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miércoles, 29 de febrero de 2012

León Felipe – Y si después queda algo todavía



VERSOS Y ORACIONES DEL CAMINANTE
Madrid (1920)



I

Nadie fue ayer,
ni va hoy, ni irá mañana
hacia Dios  
por este mismo camino
que yo voy.
Para cada hombre guarda
un rayo nuevo de luz el sol…
y un camino virgen
Dios.


II

Deshaced ese verso.
Quitadle los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será la poesía.


III

Poesía,
tristeza honda y ambición del alma,
¡cuándo te darás a todos…a todos,
al príncipe y al paria, 
a todos…
sin ritmo y sin palabras!


IV

Sistema, poeta, sistema.
Empieza por contar las piedras, 
luego contarás las estrellas.


V

Poeta, 
ni de tu corazón, 
ni de tu pensamiento,
ni del horno divino de Vulcano
han salido tus alas.
Entre todos los hombres las labraron
y entre todos los hombres en los huesos
de tus costillas las hincaron.
La mano más humilde
te ha clavado   
un ensueño…
una pluma de amor en el costado.


VI

No andes errante…   
y busca tu camino. 
–Dejadme–.
Ya vendrá un viento fuerte
que me lleve a mi sitio.


.
De: Versos y oraciones de caminante (1920). 
En “Antología rota”, Losada, 1998.
León Felipe (España, 11 de abril de 1884 – 
México, 18 de septiembre de 1968).
Foto: LF, s/d.

martes, 21 de febrero de 2012

Walt Whitman – Que se callen ahora las escuelas y los credos


I

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Sé cuál es su misión y no la olvidaré;
que nadie la olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada.



En: “Canto a mí mismo”, Losada, 1965 (4ta edición; 1era, 1950). 
Traducción y prólogo León Felipe.
Walt Whitman (EEUU, 1819-1892).
Foto: W.W. s/d.