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miércoles, 16 de agosto de 2023

JULIO CASTELLANOS La mano y la escritura




PROPÓSITO 

Lo que llamamos real 
sólo parece 
ser producto de un roce, una fricción 
que nace y se deshace 
entre la ambigüedad de la mirada 
y la gris ambigüedad de lo mirado. 

Ficciones que quedan adheridas 
al azar de los cuerpos 
atravesados de nubes, 
ausentes de razón, inciertos de sentido. 

Solidez de la materia hecha escritura.


POÉTICA 

Todo lo por ser aparece 
simplemente siendo
la mano que escribe, 
los trazos deseantes en lo escrito. 

Es lo que hay, es lo que existe, 
lo que insiste en existir. El resto 
mera publicidad, representación, 
montaje de gestos añadidos. 

La mano y la escritura, casi mundo 
único y cerrado, orbe 
qué sólo puede hendirse 
si hundido en el sí mismo, 
en su oscuro extravío. 

Todo lo que rodea: inexplicación, 
resaca enmudecida; 
sueñitos ardiéndose en lo otro, 
lo traído por la noche. Incomprensibles.


RINITIS 

Seguramente acertado, 
el diagnóstico decía “rinitis alérgica”. 

Fueron varios días 
de secreciones constantes. 

Luego, ya pasados los síntomas, 
sentí 
que en realidad eran las aguas 
que no había, en su momento, vertido: 
lágrimas calladas que salían 
por donde no debieron: madre 
muerta en una noche de marzo; 
amores que se fueron 
sin una mínima pizca de adiós o despedida.


RELATO DE UN DORMIR 


Dormía, en esos años últimos, 
hecha un ovillo en el que la lana 
no iba envolviéndose hacia afuera: 
era un ovillo inverso 
cuyo final estaba 
en el lugar más hundido y propio, 
en el corazón mismo de esa esfera. 

Era mi madre que dormía.


II 

Dormirse hacia el adentro, encontrar 
trémulos, el origen 
de todo lo cerca y lo lejano. 
Oh perdida mater speciosa


III 

Dormimos para hacer 
tangible el abrigo de las sombras 
donde alguien o uno mismo 
acaso nos espere.


IV 

Debiéramos saber 
que la vida es, simplemente, 
un olvido momentáneo de la muerte. 

Y es el desafío de encontrar alguna vez 
aquel instante, ese destello 
que nos hizo posibles 
y nos colmó con todo lo imposible. 



En Me dijo es la vida, El Espejo Ediciones, Córdoba, Argentina, 2022 / 
Julio Castellanos (Córdoba, 13 de mayo de 1947) / Selección y fotos: jmp / Dedicatoria manuscrita del editor, Antonio Moro, al administrador de Aromito / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

Más Julio Castellanos en Aromito: Uno / Dos / Tres

martes, 8 de noviembre de 2016

Julio Castellanos, Esa mujer puede tener una idealidad de ficción


TALITA EN LAS ALTURAS

I

Creo que a todos o a casi todos
alguna vez nos ocurre: una mujer
se nos atraviesa entre la carne
y allí encuentra su lugar de vivir, su lugar
desde donde supurarnos todo
lo que no nos da, porque el dar es imposible
excepto en la ilusión enloquecida del ensueño.
Nada más alejado de lo real
que lo que creemos nuestra vida, nada más
vano que el deseo que no proyecta ningún cuerpo.
La borrosidad se acumula
en rincones sordos, escondida
en ángulos pretéritos y agudos
a los que no llegan los dedos y no llega tampoco la mirada.
Esa mujer atravesante es un no ser que no cesa, acaso lo único
que uno quiere vivir para que alguna vez acabe,
aunque en su acabamiento nos suceda agonizar
como una flor arrancada de la tierra.
Esa mujer puede tener una idealidad de ficción:
por ejemplo la de ser un equívoco, poético, ondulado
que en su viaje parte de la nada
y sobre el vacío va hacia la nada

II

Inutilidad de lo bello, es el viaje de Talita por sobre un tablón,
en rigor, dos tablones torpemente unidos.
Talita, cubierto apenas su cuerpo
por una bata de baño flotante contra el cielo,
recorre su rayuela, su viaje sin por qué y sin dónde,
casi desnuda y en sus manos
un paquete de yerba y unos clavos de destino incierto.
Ella es un viaje nuestro,
una patria nuestra, una imagen
inserta en la hondura más propia.
Es talita, besada y besante equivocada,
 de alguna manera presencia en toda mujer
que alguna vez amamos y en el amor que perdimos.
Que entrevista en el confuso amar desconocemos.


BEATRICE

Aunque la eternidad no exista,
sé que en algún lugar de la eternidad
podré encontrarte.


     A fines de octubre visita City Bell el poeta, editor y librero Antonio Moro. Se queda, por una noche, en mi taller. Dialogamos, desde el atardecer, de cosas del mundo, de poesía. Deja su último libro editado, de Julio Castellanos, y escribe: “… este árbol de la poesía admirada, un destino de lector que se repite en mi vida, ojalá lo frecuentes”.
En: Naranjas amargas, El Espejo Ediciones, 2016.
Julio Castellanos (Córdoba, 1947). Foto: Naranjas, City Bell, José María Pallaoro.

sábado, 10 de abril de 2010

Julio Castellanos – Rostros


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ROSTROS

I. Instante

Entras
en la humedad de su cuerpo.

Ella cierra los ojos, desvía
levemente el rostro.

Separándose,
sus labios dejan
nacer un suspiro: un poco
de alma que en aire se abandona.


II. Demaquillaje

Con una emulsión compuesta de agua,
miristato de isopropilo, alcoholes
citílicos, germen de trigo y excipientes varios,
cubrías tu rostro
para luego
retirar el excedente con un delgado, humedecido
trozo de algodón.

Quitarse el maquillaje es una forma
acariciada de borrar el mundo
y el estar ante el mundo.

Entonces, frente al espejo que ya no te guarda,
tus máscaras paulatinas se volvían
identidad sin pausa.

Queda un frasco de emulsión a medio uso;
yo en mis ojos vaciados no te encuentro.


En “Jardín a tientas”, Ediciones Argos, Córdoba, 2006
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Julio Castellanos nació en Córdoba, el 13 de mayo de 1947.
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Foto: Julio Castellanos
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martes, 1 de diciembre de 2009

Glauce Baldovin o “La señora del fuego”


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GLAUCE BALDOVIN O “LA SEÑORA DEL FUEGO”

Por Julio Castellanos

Glauce Baldovin (1928-1995) es una de las figuras mayores de la poesía de Córdoba. Aunque de concepción inequívocamente “sesen(seten)tista”, su primera publicación es “Poemas”, de 1987, que incluye el conmovedor “Libro de Lucía”, el que con su posterior “Libro de la soledad” (1989) señala uno de los momentos realmente ponderables de la poesía argentina.

Su estética incorpora el poema al curso de lo narrativo: son sus trabajos verdaderas historias (es decir ficciones verosímiles, un poco al estilo del Edgar Lee Master de la Antología de Spoon River). Por lo general, sus libros toman un tema que es paulatinamente desarrollado con un alto contenido de lirismo. Por otra parte, la poeta se concede el derecho a articular enunciados de carácter ideológico o político (al modo de la llamada poesía comprometida) sin permitirse que mácula alguna atente contra la belleza formal del poema.

De su obra, en gran parte aún inédita, se han publicado, desde 1987 a la actualidad, los libros “Poemas” (Libro de Lucía, El fuego, El combatiente); “Libro de la soledad”; “De los poetas”; “Libro del amor”; “Con los gatos el silencio”; “Libro de la soledad” - “Nuestra casa en el Tercer Mundo”; “Poemas crueles” (De la violencia, el terror y el despojo y El ángel aherrojado); “Libro de María” – “Libro de Isidro”; “Yo Seclaud”; “El rostro en la mano”; “Promesa postergada” y “Huésped en el laberinto”.

Alejada de artificios, su poesía recorre líneas precisas por dos carriles fundamentales: el de un discurso en el que predomina una narración de fuerte pero equilibrado tono emotivo de construcción de la subjetividad y el de un cuerpo que transparenta apelaciones de carácter social. Ambos, el campo de la “poesía pura” y el de la poesía “instrumental”, forman en su corpus una entidad sólida. Cada libro es una obra que se abre y se cierra: la voz poética los estructura con una intención (in-tensión) que desarrolla un asunto siguiendo sus ramificaciones, sus expansiones; creando una arborescencia propia.

(…) pocos, como ella, lograron con economía de recursos o el uso de recursos tan básicos como la comparación o la prosopopeya, una expresión honda, cabal, ajena tanto a la autocomplacencia como a los desbordes; alejada de las identificaciones meramente sensitivas.

Todo esto sin transitar por un camino “cerebral”; sin renunciar a lo más genuino de la emoción poética, de la manifestación de esa poesía que muestra una superficie ensamblada por articulaciones profundas; superficie muchas veces temblorosa que trasluce una voluntad comunicativa, en la que es posible el verse del lector, vuelto amable cómplice.

Acaso por aquello de que la poesía es “expresión de la interioridad”, y que es habitual la confusión de interioridad y biografía, es una fácil tentación apelar a las tribulaciones biográficas de un poeta; el hacer de ese acontecer una suerte de herramienta apta para la “explicación” del poema.

En rigor, el poema sólo debe justificarse por sí mismo. Más aún, pareciera que cuando el texto se separa de su ejecutor adquiere su propia carnadura, su verdadero sentido en el bosque simbólico de lo dicho. Y en este sentido trabaja el tiempo, erosionando el cuerpo del enunciante; facilitando, con esta erosión, la construcción de lo escrito como el único cuerpo posible, el único expuesto; puesto fuera del sí mismo, integrado en el discurso de lo otro.

De todas maneras no resulta, en algunos casos, impertinente alguna mención a ese transcurso que llamamos vida. Más, cuando la palabra escrita resulta una suerte de expulsión, de materialidad emanada en la duración de ese transcurrir: es el caso de Glauce, que supo hacer de su historia (de su vida, de su cuerpo) un texto.

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Fragmento seleccionado por Concepción Bertone de un ensayo sobre “Glauce Baldovin en la poesía de Córdoba”, del poeta Julio Castellanos.
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