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lunes, 15 de abril de 2024

JORGE AULICINO No era la muerte sino una posibilidad entre las cosas

City Bell, 15 de abril de 2024




BERSERKERS

No contabas los muertos entre aquellos
cuyos perfiles de tormenta daban siempre el par.
Pero de esas batallas y de aquellos inmortales no quedan,
en esta luz de cobre de tardes argentinas,
más que polvorientos reflejos.
Ya ves: cuánta furia entonces, cuántas las torres
desmoronadas en procura de un jardín incomprensible.
No era de viento tu lengua, ni de nube:
era del pedernal que ellos entendían.
¿Qué ley, qué disposición secreta,
qué alquimia o signo hubiesen contemplado?
Es cierto que te desafiaban con un grito
en los valles nublados del Orco.
Cierto que tomaban el pan y la mujer, el rocío o la sangre,
con aquel gesto aprendido en tu mesa y al pie de tus murallas.
¡Oh, que no comprendieran lo que aún decías;
la palabra que tañía,
la piedra blanca que dejaste ver entre tus manos!
Y sin embargo -¿recuerdas?-
los habías lanzado por el filo del abismo y a las 
comisuras del diablo,
al raleado monte o a las ciénagas
donde las aves zancudas y el relámpago
hablan de tu reino.
Iban ellos, conquistadores de tu Elam, ceñudos.
Pensaban que no era la muerte sino una posibilidad entre las cosas
que todavía giraban en el azar de tu nombre. 





En Hostias, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2004 / 
Jorge Aulicino, (Buenos Aires, 1949) / Poeta, periodista, traductor / Administra el blog Otra Iglesia es Imposible / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 8 de mayo de 2022

JORGE AULICINO Un poema inédito



NATIONAL GEOGRAPHIC

Se pueden imaginar los antiguos animales
con garras de oso y colas de serpiente,
alas y dientes de sable,
pero los tigres siberianos y las grandes leonas
fueron los que reinaron realmente 
sobre bosques y manadas.
Anduvieron sembrando terror
entre árboles nevados y pastizales
en la vieja práctica de la sobrevivencia,
que exige arte y concentración,
nada de dejarse estar o “qué amenazantes
las sombras en la ventana”.



Poema inédito de Fuera de lo general, 2022 / 
Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949) / Foto: jmp

lunes, 23 de febrero de 2015

Jorge Aulicino, Opresos son de su sensibilidad, contra ella yugan


TARDES CELESTES

Esos hombres no son baraja, ni dioses —'ases'—,
pero llevan en cierto modo una coraza tan
trenzada a la carne, que no abyecta ni melancólica
ni aun sensible suena su voz lírica
—opresos son de su sensibilidad, contra ella yugan.
Hombres de esquinas amarillas, que no rosadas.
El facón tirita como su único huesillo en sombras.
Blanco es, se diría ebúrneo, pero es hueso o puñal,
según la metáfora se vea.
Sobreviven. Grandes poetas nuestros con olor a manta,
a aguantadero, a bebidas de otoño, a altiva herrumbre.

Querés seguir, como Juan L., el tránsito de la tarde, en detalle:
variaciones del celeste, brillante sobre los edificios, más allá marítimo,
y el discurrir, el paso, la física de su tiempo salvaje te detiene.
Canta una torcaza, algo, entre edificios urbanos, el humo
sube en fríos nubarrones entre esos 'palazzi' que te recuerdan
los amarillentos monobloques de la República Democrática Alemana:
un invierno fallido, una eternidad que no fue.



Poema inédito de “El Cairo”.
Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949).
Ilustración: Alberto Breccia (Montevideo, 1919-Buenos Aires, 1993).
"Historia de Rosendo Juárez". 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Jorge Aulicino, demasiado animal para sostenerse en el poema


PAISAJE CON AUTOR

Vivió una escenografía de libros abandonados,
un televisor encendido después de la transmisión
y cigarrillos sin terminar.
Procuraba mirar de frente los objetos:
las roturas del asfalto o las plantas de un acuario.
Pensó en los objetos, soñó con objetos,
vivió rodeado de objetos sin traducción.
El mal y el bien no parecen distintos detrás
de un vidrio tan nítido.
Ahora piensa que el mundo está arreglado
de acuerdo con ciertos propósitos.
Y más allá de ellos los objetos se destiñen sin objeto.
El mundo se rinde de esta manera y uno sonríe
sin entender en qué consiste el triunfo,
mientras el sol brilla sobre una botella en los techos
o escucha los trenes o la lluvia
que vuelve a caer donde había caído y agrega
hongos, óxido, humedad, ciertos olores
a un paisaje que sin embargo no termina de explicarse. 


AUSENCIA DE UN CARANCHO

Lo digo ahora que pasó el verano: aquel carancho
no logró establecer ninguna relación particular 
con la noche, mientras gritaba sobrevolando la casa en el campo.
No podía esperarse que nada dependiera de su vuelo ciego.
Lo ignoraron las tejas, el molino y sobre todo los durmientes de la casa.
La carretera, la lechuza cazadora, la lámpara ahumada del cuarto,
tuvieron entre sí extrañas relaciones
a las que fue completamente ajeno el carancho.
He pensado largamente en sus alas
plateadas por la luna y en los piojos que le comen la barriga
y no produjo una sola idea digna de ser tenida en cuenta.
Ni piedad su exilio, ni irritación el recuerdo de su grito agudo y ciego.

El carancho no se propuso como aviso de un límite,
no tiene dignidad de águila, es demasiado
animal para sostenerse en el poema.
La noche no fracasó por el carancho, ni siquiera fue un aguafiestas.
Es imposible una relación con el sinsentido del carancho.
Y así debería se el poema, como el vuelo y el grito del carancho.


COLORISTAS

Hay en ese bosque de Cézanne
la impresión de que ese bosque no está
ni estuvo.
No porque sea sueño, trama de sueños,
sino porque ha sido pintado en parte 
en una tela,
en parte en la nada y, en gran parte, 
en el lugar donde vimos un bosque.


ZEN

El maestro vio caer en el polvo
sus últimas muelas.
"Eran inútiles -se dijo-; con ellas
no podía morder ya el freno del olvido.
Ahora caerán sombras sobre las colinas de mi infancia.
La noche ocupará justamente su lugar.
Estoy en mi senda".
El maestro esperó que sus muelas fueran
cubiertas por el polvo día tras día.
"La noche llega" se dijo,
"como una tormenta de tierra."
Entonces vio cuervos descendiendo sobre el camino.
Oyó trenes en la aldea cercana.
"Todavía me quedan los ojos, los oídos", se dijo con pena.
Presa del error, cayó en la noche.
"No estoy a gusto: estoy en mi senda.",
dijo, antes que lo tragara el final.


ROSEBUD

Es decir estuvo lo suficientemente solo bajo la rama de un arce.
Levantó los ojos, los bajó, con infinita insistencia. Se privó de todo.
Y cuando levantaba la vista veía: el arce
-una palabra-; humo, una nube amarilla.
Y cuando bajaba la vista veía una mata de pasto aplastada
donde habitaban unas moscas grises.
El hecho finalizó hacia la primavera de 1956.
Cuando presentó su experiencia a los mayores,
ellos entendieron que el chico volvía de la guerra de guerrillas,
porque en realidad no dijo una palabra.
"Este chico hablará el día del Juicio", dijo la abuela, pero se equivocaba.
Aquella permanencia bajo el arce -una palabra-
había sumido al chico en esta reflexión:
"Tengo la potestad de irme de las palabras,
lo que significa lisa y llanamente irme.
Y, de permanecer bajo el arce -una palabra-
no puedo decir nada, puesto que soy un chico bajo el arce".

No había que entender que aquello significara nada.
Excepto que el chico estaba bajo el arce, definitivamente
perdido para los significantes,
en una eternidad que carecía de sentido.


EL OJO DEL HURACÁN

Mis amigos encienden una lámpara
para que hable por teléfono.
Cuatrocientos kilómetros de línea
nos unen o separan.
La ciudad se cae a pedazos
y no te veo.
Sólo veo una lámpara y pequeños insectos.



De “Paisaje con autor” (1988). En “La poesía era un bello país”, 
Antología 1974-1999, Libros de Tierra Firme, 2000.-
Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949).

Foto: JA en FB. 

viernes, 25 de octubre de 2013

Jorge Aulicino, bueno es estar afuera como el gato


9. EL PERFECTO EXTRANJERO  (ZAPPA-BOULEZ)


Bueno es estar afuera como el gato
a quien el cielo y las estrellas
y las gasas del cielo y el ladrillo
trabajado por las lluvias y el rocío,
y las colonias de hongos en las paredes,
los techos, la radiación de fondo,
incluyen en un enigma absoluto
-saben sus ojos por qué-.

Bueno es estar adentro,
cerca de las sartenes, los libros, la madera,
cabos de vela, frascos,
especies y sábanas,
la cafetera y la radio.
También esto lo sabe el gato.
Nada lo excluye y todo contiene,
de alguna forma,
un gato.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949).

En: “Hostias”, Ediciones del Dock, 2004.

jueves, 13 de junio de 2013

Jorge Aulicino, tres poemas


LOBO, CORDERO Y DOLORES DEL TABACO

¿Para qué escribe poemas
si después los rompe con los dientes?,
preguntaba el lobo al cordero.
Para verte mejor, le respondía
el cordero masticando trémulas voces
a la luz de la realidad social.
Y el lobo se escondía en un bosque
de buenas intenciones, fatigas de la
memoria, dolores del tabaco.


LA MÍA

Todas las clases sociales tienen su dulce manera de ser.
Menos vos que me mirás a los ojos.


TOMO CAFÉ

¿Estoy preso de mi dolor
o miro un papel de diario en el balcón?
¿Estoy muerto y miro absorto lo intrascendente?
¿O estoy preso en mi papel y miro mi dolor?


En: “La poesía era un bello país. Antología, 1974-1999”, 
Libros de Tierra Firme, 2000.
Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949).

Foto: JA en FB.

viernes, 1 de febrero de 2013

Jorge Aulicino, sobre la precisión, y sobre el armado de aquella relojería



ESTACIÓN FINLANDIA

Libertad es la necesidad conocida,

Engels


Y sobre la precisión, y sobre el armado de aquella relojería
que implicaba vidas en las leyes de la historia, el viento de octubre
rugía.
Sabés, no era el nido de la cigüeña ni el jardín de los cerezos
sino su luz, la que, derrumbándose, provocaba el desapego,
otra alienación. Ni de fraguas rojas como el cielo
era el porvenir en los ojos de ciervo de los nuevos obreros.

No era lo que se perdía, no. No lo que se ganaba.
Era todo torvo, metafísico, de uno y de otro lado.

Y sobre aquella vastedad del clima al que se abandonaba todo,
tu dedo desde el camión blindado.

No era el jardín, era su luz;
no era el futuro, sino su hueco.

"¡Todo el poder a los sóviets!” tu dedo.
No ha lugar a semiclimas. Este es el momento,
mañana será tarde, ayer era temprano.
¿Alguno vio que ese momento sagrado de la historia
-lo que va del ayer al mañana- era cimbreante vértigo?
O algo distinto al vértigo. Un momento de nada. Hablando en rigor,
un momento ahistórico (ni los de arriba ni los de abajo pueden vivir como hasta ahora).

Ciego, entraste en el hueco, sin voces. Y tras de vos, el sóviet.
¿Qué sería ahora de la nueva asamblea? Una torsión en los siglos,
una extrema prescindencia, un cántico vacío, un oratorio, un canon.

A partir de vos, la historia fue irreal. En cierto modo -en un modo, en el único modo-,
dejó de ser historia. Fue de nuevo el páramo duro de la religión, no humano.

En tus secretas charlas con Hobbes, resolviste la partida de esta forma:
Si los dejamos librados a sus intereses, estos potros desnudos, hambre y fusil,
van a la organización, al gremio, a la palabra hecha objeto: salario, salario.
Nuestra luz, amasada en alguna comarca de la lógica, en un sitio atestado,
revelará el destino que calzaremos como un guante de acero.
No pudo con tu cerebro tu cuerpo tártaro. Paralizado, mudo, dictabas todavía cartas
al Comité Central.

Pero todo había cambiado ya: se organizaba lo rampante según el dictado
de una máquina de acero que era imposible parar.

En los parlamentos europeos se veían las caras, cara a cara,
pero en el sóviet había caras tan despejadas de engaño que apenas conservaban
el color del surco, la rojiza luz de los talleres.

Los hombres no fueron tratados ni como cosas: fueron tratados como ideas.
Y todo el partido, toda la historia, se convirtió en ideológico erial.
Todo fue irreal, y tragó sangre, madres, olores, el silencio sagrado del trabajo.

Coraje, Lenin. Borbotea de nuevo el alcantarillado de la historia.
Estos son hombres, estos son hombres, en las vacías ciudades nuevas.
Habemos hombres y chatarra. Hombres que saben de un modo confuso
de aquel intento de entender, en lucha cuerpo a cuerpo, de qué son objeto.
Millones quedaron allí, en el descampado sin historia, por entender la historia,
por cambiar la historia sin entenderla, por trascender lo vano y lo nuevo.
Millones, por ser en la luz infecunda del cielo.
Millones por vos, por tu dedo señalando lo más privado de historia,
lo nuevo privado de historia: el poder de los sóviets. La libertad.


En: "El capital" (2010), “Estación Finlandia. Poemas reunidos”, 
Bajo la Luna, Buenos Aires, 2012. 
Del blog de Jorge Aulicino, Estación Finlandia.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949.
Foto: FB.

miércoles, 7 de abril de 2010

Jorge Aulicino – Canción de amor para Raúl Gustavo Aguirre


_
CANCIÓN DE AMOR PARA RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

Si un hombre al cabo de intentarlo, de asustarse,
de ajustarse el reloj pulsera, de conservar
el lugar, el modesto empleo que financia
la publicación de asuntos que no interesan a nadie,
corrige, pule, y de improviso,
la verdad se hace evidente, y es moral,
una verdad callada y sofrenada,
una verdad aplastada por expedientes, conversada
en ratos de madrugada, en bares majestuosos
y a la vez pulidos y disecados por la Gran Máquina;
no importa
si no fuiste monstruo, como rimbaud, como los verlaine, como los poe, los artaud,
si fuiste un hombre de sal y de sol, de internaciones y debilidades,
de pasar y ribetear, ¿cómo eras, Raúl, en verdad? Qué importa,
qué importan los genios y sus continuas revelaciones,
qué importa el sol insoportable, qué importa el verano en Buenos Aires,
qué importa el empleo oficial, el hombre que tomó subtes y trolebuses,
si una noche,
si una larga noche aburrida, si una de muchas noches fundidas en una,
en la cocina o el comedor de tristes porcelanas,
escribiste No importa que no haya solución para nadie ni perdón para nadie,
si al fin estás solo en las salinas de la madrugada haciendo todo lo posible
para que esos rostros queridos no se hundan en los rápidos de la nada.
Como lo ha hecho hoy, una persona amada, evocando las palabras de su padre,
el modo en que su padre bailaba o la miraba, el esfuerzo titánico que hace cada uno
para que la épica contenga a los que ha amado, a los que ama, para que no sean olvidados,
para que brillen en su esplendor los gestos fuera del capital,
los destellos del universo en los seres amados.

Inédito. En: Jorge Aulicino

_
Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949. Poeta y periodista.
_
Ilustración: Tomás Maldonado (Buenos Aires, 25 de abril de 1922). “Tema sobre rojo, 1953”. Óleo sobre tela 99,5 x 100 cm. Colección privada, Buenos Aires.
_

viernes, 11 de diciembre de 2009

Jorge Aulicino – I de “Cierta dureza en la sintaxis”



I

Cierta dureza en la sintaxis indicaba la poca versatilidad
de aquellos cadáveres; el betún cuarteado de las botas
y ese decir desligado del verbo; verbos auxiliares,
modos verbales elegantemente suspendidos, elididos,
en la sabia equitación de una vieja práctica.
¿De que hablás, de qué hablás? Pero si fue ayer…
Fue ayer… Estabas frente al lago de ese río:
qué lejana esa costa, qué neblinosa y mañanera.
Lo tenías todo, no te habías arrastrado en la escoria
de las batallas perdidas antes de empezadas,
no andabas en el orín de estos muertos…
Lo comprendo, no era el Danubio, era el Paraná
que marea porque viene del cielo cerebral, pero aun así…
¿Se justifica la alegre inacción, el pensamiento venteado?
Abeja: la más pequeña de las aves, nace de la carne del buey.
Araña: gusano que se alimenta del aire. Calandria: la que
canta la enfermedad y puede curarla. Perdiz: ave embustera.








En: “Cierta dureza en la sintaxis”, Selecciones de Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008
Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949. Poeta y periodista.
Foto: Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.

martes, 21 de abril de 2009

“Buenos momentos en el sanatorio”, poema de Jorge Aulicino



_:

Buenos momentos en el sanatorio



Se distrae en el sanatorio mirando
reproducciones de Claude Monet.
Se detiene frente a la de Port d`Argenteuil
que está frente a la cocina.
No le interesa ya el “efecto Monet” que venía siguiendo
sino la copa de esos árboles al otro lado del río.
“Este es un cuadro naturalista”, se dice,
“puesto que Monet atrapó la felicidad de esos árboles.
¿O la felicidad de esos árboles sólo la vemos Monet y yo?
Pero sin duda es la misma felicidad que yo veo en los árboles reales”.

De pronto se abre a su espalda una puerta
y el pasillo es invadido por la fragancia del café.
Como si abriera una grieta en su pensamiento
otro éxtasis.


De: Hombres en un restaurante, 1994.

___:
Jorge Aulicino
nació en Buenos Aires en 1949. Poeta y periodista.

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Ilustración: Claude Monet, Port d`Argenteuil.
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