Nos prometieron paz y amor, nos pagaron los buenos colegios, nos educaron en la libertad, nos prometieron que estudiaríamos lo que quisiéramos, nos enseñaron a soñar, nos enseñaron a crear. Nos ayudaron en un comienzo a buscar nuestro destino, nos inscribieron en cuanto taller pudieron, nos enseñaron cosas sobre la democracia, nos malcriaron a veces, y sobre todo nos dieron la idea de que seríamos grandes. Nos felicitaron cuando nos iba bien, nos apoyaron cuando nos iba mal, nos controlaron, nos quitaron las regalías, nos premiaron y nos siguieron prometiendo. Nos embaucaron con el cuentito de la felicidad, terminaron convirtiéndonos en consumidores y aquí estamos buscando algo que nunca existió.
Después de tanto bla bla, me siento estafada. Podría haber un SERNAC para padres y una ley anti-promesas.