Mostrando entradas con la etiqueta Ignacio Uranga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ignacio Uranga. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de febrero de 2013

Ignacio Uranga, si aceptara la palabra al menos



(ramalaje, fragmento)


si aceptara la palabra al menos con cierta ingenuidad:
no era nuestro ese trance: es la propia ineficiencia del
sonido humano: de efusiones líricas al dodecafonismo:
la serie madre o fundamental en el decir y de respuesta
su reverso: el zarpazo animal fue lo que restaba: hundir
la voz sobre la piel y que dé que sentir el trazo: hubo un
estampido y turbulencias: entonces colisiones de lo que
cada uno entendía como neutro: elucubraciones asistidas
no sé si desde adentro o de afuera: eran estímulos dando
cauce a la forma de supuestas materialidades exteriores
que tendrían orden y lugares habituales, tan abarcativas
que uno mismo, pareciera, se encuentra en ellas alojado:
no más que eso: colaborando con detalles el afuera en
la intimidad de cada uno: pero la mirada es un momento
transitorio: la idea no afuera sino adentro hecha objeto:
como a la deriva ha ido distanciándose: se derramaba
imprevisible: llegan ráfagas intensas que desmontan lo
permeable: si pudiera verla sin aditamentos: pero impide
objetivar esta zona de clivaje: es que está honestamente
hecha también de mí: como arrasándome en fragmentos
voy quedando atrás: fue quizá gradual el movimiento, pero
sólo pude verlo repentino: el discurso de la puerta fuerte
contra el marco, los vidrios estallados sobre el suelo, y el
mensaje casi unívoco en esa agua lenta que cae de los ojos

.


esta tarde en la avenida, sobre el carril al centro
vos, de coche a coche el cruce, a la periferia yo
con destellos de baliza y alertando, próximo a
detenerme, de compañía sólo treinta frascos para
el sistema inmunológico: una síntesis concreta
esta escena: a contramano el encuentro, atentos
al posible golpe con los otros: era ese el riesgo:
expuesto a media calle, leyendo en el retrovisor
la chapa: después de cuatro meses frente al mar
sobre la arena, es sólo error de entendimiento
creerte de regreso: número privado: convencido
de uno más de tus impulsos, que en primera y de
presente indicativo dirá querer, pero quizá también
amar: y fue buscar en mismo modo y tiempo haber:
un hilo de aire ya el decir desde la clínica: un gemido
animal su lengua: rompía el cáncer también la voz:

.


cinco del cuatro, veintitrés cincuenta y nueve: no debería
haberlo fechado: es que fuimos no hace mucho ahí, no sé
si fue o parecimos: algo como paz en colores sobre lienzo
ese entre vacío y pleno afuera diario: de súbito entonces, sin
mediaciones, en caída eran rígidos fragmentos: llega tu voz
después de un año en una carta, como si el último diciembre
jamás hubiese sido: pero eran fulgores de corte psicotrópico:
como aspas girando lo real, sobre el anverso de mis párpados
para tu ojo con su iris abrasivo, viniendo a completar tu rostro:
el asedio de tu imagen, no con intenciones de quedarse, sino
reafirmando que no está: quedaremos en esto hasta borrarnos:
por este abracelaje, este resplandor sin bruma, es que decido
enérgicamente ignorar la respuesta a la carta que no enviaste:
Bahía Blanca, seis de abril de dos mil seis, querida Caroline

.


se hace a la mar, esta Caroline, como río
que da al morir: y, como río, también da
con metástasis, este cáncer a la mar: agua
será y polvo, mas agua y polvo enamorados

.

una cuestión espacio-temporal fue el problema:
treinta segundos a los veinte milímetros donde
decía irse al mar: la veo ahora desde lejos: este
cerca repentino deja claro que hay un punto en
que todo se termina: ni a distancia se pudo nuestro
encuentro: diversa, delirada y trópica era otra
ya era otra: una suerte de circularidad como en
signos de autoimplicación o bien mise en abyme
(Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat,
Hypocrite lecteur, mon semblable, mon frère!)
estas últimas palabras: eso que éramos al parecer
o parecíamos, hoy estuvo, sí, dividido por aquello
como un portazo, como un golpearse fuerte de
la puerta: siquiera parecer pudimos: sigue pareciendo
una puerta, y está el espacio clausurado



En: “a-letheia / ramalaje”, Ediciones en Danza, 2012. Selección: jmp.
Ignacio Uranga (Bahía Blanca, 1982).
Foto: IU en FB.

jueves, 31 de enero de 2013

Ignacio Uranga, decididamente sintomáticas y divididas mi mente y psique



EL ELLA REAL

Decididamente sintomáticas y divididas mi mente y psique
por el límite producto de la involuntaria violencia
ordenadora que estructura y jerarquiza sin tenerme en
cuenta, y sin piedad ensueña y golpea, golpea y ensueña
al punto tal de dolorosamente situarme a luz plena subalterno
indefenso frente al ella real y la pre-mujer, temporalmente frágiles
ambas; desesperadamente amando no la totalidad sino mínimas partes:
me refiero claro a ésta que no es no es: y no es: que canta no cantando
cuando extiende y no extiende sus manos que no son manos y
las abre cerrándolas para despedirse sin irse ni haber llegado
para luego finalmente lejana hacer las típicas señales del adiós
hasta que yo mucho más allá de lo inevitablemente preciso
incierto como la letra, como lo oscuro a los ojos, vuelvo arrodillado
a la construcción escritural, a dar sentido a esta vida, fundando un
territorio en el que comprensión y pregunta se desleen: como aquélla
que ni canta ni extiende ni cierra ni abre porque no hay ni canto ni
llegada ni manos para las típicas señales del que puede partir:
han fundado una y otra dialógicamente dis-cordia en mi pobre corazón



SÝMBOLON

El último invierno, agosto, miércoles, 11 pm
ella partió, dejó, la ciudad, un pacto, el amor,
roto en el café de las siete: un símbolo
de la antigua Grecia: la hospitalidad
de sus ojos: la mitad de mi tristeza



En: “El ella real”, Hemisferio Derecho Ediciones, 2009.
Ignacio Uranga, Bahía Blanca, 1982.
Foto: FB.

Ignacio Uranga, ahora, a dieciséis años de no escupir al caminar



EL SUEÑO DE LAURA

Ahora, a dieciséis años de no escupir al caminar
a dieciséis de no mear en los potreros, ahora que
el Lito espera un hijo, que Haroldo va por el
segundo; ahora que el Preso se mudó y no lo
veo; ahora, que caigo en la cuenta de que al Rodi
hace diez años lo mataron dos veces: la primera
por error, la otra jugando; ahora, que no puedo, que
no puedo: al barrio no vuelvo por miedo a mí
mismo, porque ahora el chico es un ilustrado que
asiste a la academia y evita ensuciarse los zapatos; ahora
que la licenciada en ciencias psicológicas Erzetic Paula
diagnosticó neurosis, y el psiquiatra no se pone de acuerdo
con la enfermedad y la droga para la cura; ahora, que es
un intelectual convertido, un converso pibe del barrio Colón
que antes escupía y meaba el portón de cualquier vecino, ahora
que sufre porque de las palabras no se vuelve: el siete de octubre
Laura soñó le decía: no quiero más esto, Laura, no quiero más esto


ASMA

Intentando saltar el alambre en 1988, la línea divisoria
empezaba a recorrer el camino hacia la cicatriz, la
marca para siempre, con todo lo que para siem-pre
implica: suturada una vez la herida, se pretendió que dos
partes desiguales fueran convocadas en una integridad
armónica: la conciencia debida que una línea divisoria
merece no fue considerada: una simple cicatriz pero
detrás se oculta y se muestra a la vez una causa, el sistema
de condicionamientos que contextualmente operaron para
que ahí las cosas no quedaran iguales: un componente más
en el proceso de gestación de la identidad: una huella que
no es más que otro lenguaje: porque nadie es hasta que abre
la boca o la letra, y cae en el abismo, la abertura por la distancia
el no puente, y siente al caos en carne viva, tras el esfuerzo y el
dolor, el esfuerzo y el dolor de intentar decir y caer y caer y venir
a darse cuenta de que el grito sería más: entonces el lenguaje se
vuelve cicatriz, lugar que siempre será un límite, a la vez que
marca que quema, individual, intransferible, entre la imagen
objetiva y subjetiva del mundo, un camino imposible, un
surco que marca un no camino, una construcción equivocada
insuficiente: una auto-herida que el hombre se ha hecho


IDENTIDAD O DEL MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACIÓN

El limonero de
Avellaneda 540
ha perdido
la libertad de ser
un árbol
cualquiera


En: “El ella real”, Hemisferio Derecho Ediciones, 2009.
Ignacio Uranga, Bahía Blanca, 1982.
Foto: FB.