Inéditos

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Miguel Russo, escritor y periodista, nació en Buenos Aires en 1956. Vive en City Bell. Publicó dos libros de poemas: “7 y 3” (1989) y “Ninguna noche en Storyville” (1991). Es autor, además, de las novelas “Perder la historia” y “Babel”, y del libro de cuentos “Un lugar como cualquier otro”.
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Foto: Miguel Russo
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miércoles, 17 de marzo de 2010

Miguel Russo – Papeles del amor y Cuando Cynthia abandonó la casa


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PAPELES DEL AMOR

llevábamos
32 semanas de casados
cuando aquella noche en la cama
ella me dijo que veía a otro tipo

estuvo cerca de media hora
– sin contar las disculpas –
tratando el tema
y sinceramente
se parecía demasiado
a una clase preparada
de las que solía ofrecer
en la secundaria
hasta quedarse callada

pensé la solución a ese problema
hasta sentir al perro
ladrarle al primer trabajador
que pasaba delante de nuestra puerta

entonces tomé el último sorbo de vino
apagué el noveno cigarrillo
me di vuelta
y dormí
el sueño de los justos

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CUANDO CYNTHIA ABANDONÓ LA CASA

a rodrigo fresán

el día que cynthia abandonó la casa
pensó: bueno/en realidad
sólo es otra manera de cubrir el silencio
y no volver a llamar a cada cosa NUESTRA

guardó todas sus historias de amor en una caja
y los zapatos nuevos de hace apenas cinco años
en una bolsa de nylon transparente

hace bastante tiempo que creí volverme loca
dijo en voz muy baja mientras reía sin ganas
y se adueñaba de objetos ridículos
como un lapicero
un pedazo de vidrio verde y sin forma
una lata vacía de cerveza alemana
un libro ajado de la yourcenar

debe tener algunos viejos amigos en la agenda
aquellos de los buenos tiempos
aquellos que nunca preguntan
y doblaba el vestido azul a rayas

el día que cynthia abandonó la casa
tiró a la basura un papel amarillento con una firma
sin tener idea de a quién pertenecía
sólo se dejó llevar a la cocina
abrió la puerta de debajo de la mesada
y embocó sin agacharse el bollo de papel
entre los restos de la cena y un cartón de leche

se marchó a las once y media de la mañana
en un rastrojero de fletes al instante
pintado de naranja
justo antes que llame del trabajo su marido
y después de romper con un martillo
(golpe certero/preciso/único)
las cinco macetas con plantas
dejando desparramada la tierra por todo el balcón

De “Ninguna noche en Storyville”

En: “Naranjos de fascinante música. Poesía contemporánea de amor en La Plata”, Libros de la talita dorada, 2003.

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Miguel Russo, escritor y periodista, nació en Buenos Aires en 1956. Vive en City Bell. Publicó dos libros de poemas: “7 y 3” (1989) y “Ninguna noche en Storyville” (1991). Es autor, además, de las novelas “Perder la historia” y “Babel”, y del libro de cuentos “Un lugar como cualquier otro”.
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En la imagen, fotografía de Rachel Weisz, obra de James White. Museo Thyssen-Bornemisza.
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sábado, 1 de noviembre de 2008

Acerca de Notas al pie de nada ni de nadie de Alberto Szpunberg

Por Miguel Russo *


Notas al pie de nada ni de nadie
Alberto Szpunberg
Bajo la luna / Poesía en obra


El libro de Alberto Szpunberg duele donde debe doler. En la memoria, en el recuerdo, en la comprensión de causas y efectos de una realidad que va quedando cada vez más relegada al absurdo rol de show mediático montado para diversión de unos pocos. Unos pocos que, a fuerza de repetir vulgaridades, intentan (demasiadas veces con resultado positivo) armar un estofado patético de creencias, mentiras banales y mitos a contramano para que todos crean que esa y no otra es la realidad. Y, a medida que ese dolor se hace presente, la memoria, el recuerdo y la comprensión (lo dicho) empiezan a funcionar a toda vela. Mejor aún, vuelven a funcionar. Y en esa vuelta del funcionamiento comienzan a descartarse uno a uno los falsos entramados de un pensamiento (y sí, por más que no lo parezca, es un pensamiento) tan mezquino como peligroso que hace aparecer, justamente, a la mezquindad como moneda de uso. Peligroso, no está de más repetirlo. El libro de Alberto Szpunberg, la lectura de ese libro, duele ahí, donde debe. Eso, de por sí, ya lo catalogaría con una palabra tan a la moda en los últimos tiempos (y aplicable cotidiana y sistemáticamente a cualquier cosa, cualquier libro, cualquier película, cualquier disco, sea una genialidad o una bazofia), una palabra tan patética como los tiempos y el estofado de los tiempos mencionados más arriba: “imprescindible”. Pero al libro de Alberto Szpunberg, la palabra “imprescindible”, bien o mal aplicada, sea dicha por un conocedor profundo del tema o por cualquier marmota con pantalla, le queda chica. Entonces, así como para ese libro hizo Szpunberg, hay que bucear más profundo. Hay que meterse de lleno en ese Notas al pie de nada ni de nadie y dar rienda suelta a las consecuencias útiles del dolor de su lectura.
A saber: si se adhiere a la teoría de Carlos Marx (y no es necesario ser marxista para adherir a ella) que la lucha de clases es el motor de la historia, se puede plantear que la poesía es su oficina de prensa. Desde Homero (o la asociación de poetas que escribieron bajo el nombre común de Homero), pasando por los miles y miles de historias celebradas por los trovadores medievales, o Shakespeare (o la asociación de poetas que hicieron lo mismo que sus antecesores con Homero), hasta más acá, el último intento de cualquier inédito/a poeta, la escritura de un poema está clara: se busca (con menor o mayor resultado) que la sociedad en su conjunto las aprenda, las comprenda y las haga suyas. Y allí está Notas al pie de nada ni de nadie. Allí está Szpunberg en su clara y furiosa condición de contador de una historia. Una historia que arranca en 1964 con la escritura de otro poema, “Marquitos”, perteneciente al libro El che amor, de 1966. Una historia que continúa, pero no se cierra, con la reescritura de aquel poema, que es decir la reescritura de aquella historia. Pasaron, entre una y otra escritura, poco más de cuarenta años. Pero pasaron, entre una y otra escritura, mucho más que cuarenta años. Y Szpunberg da cuenta en su escritura de ese “mucho más”. Marquitos, el hombre, fue Marcos Slajter, un estudiante de filosofía de 25 años que murió de hambre en Orán, mientras formaba parte del Ejército Guerrillero del Pueblo que lideraba Jorge Masetti en la provincia de Salta y adhería a la revolución continental planeada por Ernesto Guevara. “Marquitos”, el poema, es la historia de ese hombre (y todo el dolor de la historia de ese hombre y de otros hombres como Marcos Slajter) contada por Alberto Szpunberg, también militante de aquella organización revolucionaria, para que fuera aprendida, comprendida, hecha propia. Para que no fuera olvidada ni, mucho peor, despojada de contenidos por los vencedores ni por aquellos que, habiendo sido vencidos, se hicieron eco del discurso vencedor que señaló y sigue señalando lo absurdo de pelear y dar la vida por una utopía.
Szpunberg se exilió. Szpunberg siguió escribiendo. Pero Szpunberg no se detuvo en la escritura melancólica del exilio ni compró los nuevos aires de lo posible. Szpunberg se arremangó frente a la historia y se sentó a escribirla, a reescribirla, a dolerla, a hacerle doler. Así nace “Notas al pie de nada ni de nadie”, así se lee “Notas al pie de nada ni de nadie”: como un poema del dolor de saber. Un poema que señala de manera tan clara como tajante que los sucesos siguen sucediendo, que, por más que pretendan ocultarlos o vaciarlos de su verdadera magnitud, seguirán allí para que poetas como Szpunberg los hagan de todos y para todos. Sin las pretensiones de los nuevos gurúes del “se hace lo que se puede”. Con la consigna divulgada el 1 de enero de 1959 en La Habana: “Dentro de la revolución, todo; fuera de la revolución, nada”.

City Bell, 19 de noviembre de 2007.
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Miguel Russo nació en Buenos Aires en 1956. Es periodista cultural de diversos medios nacionales y extranjeros y guionista de documentales sobre historia argentina y escritores latinoamericanos. Publicó dos libros de poesía: "7 y 3" (1989) y "Ninguna noche en Storyville" (1991); el libro de relatos "Un lugar como cualquier otro" (2005) y las novelas "Perder la historia" (1997) y "Babel" (2007).
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El presente comentario iba a formar parte de el espiniyo / 2008, lo presentamos ahora en AROMITO.- Alberto Szpunberg publicó en 2008 en un solo volumen dos hermosos libros: Apuntes (1986) y Luces que a lo lejos (1993).
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Sobre el telón del fondo del exilio, y con un pasado reciente de combate y de dolorosa derrota resonando en la memoria, una voz poética va con delicada incertidumbre haciéndose cargo de la nueva situación, a la vez que reflexiona sobre lo ocurrido, a través de observaciones mínimas, preguntas, ramalazos de frases. Escritos durante la segunda mitad de los años 80 del siglo XX, Apuntes y Luces que a lo lejos pueden leerse como sendos tramos de un único libro, en el que un intenso lirismo y el rigor del pensamiento se funden para recrear verbalmente el mundo e interrogarlo.

Alberto Szpunberg nació en Buenos Aires, en 1940. Fue docente en la Universidad de Buenos Aires y, como periodista, fue redactor del diario La Opinión, cuyo suplemento cultural dirigió entre 1975 y 1976. Se exilió en Barcelona en 1977. Poemas de la mano mayor (1962), El che amor (1966), Su fuego en la tibieza (1983) y La encendida calma (2002) son algunas de sus obras. Apuntes, incluida en este volumen, es de 1986, mientras que Luces que a lo lejos, ganadora del Premio Internacional de Poesía Antonio Machado, es de 1993.
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