Aljamiada nieve en los almendros.
Alas de algodón y aceite, trenzando
guirnaldas en la corteza de la umbría,
que resbala hacia poniente. En telarañas
posado, el viento se tizna de ramos de mirlos.
La voz de la tarde averdadece,
arco irisada de enjambres de luz.
Desplegando larga cola reluciente, media luna
entibia trascordadas cepas, mientras
el laurel abre camino a unas naranjas,
que endulzan, al revolver una esquina,
el zureo de palomas trashumantes.