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viernes, 28 de julio de 2017

Vladimir Nabokov, En el viejo puente



LA GOLONDRINA

Una vez, al atardecer,
estábamos juntos en el viejo puente.
Te pregunté: ¿Ahí, ves, de aquella golondrina
te acordarás hasta la muerte?
Y me contestaste: ¡Claro, seguramente!

¡Y cómo, de repente, sollozamos juntos!
¡Cómo gritó la vida en su vuelo rasante!
“¡Hasta mañana, hasta siempre, hasta la muerte!”.
Una vez, en el viejo puente.






Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski. Archivo personal Jmp.
Foto familiarJmp, circa 1980. 
Vladimir Nabokov (Rusia, 22 de abril de 1899 – Suiza, 2 de julio de 1977).

miércoles, 20 de enero de 2016

Joseph Brodsky, Sobre Novogódneie de Marina Tsvietáieva


JOSEPH BRODSKY: SOBRE NOVOGÓDNEIE DE MARINA TSVIETÁIEVA
(Fragmento)

El 7 de febrero de 1927, en Bellevue, en las afueras de Paris, Marina Tsvietáieva terminaba “Novogódneie” (“Felicitación por el Año Nuevo”), que por muchas razones constituye un hito no sólo en la obra de la autora, sino también en el conjunto de la poesía rusa. En cuanto al género, el poema puede considerarse como una elegía, que es el género poético más plenamente desarrollado, clasificación adecuada aun cuando sólo fuese por la concurrencia de ciertas circunstancias, una de las cuales es que se trata de una elegía con ocasión de la muerte de otro poeta.
Cualquier poema “a la muerte de” sirve, generalmente, no sólo como medio por el cual el autor expresa sus sentimientos ante una pérdida, sino también como pretexto para especulaciones más o menos generales sobre la muerte en sí misma. Al llorar su pérdida, —un ser amado, un héroe nacional, un amigo íntimo o una luz orientadora—, a veces el autor llora al mismo tiempo, ya sea directa, o indirectamente, a menudo de manera inconsciente, por sí mismo, porque la vena trágica es siempre autobiográfica. En otros términos, todo poema “a la muerte de” es, en cierto sentido, autobiográfico. Este aspecto es simplemente inevitable si el objeto del lamento es un escritor a quien el autor estaba unido por vínculos, reales o imaginarios, demasiado fuertes como para poder eludir la tentación de identificarse con el tema del poema. En esta lucha por resistir semejante tentación, el autor choca con el obstáculo que interpone su sentido de asociación profesional, cierta exaltación que es afín al tema de su propia muerte, y por último, la experiencia puramente personal y privada de la pérdida : algo importante le ha sido arrebatado, y habrá que establecer una relación con este hecho. Acaso, el único inconveniente de estos sentimientos absolutamente naturales y, por lo demás, respetables, estriba en que nos ofrecen más datos acerca del autor y de su actitud respecto de su posible muerte, que acerca lo realmente sucedido con la otra persona.
Por otro lado, aunque el poema no es un artículo periodístico, muchas veces la música trágica de un poema nos informa con mayor precisión acerca de lo que ocurre, que una descripción detallada. No obstante, es difícil y muy delicado a veces reprimir el sentimiento cuando, respecto a este tema, el autor adopta la misma actitud que un espectador ante un escenario, y cuando su propia reacción (lágrimas, no aplausos) tiene para él consecuencias mayores que el horror de lo que se representa. En el mejor de los casos él se limita a ser aquel quien observa todo desde la primera fila. (…)



Traducción de Irina Bogdaschevski (Belgrado, ex Yugoslavia, 1927 - La Plata, Argentina, 14 de enero de 2016).
Marina Tsvietáieva (Rusia, 26 de septiembre de 1892 – 31 de agosto de 1941).
Joseph Brodsky (Rusia, 24 de mayo de 1940 – EEUU, 28 de enero de 1996).
Fotos: Tsvietáieva y Brodsky. 

jueves, 14 de enero de 2016

Vladimir Maiakovski, Una sola estrella


¡ESCUCHEN!

¡Escuchen!
Si encienden a las estrellas, —
quiere decir, ¿que alguien lo necesita?
Quiere decir, ¿alguien quiere que existan?
Quiere decir, ¿que alguien llama perlas a esos escupitajos?
Y esforzándose
entre ventiscas de polvo meridional
irrumpe a lo de Dios,
teme haberse retrasado,
llora,
le besa la mano nudosa,
le pide —
¡que aparezca con seguridad la estrella!,
y jura —
¡que no podrá soportar el dolor por falta de ella!
Y luego
anda angustiado,
pero tranquilo en apariencia.
Le dice a alguien:
“¿Pues, ahora, no te sientes mal?”
“¿No tienes miedo?”
“¿No?”
¡Escuchen!
Si a las estrellas,
las encienden,
quiere decir, ¿qué alguien lo necesita?
Quiere decir, — es indispensable
que cada atardecer
por encima de los techos
¿¡se encendiera por lo menos una sola estrella!?

1914


Versión de Irina Bogdaschevski (Belgrado, ex Yugoslavia, 1927 - La Plata, Argentina, 14 de enero de 2016).
Vladimir Maiakovski (Rusia, 19 de julio de 1893 – 14 de abril de 1930).

jueves, 8 de octubre de 2015

Serguei Esenin, No te aflijas



HASTA LUEGO…

¡Hasta luego, amigo mío, hasta siempre!
Querido, en mi pecho siento tu latir…
La separación destinada por el tiempo
promete el reencuentro en el porvenir.

Hasta luego, amigo mío, sin mano, sin palabras,
no te aflijas, no guardes rencor,
morir no es nuevo en esta vida,
pero tampoco es más nuevo vivir.

Diciembre de 1925.


Es el 27 de diciembre de 1925, y Esenin, solo en un hotel de Leningrado, se corta las venas y escribe, con sangre, su último poema.
En: “Diez poetas rusos del Siglo de Plata, Blok, Pasternak, Maiakovski y otros”, CEAL, 1983. Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski. 
Serguei Esenin (Rusia, 1895 – 1925).  Foto: SE en 1914. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Boris Pasternak, La vela ardía sobre la mesa


LA NOCHE DE INVIERNO

La ventisca barría toda la tierra,
y los confines todos.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Como enjambre de moscas en el verano,
atraídas por el fuego,
así se juntaban los copos de nieve
en la ventana.

La ventisca pegaba sobre el cristal
círculos y flechas.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Al cielorraso iluminado
caían las sombras.
Brazos cruzados, piernas cruzadas,
y los destinos cruzados.

Y caían dos zapatitos
al piso, con ruido.
Y goteaban lágrimas de cera
desde el candil al vestido.

Y todo se perdía en la nevada bruma
canosa y blanca.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Del rincón el aire movía la llama,
y el ardor de la tentación,
como un ángel, dos alas grandes
alzaba cruciformes.

La ventisca barría todo febrero,
y frecuentemente
la vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.



Poema incluido en la novela Doctor Zhivago, 1957. En: “Diez poetas rusos del Siglo de Plata, Blok, Pasternak, Maiakovski y otros”, CEAL, 1983. Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski.
Boris Pasternak (Moscú, Rusia, 1890 – Peredélkino, 1960). Foto: BP en 1948.

viernes, 2 de octubre de 2015

Vladímir Maiakovski, Un nocturno con caños de desagüe



¿Y USTED PODRÍA?


Barrí de golpe el mapa cotidiano,
echando la pintura de un vaso;
mostré en la fuente con gelatina
los pómulos oblicuos del océano.
En las escamas del pez de hojalata  
leí llamados de labios nuevos.
Y usted,
¿podría tocar
un nocturno
con la flauta de los caños de desagüe?

1913


En: “Sobre los poetas y otros poemas”, CEAL, 1988. Traducción: Irina Bogdaschevski.
Vladímir Maiakovski (Rusia, 19 de julio de 1893 – 14 de abril de 1930). 

viernes, 28 de agosto de 2015

Arseni Alexandrovich Tarkovski, Allí, al margen del mundo


DÍA DE INVIERNO

Lo he soñado y ahora sueño,
y lo soñaré también alguna vez,
todo volverá a ser y llegará a encarnarse
para que usted sueñe lo que yo soñé.

Allí, al margen del mundo, a nuestro costado
la ola sigue a otra ola para batir la orilla,
sobre su cresta están el pájaro, el hombre, la estrella,
y la realidad, sueños, la muerte, oleada tras oleada.

He sido, estoy y estaré, no necesito fechas ni guarismos.
La vida es milagro de los milagros, y en su regazo
como a un huérfano, me coloco a mi mismo.

Sólo entre los espejos, en su cerco, como chispazos
se reflejan mares, ciudades y brillan entre los efluvios.
Y la madre llorando pone al niño en su regazo.


En revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 2, invierno de2005. Director: José María Pallaoro. Poema escrito en 1980. Versión especial para El espiniyo de Irina Bogdaschevski (Belgrado, 1927).
Arseni Alexandrovich Tarkovski (Rusia, 25 de junio de 1907 – 27 de mayo de 1989).

domingo, 16 de noviembre de 2008

La poesía como proyecto de vida: Acerca de Sucesión del Ser de Mario Porro

Por Irina Bogdaschevski

Una partícula no es más que
una región más densa de su campo,
que por otra parte se extiende a
todo el Universo.
Albert Einstein

“La poesía hay que leerla, y releerla varias veces en voz alta
para poder comprender su sentido profundo y exclamar:
¡Ah, esto es lo que el poeta quiso decir!”
Ludwig Wittgenstein


El mundo, que cada década se hace más y más complejo, exige al hombre que se especialice con mayor precisión, eligiendo una determinada, muy específica rama del arte o de la ciencia para poder investigar y quizás encontrar luego, en un ámbito relativamente limitado, nuevas posibilidades, nuevas leyes. En nuestra época hay pocos individuos que por sus intereses podrían compararse con los hombres del Renacimiento, cuyos conocimientos heterogéneos les permitían abarcar con su mente un amplio espectro de disciplinas artísticas y científicas, y que en el pasado no estaban tan alejadas unas de las otras como lo están ahora: la pintura, la escultura, la arquitectura, la ingeniería estaban estrechamente ligadas, lo mismo que las letras, la filosofía, la astronomía y la matemática. Y sin embargo ahora nos acercamos de nuevo, cada vez más, a la idea de que en el universo todo tiene que ver con todo, a pesar de que nuestras capacidades de comprensión y asimilación de conocimientos no nos alcanzan para abarcar lo necesario. Además, no discernimos bien entre lo esencial y lo insignificante para nuestro espíritu y perdemos tiempo, que siempre nos falta, en tonterías y vanidades.
Mario Porro es uno de estos pocos hombres del nuevo Renacimiento cuya sed de saber no le permite nunca descansar, considerarse poseedor de las últimas verdades y cuya amplia visión abarca muchas expresiones del espíritu humano, tanto dentro del ámbito científico, como de las diversas disciplinas artísticas.
Hizo estudios de física bajo la tutela del profesor Dr. Rafael Grinfeld, director del Departamento de Física de la Universidad de la Plata y traductor de Alberto Einstein al castellano; estudió matemática y electrotécnica con el profesor Miguel Simonov; estudió música y varios instrumentos musicales y accedió acompañado por los músicos Francisco Kröpfl y Juan Carlos Paz al ámbito de la música moderna; se interesó seriamente por la pintura y escultura; y su pasión por la literatura, especialmente por la poesía fue signada por grandes poetas, desde Juan Ramón Jiménez hasta Lorca, pasando por Saint John Perse, Tagore, Rilke y la poesía oriental.
Para Mario Porro tanto la Física y las ciencias exactas en general, como todas las Artes, son hijas de la Metafísica. Según Mario el principio de todas las cosas es la palabra porque “... todo existe para el hombre a partir de haber sido nombrado”.
Otra de sus ideas más caras es la presencia eterna del elemento emocional en todas las expresiones tanto artísticas como científicas, lo mismo que en la vida cotidiana del ser humano y hasta de todo ser viviente.
Para Mario Porro la poesía es el proyecto de vida, donde no puede faltar el conocimiento de la música moderna, las nuevas teorías de la aparición de vida en el universo, las nuevas experiencias plásticas, o las deducciones metafísicas de los filósofos contemporáneos. Toda esa suma de conocimientos y, más que nada, su increíble capacidad de razonar, le permiten hacer sus propios hallazgos, pensar sus propias teorías.
En la idea de la palabra él subraya especialmente la exactitud del anuncio, del vocablo que se utiliza, para esperar del lector o del oyente, la comprensión adecuada.
El uso exacto de una expresión exige la máxima responsabilidad del que comprendió ante el anuncio entendido. Después de leer atentamente cualquier poema de Mario, vemos cómo, con máxima economía de medios, se nos introduce en el puro campo metafísico, iluminando de pronto nuestra existencia.
Escribir con precisión, pronunciar con exactitud su idea, su sentimiento, - eso es hablar con el lector como con su igual, su cómplice, que no trata de autoafirmarse a costa del autor -. El poeta busca siempre a los lectores que poseen el gusto preparado, educado por las múltiples y atentas lecturas de poesía. El buen gusto presupone la capacidad de elevarse sobre la rutina sin la ayuda del poeta, mientras se busca en el poeta al interlocutor de confianza, al guía en cuyo brazo uno puede apoyarse. La poesía de Mario es seria y reservada; el componente más valioso de todo arte -la emoción- Mario no la oculta, la revela en su poesía. La pareja reinante -el sonido y la idea- se presenta en su obra como la unidad orgánica equilibrada, porque su separación representaría el fin del misterio poético. La idea y el sonido sólo estando juntos gozan de una verdadera libertad porque ambos poseen sus límites naturales. El sonido en la poesía de Mario Porro es sobrio, la idea es siempre original, casi insólita, pero parca: surge la dulce, sugestiva apariencia habitual, en la cual el cielo se alcanza por medio de las señales terrenales.
Mario Porro se dirige hacia sus iguales, pero esto no es el elitismo inherente a la ciencia, sino la nobleza inherente a todo arte. El meristema de la cultura, su delantera en el arte y en la ciencia se ocultan de diferentes maneras ante los no iniciados. La experiencia espiritual, emocional se acumula en cada uno de nosotros espontáneamente durante toda la vida. Esa experiencia no siempre nos permite comprender la mecánica cuántica, pero a los que conocían solamente la música ligera, los puede llevar a comprender a Johann Sebastián Bach. En su nivel exterior el arte está abierto a todas las sensibilidades, pero sus niveles más profundos incitan al hombre a superarse, a crecer. Sin embargo, muy pocos creadores llegan a rebasar con su arte los límites que han sido aceptados por las generaciones de artistas de épocas anteriores. La prosodia lo mismo que un organismo nuevo, no puede ser inventada; es una condición dada, descubierta por un talentoso artista que no es ningún instrumento de la cultura, sino su creador, su artífice.
Mario Porro amplió muchísimo nuestros horizontes, nuestras posibilidades de la captación de la poesía. Sin buscar las rupturas drásticas irracionales, pero sin temer tampoco de introducirnos en el difícil, pero noble mundo de la metafísica poética. Y éste es su mayor mérito.
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Irina Bogdaschevski, hija y nieta de rusos, nació en Belgrado, Yugoslavia, en 1927. Es lingüista, especialista en idiomas eslavos, traductora, escritora, poeta. Ella y su familia en 1944 fueron llevados por los nazis a trabajar a Austria, haciéndolos pasar antes por el campo de concentración de Matthausen, donde murió su madre por falta de atención médica. Después de la guerra comenzó sus estudios universitarios, se casó con Igor y en 1949 con su esposo y su pequeño hijo viajaron a Argentina. En nuestro país trabajó para el diario La Opinión, para el Centro Editor de América Latina y luego para otras editoriales. Escribió estudios preliminares y realizó traducciones de muchos escritores y poetas rusos de todos los tiempos: Pushkin, Turgueniev, Goncharov, Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Ajmátova, Blok, Maiacovski, Tzvetáieva, Mandelstam, Pasternak, Tarkovski, Bródski, Ajmadúlina. En sus traducciones Irina siempre intenta preservar la rítmica armonía y el estilo de la prosa y de los poemas originales. Publicó en 1991 un libro de cuentos cortos, “Imágenes al negativo”, y en 2001 la plaqueta “Impreso por ardor”. Desde 1966 vive en Villa Elisa, partido de La Plata. FOTO: Irina en la redacción de El espiniyo, City Bell, 2006. Poemas de IB en POESÍA LA PLATA.
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