Mostrando entradas con la etiqueta Edgar Bayley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Edgar Bayley. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de julio de 2019

EDGAR BAYLEY Nueva y eterna como el camino




LA MANO

Algo va a surgir de esa mano
no retengas ni su amor ni su odio
deja que hable esa mano
que escriba torpemente en la noche
deja que recuerde
que se pierda entre las sábanas
entre las hojas y las calles
que se pierda balbuceando
y que destruya los puentes del saludo
deja que diga no
y que la odien y la expulsen
deja que no escriba
que se mate poco a poco
que ennegrezca con el agua tibia del vicio
que se calle o hable sin sentido

deja a esa mano estar
mano inservible
desahuciada
odiosa
mano para el martirio de los otros
para robar
para implorar clemencia a los cobardes
mano infidente
mano sin piedad
ni gracia
ni alegría
mano de verdugo
de holgazán
innoble
blanda
mano de firmar sentencias
mano de condenar
mano escondida
aleve
mano de traicionar
de mentir
de estar borracho

¿Pero esta mano indigna sucia
no buscará en la noche algún saludo
alguna señal de Dios o de la calle?

Porque esta mano viene de lejos
desde antiguo
mano de hombre
de rufián
menesterosa
mano de equivocar
de estar callado
mano imposible de cortar
mano regenerada
mano infinita renacida
mano infame
pero mano de esperar
mano de imaginar
mano de acompañar la noche
mano para volver

Algo va a surgir de esa mano
no las condenes
deja que abra sus dedos
que suelte su envoltorio
su dinero
la terrible noticia
el telegrama de felicitación

Ha de llegar la señal
poco a poco
algún saludo
y la mano hablará por fin
hará surgir el fuego de las sombras
cantará
sencillamente cantará

La mano fue antes árbol
estrella
viento
la mano movió compuertas y señaló caminos
la mano empuñó el timón y cerró los párpados desvelados
la mano abrió las tinieblas
y tuvo sed de amor: inventó signos
saludó
fue serena
tuvo reflexiones sensatas
consoló y acompañó el llanto de los otros
y la mano sencilla sufriente
se hizo una sola cosa con todos los desesperados
la mano celeste
inventora del fuego y la herramienta
invasora del aire y de la espera del hombre
mano muda
mano sin solución
mano nueva y eterna como el camino
y las llaves del sueño y del canto
mano real
hermana
agresiva
impotente
mano donante
enamorada
mano de luz
nocturna
imperativa
mano del mundo
del día
del comienzo


En Obra Poética, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1976. El poema “La mano” forma parte del libro Ni razón ni palabra (poemas, 1955-1960)
Edgar Bayley  (Buenos Aires, 1919 - 12 de agosto de 1990)
Foto: Jmp

viernes, 12 de enero de 2018

Edgar Bayley, Eso es todo



VOLVER A EMPEZAR

No es para tanto. Te ayudaré. Recoge los granos
de maíz. Los cantos rodados. Las cartas, aquel pañuelo rojo, la hoja del diario atrasado donde se ofrece un empleo, un poco de arena o de tierra, la cuenta del hotel y la maleta desfondada. Te has quedado mucho tiempo de pie, sin tocar el timbre. Eso es todo.


TODO EL VIENTO DEL MUNDO

No he de volver al aire. Caminos. Caminos del libre odio, sombras,
torpezas que rescatas en la espiral. Serpiente del lanzamiento. Odio, razón de vida, vino del sueño del sueño vidente, cosecha entre las rocas. No he de volver al aire. Condena, sospechas, abolición del hermano, cuerpo renegado de un pan sin justicia, cielo negro, tronco hostil, heridas del alba, floración lenta del rechazo.

No he de volver a la playa secreta ni cosecharé en la noche
los frutos ocultos. Caminos del delirio mudo. Separación. Golpes en la muralla. Ilusión taciturna de la palabra-calle de la furia. Allí mismo, flor de la guerra, destrucción del valle, lógica del poder. Tierra de nadie, aridez del rechazo propio. Rechazo de los otros, sangre del desamor. Dominio del cuidado. Estrategia del desprecio. Libre serpiente, sembradora de la renuncia y la negación.

Nadie se consuela, nadie se compadece en las arenas del desprecio. Los días
no colman ninguna ternura. Con los ojos abiertos, con la memoria vacía, asistimos a la fiesta de la destrucción. Ni ellos ni yo. No será parea nadie la patria verdadera. No serán para nadie las linternas y la confianza. Reino de la traición, sin dudas ni dioses. Juegos del odio, milagro de la crueldad.

Pero el viento prosigue, más allá de la humillación y la alegría, cantando
la transformación de los colores, igualando el desprecio con la esperanza, el cuidado con la inocencia. El rechazo, al quedar solo, se hace habitable. Se establece, habla sin declamación ni cálculo.

Es mi propiedad en la arena. Es una voz al borde de la destrucción.
La negación que hace un hombre, todos, más allá del cuidado. Va a nacer del asco un rostro.

Los ojos abiertos mirarán por fin.

Alguien es finalmente para sí mismo, para los otros. La catedral
del desprecio abre sus ventanas. La libre serpiente llama, descubre. No hay caídas ni impaciencias en esta luna fría. No hay temor en las fronteras del bosque. El reflejo cede ante el agua de la fuente.

Un nombre. Una lucidez fraternal. Un nacimiento. El mundo llega a ser un tú.
Canto. Luz en la piedra fecundada. Nos reconocemos. Luminoso cielo oscuro. Sangre del desamor enamorada. Rostro del hermano. Admisión del sí mismo en el rechazo. Lentamente surge la compañía de los otros. Un camino. Nos volvemos viento. Todo el viento del mundo.


En El día, Ediciones del Mediodía, 1968
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)

Foto: Jmp

lunes, 19 de junio de 2017

Edgar Bayley, Vas a ordenar por fin tu cabeza


NUESTRO PAÍS

nuestro país es éste
es otro
entre ambos mundos
entre corrientes
miro hacia el mar
me acompaña el viento
miro a lo lejos
hacia afuera

el sol sobre la arena
y las gaviotas
más cerca de nosotros
que las palabras o la memoria

de manera que miro
pongo en orden al mar
dentro de mí

el mar no recomienda nada
no nos advierte
no persigue ni absuelve

yo no busco frente al mar
una salida
no quiero ser llamado
y tirando hacia abajo
me voy haciendo arena
sin nombre
hago mi camino
unos pasos
ando


CUALQUIER VENTANA

vas a ordenar por fin tu cabeza
hablar claro entender entenderte
vas a tener revelaciones
en tus manos
vas a comprender por fin
en la oscura mañana
la libertad de no esperar
de no culpar ni disculparte
vas a ocupar con el mismo interés
cualquier ventana
harás tuyo por fin cualquier paisaje
la voz que tengas ese día





En: El día, Ediciones del Mediodía, 1968.

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919 – 1990). Foto: Jmp

lunes, 22 de agosto de 2016

Edgar Bayley, Este mundo y el otro


OTRAS HISTORIAS
EL BALCÓN Y EL JARDÍN

     Este balcón da al jardín. Mi escritorio se encuentra colocado frente al balcón. De modo que puedo apreciar los canteros del jardín. Puedo ver las rosas, la fuente y, al anochecer, a una señora vestida de verde que se oculta tras los árboles del fondo. El jardín tiene senderos y hay una carretilla abandonada en un rincón. A la mañana abro de par en par el balcón y dejo que vuelen mis papeles. Este mismo en el que acabo de escribir. Porque lo importante, lo verdaderamente importante, no son los papeles ni mis justificaciones. Lo importante es el balcón, es el jardín y a veces la señora.


TRANSPARENCIA

     Detrás de un gran ventanal de vidrio, una linda muchacha rubia, tullida, está sentada, tomando sol, sobre una silla de ruedas. Yo me detengo ante ella unos instantes, sin advertirla, para verificar si llevo unos papeles en mi pequeña cartera. Sí, los levo. Entonces alzo la vista y veo a la muchacha. Ella me sonríe. Yo le sonrío y me alejo caminando de prisa. Después, una señora que viene del mercado con una bolsa llena de verduras se detiene también sin reparar en ella, para reacomodar sus cosas, hasta que ve a la muchacha y ambas sonríen. La señora se va y la muchacha se vuelve a quedar sola, sonriente. Has bastado esto para que en un momento fugaz, pleno, yo advirtiera que este mundo y el otro son uno solo, un solo misterio, un solo instante.


EPÍLOGO
UN HOMBRE TREPA POR LAS PAREDES Y SUBE AL CIELO

Colgado de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entra en el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre que tiene fuertes zapatones con clavos
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los buhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
el aire libre
el cielo
el viento
entre los geranios
las sombrillas
las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre


En: “Vida y memoria del Doctor Pi y otras historias”, Ediciones Último Reino, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919- 1990). Imagen: detalle tapa del libro. 

lunes, 21 de marzo de 2016

Ofelia Funes, Una larga calle que olía a mar y a pescado fresco


HOMENAJE A EDGAR BAYLEY

I

Alguien golpea a la puerta a cualquier hora
pasea debajo de tu ventana
se asoma de pronto a la cocina
cruza la vereda y te mira.

Pone entre tus dedos
el alba y el ocaso
la brújula
los puertos
los caminos.


II

Acudí
sólo vi una calle
una larga calle que olía a mar y a pescado fresco
a redes húmedas y a piel curtida.
En el umbral descansaba una rosa
aún tenía la noche entre sus pétalos.

En la soledad del cuarto
alguien hablaba el mismo idioma
corría por los techos
cruzaba la calle y me miraba

llevaba entre sus dedos
los puertos y el deseo
el alba y los caminos
el viento y la marea.

Alguien golpea a la puerta
a cualquier hora

Inspirado en el poema de Edgar Bayley, “Alguien tiene un amigo en su sombrero”.

UN HOMBRE SUELTO

alguien tiene un amigo en su sombrero
alguien puede hablar con libertad de su relente
alguien descuida su reloj se descomide
alguien saluda como un soplo al largo espejo
alguien espera carta y no le escriben
alguien habla y lo entienden de corrido
alguien entiende y habla muy bajito
alguien obtiene amor donde lo pide
alguien es por fin un hombre suelto
que mataron ayer por un descuido

(Edgar Bayley)

En: “El cuarto de atrás”, Botella al Mar, 2009.
Ofelia Funes (Buenos Aires, 26 de julio de 1940).

lunes, 4 de enero de 2016

Edgar Bayley, Entonces sí


LLEGARÉ POR SIEMPRE A TU COSTADO

no somos más que dos
lo somos todo
un hombre una mujer
los dos llamados

alguna vez alguna
tendremos juntos
caolín lámpara fuego

entonces sí
habrá llegado
no un minuto
ni dos
sino por siempre
llama bordón canto guijarro
la incandescente noche
y el día prodigioso

entonces sí
vendrán horas rubí alba mañana
entonces sí
llegaré por siempre
a tu costado
al cuerpo todo
y a tu voz
y tu llamado

por siempre
los dos
un solo río
más allá de jazmín casa cultivo
segura puerta
y llanto cerrazón corral olvido
y tarde sayal viaje deseo
y la esperanza trunca

más allá del nunca nunca
muertevida esplendor
rosal manzana

no somos más que dos
un hombre una mujer
sin lumbre ni ventura

alguna vez alguna
en otro tiempo
quizás
en otro cielo
tendremos juntos
caolín lámpara fuego


En: “Alguien llama”, Editorial Argonauta, impreso el 25 de agosto de 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990).
Foto: Cecil A. Sarandon (Alemania, 1974). 

domingo, 3 de enero de 2016

Edgar Bayley, No habrá nunca un día perfecto


UN SOL

No hay una naranja perfectamente redonda
No hay un día perfecto
Hay un sol para los que han peleado contra las sombras
sin rendirse jamás
de noche
de día
a orillas del lago
bajo el sicomoro y el sauce
entre las rocas y las anémonas
Para ellos hay —habrá— un sol
porque han peleado contra las sombras
contra su propia oscuridad
su turbia lámpara
su ignorante desgano
Para ellos

habrá un sol
pero no hay
no habrá nunca un día perfecto
una naranja perfectamente redonda




En: “Alguien llama”, Editorial Argonauta, 25 de agosto de 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990).
Foto: Naranjas en City Bell, Jmp. 

lunes, 13 de octubre de 2014

Edgar Bayley, Cuando ella abre los ojos las horas despiertan





CUANDO ELLA

cuando ella abre los ojos las horas despiertan
respiran como matas de hierba al amanecer
como pájaros en la mañana del día siguiente
cuando ella extiende sus brazos la máscara cesa
el olvido cesa las orugas reinician su marcha
cuando ella vuelve a nadar en el agua dormida
la tierra entrega sus llaves sus momentos propicios
su amapola su maíz
una lluvia de azufre una bandera en llamas
cuando ella mira a lo lejos
se disuelven las sombras y el nacimiento llega



En: “Antología personal”, CEAL, 1983. De: “Celebraciones” (1968-1976).
Edgar Bayley  (Buenos Aires, 1919 - 12 de agosto de 1990).-

Foto: Jmp. De: Historia de la Literatura Argentina, volumen 5, Centro Editor de América Latina, 1982. 

jueves, 10 de octubre de 2013

Edgar Bayley, falta poco


EL CASAMIENTO

falta poco para el casamiento
si fuera como antes no es que pretenda explicarlo no estoy contando nada un día cada uno sabe en estos días presentarse en estas horas como si fuese cada uno cada uno para toda la vida y saberlo te felicito ahora empieza de verdad empieza el sueño otro me vuelvo al sueño al uno del todo
    de golpe gracias
porrón rastra compañía encontré lo que buscaba
cuesta un testón el viaje el día en que te conocí me
doy cuenta a mediodía hay un momento en que todo
está bien las calles de la el trompo bajo la lluvia
mucho más como tus manos como la siesta
el sol castiga tus rodillas el empedrado
cuesta un testón este viaje esta medusa
ida y vuelta
a orillas del mar una amatista un ciervo
un brasero a orillas del mar
un hilocarril y luego la puerta tallada el incensario
cuesta poco subir cuesta bienteveo
miró de nuevo la calle
miró el porrón vacío
todo está igual
como en tiempos de
con olor a desinfectante
a polvos de arroz
y azúcar quemada y canela
el casamiento
mis espaldas mi juventud
me voy en serio
hay pocas oportunidades para un hombre así
el coronel que no había
años pasaron el lenguaje de los dioses
¿por qué te casas conmigo?
caían lentamente cada uno en la vida secreta
esperas demasiado de la obediencia de un hacha
de un arpón
falta poco para el casamiento



En “Antología personal. Poemas” (de “El Día”, 1978), 
Centro Editor de América Latina, 1983.
Se respetó el texto de esta edición.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)

Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp

miércoles, 2 de octubre de 2013

Edgar Bayley, a esta magnolia


LOS DESIERTOS REALES


los desiertos reales
los mares imaginarios:
no hay palabras para elogiar a esta magnolia
tampoco hay forma de destruir las palabras
ni el oficio de florista

(guarden compostura:
en la soga de colgar se agita la flor blanca)
una tez de flores de cerezo
la última gota de sangre
los desiertos reales
los mares imaginarios
no pueden compararse a esta magnolia



En “Antología personal. Poemas” (de “Nuevos poemas”, 1977-1981),
Centro Editor de América Latina, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)

Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Edgar Bayley , ahora que viví entre dos labios


ME DOY CUENTA



ahora que viví entre dos labios
ahora me doy cuenta que no es nada
que no es nada cantar cuando se han ido
que no es nada tanto ambiguo color tanta pereza
pisar mi ambigüedad mi gallo insomne
equivocar mi bandera y mi osamenta
ahora que viví oculto abajo
ahora me doy cuenta que no es nada
mirar hacia el fondo si ha quedado
la muerte al fin trajeada de ambrosía
ahora que viajé de noche solo
y subí de un salto a la colina
ahora me doy cuenta que no es nada
pensar que mañana o que pasado
me doy cuenta claramente que no es nada
que no es nada el desamparo y la volanta
que no es nada no haber visto
haber quedado en tanto imaginar y no haber sido
ahora me doy cuenta que no es nada
ahora que miré a mi hermano cara a cara
y le vi el perdón y la pobreza
me doy cuenta claramente que su avío
que su modal su lucha se despegue
anuncian por estanques y por cuartos y burbujas
la prenda venidera el duro filamento de ser hombre


En “Antología personal. Poemas” (de “Celebraciones”, 1968-76), 
Centro Editor de América Latina, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)

Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp

viernes, 13 de septiembre de 2013

Edgar Bayley, en el sol alto, sin ostentación ni impaciencia


FIDELIDAD EN LA ENCRUCIJADA 


   En el sol alto, sin ostentación ni impaciencia, se prolonga tu camino. Serenidad del ignorado: Una emersión impura te salvará en cualquier hombre.

   Ese relámpago que hace posible la fraternidad, tanto en la dimisión como en la inocencia y la esperanza, es una de las propiedades de la poesía. Pero nada autoriza al poeta a darle nombre definitivo y menos aun a convertirse en el profesional de su dicción o su descubrimiento.

   Usura del alucinado. Este mundo es tuyo indudablemente. Pero sólo existe en tu desprendimiento. El poeta, testigo de su propia existencia, coexiste con el mundo.

   Todo poeta sabe que la palabra no es instrumento. Es vida con los demás. Y en común. Soledad común. La declamación y la ortopedia de espíritu quedan a sus márgenes. Imposibilidad, por lo tanto, el poema fabricado de acceder a la tierra de los hombres, de alimentar su viaje.

   Quehaceres de la poesía: hacer innecesaria toda justificación.

   Toda ayuda menos la retórica de la pureza y la organización de los elegidos. Es preciso intercambiar a la intemperie nuestras señales de reconocimiento con las cosas y con nuestros hermanos.
Arriesgar la incongruencia para conocer tu realidad, la realidad de los otros. Lo más opuesto a tu fluir propio es la adopción de certidumbres de superficie.

   Finalidad de las apariencias. A mitad de camino entre la concesión y la protesta, expuesto a todos los excesos de la ingenuidad y el cálculo, este amigo verdadero, este amante fiel, este lúcido conocedor, es confundido a menudo con sus enemigos: el Narciso, el borracho y el inconsecuente.

   Forzosidad de una voz, de un hombre real en la encrucijada, sin desprecio ni excesiva consideración por los márgenes. La incandescencia de la palabra -su logro mayor- es función de los ademanes silenciosos, a menudo ignorados, del nadador sobreviviente y fraternal. Poesía -modo de nadar, de estar presente, ajena a las retribuciones del espectáculo. Poesía hermana en la soledad y el olvido. Poesía –esperanza viril entre los hombres.


En “Antología personal. Poemas” (de “Ni razón ni palabra”, 1955-60), 

Centro Editor de América Latina, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)

Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp

jueves, 5 de septiembre de 2013

Edgar Bayley, me pregunto


ABRIR LA PUERTA

me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada

sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y la sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme

En “Antología personal. Poemas” (de “El Día”, 1968), 

Centro Editor de América Latina, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990).

Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp.

sábado, 5 de mayo de 2012

Edgar Bayley – No sabe sonreír a la mañana que llega


EL ESPINILLO


Es muy pequeña la sombra del espinillo. Muy pequeño su abrigo. Sus ramas, retorcidas, dirigen su rechazo a todos los vientos, al cielo, a los paseantes del camino.


Inhóspito, no sabe sonreír a la mañana que llega y en la noche sólo es un brazo más, un sentido. No sabe sonreír y rechaza el brillo espontáneo y el abandono de la hierba.



Se contiene y se resiste en medio de la libertad que lo rodea, y, sin embargo, no tiene imperio alguno sobre sí mismo ni sobre la tierra que lo origina.



No puede abandonarse ni cobrar un brillo que no le pertenece.



No obstante, surge y se desarrolla espontáneamente. Y si no puede ofrecer la sombra ni la sonrisa ni el abrigo, nos ofrece a cambio entrada, una amistad en su mundo, una fiebre distinta y necesaria. Algo más que un nombre: una existencia al lado de la nuestra.


En revista de poesía (de las cuatro estaciones) “El espiniyo”, nº 01, otoño de2005
Director: José María Pallaoro.

Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990). Poeta, ensayista.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Daniel Chirom – Edgar Bayley y la administración de la palabra poética



EL POETA DE POETAS

Fundador de la revista Arturo y hacedor insoslayable, la obra de Edgar Bayley marcó, al igual que la de su admirado Girondo, un antes y un después en más de una rama de la cultura argentina.

En el verano de 1944, el poeta Edgar Bayley fundó la revista Arturo, puntapié inicial de dos movimientos que renovaron radicalmente el arte argentino: Poesía Buenos Aires y Arte Concreto-Invención. El primero, dirigido por Raúl Gustavo Aguirre, decididamente cambió la faz de la poesía vernácula; el segundo significó un giro de 180 grados en la plástica nacional, su originalidad cruzó las fronteras y dio artistas como Tomás Maldonado (hermano de Bayley), Arden Quin, Martín Blasco, Gyula Kosice y Julio Le Parc. Tomando en cuenta la importancia de lo reseñado y la decisiva influencia que Bayley tuvo en ello, no resulta desmedido afirmar que su aporte a la cultura argentina es fundamental.

Alberto Vanasco afirmó que "que hay una poesía argentina anterior a Bayley y otra posterior a él". Esto significa lo insoslayable de su presencia en la lírica contemporánea argentina que, de una u otra manera, acusó su impulso renovador, tanto a través de sus escritos teóricos como de su poesía. Recapitulando sobre sus orígenes, Bayley escribió: "Desde hace algunos años se ha venido cumpliendo en nuestro país un proceso en el que me ha tocado participar en alguna medida. El propósito -se puede enunciar ahora brevemente en mérito a la perspectiva que da el tiempo- fue liberar a la inocencia y la fluidez poética a través de una sostenida inteligencia. Había que ir a la poesía con los ojos abiertos. Era preciso enfrentar el sueño con la mirada vigilante. Inscribirse en mérito de la propia voz en el proceso contemporáneo de la poesía y seguir adelante, sin temor a ninguno de los riesgos a que deliberadamente nos exponíamos y podían aniquilarnos... No pienso yo que hayamos superado todos los riesgos. Creo, sí, que el proceso ha desembocado en una conciencia y una conducta poéticas, que han posibilitado la conquista de una poesía de existencia indudable".

Raúl Gustavo Aguirre, quien llamaba a Bayley "poeta de poetas", afirmó que su "actitud estética, asentada en una lúcida e inquebrantable sinceridad, tiene un valor señero para la joven generación". A ello habría que añadir su férrea ética que le impidió tener la mínima claudicación y que es, a la postre, la causante de su poca difusión. Y esto no es poca cosa en tiempos de indigencia.


En Cuadernos Invención 2 (1945) Edgar Bayley escribió, a modo de manifiesto, lo que sería la piedra angular del credo invencioncita: "... Los actos vitales, como las obras de arte, en cuanto experiencias prácticas, no pueden ser reemplazados por ningún signo, pero el individualismo acostumbrado a actuar y sentir en función de la opinión ajena, acostumbrado a descubrir y establecer relaciones de cosa a significación en todo lo que lo rodea, incluso en su propia conducta, exige que la obra de arte constituya un signo. Es por ello, que todo el gran Arte Representativo ha estado fundado en la mística del individuo. Pero ese arte y esa mística que han tenido su apogeo, llegan ahora a su fin. Los valores de comunión substituyen a los valores de diferencia, y la INVENCIÓN CONCRETA al Arte Figurativo. Inventar objetos concretos de arte que participen de la vida cotidiana de los hombres, que coadyuvan en la tarea de establecer relaciones directas con las cosas que deseamos modificar: esa es la finalidad perseguida por el invencionismo. La distancia que media entre la expresión y la invención es la misma que existe entre la separación y la comunión. Separarse es pensar contradictoriamente, es seguir y concebir la vida como una dualidad. La separación exige la expresión, busca o presta a cada cosa una significación antojadiza que tiende a debilitar el poder del hombre sobre el mundo. La imaginación y la fantasía del hombre han sido de este modo rebajadas de rango. La obra poética que intenta guardar, todavía hoy, una relación con algo distinto a ella misma, es una poesía muy débil que constituye una repetición. Agotado el poder de la novedad, y por ende, el valor estético de la Obra Figurativa, ha correspondido al llamado Arte Abstracto o, mejor aún, Arte Concreto, librar desde principios de siglo la batalla por la invención. Muchas veces el Arte Viejo se llamó a sí mismo Arte Moderno. Pero en verdad, sólo han sido modernos los movimientos que se propusieron la construcción de realidades estéticas desprovistas de toda significación; los demás no han sido otra cosa que hijos tardíos del romanticismo. La fantasía y el hecho gratuito son adversarios del Nuevo Arte sólo en la medida en que lleguen a transformarse en simbólicos. Si carecen de toda significación o justificación, constituyen la alegría que conduce a la comunión; importan, de hecho, realidades incontrovertibles y autónomas, ajenas a todo propósito de disentimiento o afán de diferenciarse".

Cualquiera que dé una ojeada a la historia de la plástica argentina, se podrá dar cuenta de la influencia que tuvo el invencionismo sobre, por ejemplo, el Arte No Figurativo (Ernesto Deira, Noé, Marta Peluffo, etc.). Según Juan Jacobo Bajarlía (que junto con Bayley dirigió la revista Contemporánea, 1948), "el Invencionismo es un término provisorio que indica la toma de conciencia, por parte del poeta, de la invención como estructura específica de la obra de arte". La obra de arte cobra autonomía, su existencia está justificada por sí misma y no por lo que representa. No viene a reemplazar nada sino que instaura una nueva realidad. El hombre (el poeta) es un ser creador capaz de competir con la naturaleza, crea objetos que se insertan en ella y que pueden ser iguales, superiores o antagónicos. Ello basado en la relación dialéctica que existe entre el hombre y el mundo. Se podría decir que el invencionismo lleva a la poesía el materialismo histórico. Además, toma elementos del creacionismo del poeta chileno Vicente Huidobro. Éste agrega al concepto de creación el de la voluntad. La poesía es una forma de conocer al mundo, de dominarlo. La imagen es así un hecho directo de la voluntad y no una vinculación entre dos términos (metáfora).

Tres décadas después del manifiesto invencionista, Bayley dijo que no pretendió instaurar ningún movimiento: "Ningún dogma. Lo que alguna vez hemos distinguido con la palabra invencionismo constituye una incitación útil pero prescindidle. Hemos afirmado algunos principios necesarios, en nuestra opinión, para encauzar el proceso de nuestra poesía, pero no hemos perdido nunca de vista el plano densamente humano, la proximidad tanto geográfica como espiritual donde se elabora y concreta una poesía". Con esta declaración, el poeta intentó descartar toda iniciativa que tendiera a encorsetar en una determinada forma lo que iría en contra de los principios que pregonaba.

En su ensayo Realidad interna y función de la poesía (1952), Bayley plantea una interacción dialéctica entre “estado de alerta" y "estado de inocencia" en cuanto a la aparición y plasmación del poema. "Por un lado estaría el impulso inicial de la experiencia, el estado de inocencia, el 'soñar despierto', el recurso onírico, el sueño, el inconsciente, el 'porque sí' , el deseo, los recuerdos de la vida personal y colectiva; de allí surgiría el material para la experiencia poética; y en el otro polo, donde ese material sería recibido, por así decirlo, se produciría un principio de viabilización verbal de todo ello; es decir, surgirían algunas palabras, algunos conjuntos de palabras que guardarían una cierta correspondencia, muy sutil, casi mágica, si me es permitido utilizar esta expresión, con el material venido del otro polo. Aquí, en el polo de alerta, donde sería recibido el material 'en bruto' proveniente del polo de la inocencia, se produciría lo que podría llamarla 'administración de la palabra poética". Existe de este modo, una forzosidad en el decir de cada poeta en cuanto lo que dice sólo lo puede decir de esa manera. Si no es así, la experiencia poética ha sido fallida y el poema no funciona como tal.

Daniel Chirom (1955-2008)
En Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí Nº 19 – 2009. Año XIV.
Foto: Jmp, detalle tapa revista El Jabalí 19.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Daniel Chirom – Edgar Bayley y la existencia del hombre


LA CLARIDAD

En Común (1949) es el primer libro de Bayley y el que refleja de forma ortodoxa el movimiento invencioncita. Los poemas poseen un lenguaje inventivo pero atado por una estricta vigilancia intelectual que, en algunos casos, les impide alcanzar vuelo lírico.

En 1961, bajo el título La vigilia y el viaje, edita su hasta entonces obra poética completa: En Común, La vigilia y el viaje y Ni razón ni palabra.

Este volumen, que es el fruto de 16 años de trabajo, muestra acabadamente su evolución poética. Los poemas, sin perder la vigilancia que supone el "estado de alerta", ganan en fluidez e inventiva y acceden a la plena existencia. Hay aquí textos memorables como "Es infinita esta riqueza abandonada", obra que se convertirá en una suerte de bandera para toda una generación. En "El poeta político", Bayley propone: “... es necesario intercambiar a la intemperie nuestras señales de reconocimiento con las cosas y con nuestros hermanos". César Fernández Moreno apunta que los poemas "presentan a primera vista el aspecto coherente y trabado del discurso lógico, para revelar de pronto que sus conjunciones, proposiciones y demás soportes gramaticales son algo así como una parodia en alto estilo del arte tradicional, bajo cuyo disfraz late una realidad sólo emocionalmente aceptable".

Entre 1963 y 1964 se publica la revista Zona de la Poesía Americana. Allí se nuclear poetas que siguen por la senda trazada por Bayley. Entre ellos podemos citar a Alberto Vanasco, Francisco Urondo, César Fernández Moreno, Miguel Brascó, Noé Jitrik y Ramiro de Casasbellas. De alguna manera, esta publicación es el fruto de la larga experiencia del autor de En Común ya que podemos hallar elementos del surrealismo, del invencionismo y del neoromanticismo, dando lugar a una poesía a la que se clasificó de "existencial".

En El Día (1969), según Daniel Freidemberg, Bayley realiza "la ruptura sintáctica de algunos textos" y pone en juego "la surreal jocosidad de ciertos poemas en prosa". Luego vendrá Celebraciones, que son poemas escritos entre 1968 y 1976 y que son incorporados a su Obra poética. La poesía de Bayley ha ganado un nuevo espacio, producto de la fusión de sus anteriores experiencias. Cada palabra es una obra poética y al encadenarse con las demás del poema, brindan un conjunto que sorprende no sólo en el nivel del sentido, sino también en el del fónico, aspecto al cual el poeta siempre le ha prestado especial atención. Si según Platón "descubrir es recordar", Bayley despliega ante el lector el mundo en su maravilla que, por obra de la gracia que vive en el poeta, vuelve a cobrar sentido o, si se lo prefiere, toma uno nuevo (hay que tener en consideración que en latín "descubrir" e "inventar" son sinónimos).

En Nuevos poemas (1981) el poeta nos sorprende con la enumeración de elementos de la vida cotidiana a los que otorga una nueva dimensión. Ejemplo admirable de ello es "La Sartén", un poema donde el lector descubrirá el asombro en aquello que realiza diariamente en forma mecánica, lo verá por primera vez como si nunca lo hubiese visto. Bayley propone "una mirada inocente" mediante la exposición casi "fotográfica" de los hechos y de los objetos.


Pero esta poesía está lejos del sencillismo. Su "frescura" proviene de un trabajo consciente con los elementos visuales, fónicos y con el poder revelador de la palabra. Estos elementos se profundizarán en Alguien llama (1983) donde, según Freidemberg, "sin hacer surrealismo, queda creado un espacio 'surreal', por ejemplo, cuando en "Un hombre trepa por las paredes y sube el cielo", lo absurdo -más exactamente lo desatinado- se hace natural por la presentación 'fotográfica' y sin énfasis de los hechos, un poco al estilo del mejor cine mudo. Otro poema ejemplificador de la altura alcanzada por el bardo es "La Claridad", donde logra conmover con su sencillez. Y es necesario volver a remarcar que aquí no hay que confundir esta palabra con simpleza. El vate, dueño de su lenguaje, logra trasmitir con "claridad" aquello que quiere decir. Esto sólo es posible cuando vida y obra se confunden en un mismo haz ("Claridad he querido para recorrer tantos sueños/ y glorias y poderes y dispersas situaciones y gentes y para estar en el aire sin ausentarme del fuego").

Párrafo aparte merece el personaje del Doctor Pi. Aquí Bayley despliega poesía y humor en historias que son protagonizadas por un personaje cuyo linaje entronca con el doctor Faustroll de Alfred Jarry y Pluma de Henri Michaux. Con su levitón, su sombrero de copa y su bastón, el doctor Pi transita por extrañas aventuras que no tienen principio o fin. Luego de leer cada historia, el lector se preguntará si el absurdo existía antes o después de la aparición de Pi. En el prólogo del libro, Enrique Molina afirma del doctor Pi que "sus motivaciones escapan a la miseria de lo inmediato, proceden tal vez de situaciones remotas, del ruido que hace una naranja al caer en la tierra, de cierta grieta que se alarga en un muro en el instante de derrumbarse. Su incoherencia pone en juicio nuestra lógica, hace sospechar una lógica más honda que se nos escapa ... ".

La poesía de Bayley afirma la existencia del hombre. Lejos de los gestos ampulosos, el suyo es un camino que se fue construyendo consciente de la responsabilidad que pesa sobre el poeta en nuestros días. Su voz es única y necesaria y abrió un camino, como el de su admirado Oliverio Girondo, por el cual aún transita la poesía argentina.


Daniel Chirom (1955-2008)
En Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí Nº 19 – 2009. Año XIV.
Foto: Jmp, detalle tapa revista El Jabalí 19

jueves, 20 de mayo de 2010

Edgar Bayley – La sartén



LA SARTÉN

una sartén poco usada
sirve a veces para estallar
el aceite y el huevo
para estrellar el blanco
el rojo
el amarillo
por el calor de una llama
silenciosa

sirve el mango también
y el pulso de quien pone
en el plato el huevo embebido
en aceite y unas papas

una sartén usada solo en ocasiones
sirve para el huevo y las papas
y cuando la fregamos y lavamos
advertimos el riesgo de acordarnos
de embarcarnos de nuevo
en una sartén poco usada


En “Antología personal. Poemas” (de “Nuevos poemas” -1977-1981), 
Centro Editor de América Latina, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)
Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp

miércoles, 19 de mayo de 2010

Edgar Bayley – Dificultades de la traducción



DIFICULTADES DE LA TRADUCCIÓN

más allá de vegetaciones
y palabras
mi solo argumento es este árbol
bajo su sombra
estoy conmigo

el follaje
el fulgor
se han conmovido
y no pueden traducirse

así como nosotros
árbol tierra
ida vuelta
contigo estoy
es mi argumento
no puede traducirse


En “Antología personal. Poemas” (de “Nuevos poemas” -1977-1981), 
Centro Editor de América Latina, 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990)
Foto: Detalle tapa antología personal, Jmp.