ARTE TORREHERBEROS: Carlos II
RICHARD ESTES. "Water Taxi, Mount Desert". Óleo sobre lienzo. Kemper Museum of Contemporary Art, Kansas City (Missouri).


BIENVENIDOS A TODOS Y TODAS. Este blog nace con la única pretensión de complementar y facilitar las tareas a los alumnos/as de Historia del Arte de 2º de Bachillerato del IES Torre de los Herberos de Dos Hermanas (Sevilla), así como hacer pasar un rato agradable a todos los amantes del arte. No tiene ninguna otra pretensión intelectual. De los textos es responsable el administrador del Blog, no así de las opiniones expresadas en los comentarios. Las imágenes o fotografías, videos y presentaciones están tomadas de internet mayoritariamente, citando la autoría siempre que ha sido posible; si en alguna de ellas no aparece, es por error o descuido, y ruego que me lo hagan llegar para subsanarlo. Casi todo lo que aparece en estas páginas es libre y abierto, y se puede descargar para otros fines, pidíéndose únicamente que se cite la procedencia.





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domingo, 6 de noviembre de 2011

EL AMBIENTE ARTÍSTICO Y EL COLECCIONISMO EN LA CORTE DE CARLOS II

 Juan Carreño de Miranda. Carlos II como gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro. Óleo sobre lienzo. 1682. Horrach Collection. Rohrau (Austria).


Esta entrada conmemora el 350 aniversario del nacimiento del último monarca de la Casa de Austria, Carlos II. Dicha iniciativa parte de la solicitud formulada por Alberto Bravo en su magnífico blog Reinado de Carlos II, cuyo objetivo es difundir las grandezas y las miserias de dicho reinado.

En 1665, tras la muerte de Felipe IV, su hijo Carlos fue coronado rey de España. Contaba únicamente con cinco años de edad y con una naturaleza débil y enfermiza que acabó teniendo consecuencias muy importantes para el futuro de la monarquía hispánica. A cauas de sus condiciones personales, durante treinta y cinco años de su reinado se vivió una situación casi permanente de crisis política y dinástica. Sin embargo, desde los puntos de vista económica y cultural, el reinado de Carlos II presenta más luces que la historiografía antigua solía pintar. En años de crisis económicas y agrarias surgen numerosas iniciativas modernizadoras y también pervive una importante actividad artística y literaria: es la época en la que llega a su apogeo el gran teatro cortesano, con Calderón a la cabeza, y enl a que algunas ciudades, como Sevilla, viven un momento muy fructífero de su historia artística a la cabeza (Pedro Roldán, Murillo o Valdés Leal).
Tradicionalmente se afirmaba que en los últimos treinta años del siglo XVII se asistía a una progresiva decadencia de la pintura en España, afirmación debida tal vez a la falta de estudios sobre los pintores de la época o a la convicción de que la crisis económica que padecían los territorios de la monarquía debía ir acompañada de la correspondiente crisis en el terreno artístico. Desde luego no surgirán pintores de un talento comparable al de Velázquez. Éste había llenado con su arte casi todo el reinado de Felipe IV, pero habrá una activísima actividad pictórica en ciudades como Madrid y Sevilla, destacando los pintores de corte de Carlos II, ocupada por los lienzos de dos grandes pintores de cámara: Juan Carreño de Miranda y Claudio Coello.

 Francisco Ricci. Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid. Óleo sobre lienzo. 1683. Museo del Prado. Madrid.

Desde el punto de vista pictórico, el reinado de Carlos II se caracteriza en Madrid por un auge de la actividad, propiciada no sólo por las necesidades representativas del rey y su entorno, sino también por el interés de las numerosas fundaciones religiosas establecidas allí y de un público cada vez más amplio. En esas décadas trabajaron dos generaciones de pintores caracterizadas por la alta calidad media de sus representantes, que incluyen nombres como Juan Carreño de Miranda, Francisco Herrera el Mozo, Mateo Cerezo, Pereda, Francisco Rizzi, Arellano, José Antolínez, Juan Martín Cabezalero o, más adelante, Claudio Coello o A. Palomino, entre otros muchos; todos los cuales formaron la llamada "Escuela madrileña", que alcanzó una notable entidad. Nos centraremos brevemente en los dos que desempeñaron el cargo de Pintor de Cámara.

Juan Carreño de Miranda es un pintor que trabajó fundamentalmente en la Corte, donde cumple con Carlos II un papel similar al realizado por Velázquez a las órdenes de Felipe IV, siendo, por tanto, sobre todo un pintor de retratos, aunque también se caracteriza por realizar importantes estudios de perspectiva en sus pinturas de grandes bóvedas. En sus obras encontramos reflejados los primeros años del nuevo reinado. La minoría del monarca, abundante en intrigas y bochornosos episodios, fue regida por la reina viuda, Doña Mariana, la princesa austriaca de gran nariz, gruesos labios e incipiente prognatismo, ya retratada por Velázquez y que, con sus tocas de moda, semejantes a las de monja, aparece repetidamente pintada por Carreño. Al mismo tiempo, el pintor reproduce una y otra vez la figura del rey: como niño enteco, pálido y de rubios cabellos descoloridos, se nos aparece triste y enfermizo siempre, vestido de negro y teniendo como fondo los vastos y fríos salones del Alcázar, repletos de cuadros y de espejos en marcos de madera con las águilas heráldicas de la dinastía. Y aunque algunas veces se nos quiera presentar al rey hechizado con viril indumento de coraza, banda y bengala, los estigmas degenerativos se imponen a todo énfasis para hacer más lastimosa aún a figura de tan desdichado monarca.

 Juan Carreño de Miranda. La reina Mariana de Austria de luto. Óleo sobre lienzo. 1669. 
Museo del Prado. Madrid.

 Juan Carreño de Miranda. Carlos II, Rey de España. Óleo sobre lienzo. 1685. 
Kunsthistorisches Museum. Viena.

Entre sus obras religiosas más destacadas, nombraremos la Sagrada Familia de la Parroquia de San Martín de Madrid y la Asunción de de la Virgen del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Entre sus numerosísimos retratos destacaremos el Retrato de Mariana de Austria del Prado, el Retrato de Carlos II en el Salón de los Espejos del Alcázar, los retratos del Museo Lázaro Galdiano de Madrid, de la Casa El Greco de Toledo, del Kuntshistorisches Museum de Viena y el Retrato como gran maestre de la Orden del Toisón de oro, de la colección Horrach en Austria. Entre los bufones destaca el Retrato de Eugenia Martínez Vallejo, "La Monstrua".

Claudio Coello sucede a Carreño como pintor de Cámara.  Se formó en el taller de Francisco Rizzi y viajó por Italia. Junto con su labor de retratista, destacan sus trabajos al fresco y las composiciones en lienzos de grandes proporciones. Dominó también perfectamente la técnica de la perspectiva aérea. El gusto por elementos decorativos como cortinajes, ángeles, flores, columnas, etc., son las principales características de su primer estilo. Lo mejor de este momento son las pinturas de los retablos del convento madrileño de San Plácido, en los que resalta la gigantesca Anunciación del altar mayor de San Plácido. Antes había pintado el Triunfo de San Agustín, cuya aparatosa escenografía delata la influencia flamenca. Desde 1675 su labor como pintor de temas religiosos es profusa, recibiendo un gran número de encargos, entre los que destacan los retablos de Torrejón de Ardoz (1667),  pero donde alcanza uno de sus puntos culminantes la pintura de Coello es en la soberbia Santa Catalina.

 Claudio Coello. Triunfo de San Agustín. Óleo sobre lienzo. 1664. Museo del Prado. Madrid.

En 1683 es nombrado pintor del Rey y, más tarde, pintor de Cámara, destacando ahora en la faceta del retrato, donde recoge las influencias de Velázquez y de Carreño de Miranda. Abundan también los retratos de la familia real como el de Carlos II, especialmente el conservado en el Instituto Staedel de Fráncfort, que es una muestra de su gran crudeza retratista al presentar al monarca con todos los síntomas de su degeneración física e intelectual. Por su despiadado realismo es sólo comparable al de la Adoración de la sagrada forma por Carlos II, de El Escorial. Este cuadro por lo que representa y por sus cualidades es el que ha hecho inmortal al pintor, si bien toda su obra se caracteriza por el alto nivel alcanzado. El lienzo es una espléndida galería de retratos de los personajes de la Corte; presenta una composición diagonal y de gran teatralidad, propia del Barroco; el estudio de la perspectiva aérea es muy similar a los de Velázquez, donde el espectador parece integrarse en la composición, lográndose la espacialidad por medio de la sabia utilización de la iluminación.

Además, hay que contar con la llegada a Madrid de un consumado pintor italiano, Luca Giordano, que viene a trabajar para la monarquía hispana. Tampoco era posible que apareciese otro coleccionista o mecenas como Felipe IV y, sin embargo, Carlos II consiguió aquello que no lograron ni su padre ni su bisabuelo: atraer al mejor pintor italiano del momento a su corte (Tiziano o Pietro di Cortona). Giordano no debió sentirse como un extraño en nuestro país, al fin y al cabo había nacido en un virreiantao  español (Nápoles), por lo que conocía en cierto sentido las costumbres y gustos españoles. También, había envíado cuadros a las pirncipales cortes de Europa y había viajado por toda Italia, estando al corriente de las últimas tendencias artísticas, todo lo cual lo convertían en un referente indispensable del arte más moderno de la segunda mitad del siglo XVII. Giordano llegó en 1692, por lo que no es dee xtrañar qu el rey lo nombrase pintor de Cámara. Su principal cometido a a partir de esa fecha será realizar una ambiciosa serie de decoraciones murales en El Escorial, el Alcázar de Madrid, la Catedral de Toledo y diversas iglesias de la Corte, desarrollando un programa de exaltación de la monarquía hispánica y de la iglesia católica. Su rápidez de ejecución lo hacen muy apto para esta tarea, pero eso no excluyó que demostrara su capacidad en otros campos, como el del retrato. Así realizó dos magníficos retratos conservados en El Prado, el Retrato ecuestre de Carlos II y el Retrato ecuestre de Mariana de Neoburgo, esposa del rey español, donde se puede apreciar toda la propaganda política y religiosa de la monarquía hispana.


Luca Giordano. Retratos de Carlos II y Mariana de Neoburgo a caballo. Óleos sobre lienzos. 1693. Museo del Prado. Madrid.

Ahora pasamos a comentar someramente los incremenos en la colección real en este reinado. La colección artística del último monarca de la dinastía Habsburgo en España, Carlos II, el soberano que reinó más tiempo en el siglo XVII (1665-1700), estaba constituida por el conjunto de la colección real, que sus antepasados y él mismo acrecentaron a lo largo de casi dos siglos. El propio Carlos era consciente de la importancia simbólica del conjunto, repartido por los diversos palacios y sitios reales, pues en su testamento vinculó todas las piezas a la corona y sus sucesores, prohibiendo su venta o desmembración. Más allá del valor económico del ingente cúmulo de pinturas, esculturas y elementos de artes decorativas, estos últimos los más numerosos (tapicerías, muebles, alhajas), que hacían de él uno de los más completos e imponentes de Europa, la colección expresaba tanto los gustos artísticos como amparaba a diario el transcurrir de la vida del monarca. Ese concepto hereditario y político no impidió que en ocasiones fueran sustraídas algunas piezas significativas, como la Reconciliación de Jacob y Esaú, de Rubens , que la segunda mujer de Carlos II, Mariana de Neoburgo, consiguió en 1694 para su hermano, el elector Juan Guillermo del Palatinado. 
Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones triunfó la decisión real de preservar la integridad de las colecciones y, lo que es menos conocido, mantuvo el afán por aumentarla y modernizarla. De hecho los inventarios realizados durante su reinado y a su fallecimiento, son los documentos más completos sobre el acervo artístico de los Habsburgo que se conservan. Respecto al gusto preferente por la pintura veneciana y flamenca que había demostrado su padre, Felipe IV, a tenor de sus adquisiciones parece que abundó desigualmente en él, aunque lo hubo de tener como importante referente.

 David Terniers el joven. El rey bebe. Óleo sobre lienzo.1650. Museo del Prado. Madrid.

En el ámbito flamenco su aportación más novedosa fue la adquisición de obras de David Teniers; El rey bebe (le roi boit), una de las obras más significativas del artista en el Prado, imagen prototípica de la fiesta y la vida popular de Flandes, aparece por primera vez inventariada en el Alcázar de Madrid en 1700, a la muerte del rey. La procedencia de algunos de los Teniers de Carlos II se remonta a su hermanastro Juan José de Austria, que asumió brevemente el papel de primer ministro entre 1677 y 1679. Éste había sido previamente gobernador de los Países Bajos y para él había trabajado Teniers. 
Pero su contribución más significativa fue la incorporación de un importante núcleo de obras napolitanas, germen de la abundante colección del Prado, en su gran mayoría de mano de Luca Giordano. Sus pinturas ingresaron en la colección no solo durante la estancia española del pintor (1692-1702), en la que sobre todo se le encomendaron numerosos ciclos ­decorativos al fresco, sino que se comenzaron a adquirir con anterio­ridad. El rey encargó a los sucesivos virreyes de Nápoles, Gaspar de Haro y Guzmán, marqués de Carpio, y Francisco de Benavides, conde de Santisteban, la comisión de obras a Giordano para él y la reina madre, Mariana de Austria, que fueron remitidas a España en 1688. Aun con anterioridad consta la llegada de piezas como Mesina restituida a España, que ya en 1684 se encontraba instalada en el Buen Retiro. De la etapa española de Giordano conserva el Museo del Prado originarios de esta colección, entre otros, el magnífico El sueño de Salomón, y una pareja de pequeños retratos ecuestres, ya comentados. El conjunto de obras de Giordano se incrementó en 1696 al morir su madre, Mariana de Austria, cuya colección pasó a su poder.

 Luca Giordano. El sueño de Salomón. Óleo sobre lienzo. 1693. Museo del Prado. Madrid.

Otras adquisiciones subrayaron el aprecio por lo napolitano, como la serie de escenas de la Vida de san Cayetano de mano de Andrea Vaccaro, compradas en la colección de Cristóbal de Ontañón. En diversas almonedas el rey logró también obras italianas de diversa filiación, como en las de Juan Luca Doria y el marqués de Carpio, entre las que no faltaban las atribuciones a Tiziano, Bassano, Veronés o Carracci, pero también obras flamencas asignadas a Van Dyck, Rubens y Seghers. Precisamente Descanso en la Huida a Egipto con santos, de Rubens, proviene de esta última venta. Otras incorporaciones procedían de donativos, como los efectuados por el condestable ­Colonna y el marqués de los Vélez; amén de los regalos diplomáticos de las cortes europeas, tratándose sobre todo de retratos de la familia real francesa. 
En cuanto a los artistas españoles, sus pintores de cámara dejaron una importante galería de retratos del rey, su madre y sus dos esposas. Fundamentalmente las efigies pintadas por Juan Carreño de Miranda, confi­guran la imagen prototípica del rey durante su minoría de edad y de su madre, Mariana de Austria; de ellas guarda el Prado diferentes versiones. También de Carreño son los retratos de Pedro Ivanowitz Potemkin, embajador de Rusia, El bufón Francisco Bazán y Eugenia Martínez Vallejo, «la monstrua» vestida y La monstrua desnuda (Baco), en la mejor tradición velazqueña.

 Giovanni Battista Foggini. Retrato ecuestre de Carlos II. Bronce. 1690. Museo del Prado. Madrid.

En cuanto a la escultura, poco es lo sabido acerca de sus intereses, ya que sus adquisiciones fueron sensiblemente menores que las del reinado anterior. No obstante, hay indicios para suponer que también continuó el precedente paterno, pues se intentó configurar un ciclo ecuestre dinástico y posteriormente el marqués de ­Carpio contactó con Gian Lorenzo ­Bernini, para que hiciera una estatua ecuestre del monarca. Precisamente un retrato de Carlos II, ecuestre, un bronce del florentino Giovanni Battista Foggini, es la pieza más sobresaliente de su colección legada al Prado. Le fue regalada por el nuncio Giuseppe ­Archinto. En otras ocasiones, el rey se abasteció en las liquidaciones de otros coleccionistas, como la serie de bustos decorativos de etíopes procedentes de los bienes de Fernando Valenzuela, también en el Prado. 
La gran mayoría de sus pinturas y esculturas se conservan en las colecciones del Museo Nacional del Prado y del Patrimonio Nacional, solo mermadas por el incendio del Alcázar de Madrid de 1734 y algunas pérdidas sufridas durante la Guerra de la Independencia.

Claudio Coello. Adoración de la Sagrada Forma por Carlos II. Óleo sobre lienzo. 1685. Sacristía de la Iglesia de El Escorial. Madrid.


jueves, 7 de abril de 2011

EL PINTOR RIBERA Y DON JUAN JOSÉ DE AUSTRIA: ARTE Y GRABADO

 José Ribera. Juan José de Austria a caballo. Óleo sobre lienzo. 1648. Museo del Prado. Madrid.

Respondiendo, nuevamente, a la llamada hecha por Su Majestad (o su majestad, según la nueva ortografía) Carolvs II en su blog Reinado de Carlos II, para conmemorar el 382 aniversario del nacimiento de D. Juan José de Austria, hijo del rey Felipe IV y hermanastro del rey Carlos II, se escribe esta entrada que, al ser este un blog de arte, abordará algunos aspectos artísticos relativos al personaje, tales como su relación con el pintor José Ribera, tras su estancia en Nápoles en 1647-48, su afición por la pintura, el grabado y las artes en general, y la faceta poco conocida de Ribera, "lo Spagnoleto", como grabador. Sólo quisiera punturalizar que no voy a profundizar en la relación que mantuvieron el bastardo y el pintor valenciano, pues está perfectamente documentada en la entrada que Carolvs II hizo en su blog: La vida privada de Don Juan José de Austria, aunque se hará un pequeño resumen de las mismas.

Don Juan José de Austria (1629-1679)

El rey Felipe IV era un hombre culto, preparado, amante del teatro y las artes (gran coleccionista), pero incapaz para las tareas de gobierno, dejando el gobierno del reino en su valido el Conde-Duque de Olivares. Uno de sus vicios irresestibles fue las mujeres y son numerosísimas las amantes que tuvo, en torno a cincuenta(de toda clase y condición: doncellas, nobles, sirvientas, casadas, viudas y mujeres de la vida). Se casó dos veces, pero se estima que tuvo sesenta hijos bastardos (el primero a los catorce años). El más famoso de todos es el personaje que nos ocupa, Juan José de Austria , fruto de los amores del Rey Planeta con María Calderón, famosísima actriz de la época, que estaba liada con el Duque de Medina de las Torres, pero se entregó al monarca ante las insistencias de éste. A los dos años de iniciada la relación, el 7 de abril de 1629 nació el hijo bastardo del rey, bautizado como Juan José de Austria (por la admiración del rey al otro famoso bastardo real, Don Juan de Austria).

 Atribuido a María Calderón - Retrato de la Calderona y otra actriz. Museo de las Descalzas Reales de Madrid.

El niño fue arrebatado a su madre y entregado a una mujer, Margarita, que lo cuidó en León hasta su muerte. Luego fue trasladado a Ocaña (Toledo), donde se formó y tenía especial habilidad para las letras (buena pluma), las armas y la caza. Su madre, la Calderona o la Marizápalos, fue obligada a abandonar su vida mundana y retirarse al apartado convento alcarreño de Valfermoso de las Monjas. En 1642 fue reconocido por Felipe IV como hijo natural suyo, lo que implicaba el otorgamiento de la dignidad del linaje y el tratamiento de "Serenidad", además de ser Gran Prior de la Orden de San Juan de Jerusalén en Castilla y León. En la vida pública tuvo grandes triunfos como la pacificación de Nápoles (donde entabló amistad con el pintor José Ribera), Virrey de Sicilia, la entrada triunfal en Barcelona tras su cerco y el nombramiento de Virrey de Cataluña. No tuvo tanto éxito en Flandes, nombrado Gobernador General de los Países Bajos, donde sufrió la dolorosa dirrota de Dunquerque, ni en Portugal, donde fue derrotado en Estremoz y España tuvo que reconocer en 1668 la independencia porguesa. 

 Partida de nacimiento de Don Juan José de Austria. 1629. Iglesia de San Justo y Pastor. Madrid.

Tras la muerte de Felipe IV en 1665, se inicia la Regencia de su esposa Mariana de Austria, pues el heredero, Carlos II, sólo contaba con cuatro años. Tuvo que enfrentarse a los validos de aquella, primero el jesuita P. Nithard (tuvo que huir a Aragón) y luego el intrigante Francisco de Valenzuela (llamado el "duende de palacio"). Tras el apresamiento de Valenzuela (diciembre de 1676), su hermano el rey le entrega el validato a él, demostrando ser un político reformista y trabajador infatigable, saneando y agilizando la administración, llevando una política de ahorro y luchando contra el fraude y el contrabando, devaluándo la moneda de vellón, demostrando ser, en suma, un gobernante eficaz. Pero pronto cayó enfermo y murió en septiembre de 1679 a los cincuenta años de edad.; es posible que muriese de una colecistitis aguda, es decir, inflamación de la vesícula biliar, que se manifiesta con fiebre, dolor abdominal y náuseas. No fue velado por Carlos II. Se enterró en el pudridero de infantes en el Monasterio de El Escorial, salvo su corazón, que fue enviado a la Basílica del Pilar de Zaragoza. En su tumba del Panteón de los Infantes de El Escorial, podemos leer la inscripción que dice: "Philippi IV filius notus".
De él se han escrito muchas cosas, favorables y difamatorios. Destaco dos opiniones de dos grandes historiadores. Henry Kamen llegó a decir que "fue el primer lider real de la historia de España y el primer caudillo español". Por su parte, Antonio Domínguez Ortíz afirmaba que no fue un hombre vulgar, y de haber vivido en tiempos mejores hubiera dejado tras si un excelente recuerdo. Si sus dotes como político eran discutibles, no puede ponerse en duda su capacidad de trabajo, su multiforme curiosidad y su papel de mecenas; quizás fue el mas destacado de los que en aquellas décadas sombrías querían preparar mejores destinos para España”.


Juan Carreño de Miranda. Retrato de un joven hombre (¿Juan José de Austria?). 1646. Magyar Szépmüvészeti Múzeum. Budapest.

JOSÉ RIBERA

El valenciano de Xátiva, José Ribera (1591-1652) ha estado muchos años, siglos, denostado y defenestrado de la historia de la pintura. Su condición de extranjero en Italia o español en Nápoles, sirvió para que durante largos tiempo sufriese la injusta crítica e, incluso, el silencio, la tergiversación y identificación de su nombre con todo lo que supone la absurde y demagógica leyenda que uno la idea de lo cruel a todo lo español, y cuya creencia cobraría nuevos bríos en el período romántico. Lord Byron afirmaba que "el Españoleto humedecía su pincel con la sangre de todos los santos". Ribera iba unido a tenebrosidad, oscuridad terrible, brutalidad sangrante, viejos resecos y arrugados, cuerpos martirizados con miembros descoyuntados, mendigos desdentados, filósofos andrajosos o apóstoles febriles. Incluso se le acusaba de pagar a envenanadores y rufianes callejeros para estudiar muertos, incluso que él mismo era un asesino, amparado en la protección de los virreyes españoles en Nápoles.
No se sabe bien por qué pero muy jóven se encontraba en Roma con su hermano Juan. Los testimonios hablan de una vida bohemia, gastando más de lo que gana en buenos encargos, deudor y obligado a huir. En Roma su estilo se ve totalmente influido por el tenebrismo naturalista de Caravaggio. En 1616 se establece en Nápoles, ciudad de la que ya no se mueve más. Se casó con la hija del pintor siciliano Bernardo Azolino y estará protegido por los virreyes españoles (Duque de Osuna, Duque de Alcalá, Duque de Monterrey, Duque de Medina de las Torres, Duque de Arcos). Su pintura tiene gran éxito y tiene encargos de toda Italia. Con el tiempo, su estilo va cambiando, relajando el tenebrismo y haciendo una pintura más sensual, luminosa y atmosférica, su paleta se aclara y camina hacia el pleno barroco. Su tema sigue siendo la realidad directa, sin matizaciones ni maquillajes y los temas son religiosos (martirios y penitentes), mitológicos y tipos de la calle. Desaparece la bohemia y su vida burguesa se asienta, intentando, incluso, entroncar con la nobleza. Los últimos años de su vida son muy duros: endeudamientos, represión en Nápoles, enferma gravemente (tal vez depresión o melancolía incurable), hasta que fallece en 1652. Su influencia en la pintura barroca es grandísima, como difusor del tenebrismo, no sólo en Italia, también en España. Discipulos suyos serán los pintores italianos Salvatore Rosa, Aniello Falcone y, sobre todo, Luca Giordano.

José Ribera, "lo spagnoleto" en grabado del siglo XIX. Biblioteca Nacional. Madrid.


LA RELACIÓN ENTRE RIBERA Y JUAN JOSÉ DE AUSTRIA

Tras superar su etapa de aprendizaje, Juan José de Austria se trasladó a la Corte. Su oportunidadle llegó en mayo de 1647, cuando su padre le otorga el título de Príncipe del Mar, lo que llevaba implícito el mando supremos de todas las flotas y armadas de la monarquía. Tenia don Juan José dieciocho años. La primera misión importante que el rey encargó a su hijo fue la pacificación de Nápoles, tras el motín popular  capitaneado por el pescador Tomás Aniello, más conocido como Masaniello, empeño nada fácil pues los napolitanos estaban decididos a separarse de España y unirse a la Francia de Mazarino cuyos bajeles y galeones se acercaban peligrosamente a la costa napolitana. El descontento y la protesta de la clase popular, agobiada por los impuestos y víctima de los abusos de los administradores españoles, provocó una violentísima explosión en julio, con su secuela de saqueos, violaciones y asesinatos. 
En Nápoles, a donde llegó en octubre de 1647, Juan José se movió con habilidad, negociando directamente con los cabecillas de la revuelta. La llegada de un nuevo virrey, el conde de Oñate, en sustitución del odiado duque de Arcos, vino a contribuir a la solución del conflicto para el que la concesión por don Juan José de una serie de gracias, privilegios e inmunidades al reino de Nápoles, tuvo tanto o mas valor que la exhibición de fuerza militar.  Massaniello fue ejecutado y una terrible represión sobre los sublevados dejó profunda huella en la memoria napolitana. En Madrid, la salvación del reino de Nápoles, fue considerada como un éxito de grandes proporciones y por ello la figura de don Juan José y su papel de hombre político se enalteció de manera notable.

 Carlo Coppola. La rendición de Nápoles a Juan José de Austria. 1648. Museo de San Martino. Nápoles.

Durante la rebelión, parece que Ribera se refugió en el Palacio Real con su familia y allí conoció al joven príncipe. Don Juan José, joven y fogoso, enamoradizo como su padre, conoció  a una joven de la casa de Ribera, bien en el Palacio o, probablemente, en el taller del pintor, a donde acudiría quizás con el propósito inicial de perfeccionar su técnica con los óleos (don Juan pintaba telas y miniaturas y dibujaba con bastante corrección). Don Juan José la sedujo y la dejó embarazada, naciendo de estos amores una niña llamada Margarita.  Se afirma que Don Juan José la raptó y huyó con ella a Palermo y allí la abandonó. Cuando la pasión terminó, don Juan Jose se desentendió de la madre, buscando para ella un matrimonio de conveniencia. 

 Monasterio de Nuestra Señora de la Visitación o de las Descalzas Reales. Madrid. Siglo XVI.

Durante mucho tiempo se ha hablado que esta joven era la hija de Ribera, Maria Rosa, de extraordinaria belleza (modelo habitual del pintor y en cuyo rostro está inspirada la Inmaculada Concepción de las Descalzas Reales) pero este nombre no se corresponde con ninguna hija del pintor. Es muy probable que no fuese su hija, sino su sobrina, hija de su hermano Juan. Aquella relación y su triste final causó a “el Españoleto” un hondo pesar, cayendo en un profunda depresión de la que nunca mas se recuperó, falleciendo cinco años después. En cuanto a la niña, Margarita, esta le fue arrebatada su madre y a los seis años de edad, fue internada en el convento de las Descalzas Reales de Madrid, profesando allí a los dieciséis y pasando en el mismo lugar el resto de su vida hasta su fallecimiento en 1686. Se dice que don Juan José de Austria en los últimos años de su vida, cuando era el todopoderoso gobernante del Imperio español, se acercaba con frecuencia al convento y allí pasaba largas horas conversando con su hija. 

 RIBERA, JUAN JOSÉ DE AUSTRIA Y LAS ARTES

Conocida es la afición desde pequeño del bastardo al mundo de las letras y las artes, pues era muy aficionado a componer versos y a dibujar, haciendo bastante bien ambas cosas. Ya hemos comentado como Don Juan José, durante su estancia en Nápoles, frecuentaba el taller del famoso pintor, debido a su vocación y habilidad como miniaturista y su interés por el grabado y la pintura. Tradicionalmente se le ha atribuido la estampa de un Mendigo, copia de una estampa de Callot hecha en Zaragoza y que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, perteneciente a la colección Cardedera, en donde en el manuscrito se lee esta anotación: "Esta lámina abrió el Sr. D. Juan de Austria cuia cifra es en el exculsit J.J.". Por otra parte, Félix Boix le atribuye un Retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos, reproducción de un original perdido de Velázquez y que se conserva en el Gabinete de Estampas del Museo Municipal de Madrid. 

 Grabado del Príncipe Baltasar Carlos a Caballo. Atribuido a Don Juan José de Austria. Gabinete de estampas del Museo Municipal de Madrid.

Aunque estas atribuciones resulten sobradamente dudosas, de lo que no se puede dudar es del interés de Juan José de Austria por el grabado (quizás por influencia directa de Ribera) según se refleja en la tasación que a su muerte se hizo de sus bienes: "Una prensa de imprimir estampas, que es de nogal (….) En un papel cinco estampas diferentes: un paisillo pequeño, redondo, y un escudo de las armas de Su Alteza en pergamino, y las estampas son: una imaxen de Nuestra Señora de la Concepción, con un cerco de cartón negro( que se tasó) en 16 reales de plata. Otra de San Juan Bautista, en 20 reales de plata. Otra de nuestra Señora con el Niño Jesús en brazos, en 24 reales de plata, y otra de un país con un corazón en él, en 4 reales de plata (…). Un coxinillo redondo cubierto de badana negra para abrir láminas en él (…). Una caxa larga, redonda, a modo de palo de santo, y en ella un bruñidor y unas puntas de hierro para trabajar (…). Otra caxa redonda, más ancha, con tres divisiones: en la primera seis buriles y dos cabos de ébano; en la segunda, dos caxitas redondas de madera (…), y en la tercera, una escudilla blanca de Talavera (…). Una piedrecita de azeite, para amolar, embutida en una madera de palo de santo, y en la misma madera, por debajo dos caxitas de marfil (…). Un libro en quarto, mano-escrito, intitulado Método para gravar al agua fuerte y sobre marfil (…). Dos laminillas de cobre, gravada en la una Nuestra Señora y Santa Theresa, y en otra un Salvador (…). Otras dos laminicas de lo mismo, en la una gravado un país, y en la otra una cabeza (…). Otras quatro laminas de cobre talladas, que en el inventario se dice hechas de mano de su majestad, y estampadas cada una".
Aprovechando la estancia del bastardo en Nápoles, Ribera le hizo un retrato ecuestre en 1648(que encabeza esta entrada), además de unos grabados basados en la pintura. Este retrato ecuestre nos muestra a don Juan José como general victorioso, sobre un brioso caballo blanco en posición de corbeta (símbolo de dominio), vestido con armadura y elegante sombrero y portando la banda carmesí de general y el bastón de mando. Al fondo podemos apreciar un paisaje brumoso al estilo de los del palacio de Monterrey, en Salamanca. El rostro del infante responde a un fiel retrato realizado por alguien con quien tuvo contacto el general, ya que don Juan José tuvo una estrecha relación con Ribera. Los especialistas apuntan a la relación entre este retrato y los que hizo Velázquez para el Salón de Reinos, aunque también puede darse la circunstancia de existir una fuente común para ambos, posiblemente un grabado flamenco. 


 José Ribera. Don Juan José de Austria a caballo. Dos planchas del mismo grabado al aguafuerte. 1648.


RIBERA GRABADOR

Precisamente Ribera grabó este retrato, también en 1648, con la imagen de la ciudad de Nápoles en detalle. Se trata de una obra maestra del grabado, de la que se conocen tres estados: en el primero aparece el noble imberbe, en el segundo más crecido ybarbado, y en el tercero se identifica la figura como si fuera un retrato de Carlos II. Al fondo aparece la bahía de Nápoles y la vista de la ciudad, con el Castillo de San Telmo en primer plano y al fondo la iglesia de la Certosa de San Martín sobre una colina. Este fue el último de los pocos aguafuertes que realizó el pintor valenciano.
Las primeras obras que conocemos grabadas por Ribera se sitúan cronológicamente en torno al lustro 1615-1620, es decir, son contemporáneas a sus primeras pinturas y coinciden con su llegada a Nápoles. Ribera, Battistelo y Rosa fueron, pues, los tres grandes artistas grabadores que en Nápoles renovaron el grabado durante el siglo XVII, correspondiendo a Ribera el inicio de esta renovación. La actividad de Jusepe de Ribera como grabador, según los estudios del profesor Brown, se inicia en torno a 1620. A partir de ese año comienza el artista una experiencia de gran intensidad, pero de muy corto tiempo y escasa producción de obras. Al igual que a otros artistas, a Ribera le atrajo el aguafuerte por su relativa facilidad de ejecución y el afán de búsqueda de resultados y efectos inmediatos, imposibles con la técnica del buril, y de hecho, incluso en la práctica del aguafuerte, Ribera nunca presenta una técnica excesivamente complicada y elaborada, pues realmente nunca trabajó mucho sus láminas ni su interés por la riqueza tonal de los grises le hizo aventurarse en exceso por los sucesivos ataques del ácido al cobre.

 José Ribera. San Jerónimo y el ángel . Aguafuerte. 1621.
 José Ribera. Penitencia de San Pedro. Aguafuerte. 1621.

Doce son los grabados que se conocen del maestro español; todos los aguafuertes menos dos se hicieron en el corto espacio de tiempo de ocho años (1620-1628), tiempo en el que Ribera pasó de ser un novicio a convertirse en un maestro de la técnica y el arte: el pintor parte de las torpes obras iniciales, como el San Sebastián, abierto en su mayoría con líneas paralelas, hasta alcanzar por medio de la investigación en los secretos de la punta la calidad técnica de El poeta, de donde aún los fuertes contrastes lumínicos confieren una gran dureza a la composición; el paso siguiente era, por tanto, suavizar el estilo y hacer completamente pictórica la obra grabada, como en el Sileno ebrio. ¿Porqué dejó de grabar? Es posible que Ribera nunca se sintiera grabador y que su interés por el aguafuerte fuera una ocupación destinada a buscar y crear en el grabado el equivalente de la «manera caravaggesca» que él mismo practicó en pintura. Por otro lado, también es posible que Ribera grabara para dar a conocer su pintura entre su círculo de clientes en Nápoles, abándonándolo cuando ya adquirió una gran clientela, pues sólo lo retoma veinte años después para hacer el aguafuerte de Don Juan José de Austria. 
Lo que sí es cierto es que el grabado, por su propio carácter, ayudó a difundir su arte, de forma que aún viviendo en el sur de Europa, Ribera fue uno de los más conocidos e imitados artistas del siglo XVII. Es evidente que aparte de las estampas que publicara el mismo Ribera, algunas de ellas alcanzaron gran difusión debido a que las láminas de cobre fueron a parar a manos de grandes editores profesionales. Así, El Retrato de don Juan de Austria pasó a poder de un editor también de Amberes que se autodenominaba «Gaspar de Hollander» y que en 1670 le reeditó muy retocada y cambiando la identidad del retrato por el de Carlos II. Pero la verdadera difusión del grabado de Ribera se debió, sobre todo, a las ediciones de copias y obras inspiradas en ellos que circularon por toda Europa. En este apartado, cabe destacar los tres grabados que hizo sobre Estudios de ojos, orejas  y narices y bocas, a modo de cartillas de estudios para los  aprendices que  se inician en el dibujo. Por otro lado, existió también una difusión de la obra grabada de Ribera al ser adoptadas sus composiciones por los distintos pintores ya desde el siglo XVII. Sirvan de ejemplo la clara referencia existente entre las pinturas de San Gerolamo, de Rimini, realizado por El Guercino, o en la Penitencia de san Pedro, pintado por Antonio de Pereda, y la estampa de San Jerónimo y el ángel, tema que Ribera copió en cuatro ocasiones y que también sirvió de modelo para que un siglo y medio más tarde el pintor Jaques-Louis David realizara el tema de San Jerónimo y la trompeta (1780).  En definitiva, Ribera es uno de los más geniales grabadores de su época y de toda la historia del grabado. Es lógico, pues, que en todos los manuales ocupe un lugar destacado, al igual que también lo que sea que al pasar la mayor parte de su vida en Nápoles los historiadores italianos se ocupen se su obra al tratar de la historia del grabado en aquella Península, pero no es más cierto que el artista fue conocido y muy cotizado entre los mecenas españoles del siglo XVII, que configuraron una importante parte de su clientela.

José Ribera. Sileno ebrio. Aguafuerte. 1628.

SOR MARGARITA DE LA CRUZ Y LAS DESCALZAS REALES

El Monasterio de Nuestra Señora de la Visitación, más conocido como las Descalzas Reales, fue fundado en 1559 por doña Juana de Austria, infanta de Castilla, hija de Felipe II y princesa de Portugal; fue construido sobre el área que ocupaba el antiguo palacio de su padre, el emperador Carlos V, y donde ella misma había nacido en 1534. Los orígenes del monasterio se remontan a 1557, cuando Doña Juana, que ese mismo año había regresado de Portugal tras la muerte de su esposo, el príncipe Juan, decidió fundar en Madrid un convento de franciscanas descalzas, trayéndose a monjas clarisas de Gandía.  Hoy sigue siendo convento de clausura de monjas clarisas franciscanas descalzas. En su interior alberga numerosísimas obras de arte, destacando el Retablo Mayor de Gaspar Becerro, que se perdió en el incendio de 1862, al que hay que sumar obras escultóricas de  Gaspar Becerra, Gregorio Fernández, Juan de Mena y Pompeyo Leoni, así como los tapices inspirados en los cartones de Rubens y pinturas de Pantoja de la Cruz, Carreño de Miranda o Francisco Ricci.
En este real y digno monastario profesaría como religiosa la niña nacida de los amores del bastardo con Maria Rosa. Ingresó en el monasterio con seis años y fue ordenada religiosa con dieciseis años, adoptando el nombre de Sor Margarita de la Cruz, viviendo allí hasta su muerte en en 1686, cuando contaba 36 años. Con el tiempo, en los últimos años de vida de Don Juan José, era corriente que éste visitase el convento y encontrase la tranquilidad deseada, tras tantos avatares, conversando largamente con su hija. Precisamente, en el Convento de las Descalzas Reales, Don Juan José mandó construir y decorar la Capilla del Milagro  (según la inscripción que puede verse in situ).

  Francisco Ricci. La Capilla del Milagro de las Descalzas Reales. Madrid.

La Capilla del Milagro es el vivo ejemplo del llamado "trampantojo" de todo el convento, es decir, el engaño visual mediante la decoración de aparentar lo que no hay; es una técnica pictórica que simula, que aparenta, que intenta suplir la realidad. Los trampantojos pretenden engañar, simulan objetos, perspectivas, paisajes, o materiales (madera, mármol…) con el objetivo de ocultar defectos, decorar, ampliar o simplemente alegrar una pared, una estancia, o una medianería. En el Monasterio de las Descalzas Reales hay maravillosos ejemplos: la escalera principal del palacio, del siglo XVI, es realmente espectacular. Los murales sin embargo son la mayoría del siglo XVII, obra de pintores de la Escuela Madrileña. Claustros y jardines con estatuas provocan la ilusión óptica de que la escalera se prolonga más allá de la realidad. Puro trampantojo. En la Sala Capitular también las paredes están completamente cubiertas de obras pictóricas. Pinturas murales y catorce lienzos clavados en la pared simulando frescos enmarcados por arquitectura fingidas. La culminación del trampantojo es la Capilla del Milagro, aunque se encuentra en la clausura y no es visitable. Toda la capilla está decorada de forma ilusionista al trampantojo. Hasta la puerta de entrada pretende engañar, es de madera pero simula una reja de bronce dorado. Las dos estancias, la antecapilla y la capilla propiamente dicha están decoradas con maravillosas pinturas de arquitecturas fingidas y falsas esculturas.
En esta capilla se guardaba una tabla de la Virgen del Milagro, cuyo autor es el pintor ítalo-valenciano Pablo de San Leocadio. Dicha tabla se encuentra en la actualidad en el altar mayor de la iglesia.  Francisco Ricci de Guevara, hermano de Fray Juan Ricci, recibió en el año 1678 un encargo de parte de Don Juan José de Austria para decorar la capilla de la iglesia de las Descalzas Reales con frescos de su mano. Toda la capilla está adornada con escenas de la vida de María, y en la cúpula se encuentra la culminación de su vida, la Coronación de María por mano de Dios Padre y Jesús. Ricci comenzó trabajando dentro de un Barroco contenido y de raíz clásica, manteniendo la composición dentro de esquemas geométricos. Según avanzó su obra llegó a escenas como esta, con un gran rompimiento de gloria central, cuajado de angelitos y nubes doradas, y con los protagonistas desplazados hacia un lateral de la cúpula.

 Francisco Ricci. Bóveda de la Capilla del Milagro de las Descalzas Reales. Madrid.

Bibliografía:

-- ARTE PROCOMÚN. Juan Carlos Parrondo: "Iusepe Ribera grabador".
-- Historia del Arte Salvat. "El Barroco". Col. Historia del Arte Salvat, 13. Madrid, 2006.
-- Pérez Sánchez, Alfonso E.: "Ribera". Alianza Editorial. Col. Alianza cien, 50. Madrid, 1994.
-- Wikipedia.

jueves, 23 de diciembre de 2010

ICONOGRAFÍA DE UNA REINA. MARIANA DE AUSTRIA, AYER Y HOY


 D. Velázquez - Retrato de Mariana de Austria - Fundación Thyssen Bosnemisza. Madrid. 1655-57.

Atendiendo, como siempre, a la propuesta de Carolus II de conmemorar el 376 aniversario del nacimiento de su madre, Doña Maria Ana de Austria, en Wiener Neustadt (Austria), voy a intentar recoger aquí la mayoría de los retratos oficiales que se le hicieron en vida por los pintores de la corte, así como algunas alegorías o fotomontajes referentes a ella en el siglo XX y en el actual.
Otros compañeros blogueros harán estupendas semblanzas o síntesis de su vida, de su persona, de sus gustos y disgustos, de sus pensamientos  o de sus formas de actuar. Mi primer pensamiento fue hacer un comentario artístico de uno de los retratos que le hizo Velázquez, pero al madurar la idea pensé que sería aún más interesante hacer un recorrido por todo su iconografía pictórica, incluyendo las visiones más actuales, al considerarlo una propuesta más original y que podría venir bien a todos los interesados en la historia de nuestra España Moderna. En principio, sólo haremos una brevísima biografía de la reina (sólo para situar al personaje) y pasaremos a mostrar sus retratos por orden cronológico, con algún comentario en algunos de ellos.

Hija de emperador, Fernando III de Alemania, y de hija del rey Felipe III, María Ana, nació en diciembre de 1634 en Austria, donde residían los emperadores del Sacro Imperio Germánico. Su destino era casarse con un tío suyo de la rama austriaca de España, pues primero la comprometieron con el príncipe Baltasar Carlos. Pero tras la prematura muerte de éste en 1646, la volvieron a comprometer con su hermano, el rey Felipe IV, quién, a su vez, había enviudado de su primera mujer, Isabel de Borbón. Se casó en 1649, a los quince años, con el rey español de 44 años. Nada de amor hubo en esta unión, como era habitual en las cortes europeas, y como el propio rey se encargó de demostrar al tener numerosas amantes.
 Le dió varios hijos al rey, pero todos enfermos y sólo dos le sobrevivieron: la infanta Margarita (sí, la de "Las Meninas"9, futura emperatriz alemana por su casamiento con Leopoldo I, y el futuro rey de España Carlos II. Hay que recordar las muertes prematuras de sus otros hijos, la infanta María Ambrosia, una niña que no llegaron a bautizarla, el infante Felipe Próspero (muerto a los cuatro años) y el infante Fernando Tomás (muerto con un año).
 Su existencia no tuvo que ser muy placentera, pues unido a las desgracias de sus hijos, enviudó de Felipe IV en 1665, teniendo que desempeñar la regencia de España, al tener su hijo Carlos sólo cuatro años, desde esa fecha hasta 1675, fecha en que concedieron la mayoría de edad a su hijo.
En esa época España estaba pasando una crisis económica y social terrible, unido al declive político del Imperio Españo, tras las derrotas con Francia en la Guerra de los Treinta años y en las Guerras de Devolución. A esto se unia su condición de extranjera y poca simpatía por el pueblo, además de la oposición de Don Juan José de Austria, hijo bastardo reconocido por Felipe IV, a quien apoyaba gran parte de la nobleza española. El hecho de una regencia, que se consideraba perjudicial para el país, y la oposición de la nobleza hizo que hubiese un gran revuelo popular contra su figura. Tuvo que apoyarse en su confesor el padre  jesuita Nithard, auténtico valido de la regencia y gran acaparador de cargos. Con la mayoría de edad de su hijo tampoco alcanzó la paz y el sosiego, pues tuvo grandes enfrentamientos con su nuera, Mariana de Neoburgo, además de sufrir la muerte de otros familiares, como su nieta María Antonia de Austria. Murío de cancer de mama en una noche de mayo de 1696, coincidiendo con un eclipse de luna. Este hecho favoreció la leyenda de su muerte y acciones milagreras, pues se cuenta que una camisa suya curó a una monja paralítica y que, en un traslado de féretros en El Escorial, su cuerpo apareció sin estar corrompido.


ICONOGRAFÍA DEL SIGLO XVII

La mayoría de los retratos son de los pintores españoles de la corte, Juan Bautista Martínez del Mazo y Diego Velázquez, en la época de su casamiento con Felipe IV, así como los pintores de la corte de Carlos II, ya en su viudedad: Sebastián Herrera Barnuevo, Juan Carreño de Miranda o Claudio Coello. En su niñez y juventud fue pintada por el pintor flamenco, Frans Luyck, discípulo de Rubens. También aparecerán en algunas alegorías de la monarquía hispánica en bóvedas de importantes edificios, así como en algún grabado de la época. Algunos retratos están sin identificar el autor y de otros hay varias copias que se conservan en distintios museos.

Frans Luyck - Retrato del rey Fernando IV con su hermana la archiduquesa Mariana de Austria -  Kunsthistorisches Museum. Viena. 1636.

  Frans Luyck - Mariana de Austria jóven - Museo del Prado - 177 x 116 cm. 1647?

Círculo de Velázquez - Retrato de la reina Mariana de Austria - Museo Lázaro Galdeano. 
Madrid. - 76 x 53 cm. - 1650. 

 Autor desconocido - Mariana de Austria, reina de España - Mediados S. XVII.

 1652 - Velázquez - Retrato de Mariana de Austria - Mueseo del Prado. Madrid - 
231 x 131 cm. - 1652.

 Velázquez - Retrato de Mariana de Austria - Museo del Louvre. París 
- 204 x 126,5 cm. - 1653.


  Velázquez - Retrato de Mariana de Austria - Fundación Thyssen Bosnemisza. Madrid - 1655-57.

  Velazquez - Retrato de la reina Mariana de Austria - Real Academia Bellas Artes San Fernando Madrid. 1655-57.


  Velázquez - La reina de España Marian de Austria con vestido rojo brillante  - Kunsthistorisches Museum. Viena - 1655-60.

 Velázquez - Retrato de la reina Mariana de Austria -  Meadows Museum Dallas -  1656

 Velázquez - Detalle de La familia de Felipe IV o Las Meninas - Museo del Prado. Madrid - 1656.

 Taller de Velázquez - Mariana de Austria en oración. Museo del Prado. Madrid - 1160??


Velázquez - Estudio para retrato de la reina Mariana de Austria - 
Metropolitan Musueum New York.


  Juan Carreño de Miranda - La archiduques Maria Ana como viuda - 203,5 x 124 cm. 
- Kunsthistorisches Museum. Viena. - 1665.

 Juan Bautista Martínez del Mazo - Doña Mariana de Austria como viuda - Casa Museo del Greco. Toledo - 1666.

 Juan Bautista Martínez del Mazo - Retrato de la reina Mariana de Austria como mujer jóven -  1667.

 Juan Carreño de Miranda - La reina viuda Doña Mariana de Austria - Museo del Prado. Madrid - 211 x 125 cm. - 1669.

Sebastián Herrera Barnuevo - Carlos II niño con su madre Mariana de Austria - Colección particular. 1671??

 Claudio Coello - La reina madre Mariana de Austria viuda - 1685-93


También es posible apreciar la imagen de la reina en algunos retratos oficiales (existen muy pocos retratos de la familia de Felipe IV) o alegorías en bóvedas y techos de los palacios reales, así como en grabados e ilustraciones de libros. Algunas de estas representaciones son:

  Pietro del Po - La apoteosis de la virgen - Catedral de Toledo. 1662.

 






















Luca Giordano - La gloria de la monarquía de Carlos II - Bóveda de la escalera de El Escorial y detalle de la misma.

Grabado de la reina Mariana de Austria - Biblioteca Nacional. Madrid.

Dos grabados con la reina Mariana de Austria y su hijo Carlos II.


ICONOGRAFÍA ACTUAL

También en la actualidad la reina Mariana de Austria ha gozado del interés para numerosos artistas plásticos que, con mayor o menor gusto, han plasmado instantáneas de la reina según los presupuestos actuales, abstractos en la mayoría de ellos. La publicidad y la provocación también se han ocupado de ella. Recogemos aquí alguna de estas muestras:

 Antonio de Felipe - Serigrafía par la campaña publicitaria de Burger King.

Carmen Molina Cantabella - La reina Mariana desnuda en línea 2 de
autobuses urbanos de Murcia.

Manolo Valdés - Estatua de bronce en Alcobendas (Madrid)

Manolo valdés - Estatua de bronce en Valencia.

Manuel F. Morral - Escultura en madera - 2008.


Joan Laborda - Mariana de Austria - 2003.

Elena Ferrer - La reina Mariana de Austria - 2005.

Pedro Moreno Linares - Mariana de Austria - Acrílico sobre madera - 2009.

Jorge Rivas - Mariana de Austria - 2010.

Eleazar - Mariana de Austria, la reina.

Erwin Olaf - Doña Mariana de Austria.

Reina Doña Mariana de Austria - Pintura acrílica sobre madera.


Aprovecho, de nuevo, para felicitar estas navidades a todos los compañeros/as blogueros, y desearles un año nuevo repleto de salud, paz, amor y arte, mucho arte. 

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