LA FRASE

"Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad."

Sir Arthur Conan Doyle
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martes, 4 de agosto de 2009

Un soneto de Quevedo que no es de Quevedo

[Corot, Vista del Tíber y castillo de San Ángelo]

Todos admiramos el célebre y memorable soneto de Quevedo titulado "A Roma sepultada en sus ruinas":

Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino!

Y en Roma misma a Roma no la hallas:

Cadáver son las que ostentó murallas,

Y, tumba de sí proprio, el Aventino.

Yace, donde reinaba, el Palatino;

Y limadas del tiempo las medallas,

Más se muestran destrozo a las batallas

De las edades, que blasón latino.

Soló el Tíber quedó cuya corriente

Si ciudad la regó, ya sepoltura

La llora con funeste son doliente.

¡Oh Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura

huyó lo que era firme, y solamente

lo fugitivo permanece y dura.


Pero ocurre que este soneto de Quevedo no es de Quevedo, sino una versión de un poema latino escrito en la segunda mitad del XVI por Janus Vitalis Panormitanus (o sea, Giovanni Vitali de Palermo):


Qui Romam in media quaeris novus advena Roma,
Et Romae in Roma nil reperis media,
Aspice murorum moles, praeruptaque saxa,
Obrutaque horrenti vasta theatra situ:
Haec sunt Roma. Viden velut ipsa cadavera, tantae
Urbis adhuc spirent imperiosa minas.
Vicit ut haec mundum, nixa est se vincere; vicit,
A se non victum ne quid in orbe foret.
Nunc victa in Roma Roma illa invicta sepulta est,
Atque eadem victrix victaque Roma fuit.
Albula Romani restat nunc nominis index
Quinetiam rapidis fertur in aequor aquis.
Disce hinc, quid possit fortuna; immota labascunt,
Et quae perpetuo sunt agitata manent.

El poema de Vitali alcanzó tanta fortuna, que al menos conocemos once versiones en cinco lenguas distintas. Una de las más célebres, y anterior a la de Quevedo, es la de Joachim du Bellay (1522-1560):

Les Antiquités de Rome

Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome
Et rien de Rome en Rome n'aperçois,
Ces vieux palais, ces vieux arcs que tu vois,
Et ces vieux murs, c'est ce que Rome on nomme.

Vois quel orgueil, quelle ruine : et comme
Celle qui mit le monde sous ses lois,
Pour dompter tout, se dompta quelquefois,
Et devint proie au temps, qui tout consomme.

Rome de Rome est le seul monument,
Et Rome Rome a vaincu seulement.
Le Tibre seul, qui vers la mer s'enfuit,

Reste de Rome. ô mondaine inconstance !
Ce qui est ferme, est par le temps détruit,
Et ce qui fuit, au temps fait résistance.

Uno observa estas cosas y se pregunta: ¿En qué diablos consiste la originalidad? Y se responde, después de mucho pensarlo, no crean, que cualquiera sabe.